Los ojos del árbol

Árbol / Foto: Leticia Bárcenas

Presentación Los ojos del árbol (La novela de R.A.). Editorial Tifón, Primera edición 2016.

He venido a presentar la novela de una autora que no está aquí. Sí, no está entre nosotros. ¿Sorprendidos? Así es, porque “Los Ojos del Árbol” no es de Héctor Cortés Mandujano sino de Rosa Alhelí, la personaja de la novela: En Memoria de las que hemos sido desdichadas.

Y en esta novela, R.A. escribe sobre sus sueños, sobre sus miedos, sobre la instantaneidad de su vida; eso es lógico dirán, ¿qué obra no contiene elementos de carácter autobiográfico?

Pero la magia de R.A. radica en su capacidad de escribir la novela como a veces se lee, con la intención de soñar otras vidas y evadir la propia, esa que transcurre en un mundo arbitrario, violento, embrutecedor; un mundo que nos va mutilando el sentido estético, la sensibilidad y nuestra capacidad de creer en lo mágico.

La autora crea y nos presenta un mundo que podemos calificar como onírico, en el que hay que encontrar tesoros, pedir ayuda a duendes, hablar con árboles y conocer la vida de una bruja blanca, que obvio, es buena. Y digo, obvio, porque R.A. maneja algunos estereotipos que nos parecen tan naturales, hasta que tomamos algún taller de narrativa. Pero ella no lo hizo, escribe en la cárcel, no cursó taller alguno, ni consultó a Héctor y entonces su bruja, como es blanca es buena, aunque los habitantes del pueblo no lo saben y…

¿Se puede ser del todo buena? Parece que una maldición persigue a esta mujer-bruja-sanadora, con tristes consecuencias para la gente que la rodea, como en la vida “real” de la autora, a quien lastiman agrediendo a sus afectos.

“Hay que creer en lo ilógico, en lo improbable, en lo imposible, pues ésta es la única posibilidad de que el mundo se salve”, nos dice R.A. y a pesar de su dolor, de sus pérdidas, de su injusto encarcelamiento, nos habla del amor, de la creación de los príncipes azules, de la maternidad y la paternidad no lograda sino a través de un niño ajeno e invidente, que para la bruja no sólo se vuelve el centro de su afecto, se vuelve también el instrumento para rebelarse contra sus propias condicionantes y romper por medio de él los límites de su entorno más próximo.

La ceguera, limitación física que lejos de ser un problema cobra una dimensión trascendente en la vida ordinaria de los personajes: Eloísa, la bruja; Arcadio, su marido y Joel, el niño. Y es, gracias a esa falta de visión, que los objetos son deconstruidos para dotarlos de un nuevo significado, que les permite escapar de la rutina inherente a su naturaleza y ser transgresores, desbordando su uso, con voz propia y en este caso, hasta de recuerdos.

Así, las máquinas de escribir y los pianos cobran vida y hablan ante los oídos del niño invidente, adquiriendo un poder evocador de un mundo simbólico y de paz, de una paz familiar que trasciende la vida ordinaria de los personajes, que a su vez crecen y se extienden cual árboles llenos de savia, de hojas-ojos, de ramas-brazos, de luz y sombra, de espiritualidad.

Y entonces tuve ganas de ser árbol también y recordé las fotos que he tomado de algunos que he encontrado en mi andar y de cómo su belleza me cautiva, pero luego me retracté porque me atraen más las ramas casi desnudas de hojas, y recordé la escena de una película, en la que la chica cuenta que su papá la llevó a un bosque en invierno y le dijo que observara: “Son las almas de los árboles las que vemos en invierno. Almas locas, retorcidas”. Y yo no saldría bien librada en invierno.

Creo que Rosa Alhelí es afortunada por poder escribir sin preocuparse por las convenciones literarias, aun teniendo a su lado a Héctor, quien como un inmenso árbol la cobija bajo su sombra, la escucha, la ve y la deja hablar, hablar, hablar.

Felicidades Héctor.

Por Leticia Bárcenas González

“La gente normal, pobre o rica, ignorante o letrada, es decir, casi toda, no hace caso de las señales que no tengan rango científico o que no sean avaladas por lo que se llama “sentido común”. Hay excepciones, por fortuna. Si así no fuera no existirían inventos ni arte, seguiríamos atados a la vulgaridad de lo posible. Hay que creer en lo ilógico, en lo improbable, en lo imposible, pues esta es la única posibilidad de que el mundo se salve”. Quise leer esta cita ya que considero que describe en su totalidad, la esencia del libro Los ojos del árbol.

El autor
En la literatura, como en los sueños existen mundos posibles, muchas veces, alejados del campo de la lógica, es por eso que estamos reunidos hoy en este espacio, seducidos por esas palabras que forman una historia, donde la realidad es inasible.

Al comenzar a leer las primeras líneas del libro, estaba preparada, por así decirlo, para reconocer la forma de escribir de Héctor, pero no, no lo reconocí en lo absoluto, porque no tiene nada que ver con los demás que he leído de él, entonces recordé que estaba frente a un libro apócrifo y me encontré ante algo que aún no sabía bien qué era.

La novela fue escrita al margen de lo que es Héctor, es un salto fuera de él, ya que no recorre su biografía literaria. Es un libro donde logra el desprendimiento para darle voz a Rosa Alhelí, mejor conocida como R.A. personaje principal del libro “En memoria de las que hemos sido desdichadas”, presentado el pasado mes de noviembre.

R.A. inicia la escritura de la novela durante su estancia en la cárcel, en el que tuvo tiempo para leer, reflexionar y desarrollar la idea que tenía desde tiempo atrás sobre un niño ciego y su relación con un piano y una máquina de escribir; realizó la historia como ejercicio de sublimación; plasma sus vivencias y anotaciones de sus lecturas, sin marcar en lo más mínimo una queja de su situación y no busca defender una causa; se vuelca en la escritura como una catarsis, escribe con pasión, quizá con poco dominio de la técnica pero como dijera Carlos Monsivaís:

“Escribir por ejemplo obras caudalosas o muy breves; escribir desde la autobiografía desbordada o desde las revelaciones que desdeñan la confesión y le entregan a la escritura la pena de perderse o la dicha de hallarse (o al revés); escribir desde la ironía, la jactancia, el ánimo clásico; escribir a partir de los temas nacionales o de las experiencias comunes a todos; escribir desde la pasión por la técnica o, no sin precauciones, desde el arrebato de la inspiración…Escribir, por ejemplo…»

Héctor con su escritora, logra la comunión entre lo masculino y lo femenino, como lo sugiere Virginia Woolf: “es funesto para todo aquel que escribe el pensar en su sexo. Es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser «mujer con algo de hombre» u «hombre con algo de mujer»… Alguna clase de colaboración debe operarse en la mente entre la mujer y el hombre para que el arte de la creación pueda realizarse”.

El Lector
Las novelas En memoria de las que hemos sido desdichadas y Los ojos del árbol son autónomas, pero comparten la fórmula que consigue que la lectora y el lector se concentren, y que el mundo que los rodea se esfume, provocan la adicción momentánea de no desprender los ojos de las páginas hasta saber el desenlace de cada historia.

Los ojos del árbol incluye tres historias completas, que dicen lo que debían decir y a los que no hay que añadirles nada, textos que se hubieran podido publicar por separado como cuentos. Los cuales disfruté de principio a fin, por lo cual surgió en mí la inquietud de compartirlos con tres niños cercanos a mi pensamiento y corazón, con el único fin de contagiarles el amor por la lectura.

“El tesoro del duende” es la tierna historia de Luisa, quien preocupada por la situación económica y emocional de su padre y atenta escucha de las leyendas de su pueblo, decide emprender acciones que la llevarán a entablar una amistad con un árbol de hormiguillo y un duende. Cuento que me gustaría leersélo a Santiago, de 6 años de edad, ya que Luisa me hizo recordarlo, por su nobleza y actitud solidaria para con su familia.

“Corazón con la punta de un cuchillo” se lo leeré dentro de unos años a Genaro, quien a pesar de su corta edad (8 meses) ha demostrado ser amoroso y decidido ante la vida; el cuento narra la historia de Javier, quien encontró no sólo el cobijo y consuelo en su duelo de amor fallido en un árbol de benjamina. Javier a la sombra de éste experimenta también una entrañable amistad con el árbol, cariño que le dio el empuje para realizar acciones de manera decidida defendiendo con su vida sus ideales, moviendo conciencias.

El lector para el cuento “La historia de Rots”, e incluso para la novela completa, es para Ángel, de 10 años de edad, quien disfruta de las historias fantásticas, dibuja seres nacidos de su imaginación y se dedica a inventar artefactos con lo que tiene a su alcance, como Artemisa que se entretiene en la invención de cosas y seres fantásticos, cuyo resultado cambia la historia del lugar donde habita; que la diferencía además de las mujeres que sueñan y les dan formas convenientes y perfectas a sus príncipes azules.

El mito
Conforme fui adentrándome en los sucesos que acontecen en el pueblo donde arranca la historia, me hizo recordar el Uróboros, que es un símbolo ancestral que muestra un gusano, una serpiente o un dragón alado engullendo su propia cola y formando así un círculo. En alquimia esto se entiende como vida, muerte y resurrección. La emblemática imagen expresa la unidad de todas las cosas, las materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino cambian de forma perpetua en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación. En Los ojos del árbol la repetición de los fenómenos transcurren cada cierto tiempo donde el porvenir se une con el pasado sin que nada ni nadie pueda detener el ciclo.

Los sueños
Nunca es tarde para vivir, nunca es tarde para soñar. Soñamos despiertos, soñamos dormidos, soñamos. Los sueños nos otorgan vivencias que en la realidad son imposibles y donde damos rienda suelta a nuestros deseos más recónditos. Muchas veces nos detenemos por impulso a analizar los sueños que nos despiertan a la mitad de la noche o que nos hacen tener miedo como si fueran presagios. Los sueños en la novela juegan un papel importante ya que no son sólo la guía para la toma de decisiones de algunos personajes sino también son el puente de comunicación donde los seres fantásticos se comunican con ellos. Incluso, algunos sueños llegan a convertirse en pesadillas y malos presagios. Prosperidad, vida, muerte y tragedia son los temas recurrentes en los sueños de las historias contenidas en el libro.

Los árboles
Mi bisabuelo Eliseo decía que no hay mejor amigo que un árbol, es el único a quien puedes tenerle confianza plena para contarle tus penas, abrazarlo para encontrar consuelo y que si buscas a Dios te acerques a un árbol para dialogar con él. La lectura nos invita a escuchar con los ojos a los árboles que poseen las emociones y sentimientos más hermosos del ser humano, son amorosos, compasivos y cómplices; con sus ramas sanan los dolores de quienes acuden a ellos. Los árboles siguen hablándonos a través de las hojas de los libros.

Los árboles están llenos de sonidos: es una melodía hermosa escuchar a los pájaros que los habitan cuando despiertan en ellos y al atardecer cuando buscan su cobijo para pasar la noche, si uno se acerca más se puede escuchar el sonido casi imperceptible de los otros pequeños seres que habitan en ellos, el viento los mueve y las ramas junto con sus hojas nos acompañan con su sonido; así también tienen los silencios del tiempo y del pensamiento, como las veces que con C.E. nos acercábamos a los árboles que encontrábamos a nuestro paso para abrazarlos en silencio, en absoluta complicidad amorosa.

Los sonidos
Todo empieza con un sonido. Los sonidos existen cuando las moléculas de aire se mueven unas con otras sin importar qué los genere. Estamos inmersos en ellos. El oído llega a lugares donde la vista no alcanza y carecemos de una especie de parpado auditivo que nos haga dejar de escuchar. Al escuchar un sonido el cerebro lo descodifica fonéticamente y lo analiza con una facilidad irracional. Cada sonido es único e irrepetible y la interpretación que le damos, depende de nuestro contexto y experiencia de vida, incluso un sonido puede llegar a ser el detonante de nuestras más intensas emociones.

Joel, protagonista de la novela, es un niño ciego que ha desarrollado el sentido del oído de tal forma que interpreta los sonidos de manera peculiar, diferente a como lo hacen sus padres Arcadio y Eloisa. El piano, más allá de las características que le son otorgadas en la historia, es descrito de tal manera que no sólo lo vemos en su forma sino que podemos imaginar el sonido suave de las melodías que sale de sus cuerdas a través del golpeteo de las teclas negras y blancas; así también se puede escuchar el sonido del metal de la máquina de escribir, cuya descripción me produjo una especie de nostalgia al recordar mi pesada máquina gris olivetti que cargaba trabajosamente a la secundaria.

Agradecimiento
Agradezco a Héctor que haya abordado el tema de los sonidos porque nos hace detenernos no sólo a imaginarlos sino que nos lleva de la mano a la remembranza y a la comprensión, cuya importancia radica no en qué o quien lo produce sino en el significado que le damos en nuestra vida. ¿Qué sabemos a través del oído?

Quiero terminar con una cita de António Lobo Antunes, “La literatura y los libros, como los cuadros y la pintura, o como la música y el cine, son la única manera que tenemos de vencer a la muerte. De vencer al tiempo. De volver a nosotros una dignidad que las mujeres y los hombres merecemos y que tantas veces no tenemos”.

Gracias Héctor por el libro y por la invitación.

Gracias a ustedes por escuchar.

Por Gabriela G. Barrios García

Los ojos del árbol / Foto: Gabriela Barrios

La palabra de Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal / Fuente: Web

Ernesto Cardenal Martínez nació en Granada, Nicaragua el 20 de enero de 1925.

Poeta, sacerdote, teólogo, escritor, traductor, escultor y político nicaragüense.

Es reconocido como uno de los más destacados defensores de la teología de la liberación en América Latina.

La palabra (fragmento)

Somos palabra
en un mundo nacido de la palabra
y que existe sólo como hablado.
Un secreto de dos amantes en la noche.
El firmamento lo anuncia como con letras de neón.
Cada noche secreteándose con otra noche.
Las personas son palabras.
Y así uno no es si no es diálogo.
Y así pues todo uno es dos
o no es.
Toda persona es para otra persona.
¡Yo no soy yo sino tú eres yo!
Uno es el yo de un tú
o no es nada.
¡Yo no soy sino tú o si no no soy!
Soy Sí. Soy Sí a un tú, a un tú para mí,
a un tú para mí.
Las personas son diálogo, digo,
si no sus palabras no tocarían nada
como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio,
como comunicaciones a planetas deshabitados,
o gritar en el vacío lunar
o llamar por teléfono a una casa sin nadie.
(La persona sola no existe.)
Te repito, mi amor:
Yo soy tú y tú eres yo.
Yo soy: amor.

Silencio

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen  .

Octavio Paz

Faltan palabras*

Foto: Lola Álvarez Bravo
Foto: Lola Álvarez Bravo

I
Faltan palabras…
Que del centro de la tierra
salgan los dinosaurios
y hablen por nosotros
hartos ya de nutrirse
con tanta sangre derramada.
Que hablen las piedras
a los de corazón de piedra
para que cesen
las erupciones
de hierro y piel.
Que hablen por nosotros
los fósiles
y los ángeles desprevenidos
que no se han dejado
todavía intimidar.
Que no queden más
risas incompletas
ni voces ahogadas
ni cuerpos mutilados…
Faltan palabras.
El verbo también está herido…

II
La paz rompe silencios
y la guerra al asecho
la viste de nuevo
con una mordaza
que celebra la muerte…
Somos tan diestros,
que logramos matar
el silencio
y las balas perdidas
transitan como orates,
en busca de una musa
que las inspire,
mientras encuentran
en dónde descargar su frenesí…
Entre tanto la diana se ofrece
a ejercer el buen oficio
de consoladora de héroes.

III
Para no perturbar
el sueño de los justos
Dios aprendió a caminar
en puntillas
y han sido tantos
los justos inmolados,
que sus pies se asumieron
en alas, para no perturbar
ni siquiera
sus sueños fallidos…
Pasos silentes
como un homenaje al valor,
que la barbarie
vistió de eternidad.

IV
Si en lugar
de balas
dispararan abrazos,
podríamos por fin
dar cuenta
sobre lo que significa
morir de amor…

María del Socorro Gómez Estrada

*Mención de Honor en el Concurso Internacional “Mil poemas por la paz de Colombia”. 2015

Danza

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La danza no permite, a diferencia del baile, ser sentimental.

Porque los sentimentales, ay, pisan.

 

Jaime Moreno Villarreal

(1956. Ciudad de México. Poeta, narrador y rockero)

Reconocimiento a Dolores Castro Valera

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Dolores Castro / Foto: Desmesuradas

Hace unos días, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México entregó el “Ángel de la Ciudad 2016 – Mujeres en Libertad” a nueve mujeres destacadas en el ámbito artístico y cultural, que han contribuido a fortalecer el desarrollo y el espíritu de la capital del país.

Las galardonadas fueron: la investigadora Virginia Armella de Aspe, la fotógrafa Graciela Iturbide, la periodista Carmen Lira Saade, la ensayista y periodista Cristina Pacheco, la poeta Dolores Castro Varela, la coreógrafa Nellie Happee, la filósofa María del Carmen Rovira Gaspar, la artista Carmen Parra y la actriz Silvia Pinal.

Es por ello, que Desmesuradas, rinde un pequeño homenaje a una de sus escritoras consentidas, la poeta Dolores Castro Valera para quien la poesía es iluminación en el camino de la vida, es capacidad de saber más a través de los sentidos educados para la sensibilidad, «es entender mejor quién soy y a dónde voy, es capacidad también de gozo al leerla o al escribirla».

 

Yo soy un pobre pájaro dormido

en la tierra de Dios,

bajo sus ojos he perdido las alas

y mi canto es el canto de las mutilaciones.

Habito en una casa transitoria,

a la que el viento lleva eternamente

como el silencio mismo.

He quedado tan pobre como el viento

que toma y lleva y abandona todo,

he quedado tan pobre como el eco

bajo los cuatro muros apagado.

Ha gastado la lluvia mis angulosos bordes,

mis huesos han bebido de las constelaciones,

habito como musgo en las manos del tiempo

y siento mi ceniza que se desprende y cae.

Soy un pájaro roto que cayera del cielo en un molde de barro;

soy el juego de un niño;

apenas soplo, lodo y su saliva;

soy el barro que guarda

este pájaro herido en la caída;

soy el caído pájaro que canta

en su dolor y en sus limitaciones;

soy todo lo que vuela, la ceniza,

el muro, el viento, el pájaro, el olvido.

 

De su poemario El corazón transfigurado (1949).

 

Dolores Castro en entrevista / Foto: Desmesuradas
Dolores Castro en entrevista / Foto: Desmesuradas

 

 

 

 

 

 

 

Ver entrevista: 

Dolores Castro Valera y la poesía

Patria o muerte, Fidel Castro

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Denostado por unos y alabado por otros, Fidel Castro, fue y seguirá siendo, sin duda, un parteaguas en la historia de Latinoamérica; con él se abrió la esperanza de un mundo mejor para muchos y los intelectuales de izquierda: escritores, filósofos, músicos, pintores, artistas de diversas disciplinas se identificaron con él, las diferencias parecían mínimas cuando lo conocían en persona y lo escuchaban hablar.

A Francisco Ramírez, por su solidaridad desmesurada

Patria o muerte, venceremos

Abogado de formación, experto en oratoria y en retórica, era devoto de la palabra, según dijo alguna vez su amigo Gabriel García Márquez. Sus discursos podían ser de cuatro horas o más, y quienes lo frecuentaron coinciden en que en las charlas de sobremesa también ejercía un gran dominio de las palabras sencillas pero impactantes, y por supuesto, escribía. Escribía mucho.

Sin embargo,  con la censura y represión ejercida sobre el escritor Heberto Padilla, en 1971,  acusado de realizar actividades subversivas, el encantamiento sobre los intelectuales se rompió y surge la separación entre los que creen que la Revolución necesitaba acciones como esa y los que creen que los ideales revolucionarios fueron traicionados.

Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada

Ahora, que ha muerto el hombre que “conoció la gloria de entrar vivo en la historia y en la leyenda”, según el periodista Ignacio Ramonet, el diario El País* pregunta a varios escritores latinoamericanos su opinión al respecto:

Claudia Piñeiro (Arentina. 1960): Con la muerte de Fidel se acabó el siglo XX.

Enrique Krauze (México. 1947): Ahora el mundo será menos malo. Fue el dictador más longevo de la historia latinoamericana y nunca tuve sentimientos hacia él.

Nelida Piñón (Brasil. 1937): Fidel ya acabó hace mucho. De hecho, fue el fin de una utopía inalcanzable.

Mario Vargas Llosa (Perú. 1936): A Fidel Castro no lo absolverá la historia.

Juan Villoro (México. 1956): Lo considerábamos inmortal, pero al final hemos visto que era humano… Mi decepción mayor fue el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa.

Héctor Abad Faciolince (Colombia. 1958): Sin Fidel, el boom habría tenido otras dimensiones. Uno podría dudar si los escritores fueron parásitos de la revolución o la revolución parásita de los escritores.

Sergio Ramírez (Nicaragua. 1942): Acabó en seguida con la primavera cultural cubana, instauró la idea de que se estaba con él o contra él.

Julio Ortega (Perú. 1942): Fidel construyó un aparato cultural, pero paralizó la cultura. Produjo represión y exilios, todo se reducía a defender la revolución.

El líder cubano en México

Después de dos años preso en Cuba, tras el frustrado asalto al Cuartel Moncada, Fidel llega a México, en donde con tan sólo 29 años, organiza un grupo de 82 combatientes para derrocar al presidente de Cuba: Fulgencio Batista.

Ya como presidente de la isla, regresó en diversas ocasiones, recibido con júbilo por algunos y con críticas por otros; sin embargo, cada una de ellas fue fuente de información para los medios y esta vez, ocurre igual.

Desmesuradas presenta las portadas de los diarios de mayor circulación en Chiapas, México, el día sábado 26 de noviembre del 2016, unas horas después de que fue dada a conocer oficialmente la noticia.

También presenta una galería con las portadas de los diarios nacionales de México más destacados, del día sábado 26 de noviembre del 2016.

El domingo 27, el deceso del líder cubano sigue ocupando portadas en los diarios nacionales e internacionales más influyentes, las cuales forman ya parte de este suceso histórico.

[rescue_box color=»blue» text_align=»left» width=»100%» float=»none»] PORTADAS DIARIOS DE CHIAPAS, MÉXICO

SÁBADO 26 DE NOVIEMBRE DEL 2016 [/rescue_box]

 

[rescue_box color=»blue» text_align=»left» width=»100%» float=»none»] PORTADAS DIARIOS DE MÉXICO

SÁBADO 26 DE NOVIEMBRE DEL 2016 [/rescue_box]

 

[rescue_box color=»blue» text_align=»left» width=»100%» float=»none»] PORTADAS DIARIOS DE MÉXICO

DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DEL 2016 [/rescue_box]

 

[rescue_box color=»blue» text_align=»left» width=»100%» float=»none»] PORTADAS DIARIOS DE DIVERSOS PAÍSES

DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DEL 2016 [/rescue_box]

 

 

*http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/26/mexico/1480179817_863445.html

 

 

Enzia Verduchi

Nació en Roma, Italia, el 24 de noviembre de 1967

Radica en México desde 1974. Narradora, poeta y editora

enziaverduchi
Foto: Katherine Loaiza / Elespectador.com

Señora Lexotán

Qué son seis miligramos

tres veces al día si con ello

se pueden anestesiar los sentimientos,

si controla la ansiedad del todo.

No ríes, no lloras, no percibes

ni el principio ni el fin del mundo.

Basta con abrir la boca:

el ama de casa no es indecisa

ante la gama del supermercado;

los adúlteros no discuten

la orfandad en el tálamo;

nada agrede al taxista

sólo el alto que obliga el rojo.

Señora Lexotán, con usted

no hay cabeza que perder.

lexotan

Poxlones, exposición fotográfica

Del 23 de noviembre al 3 de diciembre en San Cristóbal de Las Casas

carlamoralespoxlones

El colectivo de fotografía nocturna Intrínsecos, integrado por Carla Morales, Juan Carlos Martínez, Andrea Morales, y David E. Aguilar, nos ofrecen una vez más su trabajo con la exposición Poxlones, donde conjugan la fotografía nocturna con orbes o esferas de luz.

«Como colectivo de fotografía nocturna hemos tratado de innovar con técnicas que se utilizan en países como España y en general en europa y con lo que han logrado algunos fotógrafos al norte de México. Sin embargo es muy poco el trabajo de fotografía nocturna que se hace al sur de nuestro país».

Dicha exposición, que se realiza en el marco del Festival Tragameluz, organizado por fotógrafos independientes, tendrá lugar el miércoles 23 de noviembre, a las 19:30 horas en La cocina de Don Luigi, ubicada en María Delina Flores No. 33 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Poxlones, el nombre viene de poxil y significa «remedio», sin embargo, los relacionaban con personajes con dotes excéntricos y sobre naturales, los cuales eran capaces de ver lo que los demás mortales no; podían desde elevarse al cielo y bajar al inframundo y recorrer distancias en cuestión de segundos. Los poxlones eran o son seres magníficos y dominantes de las fuerzas de la naturaleza capaces de transformarse en animales, en líquidos vitales (como la sangre) y en fenómenos naturales (como los rayos, las bolas de fuego o los cometas), responsables de curar o propiciar cualquier enfermedad.

Los abuelos dicen que hay que temerles, que mientras la noche cae el demonio se hace fuerte y grande, es el momento en que sus atributos oscuros se fortalecen, algunos afirman que los poxlones son parte de él. Quienes los han visto aseguran que son bolas de fuego y que comúnmente aparecen en los cruces de los caminos.

Los ancianos también afirmaban que algunas de las cualidades del poxlon son la dualidad de ser un  ente malo o bueno, milagroso o la representación de un brujo o un remedio, es un ser sobrenatural que asume múltiples facetas con formas místicas. Estos seres cuentan con habilidades fantásticas, como la cualidad de ver aquello que los mortales comunes no logran: volar, viajar al inframundo, recorrer grandes distancias en segundos. Son entes que dominan las fuerzas de la naturaleza y que en ocasiones potencian su transformación, por lo regular, en animales, en líquidos vitales como la sangre o se convierten en rayos, cometas o bolas de fuego.

Los antiguos aseveran que como todo ser sobrenatural buscan mantener su fuerza y poder ante los demás poxlones, para ellos, en ocasiones quienes han tenido la suerte de verlo, dicen que se presentan entre ellos batallas épicas en donde al calor de los combates expulsan feroces destellos de luz como cuerpos celestes jugando en un inmenso manto estelar, siempre privilegiados por la luna creciente y las estrellas como testigos.

He aquí el sentido de la exposición que hoy el colectivo Intrínsecos tiene el objetivo de presentar a través de la selección de las imágenes las cuales representan una metáfora del juego con espectros de luz y su sentido revelado y mágico.