Posesión

Foto: Leticia Bárcenas González

Caías en mí.
Eco de tu pesantez mi vida
era una canción precipitándose
en la eternidad.

Inmerso en mi silencio
eres el cielo que sostiene un arroyo,
que levanta un árbol.
En que un lucero corta su voz
de eternidad.

Posesión/ Carmen Conde

*Poeta, novelista y ensayista. Nació el 15 de agosto de 1907 en Cartagena, España y murió el 8 de enero de 1996 en Madrid, España.

Los motivos de Eneas

Foto: Marino Parisotto

Alguien, en algún momento de la noche,

pierde la costa, una mujer que pudo amar

y darle un hijo, darle una patria a su hijo.

Alguien enciende un cigarro

con el fuego de Vesta,

mientras las naves de Eneas cabecean en la playa,

donde las algas comenzaron

a convertir la madera en una tregua con el destino.

La lágrima que no pudo derramar

tiene el nombre de una reina,

el día en que me nombró suyo

la soledad imitaba la lluvia,

su pecho era una cueva

donde la oscuridad moró con el amor.

Olvidé los muros de mi ciudad,

eternamente ardidos

en la memoria del poeta,

por ti, Dido.

En tu lecho dejé mis armas

de extranjero huyendo del naufragio,

quise creer que tenía un sitio en la tierra,

un pedazo de reino para mis muertos.

Mi padre se volvió una isla

que la muerte rodea

y sueño con su voz,

envuelto en los vapores de la sibila.

 

Es la noche que entra por la ventana

y abandona a una mujer

en los brazos del fuego.

La luz es tenue

cuando ella ruega a las aguas

que le devuelvan lo que migró,

Le pide al hombre que creyó suyo

como el árbol suplica a las aves

“no dejes que el invierno entre bajo tus alas”.

Quizá un día fantaseaste

con sus manos envejecidas sobre tu rostro,

quizá un día esperaste

que sus naves ardieran en el horizonte

con sus sueños vanos.

Y ahora buscas arrancarle su silencio de estatua,

rasguñas su rostro y solo encuentras

sal bajo tus uñas,

Él ha huido esta tarde, viendo el mar.

 

Lo odias, hay tres cosas encendidas esta noche.

La pasión que cicatriza cuando se apaga

una colilla contra el pecho,

cruzar el umbral de la puerta

y ver el marco donde su reflejo falta.

El impulso de las luciérnagas

que salen desde el fondo de la hoguera,

donde las cosas pierden su nombre

y se puede soplar un año

en un puñado de ausencia,

y un corazón bramando sangre,

enloquecido por la venganza,

un corazón que gruñe y enseña los dientes

“maldita sea tu sangre y tu tierra, forastero,

elemento sin rumbo

jalado por cuatro caballos que persiguen las estrellas”.

Estrella impronunciable eres, hijo de Venus,

Eneas, tú navegas a la sombra de la aurora muerta.

 

Los motivos de Eneas / Fernando Fernández Rivera*

* Primer lugar del II Concurso de Poesía Rubén Bonifaz Nuño, convocado por el Colegio de Letras Clásicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Fuente: La Gaceta. No. 570. Literatura y Discurso. Fondo de Cultura Económica. Junio de 2018.

Memoria

Foto: Toni Frissell

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

Memoria / José Emilio Pacheco

 

Escritor, poeta, ensayista y traductor.- Nació el 30 de junio de 1939 y murió el 26 de enero de 2014, en la Ciudad de México, México.

A las órdenes del viento

Foto: Leticia Bárcenas González

Para todos los que sienten que no están al mando

Me habría gustado ser discípula de Ícaro.

Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.

Me habría gustado ser
un hitita ante la reina Nefertari
el joven Werther en Río de Janeiro
la deslumbrante dama sevillana
por la que Don José rechazó a Carmen.

Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco
el inspector fiscal
con el que conversara Maiakovski.

Me habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo que muchas veces la voluntad no basta.

 

A las órdenes del viento / Raquel Lanseros. (Jerez de la Frontera, España, 1973)

Donde sólo se habla de amor

Foto: Vivian Maier

A los hombres, a las mujeres

que aguardan vivir sin soledad,

al espeso camaleón callado como el agua,

al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado),

a los que duermen mientras sostengo mi vigilia,

a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio.

En fin, diciendo ciertas cosas reales

en una lengua unánime, amorosa;

a los niños que sueñan en las frutas

y a los que cantan canciones sin palabras en las noches

compartiendo la muerte con la muerte,

los invito a la vida

como un muchacho que ofrece una manzana,

me doy fuego

para que pasen bien estos días de invierno.

Porque una mujer se acuesta a mi lado

y amo al mundo

 

Juan Bañuelos 

*Poeta, ensayista, editor y catedrático. Nació el de octubre de 1932 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas y murió el 29 de marzo de 2017. Poema del libro Espejo humeante, 1968.

 

Quédate

Porque llegaste

La tierra abre sus ojos

Y el ahora trae resurrecciones

Por ejemplo: escucho al gallo y la golondrina

Naces en mí al pronunciarme

Llegaste

Y hasta las estrellas no conocidas brillan

Se suspenden guerras noticias desayunos

Olvido ciertas palabras

y el ronronear del gato dice: amorrrrrrr…

Son las seis y tus ojos lo desmienten

Caminamos y no puede suceder

pero sucede

al convertirnos en no pasará

y aunque tu ausencia me toma de la mano

caminamos el hoyayermañana

y tomaremos café para vernos tardetemprano

porque no creemos las palabras de la muerte.

Martín Mérida

*Poeta. Nació en Motozintla, Chiapas aunque lleva más de diez años viviendo en Guadalajara, Jal. Es autor de diversos libros, entre ellos El milagro de tu voz distinta y La pasión según un hombre cualquiera, al que pertenece este poema.

Derrumbes

Iglesia San Vicente, en Juchitán, Oaxaca, México / Foto: AP

 

Las palabras son huellas enmohecidas,

alejadas ya de las cosas que nombran,

espacios vacíos, fisuras, restos.

Afasia temporal.

Nada que decir, nada que las palabras colmen.

 

Lo futuro se desmiembra.

El tiempo, descentrado,

se alarga,

pero está lejos de ser un espejismo.

 

Después del derrumbe,

las cosas se reafirman como cifras que se abren.

Miro a un perro y me veo dibujada en sus entrañas.

Por una vez, mi cuerpo no se escinde,

no se ancla en su destierro

ni insiste en el ritual de sus heridas.

 

Después del derrumbe,

en este centro del mundo mana un lenguaje

lejano a las palabras.

 

Derrumbes (fragmento) / Julieta Gamboa (D.F., 1981). 

Adiós, Juan Goytisolo

 

Foto: Bernardo Pérez / El País

El mundo literario está de luto, se ha marchado Juan Goytisolo, Premio Nacional de las Letras Españolas 2008 y Premio Cervantes de 2014.

El paisaje se transformó. Los objetos cobraron una existencia autónoma, impenetrable. La nada se abrió a tus pies. Transeúntes y automóviles circulaban caóticos, privados de finalidad y de sustancia. El mundo extraño a ti y tú extraño al mundo. Roto el contacto entre los dos. Irremediablemente solo.

Señas de identidad / Juan Goytisolo

 

Su obra no sólo comprende la prosa, sino que cultivó géneros como el cuento, el ensayo, las memorias y la poesía, de la cual compartimos el siguiente poema…

 

1

Disolución del recuerdo

como nieve

en un vaso de agua.

La imagen que se esfuma,

el calor que existió

en el lecho vacío.

Caducidad.

No hay

consuelo en el mirar

la foto desvaída,

todo se olvida,

todo queda atrás.

2

Desmemoria que llega

de puntillas.

Fechas, lugares, nombres,

borrados sin piedad.

Lastre arrojado,

pasto del olvido.

Ligero de equipaje

afrontarás la sima,

sombra ya de ti mismo

en el punto final.

 

Desmemoria (fragmento) / Juan Goytisolo (Enero 5 de 1931, Barcelona, España –  Junio 4 de 20017, Marrakech, Marruecos)

Balada de la bicicleta con alas

Ilustración: Leticia Bárcenas González

1

A los cincuenta años, hoy, tengo una bicicleta.
Muchos tienen un yate
y muchos más un automóvil
y hay muchos que también tienen ya un avión.
Pero yo,
a mis cincuenta años justos, tengo sólo una bicicleta.

He escrito y publicado innumerables versos.
Casi todos hablan del mar
y también de los bosques, los ángeles y las llanuras.
He cantado las guerras justificadas,
la paz y las revoluciones.
Ahora soy nada más que un desterrado.
Y a miles de kilómetros de mi hermoso país,
con una pipa curva entre los labios,
un cuadernillo de hojas blancas y un lápiz
corro en mi bicicleta por los bosques urbanos,
por los caminos ruidosos y calles asfaltadas
y me detengo siempre junto a un río,
a ver cómo se acuesta la tarde y con la noche
se le pierden al agua las primeras estrellas.

2

Es morada mi bicicleta
y alegre y plateada como cualquiera otra.
Mas cuando gira el sol en sus ruedas veloces,
de cada uno de sus radios llueven chispas
y entonces es como un antílope,
como un macho cabrío, largo de llamas blancas,
o un novillo de fuego que embistiera los azules del día.

3

¿Qué nombre le pondría hoy, en esta mañana,
después que me ha traído,
que me ha dejado sin decírmelo apenas
al pie de estas orillas de bambúes y sauces
y la miro dormida, abrazada de yerbas dulcemente,
sobre un tronco caído?

Carlanco de los bosques.
Estrella voladora de las hadas.
Telaraña encendida de los silfos.
Rosa doble del viento.
Margarita bicorne de los prados.
Cabra feliz de las pendientes.
Eral de las cañadas.
Niña escapada de la aurora.
Luna perdida.
Gabriel arcángel.
La llamaré con este frágil nombre.
Porque son sus dos alas blancas las que me llevan,
Anunciándome el aire de todos los caminos.

4

Yo sé que tiene alas.
Que por las noches sueña
en alta voz la brisa
de plata de sus ruedas.

Yo sé que tiene alas.
Que canta cuando vuela
dormida, abriendo al sueño
una celeste senda.

Yo sé que tiene alas.
Que volando me lleva
por prados que no acaban
y mares que no empiezan.

Yo sé que tiene alas.
Que el día que ella quiera,
los cielos de la ida
ya nunca tendrán vuelta.

 

Balada de la bicicleta con alas / Rafael Alberti (Diciembre 16 de 1902, El Puerto de Santa María, España – Octubre 28 de 1999, El Puerto de Santa María, España)

 

Rosario Castellanos y Alberto Korda

Un día como hoy, 25 de mayo, nace en la Ciudad de México, Rosario Castellanos, descendiente de una familia chiapaneca, quien llegará a ser considerada una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX.

Ese mismo día pero 76 años después, muere en París, el recocido fotógrafo cubano Alberto Díaz, a quien se le conoce con el nombre artístico de Alberto Korda, autor de la célebre foto del Che Guevara y de muchas otras de la Revolución Cubana, aunque su trabajo anterior y posterior a la Revolución se enfocó en el retrato femenino y la moda, su pasión…

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido
mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Esto que uní alrededor de un ansia,
de un dolor, de un recuerdo,
desertará buscando el agua, la hoja,
la espora original y aun lo inerte y la piedra.

Este nudo que fui (de cóleras,
traiciones, esperanzas,
vislumbres repentinos, abandonos,
hambres, gritos de miedo y desamparo
y alegría fulgiendo en las tinieblas
y palabras y amor y amor y amores)
lo cortarán los años.

Nadie verá la destrucción. Ninguno
recogerá la página inconclusa.
Entre el puñado de actos
dispersos, aventados al azar, no habrá uno
al que pongan aparte como a perla preciosa.
Y sin embargo, hermano, amante, hijo,
amigo, antepasado,
no hay soledad, no hay muerte
aunque yo olvide y aunque yo me acabe.

Hombre, donde tú estás, donde tú vives
permaneceremos todos.

 

Poema: Presencia / Rosario Castellanos (Mayo 25 de 1925, Ciudad de México, México – Agosto 7 de 1974, Tel Aviv, Israel)

Foto: Alberto Korda (Septiembre 14 de 1928, La Habana, Cuba – Mayo 25 de 2001, París, Francia)