A la memoria de un camarada de trabajo

Foto: Sebastiao Salgado

1.

No estaba solo. Entre la multitud

sus músculos se distendían, palpitantes de energía,

mientras esgrimía el martillo,

mientras que hubo rocas sobre la tierra.

Una piedra le destrozó las sienes

penetrando en la cámara del corazón.

 

2.

Tomaron el cuerpo, caminaron en silenciosa fila.

 

3.

El trabajo le rodeaba aún por doquier, la suerte injusta.

Todos llevaban camisas grises,

y botas hasta la rodilla caminando entre el lodo,

revelando justamente todo lo que

debería terminar entre los hombres.

 

4.

Su tiempo se detuvo brutalmente.

En los instrumentos de baja tensión

las agujas oscilaron y después bajaron a cero.

La piedra blanca estaba ahora en él,

le consumía el ser,

penetrándolo tan profundamente

que él mismo se convertía en roca.

 

5.

¿Quién moverá la piedra?¿Quién devolverá el pensamiento

a estas sienes agrietadas? Así se rompe el yeso.

Silenciosamente, lo depositaron sobre la capa de grava.

Llegó su esposa, desconsolada de tristeza.

Su hijo regresó de la escuela.

 

6.

¿Y la cólera de esa mujer debía añadirse

A la cólera de los demás?

Ella hacía crecer en él su verdad y su amor.

¿Tenía que ser utilizado

por aquellos que vendrían después de él,

despojado de su sustancia,

inigualable, profundamente suya?

 

7.

De nuevo se transportan las piedras.

La vagoneta se pierde entre las flores.

De nuevo la corriente eléctrica

divide el espesor de las paredes.

Pero este hombre se ha llevado consigo

la estructura interna del mundo.

Mientras más grande es la cólera,

mayor es la explosión del amor.

 

IV – A la memoria de un camarada de trabajo / Karol Wojtyla (Wadowice, Polonia, 18 de mayo de 1920 – Ciudad del Vaticano, 2 de abril de 2005)

Versión de Sergio Fernández Bravo

Fuente: Karol Wojtyla. Poemas. Editorial Jus, S.A. de C.V. México 1990.

 

Conversación

 

El tumulto del corazón

sigue haciendo preguntas.

Y luego se detiene y empieza a responder

en el mismo tono de voz.

Nadie notaría la diferencia.

 

Nada inocentes, estas conversaciones empiezan,

convocan después a los sentidos

 hacia sólo la mitad de un sentido.

Y después, no hay alternativa;

y después, no hay sentido;

 

hasta que un nombre

y todas sus connotaciones

son lo mismo.

Foto: Henri Cartier-Bresson

 

I – Conversación / Elizabeth Bishop (8 de febrero de 1911, Worcester, Massachusetts, Estados Unidos – 6 de octubre de 1979, Boston, Massachusetts, Estados Unidos)

Versión de Ulalume González de León

Fuente: Material de Lectura No. 64. Serie Poesía Moderna. Universidad Nacional Autónoma de México /Dirección de Literatura. México. 1979.

La prueba de Juan Bañuelos

Para honrar la memoria de un escritor, sin importar el género en que escriba, lo mejor es leer su trabajo y recordar la emoción que esas letras producen en el espíritu de quien lee. Desmesuradas comparte este poema del poeta chiapaneco Juan Bañuelos.

 

Me rodeo,

Me cerco.

Me consigno.

Quiero pasar la puerta

y choco contra un vidrio.

Ya me cansé de escuchar siempre:

¡Bah, escribe versos!

Ya me cansé —¡qué bien!— de este fastidio.

Voy a agarrar a Juan de la camisa

y a ponerlo de pie

en medio de la calle;

A ver si aprende, ¡a ver si tiene grito!

Que no me vengan a contar más cuentos,

que no salgan con que me escondo mudo.

¡De una vez!

Vamos a ver si vena a vena el sufrimiento

duele,

o voy a ver si araño mi corazón en vivo.

 

Foto: Joaquín Cato / Revista Proceso

 

La Prueba / Juan Bañuelos (6 de octubre de 1932, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. – 29 de marzo del 2017, Ciudad de México, México.)

Fuente: Material de Lectura No. 125. Serie Poesía Moderna. Universidad Nacional Autónoma de México /Dirección de Literatura. México. 2012.

Un día

Foto: Erich Hartmann

Este cielo nublado
de tempestad oculta
y lluvia presentida
me pesa;
este aire denso y quieto,
que ni siquiera mueve
la hoja leve
del jazmín florecido,
me ahoga;
esta espera
de algo que no llega
me cansa.
Quisiera estar lejos,
donde nadie
me conociera:
nueva
como la yerba fresca,
ligera,
sin el peso
de los días muertos
y libre
ir por caminos ignorados
hacia un cielo abierto.

Un día / Alaíde Foppa (Diciembre 3 de 1914, Barcelona, España – Diciembre 19 de 1980, Guatemala, Guatemala)

Descargar audio

Voz: Malintzin Reyes Figueroa. Nocturno no. 1 en Fa Menor Op. 55 Frederick Chopin.  Interpreta Brailowski.

 

Algo pendiente

Foto: Leticia Bárcenas González

 

Algo pendiente queda entre nosotros:

una mañana que inventar

para seguir la línea,

esperar una voz entre la multitud;

cartas sin regreso,

intervalos, suspiros y las aves

finalmente sin alas para huir.

 

¿Qué harás esta tarde para no venir?

¿Crees en la palabra distraída,

amor y rostro en una misma encrucijada?

Me haces falta

por aquello de un beso

donde se detiene el transeúnte a mirar;

tú no me buscas ya,

eso nunca esperé

para dejar de verte.

 

No encuentro la noche en que

acariciamos lunas, pero no vengas,

quédate,

al cabo de las horas

todo es lo que nunca quisimos

vacío y nada

y basta.

 

Algo pendiente / Verónica Zamora (Colima, México. Mayo 6 de 1965)

Fuente: Ávidas mareas. Breve muestra de la novísima poesía mexicana. Pról. y selec. Alejandro Sandoval. INBA/UAZ. México. 1988.

Ni una más

El Día Internacional de la Mujer se instituyó en la ONU en 1975 como una forma de no olvidar a las 146 mujeres que perecieron en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, en Nueva York, Estados Unidos. Las trabajadoras textiles murieron debido a las quemaduras, los derrumbes, la inhalación de humo y la desesperación de no ver escapatoria. Los dueños de la fábrica habían sellado las salidas “para evitar robos”.

Trágica coincidencia. Justo el día de la conmemoración, el 8 de marzo de 2017, mueren calcinadas más de 30 niñas en el albergue llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en San José Pinula, Guatemala, en donde las autoridades las mantuvieron bajo llave “para evitar una tragedia”, argumentan, después de que varios jóvenes se fugaron del Hogar, en el que, denuncian, hay hacinamiento y son violentados.

Cuando falla la familia, el Estado debe velar por sus niñas, niños y adolescentes, se dice. En este caso ¿a quién se le deben pedir cuentas, exigir justicia? ¿Qué podemos hacer, además de vociferar en las redes sociales?

“…voces descarnadas que vienen desde el desierto social, cuya impunidad nos aniquila; desde el otro desierto llamado soledad, en donde el viento frío de la deshumanización es presencia a la hora de pasar la lista de las muertas-asesinadas.” (Patricia Medina)

Quizá escribir ayuda a calmar el dolor, a mitigar la indignación… por eso hoy, hemos decidido compartir con ustedes, como una forma de solidaridad con las mujeres madres, abuelas, hermanas de esas niñas muertas en Guatemala, este poema:

La palma de la mano abarca la herida

madrugada de hace treinta años

cuando el verso hoy escrito

se oyó grito

y la rapiña sobre una niñez

inundada de futuro

se vino encima

no una vez

no una sola vez

no fue una sola vez

Donde la mano puso su tacto

donde el silencio puso su sello

donde el olvido se convirtió en memoria

donde la violencia abrió una llaga

donde una madre dio indiferencia

y el olvido no alcanzó para guardar el secreto

en una caja de los sin recuerdos

en una caja de la historia de las mujeres

en una caja cerrada

no una vez

no una sola vez

no fue una sola vez

Hoy todavía causa sobresaltos

la noche que oscurece la niñez

pesadillas con torturas y tarántulas

esconden la sonrisa de una mujer

de sonrisa arrancada a destiempo

con la inocencia clausurada

por el suceso que nadie quiso creer

que sucedió

sobre las marcas y el dolor

un cuerpo de niña violentado

no una vez

no una sola vez

no fue una sola vez

La historia repite el capítulo

en donde nadie oye

porque nadie cree que pueda suceder

y entonces cómo entender

que sigan riendo aquellos que

ultrajaron la inocencia

aquellos que siguen moviéndose

como peces en el agua

entre el chasquido del silencio de

una madre

la permisividad que da el no ser

dicho

y la oscura noche que yergue la

geografía de una mujer

con memoria que no olvida

con miedo a vivir

con miedo a morir

con ojos que no debieron mirar

con puntos cardinales

distorsionados

y la ventana que abre su palabra

en la palma de la mano que abarca

la herida

no una vez

no una sola vez

no fue una sola vez

Lo único que queda es la palabra.

Foto: Leticia Bárcenas González

Poema: Geografía / Cynthia Pech (Ciudad de México, 1968)

Fuente: La mujer rota. Poesía de autoras y autores hispanohablantes. Coord. Gloria Velasco. Literalia Editores. Colección XX, no. 3. México. 2008.

11

Foto: Leticia Bárcenas González

 

Si nada sobra, nada falta: hay comida,

tienes un lecho, ropa limpia,

cuadernos de dibujo, libros, juguetes.

Por un azar incomprensible te tocó la suerte de nacer

del otro lado de la muralla, en los márgenes.

Pero de cualquier modo no te moja la lluvia,

no sufres hambre,

cuando te enfermas hay un médico,

eres querido

y te esperaron en el mundo.

Son muchos

los privilegios que te cercan y das

por descontados.

Sería imposible

pensar que otros no los tienen.

Y un día

te sale al paso la miseria.

La observas

y no puedes creer que existan niños

sin pan sin ropa sin cuadernos sin padre.

Te vuelves y preguntas por qué hay pobres.

Descubres

que está mal hecho el mundo.

 

Jardín de niños / 11 / José Emilio Pacheco (Junio 30 de 1939. Ciudad de México, México.  –  Enero 26 de 2014. Ciudad de México, México.)

Poemario: Fin de siglo y otros poemas. Ed. FCE. 1984. Colección Lecturas Mexicanas.

A nosotras

Libro y Maga / Foto: Gabriela Barrios

 

a nosotras, dadoras de vida
y enemigas de la guerra,
para que cada mañana
esté presente el coraje y el amor
que nos ayudará a mantener
en equilibrio a toda la humanidad

 

Esta es la dedicatoria del libro Lentejuelas, canutillos y chaquiras realizado por la doctora Herminia M. Alemañy Valdez, quien es escritora, investigadora, editora y actualmente rectora interina de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Aguadilla.

Esta mujer de sonrisa espontánea, aunque se dedica a la investigación, a la docencia, y actualmente, con su nombramiento en la UPR, a muchas actividades administrativas, disfruta crear y lo ha hecho a través de la poesía; para ella la poesía es “un medio de plasmar algunas inquietudes; aunque tengo algo de poesía erótica me voy más a lo social. Es más denuncia social y de la condición de la mujer.” (Leer entrevista completa en: https://www.desmesuradas.com/2009/herminia-alemany-y-edgardo-nievesescritores/)

Herminia nos regala este hermoso poemario realizado a mano con sencillos materiales, donde nos narra la creación del mundo desde una visión femenina. Donde se puede ver a Herminia coser, bordar y tejer con palabras un universo en el que muestra a la mujer en su máximo papel de creadora y amorosa.

El próximo 8 de marzo se conmemora la lucha de la mujer, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. A ese día se le conoce como el El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, también llamado Día Internacional de la Mujer, por ello, a modo de fraternidad, queremos compartir el siguiente poema:

Historia de cómo, poco a poco, fue tejiéndose el más fabuloso tapiz

Déjenme así, con el rostro frente al viento,
que me empape la lluvia para salir de nuevo
a chapotear en los charcos, a cazar mariposas
y a veces, arco iris.
-Carlota Molieri

    La más vieja de la viejas contemplaba su creación.
Llamó su atención la opulencia y el derroche
en algunas ciudades.
Notó con pesar que el otro, el petróleo
y los diamantes adquirían cada día más valor.
Observó la guerra, el hambre,
las enfermedades, la violencia
y el desamparo.
¡Cuán lejos estaban de lo que ella había creado!
Abatida por el dolor, comenzó a llorar sin consuelo.
Agarró agujas e hilo
y comenzó a tejer una cadeneta roja.
Tejía y lloraba, lloraba y tejía.
Otra vieja, al verla, se compadeció de su dolor.
Fue por sus agujas y su hilo
y comenzó a tejer una cadeneta naranja.
Otra, menos vieja, escuchó el llanto de las dos mujeres,
trajo su hilo y sus agujas
y comenzó a tejer una cadeneta amarilla.
Una cuarta mujer alcanzó a escuchar
el llanto de sus compañeras.
Se sentó junto a ellas.
Con sus agujas y su hilo,
tejió una cadeneta verde.
Una joven se acercó.
Traía sus agujas y una madeja de hilo azul.
Se les unió
y comenzó a tejer una cadeneta.
Otra, jovencita,
con el añil en las manos,
tejió también una cadeneta.
La más joven de las jóvenes
también demostró su solidaridad
y, con el hilo violeta, tejió una cadeneta.
Así, durante 40 días
con sus 40 noches,
estas mujeres tejieron y lloraron,
lloraron y tejieron.

Absortas en su dolor,
no notaron que la pequeña Iris
recién comenzaba a gatear.
Maravillada antes tanto color,
Iris agarró el extremo de las cadenetas
y comenzó a dar vueltas con ellas.
Con cada vuelta que daba, surgían,
del agua producto de las lágrimas, nuevos seres.
Así, de la cadeneta violeta salieron orquídeas,
de la añil, la profundidad de las aguas,
de la azul, el cielo y una que otra ave,
de la verde, las hojas de los árboles
y las plumas de las aves,
de la amarilla salió el sol,
de la naranja, el fuego de los volcanes
y, de la roja, la sangre que daría fuerza a los corazones.
Tantas vueltas dio Iris que cayó,
tan rápido como el viento,
a la tierra.
Mientras caía,
las cadenetas se acomodaron en un arco.
Entonces, el cielo brilló lleno de colores.

La más vieja de las viejas,
al ver el esplendor celestial,
dejó de llorar,
lo mismo hicieron las otras.
Con alegría notaron que la vida surgía nuevamente
y tuvieron esperanzas.

De vez en cuando,
la más vieja de las viejas vuelve a llorar,
pero Iris no ha dejado de dar vueltas con las cadenetas
y cae nuevamente a la tierra
iluminando el cielo con los siete colores.

Fuente: Alemañy Valdez, Herminia M. Lentejas, Canutillos y Chaquiras. Indómita Editores. Puerto Rico, 2009.

 

La Casa

Foto: Leticia Bárcenas González

Llegó el momento de partir
el hogar en dos.
Bien:
comencemos por los rincones donde las arañas
tejieron también su historia.
Hablemos de los muros y sus cuadros.
¿Cuál eliges?
¿El del día de la boda,
el retrato de la niña
o el de vacaciones en verano?
Quiero el antiguo bodegón
para recordar las comidas familiares.

Mira la casa:
permanece ahí de pie
pero sin alma.

¿Con cuál alcoba deseas quedarte?
¿Aquella donde los gemidos
alguna vez fueron música perfecta?
¿O el cuarto azul
donde echó raíces la cuna para siempre?
¿O el jardín
donde todavía se columpian las sonrisas?

Deseo la terraza,
esa roja plataforma de minúsculos ladrillos
donde lluvias y palomas encontraron su refugio,
donde todavía transpiran las estrellas
y no hay sombra que oculte los engaños.

Te regalo los espejos
saturados de susurros, ecos familiares,
desfigurados rostros
que hoy se desangran en reproches.

Pero tienes razón:
tal vez aquí ya nada nos retenga.
A la frontera tal vez llegamos
entre el amor que vacila y las cenizas.

Viéndolo bien,
no puedo partir en dos la casa:
te la regalo toda
con todo y promesas de futuros sublimes.

Como cortinas viejas
te regalo lo que queda:
este cielo sombrío
y este desvencijado viento
que dejaste al cerrar la puerta principal.

 
La Casa / Lina Zerón  (Ciudad de México, México. 1959)

 

La palabra de Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal / Fuente: Web

Ernesto Cardenal Martínez nació en Granada, Nicaragua el 20 de enero de 1925.

Poeta, sacerdote, teólogo, escritor, traductor, escultor y político nicaragüense.

Es reconocido como uno de los más destacados defensores de la teología de la liberación en América Latina.

La palabra (fragmento)

Somos palabra
en un mundo nacido de la palabra
y que existe sólo como hablado.
Un secreto de dos amantes en la noche.
El firmamento lo anuncia como con letras de neón.
Cada noche secreteándose con otra noche.
Las personas son palabras.
Y así uno no es si no es diálogo.
Y así pues todo uno es dos
o no es.
Toda persona es para otra persona.
¡Yo no soy yo sino tú eres yo!
Uno es el yo de un tú
o no es nada.
¡Yo no soy sino tú o si no no soy!
Soy Sí. Soy Sí a un tú, a un tú para mí,
a un tú para mí.
Las personas son diálogo, digo,
si no sus palabras no tocarían nada
como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio,
como comunicaciones a planetas deshabitados,
o gritar en el vacío lunar
o llamar por teléfono a una casa sin nadie.
(La persona sola no existe.)
Te repito, mi amor:
Yo soy tú y tú eres yo.
Yo soy: amor.