Corazones Gitanos (sexta y última parte)

Parte 6 de 6

Enlace a la quinta parte

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

En el recuento de los daños

me sales debiendo tantísimo amor

que no puedo creer lo que escuché:

cómo puedes decir que te olvidaré.

“El recuento de los daños”/ Gloria Trevi

 

 Historia de amor no.6

Susana. 22 años. Divorciada, madre de un niño.

Pájaro por Luis Villatoro

No sé qué es el amor, no es que no haya estado enamorada, es que hay cosas que no puedes expresarlas aunque las hayas sentido.

Me enamoré a los 17 años, lo supe porque él era mi primer pensamiento del día y el último; siempre quería estar con él y el tiempo pasaba muy rápido. Estuvimos dos años juntos y después nos casamos, tuvimos a nuestro hijo. Cuando el bebé cumplió un año nos separamos. Los primeros meses fueron muy difíciles para mí porque estaba acostumbrada a estar con él. Con el paso del tiempo y el ya no vernos, se me fue pasando ese dolor, aunque a veces sí lo extraño. En este momento no estoy enamorada.

 

Amar es un acto involuntario, uno no elige a quien amar, simplemente lo sientes. No podemos decir esta persona me gusta, la voy a querer, no. A veces nos enamoramos de las personas que menos nos imaginamos.”

* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

 

Corazones Gitanos (quinta parte)

Parte 5 de 6

Enlace a la cuarta parte

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

Y yo soy el Pipiripau,

y aunque no tengo

mucho pegue

yo no sé porqué será

que a mí me siguen las mujeres.

“El Pipiripau”/ Los Plebeyos

 

Historia de amor no.5

Tomás. 51 años. Casado desde hace más de 25 años. Padre de 4 señoritas.

Elefante
Elefante ilustración de Luis Villatoro

El amor es una sed incontenible de abrevar en las aguas de la paz, de la tranquilidad, del bienestar para que el hombre alcance su objeto: la felicidad. Es algo muy vasto, que se encuentra en muchas cosas. Pero el amor intenso, tal cual, no tiene una permanencia y menos en los estilos de vida de los mexicanos.

 

Se inicia la relación de casados con un patrón de conducta en el que “se incluye” a la pareja, aunque muchas veces conservas algunos de tus comportamientos como soltero y te lo permite tu esposa, entonces, a veces, no asumes toda tu responsabilidad en esa relación de dos. Después, con la llegada de los hijos el rol cambia y el amor hacia la pareja se divide, se fracciona o de alguna manera se enfoca hacia otros aspectos; cambia entonces la forma de relación y en el devenir se va convirtiendo en algo cotidiano, rutinario, incluso como que ya hasta sientes una obligación, ya no te parece como algo gozoso, algo que se busca, que se desea y a veces eso genera una cierta frialdad o una relación de compromiso, ya no se alimenta. En cada aniversario o los cumpleaños das tarjetas, un regalo, flores; está el detalle pero, si comparas, las tarjetas vienen diciendo lo mismo año con año, es decir, se convierte en rutina.

 

En la aspiración de seguir siendo feliz tú buscas una aventura. Más con la mentalidad que desde niño te meten, sobre todo la mamá, de que tú no eres sólo para una mujer sino que eres para muchas, e incluso socialmente es válido y en algún tiempo fue hasta signo de reconocimiento que lucieras muchas mujeres, era signo de hombría, te volvías un personaje destacado en lo social; aunque en ciertos núcleos era reprobable, pero sucedía.

 

Entonces, es esa mentalidad la que te lleva a esa búsqueda, a lo mejor hasta te impulsa, o puede ser que también se dé la ocasión para que tengas flirteos en tu trabajo, en tus relaciones sociales, hasta en tu relación de familia. Muchas veces las mismas mujeres cercanas a ti, a lo mejor se sienten atraídas, a lo mejor les gusta la manera como tratas a tu esposa, no sé, eso te abre oportunidades que tú ni siquiera las esperas. Pero esa mentalidad de que tú, hombre, eres para muchas mujeres, con ellas no sucede así. Entonces, uno se permite esa libertad, procurando no lastimar a la pareja, es decir haciéndolo con discreción.

 

A las esposas siempre les toca la parte difícil, la parte de las responsabilidades de la casa; a las amantes la parte “padre”, la de vivir los momentos de felicidad, de dicha, de relación de pareja sin ninguna obligación y más cuando ambos amantes no son libres, pues es cuando más se cuidan los encuentros. Esos encuentros encerrados en cuatro paredes en donde te entregas a la pasión, porque es sólo ese espacio, no hay otro, y en él haces tu mundo. Pero para que no se rompa la armonía en toda la relación global de ambas partes, se tiene que respetar esa privacidad, mientras no se exceda ese límite la relación puede durar mucho tiempo. Incluso eso permite muchas veces que la relación de costumbre que se tiene con la esposa mantenga un buen equilibrio, ya que cuando la esposa se convierte en la madre de tus hijos, la relación cambia porque le tomas cierto respeto que no te permite muchas cosas en lo sexual, en cambio con la amante realizas muchas de tus fantasías.

 

Si en esas cuatro paredes mantienes la pasión y todos los aspectos bellos de la relación, no hay ningún problema, pero, en el momento en que ya te piden responsabilidades, por ejemplo el gasto, la ropa, el regalo caro, el viaje o cosas que también tienes como obligación en la relación con tu esposa, eso se convierte en otra cosa y empieza a complicarse como si fuera un matrimonio; es decir, deja de ser la amante para convertirse en una segunda mujer, que lógicamente trae consigo todos los problemas que rompen la magia de esa relación de amantes.

 

No puede hablarse del estándar de una amante ideal, cada quien tiene su ideal. A mí en principio me agrada que tengan gustos afines a los míos, obvio que si le gusta ir al cine o ir a conciertos no lo podemos hacer juntos, pero si podemos hablar de los mismos temas. Me interesa que tengan cierto nivel de cultura que por lo menos me permita disertar con ellas o que me oigan y sepan de qué hablo. Segundo, que exista un entendimiento en lo sexual; que ella, como yo, se sienta satisfecha, completa, plena, para que realmente sea una relación de gozo. Obvio es que tiene que haber la posibilidad económica de ese espacio de cuatro paredes, que a veces es muy caro, y que si es muy frecuente, es todo un gasto.

 

El tener un departamento es incursionar en la vida de la segunda pareja y eso rompe con todo, porque ya es una obligación. Siento que para que la pareja tenga una relación de amantes exclusivamente debe frecuentar hoteles, porque entonces no hay una obligatoriedad, se va cuando se puede, se tiene y se quiere.

 

De alguna manera tienes que tener una rutina diaria, en la que tienes que darte el espacio para la otra persona, que ese tiempo sea una entrega total, absoluta, exclusiva. Para eso tienes que mentir en tu casa, aduciendo que son horas de trabajo u horas que pasas fuera de manera regular, realizando actividades que, con otro nombre, obvio, marcas en tu agenda, para que al momento no tengas que estar inventando pretextos que es lo que termina poniéndote nervioso.

 

En general creo que muchas mujeres sí se dan cuenta cuando su esposo tiene una aventura, lo difícil es cuando éste ya tiene una amante fija, porque ella puede sentirse con derecho de reclamar un patrimonio u otros derechos. Ahora, los flirteos ocasionales, que se presentan muy cotidianamente, incluso en la misma familia o con las amistades o las comadres, generan muchas veces sospechas en la esposa, y aunque no tenga la seguridad, reclama y surgen los problemas. En más de 25 años de matrimonio varias veces he estado a punto del divorcio por esa razón, sin embargo, siempre alguno de los dos tiene más cordura y llegamos a un arreglo en el que, claro, nunca acepto que esté lesionando “el honor” de la familia, es decir, el engaño. Incluso, en este momento mi matrimonio se encuentra en un periodo de mayor estabilidad, más tranquilo, más reposado.

 

Mi esposa me ha preguntado: ¿si yo te hiciera lo mismo qué harías? De labios para fuera le digo: me largo y te dejo para siempre o te mato. Pero, ya reflexionándolo detenidamente, pienso, si yo lo hago por qué ella no puede hacerlo; si he estado con mujeres que son casadas, ella podría hacer lo mismo. Y creo que si tiene una oportunidad y lo hace con discreción, sin escándalo, sería válido, porque yo lo hago así. No tendría ningún argumento o base moral para cuestionarla. Aunque, por supuesto, no se lo digo.

 

Ha habido muchos casos en que la pareja se separa porque él se va con la otra; en mi caso no, porque no ha habido la permanencia con ninguna mujer y porque prefiero los flirteos que se dan de manera casual, que no me generan ningún conflicto más que al interior; además, mi imagen social, de respeto, sigue intacta; estoy tranquilo, vivo bien, a gusto. Me siento satisfecho.

 

Mi primer contacto con una mujer fue con una prostituta, porque así se acostumbraba en mi época de joven, y eso me marcó de por vida, de tal manera que no mantengo ninguna relación pagada; además, para estar con alguien necesito sentir, no amor, pero si una atracción. A veces, cuando te acorralan –que se dan casos— para no dejar en duda tu hombría, lo haces, pero al terminar el acto lo que quieres es retirarte, dejar de lado a esa mujer; en cambio, cuando te gusta, disfrutas después de hacer el amor de un momento de relax, de paz, de abrazos que te comunican sin palabras, lo que hace la relación menos carnal. Y eso hace que esa relación de amantes funcione.

 

No creo que haya edades ideales para las amantes. Para mí lo mejor es que tengan experiencia. De nada me sirve tener contacto con una chica súperbella si en la cama es un tronco, obvio es que no me satisface. En cambio, con una mujer que tiene experiencia, que sabe cómo complacerme, no importa la edad, puede tener 15, 30 ó 50 años. Siempre y cuando me guste algo de ella.

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* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

 

Corazones Gitanos (cuarta parte)

Parte 4 de 6

Enlace a la tercera parte

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

La prefiero compartida

antes de vaciar mi vida

no es perfecta más se acerca

a lo que yo simplemente soñé.

“El breve espacio”/ Pablo Milanés Julia. 27 años.

 Historia de amor no.4

Soltera. Mantiene una relación desde hace 2 años con un hombre casado.

La mano por Luis Villatoro

Soy una mujer muy apasionada, que ama intensamente, por eso el amor ha sido el motor de mi vida. Creo que el amor es libre, es pleno, se da de diferentes formas y etapas, por eso cada quien tiene su particular forma de amar. A mí el amor me ha hecho mejor persona, porque cuando amo hago todo lo posible por ser mejor.

 

Frecuentemente he vivido enamoramientos pasajeros, pero cuando en realidad amo, me aferro a esa persona y se convierte en mi mundo, giro alrededor de él; y eso ha provocado muchas veces que me lastimen. Aunque ahora estoy tratando de que este amor que estoy sintiendo no sea tan arrebatador, de conservar mi individualidad y no perderme en esa ola de romanticismo, de sueños e ilusiones. Estoy tratando de vivir un amor más real.

 

Las mujeres estamos educadas para ser tiernas, amorosas, para vivir en función del otro. A veces hasta tendemos a ser como las mamás de ellos. Nos enseñan a ser amorosas pero no a amarnos a nosotras mismas, a experimentar con nuestro cuerpo, a tocarnos, hay muchos tabúes al respecto. Te dicen: está bien que ames a tu pareja pero no se lo demuestres entregándole tu cuerpo o tocándolo, viéndolo. Eso hace que sea tan difícil poder expresarte sexualmente con tu pareja, más si es extramarital, porque sientes culpas. Recuerdas que te enseñaron que debes amar a alguien que sea soltero y, de preferencia, con todas las virtudes de papá.

 

Mi pareja tiene un compromiso con otra persona, y aunque tengo la certeza de que es eso, un compromiso, me ha provocado culpas que, claro, he ido erradicando con el tiempo; pero es muy difícil porque a la cama te llevas a todos: a tu mamá, a tu papá, hasta a tus amigos, que no dejan de opinar, de juzgarte. Si una mujer decide ser libre con su cuerpo, practicar libremente su sexualidad, es rechazada, señalada, incluso por nosotras mismas, aun cuando sea con y por amor.

 

Como no puedo expresar mi amor espontánea y libremente, lo hago a través de la escritura. No me canso de escribirle, aunque también tengo otros detalles que tienen que ser demasiado disimulados, demasiado sutiles para no agredir, no comprometerlo. Soy muy expresiva y me cuesta mucho ocultar mis sentimientos, frente a él mi mirada cambia, siento todo diferente. Algunas veces le digo que me gusta como se ve ese día, lo escucho y, si puedo, le robo un beso o el simple roce de sus manos en las mías. Con una mirada o con una sonrisa le digo te quiero, pero no es suficiente.

 

No es cierto que la esposa lleve la peor parte, porque si bien es cierto que ella tiene obligaciones, también puede salir con él sin tener que estarse cuidando y puede manifestarle su amor en cualquier momento y lugar. En cambio para las que estamos de este lado, no es fácil tener que esperar el tiempo que él pueda estar contigo, tener que esperar a estar solos para decirle te quiero, para tomarle la mano o abrazarlo y besarlo. A veces le quieres decir quiero estar contigo hoy y sabes que no puede ser, entonces experimentas mucha soledad. Muchos y muchas piensan que se es la otra por comodidad, porque no quieres responsabilidades, ni hijos, ni lavar y planchar su ropa y todo lo que tiene que ver con la casa; o porque, creen, sólo vives para el placer o porque quieres sacarle dinero, regalos, un coche, qué sé yo. Lo que no saben es que tú darías todo por amanecer junto a él aunque toda la noche no te haya dejado dormir con sus ronquidos, o prepararle el desayuno aunque la cocina no sea tu fuerte.

 

Cuando en verdad te enamoras de esa persona y, por lógica, no te puede corresponder de la misma manera, piensas, bueno, no me importa que conmigo esté sólo unos minutos, con eso basta; pero es un autoengaño porque en realidad quisieras estar todo el tiempo con él o simplemente compartir cosas cotidianas como lo que viste en el súper. De repente, en la noche, dices cómo no está aquí para comentarle esto que me pasó en mi trabajo o la sensación que me produjo tal canción, no, tienes que esperar hasta que puedas verlo y ya cuando lo ves, esa emoción o esa idea ya perdió intensidad o lo olvidas. De verdad, es muy difícil, sientes una gran tristeza y te dan celos sólo de imaginar que con ella comparte hasta la pasta de dientes. A veces tratas de olvidar que hay otra persona porque es muy doloroso.

 

No creo que la magia se rompería si viviéramos juntos, estoy consciente que él, al igual que yo, tiene defectos, tiene problemas, sin embargo, creo que cambiarían las cosas, pero no para mal. Si yo estoy en esta posición es porque lo amo y no lo conocí libre; claro, si yo tuviera la oportunidad de vivir con él, lo haría, pero no se puede; entonces acepto que esta es la única forma que tengo de amarlo, pero prefiero haber vivido esto con él a no haberlo conocido. El amor es así, no lo puedes evitar.

 

No me di cuenta en qué momento empezó a ser parte importante de mi vida, tan importante que ahora mi vida no la puedo concebir sin él, pero yo estaré ahí hasta que el tiempo lo diga. Mientras, trato de vivir este amor y de sentirlo y de demostrarlo como pueda o como se me ‘permita’ hacerlo y sin jurar amor eterno, sin decir lo quiero para mí, porque no somos propiedad de nadie. He aprendido, gracias a esto que el amor lo puedes encontrar en cualquier parte y persona.”

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* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

Corazones Gitanos (tercera parte)

Parte 3 de 6

Enlace a la segunda parte

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

No te prometo amor eterno porque no puedo,

soy tripulante de una nube y aventurero,

un cazador de mariposas cuando te veo

y resumido en tres palabras: cuanto te quiero.

“Desde que llegaste”/Reyli Barba

 Historia de amor no.3

Cristóbal. 33 años. Homosexual. Vive en unión libre con su compañero desde hace dos años.

“El amor es el motor de la vida, es lo que te impulsa para seguir adelante, que te entusiasma, que te hace sentir único.

 

Ilustración de Luis Villatoro

Hace dos años, la empresa donde trabajo me ofreció una plaza en Guadalajara, eso implicaba un mejor puesto y un mejor salario, pero estaba enamorado. Le propuse a Álvaro que nos fuéramos juntos. Él me dijo que aceptaba vivir conmigo pero aquí, en Chiapas, él no quería dejar su trabajo y a su familia que, por supuesto, es mucho más tolerante que la mía. Desde entonces estamos juntos y no me arrepiento, ha valido la pena. Aunque a veces me gustaría que viviéramos en otro lugar.

 

En la intimidad de nuestro hogar encontramos el mundo ideal en el que manifestamos nuestro amor sin límites ni prejuicios, cosa que no podemos hacer en la calle, no podemos ir tomados de la mano, darnos un pequeño beso en cualquier café y mucho menos pensar en la posibilidad de unirnos ante las leyes. Hemos sido víctimas de menosprecios y burlas, al igual que otros amigos comunes, pero dentro de ese ambiente tan hostil que muchas veces encontramos, estamos conformes de habernos asumido. Sería peor, creo yo, fingir algo que no soy como muchos hombres lo hacen.

 

Soy romántico con mi pareja, cuido los detalles, respeto su espacio y sus ideas, lo impulso en sus proyectos, le doy mi punto de vista aunque no esté de acuerdo siempre con él. Estoy enamorado pero he sido infiel, sobre todo por vanidad, pues cuando logro conquistar a otra persona aumenta mi ego. Lo que cambiaría de mi relación es la inseguridad que a veces existe entre nosotros.”

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* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

Corazones Gitanos (segunda parte)

Parte 2 de 6

Enlace a la primera parte

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

Será que al dejarte sola,

cuando me encuentro ausente

tienes un amigo que ocupa tu vida,

que ocupa tu mente…

“Rumores” / Joan Sebastian

Historia de amor no.2

Emma. 42 años. Casada desde hace 16 años. Madre de 3 niñas.

Luna mujer por Luis Villatoro.

“El amor es un sentimiento que te llena de vida, te ilusiona, te hace ser creativa. Me he enamorado dos veces, una fue el lado romántico de la adolescencia y la otra ya el amor maduro, real.

 

Tengo esposo, pero también he soñado con tener un amante. Llevo 16 años de casada y aunque amo a mi esposo, y sé que de alguna manera él también a mí, a veces siento que la magia se termina. No es que ya no quiera estar con él, no, es más bien que a veces falta algo más en mi vida, sentir el calor de otros brazos y despertar una verdadera pasión, como esas que encuentras en la literatura, que me haga sentir única y creer que aún puedo ser atractiva para alguien más. No estoy buscando sólo sexo con otra persona, estoy buscando algo que me llene de calor, de ilusión, creo que todas hemos soñado eso en algún momento. Y también, como los hombres, vamos en la calle y vemos un tipo que está bien, volteamos y pensamos: ¡guau, qué cuero!, me gustaría estar en la cama con él, a ver qué hace. O lo piensas de alguien que está cerca de ti, en el trabajo, en la escuela, con tus vecinos y de repente fantaseas, dices: ¡órale! Pero todo queda en eso, en fantasía.

 

Hubo por ahí una ilusión, pensé que había encontrado a alguien más pero en realidad no. Tal vez tuvo que ver la diferencia de edades, él es más joven que yo; quizá tuvo miedo, tal vez pensó que para qué se metía en broncas y de alguna manera lo entiendo, aunque en ese entonces me dolió. Me dolió que pusiera punto final a algo que todavía no empezaba. Ahora pienso que tuvo razón, para qué nos metíamos en broncas, finalmente tengo una pareja, mis hijas, un hogar y pues él tiene su libertad y su juventud.

 

En mi proyecto de vida no estaba contemplado vivir con alguien, sin embargo, cuando me enamoré de mi esposo dije “quiero todo con este chavo”; y todo significaba que quería su cuerpo, pero también ser parte de su vida. Quería vivir con él aunque para ello tuviera que dejar de lado mis deseos de irme a estudiar fuera del país, de conocer otros lugares, en fin, muchas cosas.

 

Al principio de la relación yo era hiperdetallista, le regalaba cosas, le escribía, le mandaba mensajes. Poco a poco fuimos perdiendo eso. Hemos tenido situaciones de crisis muy duras en la pareja y en esos momentos no hay detalle que valga, todo es negativo. Cuando superas esas crisis te acercas otra vez a tu pareja y tratas de complacerla; en mi caso trato de estar al día en los temas que a él le interesan para que podamos hablar y, aunque algunos no me gustan, por lo menos lo escucho. Me gusta hacer juegos eróticos. Trato de que nuestra relación sexual sea buena, que se sienta complacido. Le demuestro que lo quiero, y cuando estoy fastidiada, también.

 

Sí, quiero envejecer a su lado, pero él, que es más realista, me dice que no lo piense o lo idealice porque puede pasar o no. Tiene razón porque igual puedes encontrar a una tercera persona, de este lado o del otro y ahí se acaba, entonces es mejor no idealizar. No creo en el amor a primera vista, creo que el amor se construye, se va dando con la cotidianidad, la relación, la convivencia diaria.”

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* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

Corazones Gitanos

Parte 1 de 6

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

Al fondo el corazón tenía una herida, sufría,

sufría le dije que no es nada, más mentía, lloraba,

lloraba por ti, se ha hecho tarde, es ya noche

no me detengas, déjame ir

me dijo no mirarme en los ojos y me dejó cantando así:

Sin culpa estoy yo, gitano es mi corazón

cadenas rompió, es libre gitano y va…

va hasta encontrar el prado más verde que hay

recoge las estrellas sobre sí

y se detendrá quizás y se detendrá. La he visto tras un año la otra noche, reía, reía

besándome ella quiso que mi orgullo se fuera, se fuera

me dijo estemos juntos un poco, qué ganas de decirle que sí

pero sin más mirarle a los ojos, yo la dejé cantando así:

Sin culpa estoy yo…

“El corazón es un gitano” por Nicola Di Bari

 

A propósito del Día del Amor celebrado el 14 de febrero, en la calle, en los medios y especialmente en los comercios, se habló de la felicidad, de la importancia de los regalos, las tarjetas, las flores o las cenas a la luz de las velas con el ser amado. Pero después de esa fecha quién recuerda llenar de detalles a su pareja por el simple hecho de estar ahí. Es más, ¿dónde está el amor? ¿Es realmente esa persona con la que festejaste o está en alguna esquina o en algún otro país esperando encontrarte? ¿Acaso el verdadero amor es esa mujer que es la madre de tus hijos? ¿Será el amor de tu vida ese señor calvo que viaja a tu lado en esa destartalada combi? ¿Acaso está 8 horas al día, junto a la misma computadora en la que sueñas escribir cartas y no los reportes para el jefe? ¿O estará del otro lado de la pantalla, viajando en el ciberespacio para encontrarse contigo en algún momento de su vida? ¿O estará más allá de las montañas y el mar?

 

¿Y qué hay de aquellos amores imposibles, de los amantes clandestinos, del amor-dolor, del amor-obsesión, de los corazones rotos, de los corazones gitanos?

 

¿Qué es el amor?

El beso por Luis Villatoro.

Los poetas nos dan una visión romántica: “…traspasa al cuerpo deseado y busca al alma en el cuerpo y, en el alma, al cuerpo. A la persona entera.” (Octavio Paz, La llama doble); los científicos, por su parte, afirman que los centros de las emociones y los sentimientos están en el cerebro, capaz de liberar, por medio de su sistema límbico -conformado por las amígdalas cerebrales, los hipocampos y el hipotálamo-. los neurotransmisores que regulan los procesos emocionales (Alejandro Díaz Anzaldúa, La Jornada, 13/02/05).

 

Intentar definir un concepto tan complejo siempre conllevará el riesgo de caer en el reduccionismo, aunque podríamos decir que es una reacción emocional única e individual que se transforma con el paso del tiempo. Bajo estas circunstancias, la idealización del amor no tiene cabida, so pena de llevarse un fuerte desengaño, porque en el amor no todo es color de rosa.

 

Seis historias nos transportan a los caprichosos e insondables laberintos del amor.

 

Historia de amor no.1

No hay nada más difícil que vivir sin ti

Sufriendo en la espera de verte llegar,

El frío de mi cuerpo pregunta por ti

Y no sé dónde estás,

Si no te hubieras ido sería tan feliz

“Si no te hubieras ido”/ Marco Antonio Solís

 

Connie. 28 años. Soltera. Tuvo una relación de cinco años con un hombre casado. ¿Del amor? ¿Quieres que hable del amor? Pues, en este momento de mi vida, es confuso y complicado, no podría definirlo con una palabra porque puede ser libertad, armonía, dolor -de esos que se disfrutan- o simple silencio. Es como un juego de azar, en donde no sabes si vas a ganar o perder. Lo puedo comparar con un pedazo de tierra, con ese surco que cuidas, rastreas, siembras, es algo fértil.

 

El que los enamorados estén juntos es mágico. El juego de una mirada lleva magia, el escuchar un tono de voz lleva magia, el sentir un olor es magia. Te puedes involucrar con esa persona porque lleva esa magia, esa chispita de algo bonito. Por lo tanto no creo que se elija a quién amar, no es un acto razonado. Si así fuera no cometeríamos tantas estupideces, si fuera algo tan racional como elegir unos zapatos o un pantalón, sería genial.

 

Me he sentido enamorada dos veces, pero cada una ha sido tan diferente. Me enamoré por primera vez de un hombre a los 19 años, sentía que estaba en esa esfera que cubre el amor, en ese sueño de color de rosa, donde él es todo; al primer amor le entregas todo. Mi segundo amor, por el cual acabo de pasar, fue un rollo rudo, complicado, más real, en él no existían ni los sueños ni las hadas; la relación fue muy rígida, brusca, como una obra negra.

 

Pero ¿dónde está el amor hacia ti misma?, ¿dónde está el amor a tu familia?, ¿dónde está el amor a las cosas materiales, a la naturaleza? Todo eso inspira amor aunque sólo enfrascamos el rollo del amor en un hombre, y si estás mal ahí, todo nuestro entorno está mal.

 

Te enamoras, te apasionas y vives sensaciones totalmente diferentes, vas experimentando otras cosas que te van sirviendo para las experiencias que vienen adelante. Aunque, como dicen, el ser humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra, no una, sino ¡un chingo de veces!

 

Hace poco me dijeron una frase: “lo que empieza como juego termina como fuego y te quemas”; me llevé una ardida y una quemada. Él llamó mi atención el primer día que lo vi, no sabía ni su nombre ni qué madres estaba haciendo ahí; incluso ni yo sabía que estaba haciendo ahí. Lo vi y lo primero que pensé fue: este hombre se me hace que es un bestia en la cama; su voz, su facha, la pinta del hombre me llamó mucho la atención.

 

Todo empezó como un juego, en el cual me sentía muy segura y dije “no pasa nada”, pero cuando vine a ver estaba metida hasta las patas. Ese juego se convirtió en la necesidad de verlo, de hablar con él, de discutir, porque si me podía patear todos los días con ese cabrón yo me pateaba todos los días; era una forma tan chingona de amar. Hay tantas manifestaciones y formas de decir te amo, no sólo con un te quiero o un abrazo.

 

Yo tenía novio, pero ya no me llenaba igual, empecé a verle miles de defectos y quería pasar más tiempo con la otra persona. Me di cuenta que realmente estaba enamorada cuando empecé a sustituir la presencia de mi novio por la del “bestia” que llamó toda mi atención, y me fui metiendo cada vez más; era una necesidad de estar con él, de verlo, escucharlo, sentirlo. Es cuando dije: ¡ay, güey! no soy tan chingona como creía, ¿no que no pasaba nada?

 

Él tenía un compromiso, yo tenía un compromiso. Él era una persona casada, con hijos. Me decía de que la relación con su pareja ya no era la misma. De algo estoy muy segura, yo no llegué a destruir nada. Cuando tú buscas y te corresponden, es porque algo anda mal. Te puedo decir que con mi novio ya había cosas malas, no era la misma miel que se derramaba ni la misma estabilidad, es cuando empecé a voltear a otros lados y dije quiero ver, probar y pues ahí me fui.

 

Al principio tuve miedo, pero me repetía “no pasa nada”, me sentía muy segura, muy chicha de que tenía toda la habilidad del mundo para decir hasta cuándo. Pero aún así me daba miedo porque yo, como muchas mujeres, me llené de culpas que no eran mías, cargas con la familia, te sientes parte de ellos, te olvidas de que el rollo eran tú y él y lo demás son cosas que no te pertenecen. Es miedo, angustia, te causa dolor por querer ser su salvadora para que no le pase nada, de cubrir o de engañar. Se siente un miedo de la fregada.

 

Los sueños y la mente no tienen limite, la mente te lleva hasta los rincones y situaciones más fregonas de la vida. Si de algo estoy satisfecha y consciente es que yo no llegué a destruir nada. Había un doble discurso por parte de él, me decía “no pasa nada, ya no tengo que ver con ella, tú eres la chingona, tú eres la chida”; me la fui creyendo. Empecé a compararme.

 

Llega un momento en que tú le apuestas todo y dices: va. Le aposté y fui con todo sin importarme la cuestión social, lo que me podían decir en casa, sin importarme nada.

 

Tienes esperanza porque amas, o sea, tú estás amando, tu amor es neta, tu amor es entrega; te vale madre todo con tal de estar con esa persona y como tienes ese rollo de “va porque va”, llega un momento en que dices: algún día este cabrón va a estar conmigo, sueñas levantarte o dormir con ese tipo, compartir tu vida, olerse todos los olores y ver todos los defectos y lo que puedas saber, pero el hecho es que él esté contigo. Ese era un sueño permanente, que él estuviera conmigo, de la forma que fuera; casado, juntadito o pegadito, eso era lo de menos, pero que estuviera conmigo.

 

Vivía a su tiempo y a su ritmo de vida, él me marcaba el compás que tenía que tocar, él llevaba el ritmo de mi vida, me acoplaba al tiempo que él tuviera. Si yo decía hoy vamos a comer y él me decía que tenía que ver a sus hijos o que tenía otras cosas que hacer, lo justificaba, yo tenía toda la disposición del mundo y él no. Llegué al extremo de que si tenía cita con una amiga y si él de repente me pedía que lo acompañara a algún lado o me invitaba al cine o un café o a donde se le ocurriera, cancelaba con el pretexto más idiota. Lo dejaba todo por irme con él. Él regía mi tiempo y mi ser, incluso compartíamos el mismo espacio de trabajo.

 

¿Si me cansé de esperar? Sí, me cansé y llegué a un momento en que le dije: ella o yo. No fui yo, pero probablemente la ilusión permanece aunque no es tan fuerte como antes; queda una esperanza y muchos porqués. No sé si la mujer será más visceral, más apasionada o tiene mucha fe en que las cosas se pueden hacer, que no es tan complicado, pero te cansas; aunque cuando estás adentro de ese rollo, cuando estás clavada no importa la espera, no cierras el círculo quizá porque duele o por el simple hecho de pensar en lo que pudo haber sido y no fue.

 

Por tratar de escapar hasta renuncié a mi trabajo, fue una determinación muy complicada que en su momento me pareció la mejor solución para cortar de tajo y no volverlo a ver, aunque después cometiera la estupidez de tener contacto y relaciones con él.

 

Sé muy bien que ahora no volvería, sin embargo me cuesta aceptar que después de todo lo que di no haya funcionado, que he perdido. Hay muchas cosas en la atmósfera que no asimilo bien, sé que con el tiempo iré pisando, enterrando los recuerdos y aceptando la situación en la que estoy, pero pienso que pudo haber sido genial, es muy difícil aceptar que pierdes. Esa relación duró más de 5 años y parece que fue una eternidad, porque cómo duele el desgraciado. En este momento me encuentro en una situación de reconstrucción, de renovación como mujer. Estoy enamorada de las nuevas oportunidades, estoy aprendiendo a enamorarme, o más bien, estoy recordando que estoy enamorada de mí misma, que estoy enamorada del aire, de la grandeza que tengo, de que estoy completa, sana y de que tengo tantas cosas como la luna, el viento, las estrellas, la lluvia. Tengo a mi mamá, mis amigos, un trabajo, tengo muchas cosas para estar enamorada, aunque en la cuestión del hombre, no.

 Continúa…

* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

Cecilia Romana: Sin la mirada del otro, la vida de uno no tiene sentido

Visita Chiapas por segunda ocasión la Ganadora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006. Foto: Gabriela G. Barrios

Visita Chiapas por segunda ocasión la Ganadora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006

La joven poeta argentina Cecilia Romana encuentra en la poesía la única manera de expresar algo que está muy dentro de ella, “es la única manera de salvarse, si yo no escribiera poesía estaría loca o por lo menos hubiera vuelto loca a gran parte de la gente que me quiere o de mis amigos”.

 

Después de la jornada laboral su vida es escribir, leer “un montón”, pintar y cantar (antes era vocalista de un grupo), como lo demuestra su trabajo, en el que destacan Flota, hangares y otros trabajos mecánicos (2004), Duelo (2005) y Aviso de Obra (2006) con el que obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, otorgado en la Embajada de México en Costa Rica. Colaboradora en revistas de diversos países, trabaja con el especialista en filosofía e historia de las religiones Francisco García Bazán, como su asistente en investigaciones del área de filosofía; es, además, editora de Sigamos Enamoradas.

 

En noviembre del año pasado se hizo acreedora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006, por su libro No lo conozcas el cual escribió en dos meses como resultado de “un amor no correspondido, de un amor que no podía ser, como todos mis amores”, nos comenta Cecilia en una amena charla, en esta su segunda visita a Chiapas.

 

El mar de Cecilia

 

– ¿Qué te representa el término poesía?

La literatura para mí es mi vida, sin lugar a dudas y dentro de la literatura la poesía es el mar donde mejor nado.

 

–¿Los poetas necesariamente tienen que hablar del amor?

No, para nada. El escritor, el poeta, quien sea que se dedica al arte, habla de lo que puede, como puede. Finalmente me parece que la fuerza que mueve la vida de todas las personas es el amor, y quizás el poeta que es quien tiene un instrumento más íntimo y más sincero, que es la palabra, puede ser que muchas veces hable del amor, indirectamente o escondiéndolo pero en general habla del amor. No creo que sea un tema obligatorio ni preponderante, de hecho la poesía política también tiene sus seguidores, yo sólo hablo del amor. Pero en algún momento creceré (risas).

 

-¿Has escrito poesía erótica?

No, yo creo que no, pero todo el mundo dice que escribo cosas eróticas. Estoy muy convencida de que no, no me pega, no.

 

–¿Y social?

No, tampoco. Creo que si uno va siguiendo mi obra, se ve algo social, pero en realidad yo siempre escribo de mí y se puede ver como vive una chica de treinta años, recibida, soltera, en Buenos Aires, y a través de eso cómo es la sociedad de la gente como yo, la sociedad en la que vivo. Pero no escribo tema social.

 

–¿En el amor también hablas rimadito o eres de prosa libre?

¡Libre! (Risas). No puedo cumplir reglas de ningún tipo, nunca. Cuando hay reglas digo hay que romperlas. ¡Prosa libre! Aunque sí tengo una regla que es un mandamiento también, amar al otro como a ti mismo y la tengo muy presente en el amor; siempre pienso ¿al otro le gustaría que le hicieran lo que a mí no me gusta que me hagan? Y pienso también en los que rodean al otro. Tengo algunas reglas morales con respecto al amor.

 

–¿A quién le recitarías al oído?

(Risas). Al Subcomandante Marcos.

 

Sus emociones

–¿Qué te produce miedo?

Perder a mis seres queridos, es a lo único a lo que le tengo miedo.

–¿Qué te enoja?

Me enoja la falta de ambición, el detenimiento en la gente, que se rinda la gente que quiero. Foto: Gabriela G. Barrios

Muchas cosas. Me enoja la falta de ambición, el detenimiento en la gente, que se rinda la gente que quiero. Me enoja muchísimo la desigualdad, la desigualdad económica, educacional, sanitaria. También me enoja mucho la gente que es implacable y que cree que todo el mundo tiene que pensar como ellos, creo que eso es lo que más me enoja y la infidelidad también me enoja bastante, ¡no la mía, la del prójimo! (Risas).

–¿Qué te aburre?

Todo. Me aburre la continuidad. Me aburre ir al cine, es algo tremendo porque todo el mundo me dice vamos al cine y me aburre. Nada. Me aburro de todo.

–¿Y qué te divierte?

Muchas cosas. Lo que más me divierte en la vida son las caídas de la gente, si yo veo a alguien caerse me deshago, me descostillo, no puedo parar. Me divierten mucho las situaciones en las que no me debo reír, me divierten y me río a carcajadas, no puedo parar. Después, me divierte mucho estar con mis amigas, estar con mi hermano y jugar con mis sobrinos, tengo once sobrinos, desde los siete meses hasta los 13 años, me divierte mucho estar con ellos.

–¿Qué sueña Cecilia Romana?

Sueña muchas cosas. Todo el tiempo estoy soñando, sueño que voy a estar feliz, no sé muy bien cómo, pero sueño que voy a estar feliz; en general sueño que la potencia de amor que tengo es correspondida con la energía exacta con la que yo la siento, es sólo un sueño (risas). ¡Nunca se da!

–Ahora ¿Eres feliz o no eres feliz?

En este momento, con mis amigas y en la entrevista y en Chiapas, estoy feliz, totalmente feliz. En este momento sí. Soy una persona que nunca está conforme, una persona que se aburre muy rápido y mucho, entonces siempre me falta algo, soy una persona muy incompleta pero ahora sí estoy feliz.

 

Los amores

–¿Consideras que las mujeres y los hombres aún le tenemos miedo a lo que piense el otro?

¡Sí!, totalmente. A partir que uno se levanta, la mirada del otro es esencial en lo que vas a vivir el resto de tu día. No sé si exista alguien que realmente sea seguro y que no le importe demasiado lo que dice el otro. Para mí sin la mirada del otro, la vida de uno no tiene sentido. Me parece que el otro nos da miedo, nos da felicidad, nos da inseguridad y también nos da seguridad. Me parece que la mirada del otro es fundamental en la vida de uno.

–¿Qué debes a los hombres de tu vida y qué te deben ellos a ti?

Tengo principalmente dos hombres de mi vida que son mi padre y mi abuelo. A mi padre le debo la vida y le debo todas las enseñanzas, toda mi primera formación, antes de ir a la universidad, el tema literario, todos los clásicos griegos, haber aprendido griego y latín cuando estaba muy chiquita, aprendí casi al mismo tiempo que aprendí a escribir español, después me olvidé por supuesto (risas). Toda mi formación y mi amor por las humanidades se los debo a mi padre y después mi amor hacia los hombres; el ver a un hombre que uno admira y quiere muchísimo se lo debo a mi abuelo, que era también mi padrino. Son los hombres que más amo en mi vida y después les debo a varios hombres libros, porque cada uno de mis libros es un hombre. ¡Ellos me deben plata! (Risas). Eso es lo que más me deben y después que sé yo, algunos me deben libros y nada más, después les regalo todo.

–¿Dónde has escrito el nombre de tu amado?

En libros, siempre velado, siempre con otros nombres; en la pared de mi cuarto, las iniciales; en un papelito. En alguna parte de mí, creo que dentro de mí tengo un muro donde hay un montón de nombres. Algunos más grandes, por supuesto el más grande Gonzalo, que es mi ex marido, que está escrito enorme y con luces alrededor y también está la dedicatoria de mi primer libro con su nombre, que dice Gonzalo. Nunca maltraté árboles ni bancos de colegio ni ningún otro objeto, jamás, nunca, porque pensé que no se lo merecían los varones.

 

–¿Ya has visto al hombre más guapo del mundo?

¿En persona? ¡Ay! ¿El más guapo del mundo? (Risas) No sé si es el más guapo del mundo. Vi muchos hombres guapos. Siempre dije que el hombre más lindo que había visto en mi vida es mi ex marido. Creo que todavía conservo esa idea, considero que el hombre más lindo que he visto en mi vida es mi ex marido, sin lugar a dudas.

 

–¿Has sufrido mucho por amor?

Sí, todo el tiempo, muchísimo, pero sufrí, me parece, porque siempre fui la que se puso los pantalones en todas las relaciones que tuve y además porque tengo una idea muy idealista del amor. Me enamoro de alguien que está lejano y que sin querer lo voy construyendo y al rato me doy cuenta de que me enamoré de una construcción, mientras, el otro ya se enamoró de mí, pero yo ya no me enamoré de él. ¡Siempre con amores imposibles! Sufrí por amor pero creo que más sufrieron las personas que estuvieron conmigo. Si tengo que poner una balanza, más del doble sufrieron las personas que estuvieron conmigo, pobres.

 

–¿Y por odio?

No. Creo que no sé lo que es odiar. Nunca en mi vida odié, no sé lo que es odiar. Me imagino que alguien me habrá odiado. En algún momento alguien por ahí me quiso hacer algo por envidia; siempre trato de entregarles amor igual. Soy una persona que tiene muchas cosas, tengo salud, que es lo principal, tengo amigos y tengo pujanza para trabajar y de alguna manera me siento en la obligación de devolver al mundo todo lo que tengo. Si nadie me trata mal sonrío siempre, porque en verdad no sé qué es el odio.

 

La escritura

–¿Cuándo escribes piensas en tus lectores?

Me divierten mucho las situaciones en las que no me debo reír, me divierten y me río a carcajadas, no puedo parar. Foto: Gabriela G. Barrios

Nunca, jamás. No tengo idea de quienes son mis lectores, no me interesa. Cuando escribo es el momento más egoísta en mi día y en mi vida, soy la más egoísta del mundo. Me siento, me pongo auriculares, escucho música, tecleo y canto. Es el lapso más egoísta del mundo, pobre el que anda por ahí que me está escuchando cantar, canto horrible, pero además yo no sé quienes son mis lectores, no creo que tenga lectores tampoco.

–¿Siempre escribes en computadora?

Siempre. No puedo escribir a mano. Escribo cartas pero nunca puedo escribir poemas a mano.

–¿Cuál es el tema recurrente en la poesía de Cecilia?

El amor, creo que es el único, por eso te digo que en algún momento voy a crecer. (Risas). No puede ser que siempre sea lo mismo. Me llama mucho la atención algo del amor, tampoco sé si existe el amor, es una tendencia a un hombre, es que el amor es absoluto. Tengo amigos, tengo familia, tengo un perro que amo, pero cuando siento una tendencia hacia otra persona, hacia un varón, para mí lo otro se borra y mi vida comienza a ser un apéndice de eso que siento. No tengo personalidad. Me siento a escribir y por más que quiera escribir de otra cosa termino siempre escribiendo de algo que me sobrepasa que creo es el amor o una forma del amor, porque la verdad que si el amor es eso, demasiado sectorizado, espero que no. Hay un solo amor en toda la vida y en todas las cosas, pero creo que es mi único tema, no hay otro.

–¿También en tu vida?

No, en mi vida no. En mi vida está el trabajo, la vocación, que para mi es importantísima, mi familia, pero si estoy enamorada, en este momento, por ejemplo, estoy pensando en alguien que quiero muchísimo y daría mi vida por él, o sea que en mi vida hay un montón de otras cosas pero en el momento decisivo no me importan esas cosas, porque soy un poco alocada, daría la vida por esa persona en la que estoy pensando ahora, que supuestamente estoy enamorada.

 

Los otros

–¿A qué poeta o poetisa te gustaría conocer y por qué?

Me hubiera encantando conocer a un poeta francés, a (Gérard de) Nerval y me gustaría volver a ver a Raúl Zurita, a quien conozco, me encantaría volverlo a ver a él, sí.

–¿A qué mujer de la historia universal te hubiera gustado parecerte?

¡A María Magdalena! (Risas).

–¿Quién te gustaría que te escribiera un poema?

(Risas) Jorge Esquinca.

–¿Te han plagiado algún poema?

No. No sé. Puede ser, no me importa.

–¿Qué narradoras te conmueven?

Sara Gallardo, es una argentina que me gusta mucho. Algunas cosas de Silvina Ocampo también me gustan bastante. Me estoy dando cuenta que no hay muchas narradoras que me conmuevan. Más bien hay narradores que me conmueven, varones. Hay muchos narradores que me gustan, que me encantan como (Ernest) Hemingway, (Truman) Capote y (Raymond) Carver, esos son para mí lo mejor de lo mejor. Pero hay un libro que escribió el argentino Fausto Burgos, que se llama “El Salar”, que fue de lo que leí en los últimos 10 años, sin lugar a dudas, lo que más me conmovió, es impresionante, es una novela que nadie la leyó ni se consigue pero es impresionante. Bueno me gustan muchos narradores pero no que me conmueven, ese libro me conmovió, se los recomiendo.

 

Lo cotidiano

–¿Qué música escuchas?

Me hubiera encantando conocer a un poeta francés, a (Gérard de) Nerval. Foto: Gabriela G. Barrios

Escucho de todo, me gusta mucho el tango, el folclore, son los dos géneros que más me gustan y ahora estoy escuchando a un compositor que se llama Arvo Pärt que también me estoy haciendo así como fanática. Me gusta la música clásica. En realidad me gusta cualquier cosa, ponés lo que me ponés lo escucho y me gusta. Escribo escuchando cualquier cosa.

–¿Cuál es tu comida predilecta?

Los ñoquis (risas), es una pasta, como unos cubitos con manteca y queso; milanesa con papas fritas, churrasco con papas fritas, pizza y me gustan muchos los dulces, me encanta el chocolate, la nutela me encanta, me vuelve loca y la comida chatarra también.

–¿Quiénes son tus amigos más entrañables?

No quiero dejar a nadie afuera pero (risas) tengo tres, en realidad son cuatro: Marina Serrano, Mercedes Araujo, que son las dos chicas que tienen la editorial conmigo; Diego Bentivegna que es un traductor y ensayista muy avezado y lúcido, y mi hermano Juan Bautista. Esos cuatro son las personas sin las cuales yo no podría vivir y después tengo amigos que quiero muchísimo, pero no como a esos cuatro.

–¿Has robado algún libro?

Sí (risas) por supuesto, no hay que decirlo. Nunca robé un libro de una librería en la que fuera a comprar, pero trabajé en una librería y me pagaban muy mal, realmente me pagan muy mal y yo completaba el sueldo con libros, me llevaba libros que nunca me hubiera podido comprar y robé.

–¿Te gusta el mar?

Me encanta el mar, sí, pero una vez estuve a punto de ahogarme y le tomé mucho miedo. Era una persona de esas que se mete, que no le importa nada, que no le tiene respeto y el mar en Argentina es tremendo. Ahora le tengo mucho respeto, pero me encanta el mar.

–¿Ha visto peces de colores debajo del agua?

Sí, vi en Brasil y me impresionó bastante porque en Argentina el mar es muy frío y sucio porque es muy turbulento, todo el tiempo está marrón, no puedes abrir los ojos debajo del agua. Cuando fui a Brasil, que el agua es muy tibia, un día nos llevaron a nadar a un lugar entre las rocas y en un momento ¡vi peces que nunca en mi vida había visto y que estaban al alcance de mi mano y tenían colores, tenían forma! Me acuerdo que me paré y me dijeron ¡No! porque me paré en las rocas y venía una ola. Volví y los miré, es precioso pero me dio miedo porque nunca los había visto, era como estar en una película, me impresionó. En general no soy nada miedosa, vuelvo a mi casa a cualquier hora, no me importa nada pero hay ciertas cosas de la naturaleza que me impresionan mucho, una son los rayos, a los rayos les tengo respeto y asombro y terror y después cosas que pasan de pronto en la naturaleza como vientos fuertes, animales. Me llama mucho la atención cuando los perros van caminando hacia ningún lado y muy derecho y muy confiados hacia donde tienen que ir, esas cosas como que a mí me pegan, y ver esos peces en ese momento, yo no sabía si llorar, en general cuando no sé qué hacer, lloro.

–¿Qué ha representado en tu vida tu mascota?

“Foco” es mi único compañero estable. Duerme conmigo en mi cama, duermo incomodísima porque es una cama de una plaza y él duerme a mis pies, pero después quiere dormir conmigo a mi lado en la almohada. Yo lo adoro. Mientras trabajo él esta a mis pies sentado, suspirando, es mi compañero de todo el día. Juego con él, hablo con él, le levanto la oreja y le hablo. No sé que haría sin mi perro. Me gustan mucho los perros. Amo a los perros pero mi perro en particular, “Foco”, es un compañero, sabe todo de mi vida, sabe todos mis secretos, me cuida, es un amor, lo adoro.

 

–¿Qué te hace recordar a tu niñez?

Todo el tiempo pienso en mi niñez. Tuve una niñez muy feliz. Tengo cinco hermanos, soy la quinta, después viene mi hermano Juan. A mis tres hermanas mayores mis papás las criaron de una manera muy rígida y muy disciplinada y a los tres más chicos que son dos varones y yo, nos dejaron un poquito más de espacio, un poco más de libertad. Me crié entre mis dos hermanos, siendo un varón más. Jugaba al fútbol, estaba todo el día en la calle y me la pasaba muy bien. Escribo mucho en mis libros sobre mi infancia porque fue el mejor periodo de mi vida, creo que desde los siete hasta los 14 o 15 años realmente fui muy feliz y todo el tiempo lo traigo a mis libros; en ese momento no pensaba en nada mas que en salir a andar en bicicleta, era lo único que tenía en mi cabeza, ni siquiera leía. El primer libro que leí fue como a los 14 años que fue “El Diario de Ana Frank” y después de ese leí “La Tía Tula” de Unamuno, después no leía hasta que terminé el colegio y leí en dos años todo lo que no había leído nunca. Pero era una persona muy feliz, hacía deportes, tenía muchos amigos, andaba siempre con mi hermano. Creo que si no hubiera tenido la infancia feliz que tuve no me aguantaría ahora tantas cosas con una sonrisa, seguro.

 

–¿Cuál es tu equipo de fútbol?

River Plate (risas). Y tengo un segundo que es (Club Atlético) Platense porque es cerca de mi casa.

 

Cecilia, la editora

–¿Y qué tal tu papel de editora?

El trabajo de editora es un trabajo muy duro. No sólo edito sino que corrijo, que hago toda la parte de producción del libro. Foto: Gabriela G. Barrios

Es muy difícil, no hay plata en Buenos Aires, ahí la plata va para otras cosas, no va para cultura tanto como en México, que hay chicos que tienen becas, hay chicos que se reciben y les pagan la maestría. Eso no pasa allá. ¡No pasa! Es muy difícil encontrar un espacio de libertad para decir esto es lo que me gusta, por esto me juego, esto habría que editarlo, y yo lo hice en nuestro primer libro que fue “Hotel Quequén”, donde se me dio la posibilidad de hacer una antología de los poetas jóvenes que a mí me gustaban y la armé como quise y fue como una revolución, porque de pronto en un mismo libro mezclé 15 poetas que no tenían nada que ver unos con los otros, porque no se conocían y algunos se aborrecían. Ahí sentí que estaba haciendo lo que realmente quería. Ahí van a ver a la gente que realmente está trabajando en Argentina en poesía. Pero ya no lo pude volver a hacer. Nuestros dos últimos libros por ejemplo, uno es de mi padre (Francisco García Bazán) que es “El Evangelio de Judas”, comentado y la biografía de él, que no vale porque es de mi papá y nos lo regaló, y después otro de poesía que es de una amiga nuestra que se llama Ana Lafferranderie. El trabajo de editora es un trabajo muy duro. No sólo edito sino que corrijo, que hago toda la parte de producción del libro y a mí no me pagan por eso, pero creo que si me pagaran es un trabajo que me gustaría hacer y con más libertad.

–¿Cómo ves la literatura argentina actual?

La veo muy bien en la poesía. Me parece que es un espacio en el que se está creando un montón de cosas. En la narrativa me parece que está un poco más quedada, tenemos buenos narradores, estoy hablando de la gente joven. Está Martín Kohan que es un buen narrador. No se mueve mucho la narrativa. La poesía tiene una cosa muy linda en Argentina, hay tanta gratuidad. Las cosas de la poesía no se hacen por dinero, nunca hay dinero de por medio. La gente se conecta de otra manera, los jóvenes se conocen más, se arman discusiones, hay grupos, se pelean, se amigan. Hay revistas de poesía, hay páginas de poesía muy importantes. Creo que el movimiento de la literatura de Buenos Aires está pasando por la poesía independiente y las editoriales independientes.

–Se ha dicho que Borges es la inevitable gloria para los argentinos ¿Qué piensas?

Que sí, Maradona y Borges (risas). Borges era realmente un tipo inteligentísimo, lúcido y con una potencia de narrador que nosotros no la volvimos a tener nunca. Parece que es inevitable, está muy bien que sea inevitable. Ojalá que todos los escritores argentinos y en general toda la gente que se educa en Argentina tenga una base borgiana, porque realmente era una luz. Lo lees hoy en día y es tan moderno como en la época en la que él escribió los textos. Acá (en Argentina) tiene muchos críticos en su parte de poesía porque él durante un tiempo se dedicó a hacer poesía semigauchesca y él era un tipo de clase alta que no tenía porque escribir de esas cosas de clase baja. Sin embargo, lees unos poemas que están increíblemente bien escritos. Era un buen escritor y un tipo muy lúcido que no se da mucho en la literatura, por lo menos en la que yo conozco.

–¿Qué es lo que más te gusta de él?

Su inteligencia y su habilidad para narrar, es una persona que tenía, me parece, en su cabeza incrustadas tremendamente bien las estructuras de las narraciones. Nunca se desequilibra entre el argumento y el desenlace. Era un as para la narración. Y otra cosa que me gusta mucho de él es que era una persona capaz de tomar de un texto cualquiera que sea, por ejemplo las ideas de Plotino, las leía, las entendía, las masticaba y después ponía en sus textos solamente lo que a él le servía, cosa de que la gente que lo iba a leer no iba a entender a Plotino porque eso no interesaba sino que iba a enamorarse de Borges. ¡El tipo era un genio!

–¿Admiras algún escritor(a) mexicano (a)?

Sí, por supuesto, a (Jaime) Sabines para empezar. (Risas). A (Juan) Rulfo, Agustín Yañez, ¡Jorge Esquinca, Jorge Esquinca! (Risas) Me gusta mucho Marco Antonio Campos, también. Bueno, Octavio Paz. ¡José Emilio Pacheco! Elva Macías. De Rosario (Castellanos) me gusta lo que hizo como persona, me gusta que se haya pelado, era una loca, pero a su poesía no le entro tanto. Después me gusta José Luis Sierra, (Arturo) Córdova Just, algunas cosas de (Héctor) Carreto y después me gusta Jorge Esquinca. (Risas)

–¿Qué estás trabajando actualmente?

Estoy corrigiendo un libro que se llama “Uso y aprovechamiento del hermano”, que es un libro de poemas pero que arranca con un guión de teatro, yo soy de teatro, entonces de alguna manera tengo que incluirlo, después tiene cartas y poemas, o sea que tiene tres géneros, el epistolario, el dramatúrgico y el puramente poético. Después estoy escribiendo un libro de narrativa cuyo nombre, por ahora, es “Expedición a mi futuro esposo”, que son pequeñas narraciones de días en la vida de alguien, es como un diario narrado.

–¿Te gustaría vivir en México?

Sí, me encantaría.

 

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SILUETA

Edad: 31 años

Número de hermanos: 5

Lugar de nacimiento: Buenos Aires, Argentina

Pasatiempos: No tengo, porque leer no es un pasatiempo, es lo que yo hago con mi vida. ¡Verme con mis amigos!

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EN CORTO

Amor: Todo

Papel en blanco: Avión

Leer: Muchas horas

Escribir: Mi vida

Palabras: Instrumento

Libro: Puerta a los sueños

Computadora: Hermana

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*Entrevista publicada en dos partes en el diario El Heraldo de Chiapas, 03 y 04 de mayo 2007

 

Martín Barrios y Mujeres de Chiapas en Palacio Nacional

Amor eterno, eterno amor. Foto: Martín Barrios

Martín Barrios escribe con luz a la madre, a la hija, a la campesina, a la vendedora, a la devota, a la policía, a la ama de casa, mujeres que matizan con sus ojos, su sonrisa, su piel y su andar cada uno de los espacios de Chiapas, ellas son las que en las horas cotidianas tejen la identidad que nos salva del olvido.

 

En los retratos que conforman esta exposición, el fotógrafo las eterniza porque para él las mujeres “son lo más maravilloso que Dios nos pudo brindar en la vida, sin ellas no seríamos nada, ni nadie. Son el motivo, el motor para que uno pueda seguir construyendo, aprendiendo a vivir”.

 

Considera, además, que en cada imagen que realiza hay una historia detrás, “primero me tienen que decir muchas cosas para que esa información pueda traducirla a través del lenguaje gráfico y mostrarla al mundo exterior, lo importante es que siempre lleven un mensaje”.

 

Cuarenta de estas historias serán contadas desde ayer martes 27 de enero hasta el 22 de febrero en la capital del país. He aquí la feliz conjunción entre el talento de un artista y el diario esfuerzo por la vida con las que las Mujeres de Chiapas engrandecen a México, señaló la licenciada Margarita Zavala, esposa del Presidente de la República, Felipe Calderón, quien junto al Gobernador del Estado, Juan Sabines Guerrero y su señora esposa Isabel Aguilera, acompañaron al artista de la lente originario de Tonalá, Chiapas.

 

El discurso inaugural estuvo a cargo del Dr. Andrés Fábregas Puig, rector de la Universidad Intercultural de Chiapas (Unich), teniendo como sede el Palacio Nacional.

 

A propósito de Mujeres de Chiapas, presentamos una charla con Martín Barrios, miembro de la Sociedad Mexicana de Fotógrafos Profesionales, en la que nos habla no sólo de dicha exposición sino de su quehacer fotográfico y sus intereses como persona:

 

-¿Qué hay de Martín Barrios en esta exposición?

Todo. Todo porque primero está mi admiración por las mujeres, la admiración por las mujeres de Chiapas, después mi asombro por la diversidad de rasgos, de colores, de tez, de expresiones y de cómo, a pesar de ello, todos somos un mismo Chiapas; es una riqueza impresionante que he tenido la oportunidad de capturar, conjuntarla en mi trabajo y exponerla, mostrarla a la gente para que puedan conocer esa diversidad que hay en Chiapas y que a mí me encanta.

 

-¿Hay algo de autobiográfico en tus imágenes?

Sí, claro que sí.

 

-¿Crees que en el retrato se hace una exploración superficial o profunda del ser humano?

Puedes obtener las dos cosas. Lo superficial es tan sencillo verlo, pero ¿quieres ver lo profundo? También ahí está, en los ojos, en la mirada, en lo que te dice determinada expresión, ahí se marcan los sentimientos.

 

-¿A quiénes te gusta retratar?

Me encanta retratar niños y ancianos porque creo que es como ver el principio de la vida y el cierre del ciclo.

 

-¿A quién no retratarías?

Creo que no he pensado en eso, la fotografía es mi manera de escribir nuestra historia y no estoy como para no admitir a alguien, tengo que incluirlo, incluir a todos los que pueda porque son parte de mi historia, de mi camino. Incluirlos en el camino que estoy construyendo, que estoy caminando, que estoy viviendo.

 

-¿Qué te llevó a capturar el rostro de esas mujeres que están en tu exposición?

Paloma. Foto: Martín Barrios

De entrada, mi fascinación por las mujeres. Además, el tener la oportunidad de capturar diferentes rasgos, estilos de vida, historias, etnias, mujeres de diversas regiones; es fantástico poder tener en un mismo proyecto diferentes rostros.

 

-¿Qué características buscaste en tus modelos?

Por lo regular hago fotografías de un rostro que llame mi atención. ¿En qué momento llama mi atención? Cuando me cuenta una historia sin que me hable. Muchas de las fotografías que he tomado son robadas, no he tenido la oportunidad de preguntar ¿me das permiso de tomarte una foto? Por naturaleza cuando le dices a alguien: una foto y encuadras, empieza a posar, empieza la gesticulación.

 

Me preocupé por reunir mujeres representativas de todo Chiapas, donde encontramos mujeres bonitas que no requieren tener un atuendo especial. Es cierto que he transitado un poco por la zona de los Altos pero la diversidad que existe en Chiapas, en cuanto a cultura, a clima, a la geografía, a su gente, es maravillosa. Agradezco a la Universidad Intercultural de Chiapas, y en especial al Rector, Dr. Andrés Fábregas Puig, el apoyo brindado para la realización del registro de una parte de las imágenes que se exponen en esta serie.

 

-¿Qué te gusta más el retrato o el paisaje? ¿Por qué?

Me ponen en una disyuntiva. Sigo con el retrato por las historias que me cuenta, esas historias que percibo. Claro que el paisaje también tiene historia, es único y cada paisaje es un segundo de vida que jamás se volverá a repetir. Puedes estar en el mismo lugar, con la misma gente, con tu mismo equipo fotográfico pero no van a estar las mismas condiciones de luz; con el retrato pasa lo mismo, ni tú como modelo ni yo, fotógrafo, vamos a estar con el mismo sentido del humor y aunque tengas las mismas condiciones físicas, si no estás con la misma sensibilidad para observar y captar la historia que te están contando, no tendrás la misma imagen.

 

-¿El paisaje es una construcción cultural como señalan algunos fotógrafos del siglo pasado?

Martín Barrios charlando con nosotras

Así es, nada más que, con tristeza se los digo, ahora estamos cambiando esos paisajes y están pasando de ser de gran color a grises, se están convirtiendo en cenizas, estamos acabando con todo. Los paisajes ahora son grises, desérticos, sin vida y siguen siendo paisajes que te pueden servir para hacer una imagen pero que te conlleva una historia de desolación.

 

-Se nota que tienes una preocupación por el entorno, qué haces para coadyuvar en esta pérdida que estamos teniendo.

Lo que he hecho es que con la fotografía, por ejemplo de la región Selva, la he enviado a los medios nacionales e internacionales para crear conciencia, que nos preocupemos más. Sin embargo, creo que debe ser un trabajo en conjunto, del gobierno estatal, del gobierno municipal y de la sociedad en general. Hace falta caminar nuestro estado, conocerlo para saber las necesidades de la gente que vive en nuestro hábitat y por eso lo está destruyendo. Creo, entonces, que primero debemos hacer conciencia, sí, pero creo también que nuestras autoridades deberían conocer nuestro estado y conocer nuestras necesidades.

 

-¿Te gusta construir escenarios o sólo tomas la naturaleza como tal?

Todo depende de lo que vaya a hacer, de lo que necesite, pero por lo regular me encanta capturar lo que ya está, obviamente, si hay necesidad de construir, pues construyo, pero no puede pasar desapercibido lo que ya está, lo que en ese momento el Creador te brinda, que no a todos, no todos tenemos al posibilidad de llenarnos de ese momento mágico que te nutre.

 

-Entonces, para el fotógrafo Martín Barrios, la naturaleza es:

Es parte del centro de la vida, sin ella no podríamos vivir. Es lo que te da el calor, el color, la vida misma.

 

-¿Y la fotografía?

Puede parecer muy trillado pero es el arte de escribir con luz.

 

-¿La cámara?

Es la extensión de mis ojos. Es un instrumento que nos sirve para capturar momentos y dependiendo de lo que queremos ver, es la extensión de cada uno de nuestros ojos.

 

-¿Cómo llegaste a la fotografía?

Cuidando el orden. Foto: Martín Barrios

A mi papá le encantaba la fotografía y la música, él me dio la pauta, cuando tenía tres años me sentaba en la mesa de su laboratorio, tomaba fotografías y las imprimía. Él usaba el blanco y negro.

 

En ese tiempo no llegaba a tanto la tecnología a mi tierra natal, así que posteriormente me interesé en eso. Iba a estudiar Derecho pero vi anunciados unos cursos intensivos de fotografía, me llamaron la atención y ¡ahí me quedé por seis meses! Seis meses en los que aprendí lo que es la fotografía, la iluminación y el modelaje. Estudié producción en la Casa fotográfica de Kodak.

 

Después me cautivó el saber qué más hay detrás de tomar una fotografía, en ese tiempo el sistema era análogo, así que me metí a cursos de producción fotográfica, luego en lo de producciones de ampliaciones en gran formato. Comencé a ir a talleres que me han servido muchísimo, tomé cursos con Pedro Meyer, Marco Antonio Cruz, Pedro Valtierra, los esposos franceses Simone, entre otros.

 

Todo pareciera tan complejo pero es como un árbol enorme que se va dividiendo y te brinda la posibilidad de hacer una imagen que va a quedar para el resto de nuestras vidas, para contar una historia. Detrás de una fotografía que ves en una exposición, en una revista, hay muchísimo trabajo. Eso llamó mi atención.

 

Hoy en día se ha cambiado de lo análogo a lo digital, se manejan diferentes técnicas.

 

-¿Y esa revolución digital qué ha significado en tu trabajo?

Muchísimo. De esa versatilidad de poder hacer una imagen en un santiamén, verla y a través de esa revolución digital poder enviar ese trabajo a un periódico y en ese momento la están abriendo, la están bajando e imprimiendo, te ahorra tiempo y dinero. Ahora, inclusive con el teléfono puedes tomar una fotografía pero la resolución del teléfono es muy pequeña y es nada más para que la puedas enviar a través de la red. Para hacer fotografías en gran formato se requiere de una cámara con características profesionales.

 

-¿Color o blanco y negro?

Sonriendo a la Vida. Foto: Martín Barrios

Me encantan las dos técnicas, cada una tiene sus propias características, por ejemplo, en nuestro querido Chiapas, que es muy colorido, con la técnica de color podemos ver esos contrastes tan marcados, tan vivos, que nos caracterizan pero igual puede haber momentos en los que la escala de grises sea lo esencial. Obviamente ahora puedes capturar tu fotografía en color y luego hacer la transformación a escalas de grises, por eso la versatilidad de la fotografía digital.

-¿Dentro del campo de la fotografía cuál es tu especialidad?

Me encantan los retratos, capturar rasgos, ver expresiones, eso me llena.

 

-¿Cuál es el elemento estructurador de tu obra?

Eso te lo tiene que decir el espectador, pero sí, uno va tratando de unificar, tener un estilo, y que al ver una imagen digan esa foto es de fulano de tal. A mí me identifican, creo, los retratos y supongo que tengo una manera muy particular de hacer ese retrato, de poder verme a través de los ojos de la persona, cuando logro eso es cuando digo esa es la fotografía que quiero y es la que necesito, es la que me llena y reúne todos los elementos necesarios para poder capturarla y que la pueda observar yo, mis amigos y la gente que se pueda.

 

-¿Cuál consideras la innovación de tu trabajo?

Estoy haciendo diferentes trabajos en el estado de Tabasco, en el cual estoy aprovechando las herramientas digitales, experimentando e incursionando con otro tipo de técnicas, que en su momento voy a mostrar, es parte de la revolución tecnológica que vivimos a diario.

-¿Cuáles son las obsesiones de Martín Barrios, el fotógrafo?

Una es seguir caminando, seguir haciendo fotografía pero también seguirla gozando, dar a conocer cómo es nuestro estado, con esa manera de ser y vivir tan sencilla de nuestra gente, dar a conocer al exterior nuestros paisajes, nuestra gente, nuestra cultura, es también una de las obsesiones que tengo: que a Chiapas lo conozcan como lo conocemos nosotros, no como lo pintan.

 

-¿Eres exhibicionista o vouyerista?

A mi papá le encantaba la fotografía y la música, él me dio la pauta

Ni lo uno ni lo otro. No me gusta exhibirme, me gusta observar pero no tan excesivo, es como un paso de luz en el cual no tienes derecho a regresar.

 

-¿Cómo prefieres el amor con luz natural o con flash?

(Risas) Con luz natural.

 

-¿Quién es tu fotógrafo de cabecera?

Admiro muchísimo al maestro Manuel Álvarez Bravo.

 

-¿Para quién te gustaría posar?

(Risas). Para nadie. Realmente para nadie.

 

-¿A quién te gustaría hacerle una sesión fotográfica?

A ustedes. (Risas).

 

 

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SILUETA

Lugar de nacimiento: Tonalá, Chiapas

Edad: 34 años

Número de hermanos: 2 medios hermanos

Estado civil: Casado

Número de hijos: 3

Pasatiempos: Estar con mi computadora, mi fotografía y música.

Película: Un día después de mañana, por el manejo estético, la producción, la escenografía, el rollo fotográfico.

Fotografía: La serie Mineros de Sebastian Salgado.

Comida predilecta: Mariscos, como los prepares.

Rituales: Ninguno

 

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EN CORTO

Luz: Alegría, belleza, vida

Velocidad: Rapidez, entusiasmo

Lente: Manera de capturar el mundo

Autorretrato: Cabalgar

Ojos: Negro profundo y verdes

Manos: Delicadas, suaves

Clic: Eternizar algo

Película: Lección

Memoria: No tengo (Risas)

Papel: Mate

Cuadro: La vida

Tiempo: Efímero

Viajes: ¡Yo quiero ir!

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*Entrevista publicada en el diario El Heraldo de Chiapas el 28 de enero de 2009.

Martín Mérida, poeta chiapaneco

Desde pequeño subo montañas, ahora corro carreras

El reloj marca las cuatro de la tarde. El viento frío corre entre las flores de la jardinera, abraza el enorme pino que está frente a mí y me acaricia el rostro. Al fondo veo el edificio de color mostaza, toco el timbre mientras trato de adivinar cuál es el departamento que habita Martín Mérida Mayorga, poeta chiapaneco que participa en el homenaje a la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir, en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) que se realiza del 29 de noviembre al 7 de diciembre en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

 

Martín Mérida me recibe con su eterna sonrisa de niño, subimos al segundo piso y al abrir la puerta del departamento me da la bienvenida el olor a café, la ventana es un imán para mis ojos. Me acerco y un hermoso parque de árboles inunda mi mirada. A partir de este instante el tiempo del reloj se quedó sin agujas.

 

Mientras tomo asiento en el sillón amarillo y observo a mi izquierda la pared del mismo color que sirve como estantería a una colección de máscaras, Martín se dirige a la cocina a servir el café. Es de Motozintla, Chiapas, me aclara.

 

Llama mi atención su colección de piedras, me hace recordar a una amiga muy querida que también gusta de ellas. A mi derecha hay una pared pintada de azul intenso, resalta un mandala que también es una lámpara.

 

“Mandala en sánscrito significa círculo sagrado. Éste lo confeccioné cuando recién llegué aquí, en él plasmé mi historia de vida y mis deseos a lograr, por eso me persuade a vivir con mayor intensidad”.

 

Me acerco y tropiezo con Parmene-Heráclita, la piedra que desde Chiapas acompaña a Martín, ofrezco disculpas por mi descuido y regreso a la ventana. También me gustan los árboles, digo.

 

“Los árboles son casas; por supuesto: casas que –parafraseando al poeta Angelus Silesius– florecen sin un porqué. Y lo más maravilloso es que este tipo de casas no brindan un calor posesivo. Son casas libertarias.”

 

–La casa es un referente importante para ti. La casa de mi búsqueda está en mí, has dicho. ¿Qué más encierra la imagen de casa para Martín Mérida?

De algún modo todos cargamos una entre pecho y espalda. Algunos seres no encuentran una casa material y no sospechan que la búsqueda es la verdadera casa. En concreto: casa es todo lo que ayuda a vivir. A veces el mismo desamparo (por más paradójico que parezca) ayuda a vivir. Y el sin sentido puede estar cargado de sentido. La casa es un refugio. Y en ese aspecto, la lectura y la escritura son refugios de maravilla.

 

–Dicen que Martín Mérida era un niño triste, ¿sigues viviendo en los brazos de la tristeza?

Sigo viviendo entre el ser y el no ser; en el algo y el vacío. Pero en ese movimiento voy llenando el libro de mi vida.

 

–¿El deseo de escribir, de nombrar poéticamente el mundo, la literatura, son una enfermedad o un remedio para la tristeza?

En esta etapa de mi vida puedo decir que escribir es como llegar a casa y una casa es llegada pero también punto de partida. A veces estoy triste es cierto, pero no del tipo que es carne de cañón para la psiquiatría; a veces estoy triste porque los asideros con los que aprendí a sostenerme, de pronto se derrumbaron, pero en esos momentos es cuando la vida me muestra un rostro que me levanta; un rostro más allá de la lógica.

 

Sale humo de las tazas y huele bien. “El café me gusta recaliente, me agrada ver el humo, además, tengo resistencia al fuego” dice mientras se sienta en el piso, cierra los ojos y lo veo disfrutar su taza de café. No me atrevo a tomar, tengo miedo de quemarme, a diferencia de Martín prefiero que el café esté a una temperatura templada; me siento frente a él.

 

–Cuéntame por qué un homenaje a Simone de Beauvoir.

Este año Simone de Beauvoir cumplió cien años de haber nacido (enero 8 de 1908), entonces la poeta jalisciense Patricia Medina, junto a Gladys Llarregui (Argentina) y María Ángeles Pérez López (España) decidieron en el 2007 convocar a poetas de todo el mundo para hablar de la Mujer Rota en todos los aspectos posibles.

 

Se convocó a concurso y hubo un proceso de selección. Hubiera sido imposible congregar en un libro a todos los poetas que respondieron a la invitación.

 

El destino de este libro es ir a cárceles, manicomios, consultorios, etcétera. Cada uno de nosotros -los que participamos en el libro- estamos comprometidos a hacerlo llegar a esos destinos mediante presentaciones y cosas así.

 

–La Mujer Rota es la historia de una mujer que de pronto, tras largos años de matrimonio, descubre que su marido le es infiel y cuando él se va con su joven amante, ella se queda con la nada porque ha vivido en función de su matrimonio, pero, además, por decisión propia. ¿Crees que aun cuando han cambiado las condiciones económicas y sociales en que se desarrollan las mujeres, cuarenta años después de que se escribió el relato, este tipo de relaciones siga vigente o por qué se eligió ese nombre?

Nací en una ciudad más pueblo que ciudad

Creo que ese tipo de relaciones no se da sólo en la mujer, es la condición de vida de todo ser enajenado; es decir, de todo aquel o aquella que vive en función de los roles sociales establecidos por mecanismos de poder. Por fortuna, constato que hay muchas mujeres y hombres que han aprendido a liberarse de ese yugo.

 

Se eligió el nombre en gran parte por conmemorar a Simone de Beauvoir y porque una de las más grandes injusticias que pesa sobre el mundo es el de haber ninguneado a la mujer. La palabra ningunear no existe en el diccionario pero los mexicanos la utilizamos a menudo cuando nos referimos al proceso de degradar al otro.

 

El libro de poemas La Mujer Rota (estar roto en el sentido del relato de Simone de Beauvoir, es vivir escindido) que estamos presentando en la FIL está escrito por seres sensibles a este fenómeno.

 

–¿En qué consiste tu participación?

Participo con dos poemas, uno se llama “Magdalena” y el otro no tiene título, pero está dedicado a mi abuelita Bonifacia Bartolomé. En el libro La Mujer Rota no sólo se aborda la cuestión trágica; también existe un capítulo dedicado a la maravilla que constituye a las mujeres.

 

–¿Qué esperas cómo poeta de esta experiencia?

Encaja muy bien con mi intención de unirme a proyectos comunitarios que colaboren a transformarnos, con su granito de maravilla.

 

El Primer Foro Internacional de Poesía La Mujer Rota, (4 y 5 de diciembre, Auditorio del Hotel Hilton, Guadalajara, Jalisco) se realiza en el Centenario del Nacimiento de Simone de Beauvoir y como un homenaje a las mujeres rotas del mundo. El día de hoy, 5 de diciembre, a las 11:00 hrs. participa el poeta chiapaneco Martín Mérida con la lectura de sus dos textos seleccionados para publicarse en el libro La Mujer Rota.

 

Martín Mérida, nació en Motozintla de Mendoza, Chiapas y desde 1988 vive en Guadalajara, Jalisco, ciudad en la que ejerce la docencia como maestro de tiempo completo, además de correr, escuchar música, escribir, escribir, escribir.

 

–¿Por qué escribes poesía para niños?

En los poemas que escribo para niños se puede entrever que no quiero abandonar al niño interior en mi vida actual. Y, a través de ese niño, pretendo develar la experiencia donde hasta en el humo de una taza de café brota el genio y no sólo de la lámpara de Aladino.

 

Nací en una ciudad más pueblo que ciudad porque no sólo nos conocíamos casi todos; allá, de diversas maneras, nos cuidábamos los unos a los otros. Ahora prefiero darle patadas a la tristeza, hasta mirarla irse por un caño, al comprobarme caminando entre calles repletas de carros parecidos a tanques de guerra sin respeto para la gente.

 

–Una noche soñaste con un cometa sujeto a la luna, ¿qué sueñas ahora?

Sueño que estoy cosechando las semillas de sandía que un día una multitud de espíritus me regalaron para que muriera. Y morí. Por eso hoy puedo responder a tus preguntas.

 

–¿Las semillas de sandía son entonces como promesas de muerte-vida?

Ese era el secreto. Aunque no significa que no deba volver a morir. Pero al menos morí de una muerte necesaria.

 

–¿Crees en el destino?

Creo que el misterio se revela en el sufrimiento; quien ha sufrido lleva en sí las semillas de una gran cosecha. Pero para que esta levantada se lleve a cabo se necesita de la intervención de los otros. Es decir, a veces basta una palmadita en la espalda; una ayudita para que quien ha sufrido encuentre lo indecible. Si existe Dios, Dios se revela en el sufrimiento y en los otros. Somos de manera extraordinaria seres sociales.

 

–¿Consideras que tus estudios en el seminario han sido trascendentales para tu trabajo poético?

Mis estudios de seminario estuvieron enmarcados dentro de la filosofía y teología de la liberación, donde se nos enseñó a reflexionar desde donde nos aprieta al zapato. Gracias a esa etapa tuve la oportunidad de leer y conocer a seres extraordinarios como Leonardo Boff. El seminario reforzó mi horizonte de querer comprometerme en proyectos comunitarios. En ese entonces viví grandes temporadas dentro de comunidades indígenas y en esos periodos coseché muchos poemas que hoy están brotando. Dentro del seminario supe que me encantaba la figura de Cristo pero lejos, muy lejos, de las burradas de Roma.

Ambos reímos. Martín se pone de pie y se dirige a la mesa que ha adaptado como escritorio, coloca un cd en su computadora y las notas de Vieilles Chansons de France envuelven el ambiente, son canciones un poco tristes pero muy bellas. Amor, desamor, ilusión, desilusión, la vida.

 

–¿Cuáles son las pasiones de Martín Mérida?

En los poemas que escribo para niños se puede entrever que no quiero abandonar al niño interior en mi vida actual

Tengo pasión por el cambio. En el primer poemario que se me publicó escribo: Pretendo arar un nombre distinto/ al aleteo del escribir en vano. / Ser lo de siempre cansa/ igual que no encontrarse.

 

Desde pequeño subo montañas, ahora corro carreras y maratones para estar listo en las trepadas y mientras subo montañas escribo, porque escribir es mi pasión fundamental. Mi primera novela «El poeta y el niño de la piedra» fue escrita en algunas de sus partes, mientras corría.

 

Y mientras corro, subo montañas y realizo mi fundamental pasión, escucho música. En estos días he escuchado las sinfonías de Gustav Mahler en varias versiones. Y ahora más que nunca me siento unido a muchas personas.

 

–Música, poesía, miradas. ¿En el amor Martín escribe poemas de largo aliento o prefiere los poemínimos?

Depende de lo que voy viviendo… Mis relaciones amorosas pretenden no acabar nunca.

 

–Entonces son de largo aliento

Mis relaciones amorosas, sí. En la poesía, la columna vertebral es la economía de palabras y un poema por muy largo que parezca lleva ese poderoso secreto.

 

–Has dicho que la fuerza del amor es más fuerte que las tempestades. ¿Algún huracán amatorio te ha inundado el alma de dolor?

(Risas). Un huracán amatorio, ¿eh?.. Pues ciertas huracanas me han producido dolor. Pero también he descubierto que gracias a ese tipo de tempestades uno puede subir un poco más alto, como las águilas, hasta esperar que a lo amatorio se le quite lo huracán.

 

–Cuando a lo amatorio se le ha quitado lo huracán, ¿sigue siendo amor?, ¿vale la pena descender a él?

No sé si tengo la respuesta a tu pregunta, pero creo en la armonía; en la conjunción de lo negro y lo blanco. Lo huracán me parece sólo propulsión hacia un sentido. Y hay que ver cuánta amargura produce.

 

–También has dicho que después de vivir la amargura es posible encontrar un territorio libertario. ¿Cuál ha sido ese territorio libertario para Martín Mérida?

La libertad es una meta hacia la que procesos de liberación (libre-acción) acercan. Entonces, si uno se pone en marcha pronto descubrirá que está en uno o varios de estos territorios o que todavía hacen falta esfuerzos como rupturas para llegar a ellos. Liberación no es la libertad a pie juntillas pero al menos es reconocimiento que la libertad en un proyecto que persuade desde lejos; un proyecto que nos permite ser mejores.

 

–¿Pero cómo defines o dónde está tu territorio libertario?, ¿cómo es?

Territorios libertarios tengo muchos, pero te nombraré algunos de ellos:

  1. El territorio de mis amigos (as) verdaderos (as).
  2. El territorio de hablar viendo directamente a los ojos, sin olvidar la empatía, de la persona con quien estoy enojado.
  3. El territorio de amar –y amar es subversión, decía de manera incansable don Octavio Paz.
  4. El territorio de escribir y crear con mi escritura otro mundo distinto al que odio.
  5. El territorio de hacer valer mis derechos y no sólo repetir en mi mente mis obligaciones.

Entre otros. ¿Y sabes? Creo en verdad que en ningún ser humano, en su individualidad, debemos abandonarnos. Más justo me parece amar hasta el fondo en proyectos solidarios. Proyectos de promoción de justicia solidaria; por ejemplo. Los seres humanos en nuestra individualidad somos maravilla, pero no somos Dios.

Y si existe una energía más allá del mundo, no puede ser pronunciada con la lógica pero intuyo misterio en los ojos de los seres, misterio que me hace decir que otro mundo es posible.

 

–La posibilidad de otro mundo, de un mundo mejor que el que nos ha tocado.

También se puede sentir y sobre todo, lo realizamos más a menudo de lo que parece, cuando nos miramos de manera verdadera y comprendemos nuestra vulnerabilidad clamando respeto y consideración. Los señorcitos; aquellos que se enforran en trajes y discursos olvidan muy a menudo su ser vulnerable.

 

–Cuando te escucho así me recuerdas al Sub, sus palabras, con las que logró que muchas miradas se volvieran a los que se miran de manera verdadera y no en espejos.

Lástima, yo quería que me recordaras y no al Sub. Lo de luchar por mirarse es tradición de pueblos milenarios… de pueblos nómadas que en los ojos de los otros encuentran una casa.

 

–Por eso es importante ver a los ojos de los otros y de nosotros mismos.

Ver a los ojos es mirar no sólo el iris, retina y cosas así; también conlleva valorar el esfuerzo desgarrador con el que otro se construye. Emmanuel Lévinas, filósofo de origen judío, solía decir: La cara es sólo un componente del rostro. El rostro es sobre todo tu historia, la historia más íntima que te hace, por ejemplo, ser Lety, y ante la que muchos pasarán de largo.

 

–Así es, pasarán de largo, caminando o corriendo. ¿Tras de qué corre Martín Mérida?

No sé tras de qué corro. Tal vez corro tras la nada pero la nada no es vacío, en todo caso no corro tras el vacío. Me gusta correr porque, como no soy un yoguin, es momento de estar dentro mí mismo. Tal vez, entonces, corro tras de mí mismo.

Martín Mérida Mayorga es un hombre muy emocional, en parte eso lo ha llevado a correr. “Sí, corro para bajarle un poco a mi emoción.” Aunque está de acuerdo en que escribiendo también se le da cauce a la adrenalina.

 

El cd ha terminado, sugiero escuchemos Entre nous con Chimène Badi, mientras tomamos otra taza de café y encendemos las luces; el mandala-lámpara es hermoso, “alrededor le puse muchos elefantes pequeñitos porque cuando lo creaba soñé que debería llevar elefantes.”

 

Camino hacia la ventana, veo las sombras que bajo la luz de la luna forman los árboles. El viento los abraza. Volteo al percibir junto a mí el olor del café. Tomo mi taza y nos dirigimos hacia los sillones que están dispuestos de manera circular.

 

–¿María Magdalena o la Virgen María?

No hay virgen sin Magdalena.

 

–Y hablando de mujeres, ¿qué significan en la vida de Martín Mérida?

Hablar de mujer es hablar del mar. La mujer es fuerza de inspiración creativa, es el reconocimiento de la tierra. Hablar de mujer es horizonte de ponerme a cuidar flores y árboles sin olvidar los espinos. Y volviendo a lo del mar… El mar es misterio.

 

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SILUETA

Lugar de nacimiento: Motozintla de Mendoza, Chiapas, México

Edad: 44 años

Número de hermanos: 6

Estado civil: Soltero nuevamente

Número de hijos: 0

Libro: Don Quijote de la Mancha.

Película: Léolo (porque sueño no existo)

Deportista: Nadia Comaneci

Equipo de futbol nacional: Chivas

Equipo de futbol internacional: Real Madrid

Pasatiempos: Perder el tiempo

 

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EN CORTO

Motozintla: Sueño

Guadalajara: Renacimiento

Disfraz: No hay de otra a veces

Honestidad: Lo más bello en el carácter

Violencia: Fuerza que a veces también ayuda

Docencia: Terquedad

Xavier Villaurrutia: Nocturno Mar

José Gorostiza: Muerte sin fin

Octavio Paz: Salamandra

Café: Dulceamargo

Sol: Príncipe

Luna: Piedra preciosa

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*Entrevista publicada en el diario El Heraldo de Chiapas, 5 de diciembre 2008.

 

Rafael Courtoisie: Hombre que quiere hablar sobre la aventura.


Rafael Courtoisie en el Centro Cultural de Chiapas Jaime Sabines

Cierro los ojos. Escucho la voz serena, segura, rítmica de Rafael Courtoisie. Imagino que no hay alguien más que nosotros dos en el auditorio. En la mente construyo las imágenes que la sucesión de palabras me dicta. Mi experiencia las deconstruye y vuelvo a la realidad.

 

Rafael Courtoisie, quien se autodefine como “un hombre que quiere hablar sobre la aventura de sí y de otros, de otros y de sí”, es uno de los escritores uruguayos de mayor reconocimiento internacional; su obra ha merecido diversos galardones en España, México y Uruguay.

 

En las piedras que parecen deseos, en las piedras del tiempo

que parecen años. Piensa en los años. No mires al espejo.

Éste no soy yo. Es tu recuerdo. Es la melodía,

la música de la imagen que se te parece. No soy yo…

 

Es poeta, narrador, lector, pintor, químico y divulgador de la ciencia, pero sobre todo, un hombre sensible, que creció en un Uruguay con crisis financieras y políticas, golpes de estado, represión; un país convulso en el que “…a edad muy temprana vi gente muerta, vi gente perseguida… fueron años duros y te marca, algunos de mis escritos y mis novelas salen de eso, de ese dolor”. Sin embargo, refiere que al interior de su familia vivió una infancia felicísima.

 

Amalgama de sentimientos que van encontrando su sentido en el proceso de conocerse y re-conocerse como un hombre de letras, de palabras, “…medio de llegar al otro, no un fin en sí mismo sino un medio de llegar al prójimo. La palabra es un instrumento de construcción estética y fundamentalmente una definición del humano.”

 

Palabra tras palabra se construye o se reinventa la vida, se va más allá de la enunciación pasiva de anécdotas personales, de acontecimientos literales; se es en y por el lenguaje, así, habitantes de un mundo fragmentado en silencios y palabras, los objetos de tan cotidianos olvidados, los sentimientos que nos mueven o paralizan, el tiempo, el recuerdo, usted que lee estas líneas, yo que las escribí, podemos formar parte de este territorio imaginario en el que manda la pluma de Courtoisie.

 

–Se ha dicho que tus poemas son una especie de cuentos porque en ellos se pueden descubrir historias, como en el poema Persistencia del débil. ¿Cuando los escribes estás consciente de ello, preparas alguna escaleta o argumento?, ¿cómo surgen?

Sí estoy consciente pero no hay ninguna preparación previa, simplemente cuando me doy cuenta que el poema tiene cierta estructura narrativa el tratamiento del lenguaje es connotativo, es típico de la poesía, trato de fijarme en el peso de cada palabra, en la justeza de cada palabra pero no hago un esbozo; en general son minirelatos que a su vez son poemas que surgen de una manera muy espontánea.

 

–Has dicho que la novela es el horizonte de la absoluta libertad narrativa. El cuento, la concisión y la necesidad imperiosa de una resolución en la historia. ¿Y la poesía?

Hay una constante en una parte de mi poesía, que es recuperar los objetos de todos los días.

La poesía en esa escala también produce una sensación de libertad absoluta pero es totalmente exigente al mismo tiempo; creo que la poesía es el género más exigente de todos si tomamos la exploración reflexiva que compone el ensayo o la narración de un avatar, de una realidad que constituye la narrativa. La poesía, frente a eso, entraña una exigencia enorme porque implica un andamiento del lenguaje, por supuesto, eludir el lugar común, eludir los usos consuetudinarios del lenguaje pero a la vez trabajar con ellos y apuntar una realidad nueva.

 

Me parece que la poesía es un espacio de absoluta libertad que se consigue con mucho sufrimiento, a veces. Es extremadamente exigente como género, uno puede escribir un cuento y atenerse a la exactitud de un inicio, desarrollo y desenlace pero disfrutarlo porque uno maneja las estructuras, el oficio; lo mismo pasa con la novela, con un poema no, con un poema o comparece la poesía en el poema o no es poesía.

 

Octavio Paz decía que un poema es un conductor de poesía. Si el conductor no funciona, no funciona, no hay vuelta. En cambio la novela puede estar más o menos lograda y se percibe como un entretenimiento, pero el poema tiene que ser esencial sino no sirve.

 

–En tu libro Música para sordos nos presentas poemas dedicados al tenedor, a la cuchara, al espejo. ¿Por qué hablar de objetos cotidianos?

 

Hay una constante en una parte de mi poesía, que es recuperar los objetos de todos los días que están de alguna manera alienados, que están fuera de su esencia, que están al uso o al servicio de un mero consumo, entonces, cuando en Música para sordos se habla de la cuchara, del cuchillo, de la copa de vino incluso de las naranjas, hay una idea de dotarlas de vida, de mirarlas desde otro punto de vista, eso también lo hago en la novela que se llama Tajos (Edit. Lengua de trapo), donde el protagonista es una especie de “psicokiller” juvenil, que en respuesta a su frustración con el mundo tasajea todo lo que encuentra a su alrededor.

 

En ese tasajear está, de alguna manera, otorgándoles un lugar que el consumo les quitó. Nosotros vivimos en una era de consumo, de hiperconsumo, donde uno está al servicio de las cosas y a su vez se cosifica, entonces, tanto en Música para sordos como en Tajos, por un lado en la poesía y por el otro en la narrativa, hay un intento de descubrir la esencia de cada objeto, que el lector por primera vez encuentre ese objeto, lo vea; de pronto objetos que los tomamos todos los días como un vaso, un tenedor o un cuchillo y pasan desapercibidos, no los conocemos; si no podemos conocer esos objetos que son inertes cuanto menos podemos conocer al semejante, al prójimo.

 

Es una especie, no digo de educación sentimental a través de los objetos pero sí una propuesta de mirada de profundidad a la magia del mundo, a lo vivo y a lo misterioso que es el mundo.

 

–Coincido contigo en que la poesía es un artículo de primera necesidad, sin embargo, cómo lograr que su valor simbólico se resignifique y se dé la posibilidad de que todos accedan a ella.

En los Siglos de Oro, ni Góngora ni Quevedo escribían libros para vender, ni siquiera publicaban libros

Es una pregunta que mete el dedo en la llaga, por así decirlo. En términos del sociólogo francés Pierre Bourdieu, toda la literatura, todos los capitales culturales, se mueven justamente en el plano simbólico. Es curioso que en la sociedad occidental, por lo menos de inicios del siglo XX, la novela sea un producto de compra-venta, un producto de consumo que es capital simbólico y la poesía que también lo detenta y que es más profundo, aparece de algún modo marginada, aparece menos visible en las transacciones comerciales, en lo que tiene que ver con las editoriales; creo que esa contradicción se podría explicar porque la poesía es un agente poderosísimo de razón, de conciencia, de conmoción y entonces su capital simbólico también es de una intensidad que hay que administrar y que mucha gente que tiene el poder quisiera administrar en el sentido de que no tuviera esos efectos tan fuertes sobre la conciencia.

 

Me parece que cada uno de los creadores también tiene la obligación de los poetas –de los poetas lectores, el lector es un poeta también- de descubrir, de pasar ese poema que encontramos de Fernando Pessoa, de Antonio Machado, de Jaime Sabines, a un amigo.

 

No necesariamente el capital simbólico de la poesía circula como una cuestión de compra-venta, puede circular de otros modos. Hay un prestigio literario que tenemos que defender, que no pasa por el dinero, por suerte; eso a inicios del siglo XX implica un actitud consciente, de trabajo, por eso uno va de pronto a muchos festivales de poesía porque es un modo de comunicarlos; es un modo también, de no necesitar medios de comunicación consuetudinarios.

 

En los Siglos de Oro, ni Góngora ni Quevedo escribían libros para vender, ni siquiera publicaban libros, su poesía tenía un poder enorme a través de la circulación que se daba en ciertos ámbitos y ese poder simbólico nos llega hasta hoy, es decir, ese capital no se disipó, en cambio otros entretenimientos de aquella época, simplemente son piezas de museo. Entonces quiero terminar con Pierre Bourdieu diciendo que el capital simbólico de la poesía es enorme, es poderosísimo.

 

No eres tú.

No es nadie.

Piensa en el agua del mar, en su movimiento, en su peso.

Piensa en el agua y no en mí, piensa en el pensamiento

que viene y va, como un espejo.

Pero no pienses en el espejo, rompe el espejo

de una pedrada …

 

 

–¿Cómo separa o une Rafael Courtoisie su escritura narrativa y poética con su quehacer de crítico literario y sobre todo de divulgador de la ciencia?

–Son facetas muy diferentes. Incluso dentro de la narrativa trabajo niveles por registros de escritura diferentes porque mis novelas suelen utilizar la ironía, la parodia, una carga de cierta literatura violenta o de temas violentos y en los cuentos los temas son mucho más variados, así, en la misma narrativa hay diversidad de registros.

 

Eso es un aspecto del proceso de creación, otro aspecto es una poesía más esencial, que está cercana al discurso filosófico sin ser pretenciosa, quiero decir que de algún modo se nutre de cuestiones esenciales, de objetos de pensamiento que ha visitado la filosofía, a su vez todo lo que tiene que ver con divulgación de la ciencia, sin mi formación científica, me ha servido para tener una plataforma de conocimiento que alimenta las distintas vertientes de mi obra.

 

Son distintas facetas de un proyecto creativo que es complejo pero que siento necesario en su diversidad. Prefiero la heterogeneidad a la ortodoxia porque me parece que trabajar distintos registros de la escritura es la posibilidad de comunicar en distintos niveles.

 

–¿En cuál de estos registro te sientes más cómodo?

En la poesía, como un elemento digamos primigenio de la comunicación humana, como una posibilidad de, con recursos estéticos a veces muy sencillos, expresar mucho y llegar al otro, comunicar profundamente.

 

En la novela me siento cómodo pero entiendo que es también un género donde hay ciertas concesiones a la extensión, al formato. En la poesía me siento mucho más cómodo. Creo, además, que en toda obra literaria que se precie de tal, hay un núcleo poético, así sea teatro, un guión para cine, un ensayo, hay un núcleo poético.

 

La poesía a inicios del siglo XXI es una razón diferente que ilumina el conocimiento, cuando de pronto muchas teorías, muchas ideologías se han mostrado inoperantes; de alguna manera la poesía sigue siendo absolutamente iluminadora, un poco en la idea de (Arthur) Rimbaud del poeta como un iluminado, en un sentido no de locura sino en un sentido del que ve a través de las palabras la realidad.

 

–¿A qué se refieren tus críticos cuando hablan de que violentas la precisión del lenguaje de la ciencia, a favor de la poética?

Bueno, porque allí hay una indiscutible lucha por una aparente precisión del discurso científico. Todo conocimiento es metafórico, eso no lo digo yo, lo dice Hegel. El discurso incluso de las llamadas ciencias exactas de las ciencias naturales trabaja con metáforas, es un discurso construido con figuras retóricas y de algún modo hay una apropiación de esas estructuras que aparentemente son muy lógicas y muy despojadas, a favor de esa duda, de ese margen que plantea la poesía, entonces, no es que oponga una cosa a la otra sino que de alguna manera hay un uso del discurso científico en aras de resaltar ese procedimiento metafórico que el propio discurso científico tiene.

 

Vivimos en un mundo de asombros en el que alguien como (Stephen) Hawking, físico que de alguna manera habla desde los agujeros negros hasta la curvatura del tiempo, está trabajando constantemente con metáforas, es un planteo metafórico con la diferencia de la ciencia, evidentemente trabaja también niveles de experimentación que ratifican o rectifican esa hipótesis que se postula mediante metáforas pero creo que más que enfrentarlo, lo trato de complementar, de transformar.

 

–¿Esa visión de científico influye en tu quehacer poético?

Sí, sin duda. Tengo un libro que se llama Estado sólido [Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe-Visor, España, 1995] y en toda su escritura influyó directamente mi formación científica pero influyó porque también el libro plantea un poco una parodia de los discursos absolutos de tipo científico.

 

“Los viajes enriquecen cuando uno tiene los ojos del alma abiertos”

 

…piensa en el alma dura de las piedras

en las piedras: ellas sí que te hacen falta

con su firmeza, con su alegre peso

misteriosas y serias: en las piedras.

 

–¿Cómo ves la literatura uruguaya contemporánea?

Hace ya 15 o 16 años descubrí que no es tanto que me guste viajar, sino que necesito viajar interior y exteriormente.

La veo bien, heterogénea, contradictoria por momentos, coexisten varias generaciones. El Uruguay es un país en términos de edad, envejecido y en términos literarios coexisten la generación del 45, que anda por los ochentaitantos años, con Mario Benedetti, Idea Vilariño, Ida Vitalie, Amanda Berenguer, con gente del sesenta y con nuestra generación que empezó a publicar en los años ochenta-noventa y con un grupo de jóvenes que tratan de elaborar su proyecto a partir no sólo de una poesía vehículizada por libros o recitales tradicionales, sino integrándola en un proyecto performático.

 

Todo eso está existiendo en el Uruguay en este momento y me parece bueno que exista, se entablan diálogos y contradicciones que son sanas, no me refiero al parricidio ni a los combates por el poder cultural, que ese es otro problema. Me refiero a una diversidad de formas y contenidos.

 

Creo que es más problemático en narrativa, hay un poco más de desorientación en ese sentido; después de la salida de la dictadura hubo un momento de mucho entusiasmo, después un decaimiento y ahora, inicios del siglo XXI yo soy optimista con respecto a los jóvenes, es más, me nutro mucho de mis alumnos, tenemos una actitud de dialogicidad horizontal, no jerárquica.

 

–¿Admiras algún escritor(a) mexicano(a)?

A varios. Entre las figuras titulares por supuesto debemos mencionar a Juan Rulfo como narrador y como poeta, diría Jaime Sabines. El Carlos Fuentes de su primer tramo de la obra, Octavio Paz y Jaime Sabines. Ellos son los grandes autores, pero acá hay gente viva que yo quisiera nombrar aunque me voy a olvidar de otros muy queridos; David Toscana me parece uno de los más valiosos escritores contemporáneos, creador en la narrativa absolutamente auténtico en su proyecto, en otro orden en la cuentística pienso en Juan Villoro y claro uno se pone a nombrar y hay muchos poetas, tendría que ser una lista muy grande para entender esos matices.

 

Si el espejo se rompe no soy yo, no eres tú

no es nadie, es la fuerza

del recuerdo que se ahoga en el espejo, en el agua

seca del espejo, la fuerza sin fuerza…

 

–¿En el amor, Rafael Courtoisie, ensaya, narra, rima o se va por la prosa libre?

(Risas) No, trato de hacer poesía y de rimar. Hay una frase que parece una frase hecha pero que es absoluta: toda buena poesía es erótica, lo otro no es poesía. Entonces, de algún modo, en el erotismo que implica lo físico, lo metafísico y lo místico, hay un equilibrio, una capacidad de encontrarse con el otro fuera de uno, es decir, el amor tiene que ver con eso, uno deja de ser uno y el otro deja de ser el otro para hacer algo intermedio y eso me parece absolutamente mágico y creo que sí tiene que ver con el acto poético.

 

–¿A quién le recitarías al oído?

(Risas) A una sola persona, en este momento, a una sola persona.

 

–¿A dónde viaja Rafael?

Hace ya 15 o 16 años descubrí que no es tanto que me guste viajar, sino que necesito viajar interior y exteriormente. Al inicio de este año estuve en Nicaragua y quince días en Turquía; gracias a la poesía también estuve en Lismier, antigua Esmirna, donde dicen que murió Homero, si es que existió, es una ciudad bellísima; en Efeso, que en este momento está en territorio turco; en Estambul, donde pude soñar y conocer lo que es tocar el cielo con las manos por momentos.

 

Hace unos veinte días estuve en Sarajevo en un encuentro de poesía, un poco en respuesta a la violencia, algo parecido a lo que pasó en su momento en el Festival de Medellín. Bueno, ir a Sarajevo me conmovió muchísimo, me pareció que participar en un festival poético allí y a favor de los derechos humanos, de la no discriminación, es un acto que va más allá de las consignas fáciles. Los viajes enriquecen cuando uno tiene los ojos del alma abiertos, cuando uno lo que quiere es simplemente hacer turismo creo que es mejor quedarse en casa, cerrar los ojos y ver el mundo interior que uno tiene.

 

–¿Te gusta el mar?

Sí, me gusta mucho y tengo casi una dependencia física, soy una especie de drogadicto de mar. En mis meses, casi un año, en la Ciudad de México, había días que yo salía a caminar y buscaba el mar, sabiendo obviamente que no existe. Tengo una cierta dependencia, amo la Ciudad de México, pero creo yo no podría vivir ahí. Algo parecido me pasa en Madrid, yo puedo estar dos o tres semanas pero a la tercera empiezo a sentir la necesidad del mar, la necesidad de algo cambiante, de la masa líquida que te va de alguna manera alimentando con una energía secreta y por otro lado explicándote que la vida va y viene, como las olas.

 

–¿Le has escrito poemas al mar?

Sí, muchísimos y no sólo poemas, mis tres primeros libros de cuentos tienen el nombre del mar, es una trilogía: El mar interior, El mar de la tranquilidad, El mar rojo. De hecho la trilogía iba a seguir, tengo unos inéditos titulados El mar de o El mar tal porque entiendo que esa colección de cuentos es como el mar, es decir, por un lado de pronto hay textos muy tiernos, muy serenos, con esa quietud que de pronto tiene el mar en algunas estaciones y por otro, hay cuentos embravecidos, violentos como es el mar.

 

Luego el mar es una gran metáfora del origen, del líquido amniótico, del lugar donde sale la vida, así que para mí es una palabra mágica y ha influido en mi poesía aun cuando el mar no esté como la palabra mar.

 

–¿Qué te produce miedo?

Me da miedo la soledad, no de no estar con otro sino la soledad donde uno se enfrenta a algunos de sus vacíos. Me da miedo la muerte.

 

–¿Qué estás trabajando actualmente?

Acabo de publicar una novela que se llama Goma de mascar, en ella hay poesía a través de sus personajes, quienes hacen la poesía que ellos pueden hacer siendo malos, siendo mezquinos, algunos, siendo muy buenos otros. Además, estoy escribiendo una novela con un personaje que podía ser un político latinoamericano típico pero llevado casi a la caricatura.

 

Es una novela que responde al estilo de las últimas que he trabajado, muy rápida, con un ritmo diría cinematográfico sino fuera un lugar común; es un ritmo acelerado, de un vértigo que lo que trata de lograr es que el lector no pierda tiempo, no se detenga. Estoy escribiendo esa novela y tengo además, como siempre, la poesía que me alimenta.

 

Doy clases de literatura y de teoría literaria en la narratología; cuando uno enseña cómo hacer un guión de cine, está enseñando también cómo es una estructura narrativa en un medio semiótico, entonces, cuando enseño cómo hacer un guión, enseño narratología. Digamos que mis campos si son la teoría literaria, la narración y también la poesía, porque doy también talleres de escritura creativa, que me parece uno de los puntos fundamentales en muchas partes del mundo.

 

Los talleres de escritura creativa, enseñan sobre todo a leer, plantean una formación del lector, después de eso pueden venir grandes talentos, no todos tienen que ser grandes escritores pero me parece muy gratificante trabajar en talleres de escritura creativa.

 

…la luz que se apaga

el espejo quebrado y yo, mi inocencia

que te dice:

piensa que no soy tú, no me pienses.

 

 

* Fotos: María Auxilio / Osiris Aquino

*Entrevista publicada en dos partes en el diario El Heraldo de Chiapas, 14 y 15 de noviembre 2008

 

 

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SILUETA

Lugar de nacimiento: Montevideo, Uruguay.

Edad: 49 años

Número de hermanos: Tres

Estado civil: Separado pero casado porque sigo la teoría de William Faulkner, que decía que lo mejor de estar casado es que uno puede estar a diez mil kilómetros de su mujer y no tener la tentación de volverse a casar.

Número de hijos: Uno

Estudios: Químico con maestrías en Comunicación y en Lengua y Literatura.

Pasatiempos: Caminar, tareas manuales que tienen que ver con armar o desarmar ciertas maquinarias o ciertos ingenios e ir a exposiciones de arte.

Película: Quería nombrar una mexicana y una uruguaya, que son muy distintas. Sé que es polémica la mexicana por su estructura: Amores Perros, sobre todo por su estructura y la uruguaya Whisky que es una película que quiero mucho porque los realizadores, los directores, fueron mis alumnos durante cuatro años y el guión lo trabajamos durante dos años. Amores Perros también la nombro no porque la prefiera absolutamente sino porque es polémica, no es concesiva, a uno puede no gustarle pero nunca se queda indiferente. Y Whisky porque creo que representa un asunto muy rioplatense, una suerte de épica del fracaso que es muy no sólo del Uruguay sino de la Argentina.

Comida predilecta: Me gusta mucho la ensalada de lechuga, pero odio tener que lavar la lechuga, odio tener que prepararla; yo puedo preparar la barbacoa, el asado tipo uruguayo, eso me sale muy bien, en cambio la ensalada, que es algo que me encanta, me da mucha pereza lavarla, hay algo físico ahí… me encanta comerla pero no prepararla, en cambio el asado me gusta prepararlo y servirlo a los amigos, porque es un acto ritual.

Rituales: Tengo algunos aunque trato que no se trasformen en trastornos obsesivos compulsivos, trato que los rituales sean realmente una parte de un ceremonial personal. A veces los rituales se ahuecan, pierden sentido, trato que los rituales tengan significado.

 

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EN CORTO

Amor: Calidez.

Humor: Posibilidad de entendimiento.

Ironía: Defensa y ataque.

Erotismo: Profundidad.

Muerte: Misterio, noche.

Soledad: Misterio, noche.

Globalización: Desafío.

Internet: Una posibilidad.

Kafka: Una gran metáfora del mundo que vivimos.

Libro: Instrumento de realidad virtual que no tiene parangón aún en la tecnología contemporánea.

 

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