Nubes

En un mundo erizado de prisiones

sólo las nubes arden siempre libres.

 

No tienen amo, no obedecen órdenes,

inventan formas, las asumen todas.

 

Nadie sabe si vuelan o navegan,

si ante su luz el aire es mar o llama.

 

Tejidas de alas son flores del agua,

arrecifes de instantes, red de espuma.

 

Islas de niebla, flotan, se deslíen

y nos dejan hundidos en la Tierra.

 

Como son inmortales nunca oponen

fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

 

Las nubes duran porque se deshacen.

Su materia es la ausencia y dan la vida.

 

José Emilio Pacheco

 

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Fotos: Leticia Bárcenas González

“Me gustaría morir sólo por diez minutos”*

A Édgar, Laura, Ana Lilia, Marco Antonio, Guillermo, María Luisa y Servando

Hay muertes que te sorprenden porque le ocurre a gente conocida en determinado ámbito y por inesperadas, otras muertes duelen porque quien se va es alguien muy cercano y no importa la circunstancia, simplemente duele. Pero suceden otras en las que te afecta porque quien muere ha formado parte de tu vida aunque no la conozcas o la conoces de lejos o por otras personas o por su obra.

Ese es el caso de René Avilés Fabila, quien murió ayer domingo y a quien conocí porque era maestro en la universidad en la que estudié, aunque yo no tomé clases con él. Sin embargo, a través de un afecto muy cercano, conocí su obra literaria y también algo de su pensamiento político. Se puede estar o no de acuerdo con este último, pero no se puede negar su valor como escritor.

La novela “Tantadel” fue el primer acercamiento y la sufrí y disfrute página tras página. Quizá fue el hecho de que los protagonistas fueran jóvenes capitalinos, como yo en ese tiempo, lo que me atrapó, o simplemente la forma de narrar de Avilés Fabila, que me hizo entrar en la historia, recorrer las calles de la ciudad y sufrir con el narrador el miedo a los fantasmas de los amantes que tuvo o podría tener Tantadel.

Y después apareció Odette, la mujer protagonista de la novela “La canción de Odette”, con sus propios miedos: la vejez y la soledad. Por eso insiste en rodearse de gente joven y culta, a quienes les abre las puertas de su mansión cada noche, en las que no sólo se habla de arte, se consume alcohol y drogas, con lo que ella trata de evadir su realidad.

El tratamiento narrativo en ambos casos, me arrastró a ese mundo trágico, de desencuentros amorosos, de fracturas interiores, de miedos, pero en medio de ello conocí dos mujeres extraordinarias.

Y bueno, no voy a hacer crítica literaria o reseñas de todas sus obras, simplemente, escribo esto para recordar a un gran escritor y así, de alguna manera, abrazar a sus dolientes, a ese afecto que me hizo conocerlo y a otros tantos lectores que lamentan su repentina partida, esa que en un segundo, como dice el escritor Manuel Vicent, desvió el curso de una vida hacia un destino inesperado.

Gracias René Avilés Fabila, donde quiera que te encuentres, por tu irreverencia y humor al escribir y describir con un lenguaje coloquial, este mundo sórdido y a veces inhabitable, pero también amoroso.

Foto: Édgar Hernández Ramírez
Foto: Édgar Hernández Ramírez

Posdata: Tenemos que conocer el Museo del Escritor, que fundó en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

*Esta frase aparece en una declaración que hace sobre la presentación de su libro “Réquiem por un suicida”, citada en http://www.proceso.com.mx/458073/fallece-escritor-rene-aviles-fabila

La utilidad de la belleza

Lo útil de lo inútil 2

 

¿Qué es la belleza? ¿Para qué sirve? ¿Cómo la apreciamos? ¿Forma parte de nuestra vida? Estas cuestiones tan aparentemente simples, encuentran respuesta al leer el  manifiesto “La utilidad de lo inútil”, de Nuccio Ordine, a quien Benito Garrido entrevista para conocer algunos puntos claves del libro (www.culturamas.es).

En la charla, Nuccio Ordine advierte que en una sociedad contaminada por la lógica utilitarista, es más fácil poner en claro la importancia de un objeto que la importancia de un cuadro o un poema, aunque estos últimos estén ligados al espíritu. Cómo explicar para qué sirve un verso si no tiene una aplicación práctica como una cuchara o unos zapatos.

En la misma entrevista, el filósofo Ordine expresa que el deseo interior de disfrutar de la belleza es lo que nos convierte en otras personas y que, a veces, tenemos más necesidad de esas cosas llamadas inútiles que de las útiles.

También dice que Kant explica que la adhesión hacia lo bello es algo gratuito y desinteresado. Sin embargo, hace énfasis que en el proceso de deshumanización que estamos viviendo y que se fundamenta en la lógica del beneficio, ésta ha invadido aspectos de nuestra vida donde no tendría que haber llegado, como nuestros afectos.

Ya en su manifiesto, Nuccio Ordine escribe: “Es doloroso ver a hombres y mujeres empeñados en una insensata carrera hacia la tierra prometida del beneficio, en la que todo aquello que los rodea —la naturaleza, los objetos, los demás seres humanos— no despierta ningún interés. La mirada fija en el objetivo a alcanzar no permite ya entender la alegría de los pequeños gestos cotidianos ni descubrir la belleza que palpita en nuestras vidas: en una puesta de sol, un cielo estrellado, la ternura de un beso, la eclosión de una flor, el vuelo de una mariposa, la sonrisa de un niño”.

Al leerlo recapacité en lo certero y pertinente de su pensamiento, en las prisas cotidianas por llegar de un trabajo a otro porque el sueldo no alcanza para cubrir las necesidades básicas, el agotamiento, el estrés, las prisas, siempre las prisas; entonces recordé otro texto leído recientemente por invitación de una amiga, en el que el comunicólogo y gestor cultural Daniel Morales escribe sobre cumplir retos y cambiar la vida.

En él, Morales reflexiona sobre la tiranía de la vida moderna que no nos permite tener tiempo libre para muchas cosas y sugiere que el método de hacer algo diariamente por 30 días, nos impulsa no sólo analizar nuestro comportamiento sino descubrir que no es tan difícil cambiar, es cuestión de decidirse y experimentar.

Entre los retos que propone está el de tomar fotos. Y señala que al principio puede parecer fácil pero conforme pasan los días tendremos que sacar nuestra creatividad.

Hace días, casi a principios de mes, una amiga y ex compañera de universidad, nos invitó a varios amigos a descubrir que cada día tiene por lo menos un detalle sorprendente que las más de las veces no percibimos porque los problemas nos abruman; aceptamos el reto y desde ese día empezamos a tomar una foto si no diaria, sí con regularidad y compartirla en el grupo que hemos formado. No usamos cámaras sofisticadas ni lentes especiales o profesionales, sólo camarita del celular y nuestro ojo, nuestra sensibilidad, nuestra peculiar y personal forma de ver el mundo e interpretarlo. El objeto de nuestra foto es algo que nos guste pero también puede ser algo que nos sorprenda, que rompa con la cotidianidad.

Hoy, al leer la entrevista con Nuccio Ordine, coincido en que debemos buscar la forma de luchar para que no nos supere el homo economicus en que nos estamos convirtiendo, y que una forma simple es mirar a nuestro alrededor y capturar la belleza que nos rodea, alimentar nuestro espíritu y compartir esas nuevas sensaciones con esas cosas que algunos consideran inútiles, y que sin embargo, son el alimento de nuestra esencia como humanidad.

“Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espíritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad.”  La utilidad de lo inútil.  Nuccio Ordine.  Editorial Acantilado, 2013.

 

Túneles, toronjas y detalles en puertas que nos cuestionan...
Túneles, toronjas y detalles en puertas que nos cuestionan…

 

Paisajes, pingûinos y hasta la muerte...
Paisajes, pingûinos y hasta la muerte…

 

Esculturas, texturas y colores sorprenden al mirar...
Esculturas, texturas y colores sorprenden al mirar…

 

Calles, formas geométricas y hasta un hombre bomba en bicicleta...
Calles, formas geométricas y hasta un hombre bomba en bicicleta…

 

Líneas, luces, movimiento y quietud...
Líneas, luces, movimiento y quietud…

 

Árboles con o sin hojas, carretas del pasado y casas que miran somnolientas...
Árboles con o sin hojas, carretas del pasado y casas que miran somnolientas…

 

Sólo hemos venido a soñar

Escrito por Leticia Bárcenas González

Altar 6 /Foto: Alcides Díaz S.
Altar 6 /Foto: Alcides Díaz S.

México es un país rico en mitos, tradiciones y rituales; lleno de magia, leyendas y creencias que nos muestran una visión de la vida flexible y rica, ya que tratamos de vivir justificando cada momento, explicando cada movimiento, la lluvia, el sol… la muerte.

En el México prehispánico la muerte no era el fin de la vida, sino el camino hacia otro mundo. Según esta visión, a cada fallecimiento le correspondía un determinado lugar:

Chichihuacuauhco
Lugar del árbol nodriza, al que llegaban los niños que morían en edad lactante. El árbol se encargaría de seguir alimentándolos mientras descendían de nuevo a la tierra.

Tlaloccan
Lugar del agua o de Tláloc. Aquí llegaban los tlaloques, personas que morían ahogadas o quemadas por un rayo. A estos seres se les relacionaba directamente con la regeneración de la vida.

llhuicatl Tonatiuh
Lugar del Sol, al que llegaban los guerreros que morían en combate. Ellos acompañarían a Tonatiuh (el Sol) en su recorrido nocturno y combatirían junto a él toda la noche para que pudiera salir victorioso al amanecer, momento en que lo escoltarían las mujeres que murieron al dar a luz.

Mictlan
Lugar de la quietud o el eterno descanso, donde se encuentran todos los que mueren en forma natural. Para llegar a él había que atravesar varios sitios llamados inframundos en los que se enfrentaban situaciones de peligro. Los antiguos mexicanos no tenían la concepción de cielo ni infierno.

Apanoayan: lugar donde está el río.

Tepemehmonamictia: inframundo en el que se encuentran dos cerros tan juntos que no permiten el paso de materia alguna; aquí se iniciaba la desintegración corpórea.

Itztepetl: aquí se encontraba un cerro «erizado» de pedernales.

Cehuecayan: lugar de la nieve.

Itzehecayan: inframundo sumamente frío, donde el viento corta como navaja.

Teocoylehualoyan: aquí se enfrentaban a un tigre que les podía comer el corazón.

Apanhuiayo: lugar de agua negra, habitado por una lagartija llamada xochitonal.

Chíconauhapan: inframundo en el que se debían cruzar nueve ríos.

Al igual que en la cultura egipcia, los aztecas sepultaban a los muertos con algunos objetos de cerámica como vasijas, máscaras y figuras que los representaban, además de su ropa y enseres de trabajo para que en la otra vida pudieran desempeñar el oficio que realizaban en la tierra.

Asimismo, acostumbraban adornar respetuosamente las tumbas de sus difuntos, y las celebraciones se llevaban a cabo en fechas diferentes a las de hoy.

Altar 8/Foto: Alcides Días S.
Altar 8/Foto: Alcides Días S.

A los niños se les recordaba en la novena veintena o micailhuitontli, época de flores también llamada tiaxochimaco (aproximadamente del 8 al 28 de agosto); a los adultos en la décima veintena o micailhuic, época en que caen los frutos, conocida como tlaxochimaco (aproximadamente del 7 al 26 de septiembre).

Tal vez de ahí, la tradición de los altares alegremente vestidos con la flor cempasúchil (cempo-veinte, xochitl-flor) y ricamente ataviados con frutos de la temporada, más aún, con los alimentos predilectos de sus difuntos.

En la época de la Colonia, junto con el cristianismo, se introdujo la idea dualista del bien y el mal representados con un cielo y un infierno, así, la muerte se simboliza con un esqueleto portando una guadaña y un reloj de arena.

No obstante, esta visión fue cambiando a tal grado, que a fines del siglo XIX el mexicano José Guadalupe Posada le dio un toque plenamente lleno de humorismo. Es en ese periodo que también se inicia la publicación de los versos llamados calaveras, cuya función era ridiculizar a los personajes públicos y a la burguesía; actualmente se regalan para resaltar no sólo defectos sino cualidades y actitudes de los amigos.

Aunque parezca que todo es irreverente, los mexicanos respetamos y tememos a la muerte, hecho que se manifiesta en el culto de día de muertos.

Con la llegada de los españoles en lugar de perderse la costumbre de adornar las tumbas, se enriqueció con nuevos elementos hasta convertirse poco a poco, en artísticos altares bellamente ataviados con flores, frutos, guisos mexicanos, velas y copal. Los primeros fueron elaborados por los mismos indígenas en los atrios de las iglesias.

Altar 1/Foto: Alcides Díaz S.
Altar 1/Foto: Alcides Díaz S.

Actualmente, en la mayoría de las comunidades mexicanas se acostumbra realizar altares en los que se coloca la ofrenda. Ésta consiste en velas, agua, flores, papel picado, guisos, sal, bebidas, fruta, pan y las clásicas calaveritas de azúcar, chocolate o amaranto, las cuales llevan el nombre de los difuntos y de los vivos que se las comerán. Sin embargo, al hablar de estos altares no debemos olvidar el sincretismo que en ellos se ve representado, pudiendo interpretar de la siguiente manera los elementos que los constituyen:

Frutas, pan y guisos: representan la tierra y lo mejor de sus jugos. Simbolizan además, la alianza de vivos y muertos, más específicamente el pan, cuya levadura representa a Cristo.

Flores: embellecen y alegran el altar tanto como los cantos, ya que el día de muertos es un reencuentro con los seres queridos ausentes y no un día de dolor. En algunos lugares acostumbran hacer caminos con los pétalos de la flor cempasúchil para guiar a las almas hasta el altar.

La sal: ayuda a mantener el cuerpo para el viaje de ida y vuelta. Es también un elemento de purificación.

Agua, atole y chocolate: simbolizan el agua, fuente de vida y en la visión cristiana reflejo de la purificación. El agua pura es también símbolo del bautismo, medio por el que se inicia el camino a la vida cristiana. En cuanto a los alimentos y bebidas se tiene la idea de que el espíritu de los difuntos regresa para saborear sus platillos predilectos, absorbiéndoles la esencia.

Velas y veladoras: representan el fuego, el calor y actualmente la luz y la fe en Cristo; se cree que con ellas se alumbrará el camino que recorre el espíritu de los muertos desde el más allá, por ello es importante que cada alma tenga su propia vela. Siempre debe haber cuatro formando una cruz para orientar a las ánimas, ya que así representan los cuatro puntos cardinales.

Copal e inciensos: simbolizan las oraciones y alabanzas a Dios, pero también sirven para ahuyentar a los malos espíritus.

La campana: representa al viento. En algunas comunidades indígenas todavía se simboliza a la usanza náhuatl, con flautas y caracoles. En otras es más fuerte la influencia cristiana y se emplean esferas, que representan el ciclo cumplido, sin principio ni fin, siendo así, el camino que se recorre para llegar a Dios, dador de vida, esperanza y amor, según la visión católica.

De esta manera quedan representados los cuatro elementos de la naturaleza, incorporándoles un significado cristiano. No obstante, también existen otros componentes de nuestra ofrenda a los muertos:

Calaveritas de dulce que nos «pelan los dientes» para recordarnos lo efímero de la vida y nuestra próxima imagen; papel picado, representación de nuestro trabajo y creatividad; cruces hechas con caña que son como las “canillas” de los muertos que regresan a convivir con los vivos; imágenes de santos, fotografías, incluso algún juguetito que perteneció al niño difunto o el cigarrito y la botellita del abuelo, el esposo o el hermano.

Actualmente a los niños difuntos se les festeja el primero de noviembre y a los adultos el día dos. En algunas comunidades se acostumbra ir al camposanto y permanecer con sus difuntos mientras duran los festejos llevando comida e incluso música. En otras, el día dos llevan las flores al panteón y la comida que se puso en el altar se reparte entre los amigos y familiares.

Los niños acostumbran pedir de casa en casa parte de esta ofrenda llamándole «calaverita» o “calabacita” por lo general, acompañados de una calabaza o caja con una vela dentro y alegres dichos, como los chiapanecos:

Altar 2/ Foto: Alcides Díaz S.
Altar 2/ Foto: Alcides Díaz S.

 

 

 

 

 

«Ángeles somos
del cielo bajamos
pidiendo limosna
para que comamos»

“¿Qué dejó el almita, tía?
– ¡Qué viva la tía¡ (al recibir la ofrenda)
– ¡Qué muera la tía! (al recibir negativa)»

 

 

 

 

Por su parte, los adultos también piden su “calaverita” u “ofrenda”. En Mixquic, Distrito Federal, aproximadamente a las siete de la noche del día dos recorren las calles en pequeños grupos, tocando una campanita; al llegar a una casa piden permiso para entrar a rezar a las ánimas benditas, si la respuesta es afirmativa, entran y rezan frente al altar, al terminar sus oraciones dicen: “A las ánimas benditas le prendemos sus velitas, ¡campanero, mi tamal!”; al recibir la ofrenda tocan nuevamente la campanita.

En muchos barrios de Tláhuac, DF, desde la víspera del día primero de noviembre, las calles están iluminadas con veladoras, ya que cada familia coloca por lo menos una en su puerta, con el fin de que las ánimas no se extravíen y lleguen a tiempo para disfrutar sus alimentos.

Así, podemos seguir describiendo cómo se “festeja” la visita de los difuntos en cada rincón de México, pero este espacio es insuficiente. Los invitamos a no dejar morir esta bella tradición, pero sobre todo, a explicarles a las nuevas generaciones que ello forma parte de nuestras raíces como mexicanos y como decían los antiguos mexicanos:

Altar 3/Foto: Alcides Díaz S.
Altar 3/Foto: Alcides Díaz S.

 

 

«…sólo hemos venido a levantarnos como de un sueño,
sólo hemos venido a soñar,
no es verdad que venimos a vivir sobre la tierra.
Cada primavera en nuestro ser refresca,
y reverdece en nuestro corazón como una flor en nuestra carne,
algunas florecen y después se marchitan…”
«…¿acaso en verdad se vive sobre la tierra?
No para siempre en la tierra:
sólo un momento aquí;
aunque sea de jade se hace astilla,
también el oro se rompe…»

De la vida real

Zapatillas Estrella / Foto: Galatea Xalli
Zapatillas Estrella / Foto: Galatea Xalli

No pongas mi nombre, escribe que me llamo Estrella. Yo empecé en este oficio a los 19 años y como muchas, por falta de dinero. Soy salvadoreña, me vine de mi país con la idea de llegar a los Estados Unidos, como me robaron mi dinero busqué trabajo aquí en México, pero en todos lados es lo mismo, sólo buscan aprovecharse de ti, de tu cuerpo. Una vez conocí a una señora que me dijo: Mira muchacha, eres joven y si te vas a acostar con cualquier pendejo, nomás porque te deje dormir o te de una tortilla, estás desperdiciando tu juventud, cóbrales, tal vez pa’ irte a los ‘yuneis’. Y ella me conectó con otras dos muchachas que ya trabajaban en esto.

Es duro, muchos creen que nos la pasamos muy bien porque nos ven tomar y reír pero no saben que tenemos que tomar para soportar a los clientes, yo creo que uno nunca se acostumbra a esto. Además, hay gente muy maldita y muy loca, una vez me tocó un cliente que quería oler mis calzones mientras estaba conmigo, y otro que me agarró a madrazos, que porque me parecía a su hermana, pero por lo menos lo estoy contando. Una vez conocí nomás de vista, a una muchacha como de veintidós años que le decían la Güera, estaba bonita… la encontraron muerta en las afueras de la ciudad, seguro que la mató un cliente porque le dejaron dinero dentro de su pantaleta”.

Mira cuando eres joven y bonita puedes cobrar hasta 200 pesos, bueno las que trabajamos en la Zona, dicen que las trabajan en la ciudad en esos centros dizque de masajes cobran hasta mil pesos… cuando tienes más de treinta años o haz tenido hijos o simplemente tu cuerpo ya no les gusta, no nos queda más que pedir de 30 a 50 pesos, aunque algunos borrachos terminan dándonos 25.

Por fin me convencí que nunca iré a los Estados Unidos, pero a mi familia le digo, cuando le llego a escribir que estoy bien en México, pero que no los puedo traer porque vivo con unas amigas y el cuarto es muy pequeño.

¿El amor? yo ya no creo en esas cosas, cuando una trabaja en esto, ya nadie te quiere, tal vez algún cliente que se siente muy sólo te propone matrimonio cuando está borracho, pero en su juicio ninguno.

Ja ja ja ja, ¿Erotismo? ¿qué es eso? Aquí no se andan con pendejadas, a lo que vienen, vienen.

¿Arrecho? Aquí dicen que son los hombres como… muy locos, calientes, que andan con una y con otra. ¿Las mujeres? claro, nomás que a esas les llaman putas.

Ciencia y Literatura. Entrevista con el doctor Luis Javier Plata Rosas

La ciencia siempre se ha mitificado como algo difícil y a quienes se dedican a ella se les cataloga como genios, pero también se les ha creado una fama de despistados e inadaptados sociales, gente rarita. Para romper el mito, el recientemente galardonado con el Premio Estatal de Ciencia de Jalisco 2014 -en la categoría de Divulgación-, Luis Javier Plata Rosas, conversa con Desmesuradas.

 

Texto: Leticia Bárcenas González

Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Luis Javier Plata Rosas, es doctor en Oceanografía Costera por la Universidad Autónoma de Baja California, profesor-investigador en la Universidad de Guadalajara y divulgador de la ciencia. Escribe textos para niños y también para los no tan niños. Es más, utiliza personajes como los Simpson, los Pitufos, Madonna o MacGyver para explicar fenómenos científicos.

¿Qué significa para ti recibir este premio?

Estoy muy contento porque es gracias a la gran libertad y el apoyo que la Universidad de Guadalajara nos da para hacer lo que más nos gusta, que en mi caso es la comunicación de la ciencia, que he tenido la oportunidad no sólo de publicar en diferentes revistas, sino también de participar en programas como Domingos en la Ciencia, de la Academia Mexicana de Ciencias, visitando diferentes ciudades del país y platicando sobre ciencia a niños, jóvenes y adultos. El reconocimiento es también, entonces, tanto para mi universidad como para todos los editores de revistas y libros de divulgación que me han invitado o apoyado publicando lo que escribo, así como para la Somedicyt, que en más de una ocasión me ha ayudado para asistir a los congresos nacionales de divulgación.

Dr. Filonov, Dr. Plata Rosas y Mtro. Bravo Padilla, rector de la UDG.
Dr. Filonov, Dr. Plata Rosas y Mtro. Bravo Padilla, rector de la UDG.

A la fecha has publicado más de 500 artículos de divulgación científica. ¿Alguna vez te imaginaste como un divulgador de la ciencia?

Creo que sí, porque desde muy pequeño me encantaba leer a autores como Carl Sagan e Isaac Asimov, aunque no creí que se convertiría en mi principal actividad ya de adulto.

¿Cómo se te ocurrió escribir para niños?

Creo que fue por mis dos hijos, que son pequeños aún. Al primero de ellos siempre le han gustado los libros, creo que por el sesgo nuestro (su esposa también es científica), y yo pensaba: mm, si me espero a que cumplan veintitantos años para que lea algún artículo de investigación, pasará mucho tiempo. Entonces surgió la idea de escribir un libro de cuentos que él pudiera leer y luego mi otro hijo, así, escribí un texto que se llama “La mareante tarea de Marti y Mako”, de dos tiburones; ese cuento se publicó y trae calcomanías, desde que se lo di empezó a pegarlas y después su hermanito, lo mismo. Algunas noches me dicen que les lea algo de lo que escribo y eso es muy satisfactorio. Fue gracias a los cuentos de hadas que les leía por las noches, antes de dormirse, que se me ocurrió escribir “El teorema del Patito Feo”, libro en el que relaciono diferentes ciencias con historias como la de Ricitos de Oro.

¿Por qué es importante que los niños sepan sobre ciencia?

Porque eso puede motivar no sólo a que se dediquen a la ciencia sino que sea parte de su cultura. Esta cuestión de hablar sobre ciencia no es solamente para formar gente en el área científica sino porque es parte de nuestra cultura, porque es algo que se puede disfrutar. Si un niño crece sabiendo más sobre ciencia, sobre los métodos que se usan en las cuestiones científicas, es un amor que se le va a quedar toda su vida, es algo que va a utilizar muy seguido, debe ser parte de su cultura.

2 mitos del siglo xxi

“Mariposas en el cerebro”, «El teorema del Patito Feo» y «Mitos del siglo XXI: Charlatanes, gurús y pseudociencia», son algunos de sus libros en los que recurre a personajes de la literatura infantil para explicar fenómenos científicos.

¿Por qué usar personajes como los Simpson, Barbie o Kitty para hablar de ciencia en textos que no son para niños?

Por esta cuestión de que cuando escribes un texto científico ya tienes a tu lector cautivo, quien te va a leer es porque te tiene que leer, tiene que saber más de lo que se está haciendo sobre el tema; cuando estás haciendo divulgación es más una labor de convencimiento, de seducción, de decirle a un lector que de principio podría no estar interesado en lo que tú estás haciendo: mira, por qué no echas un vistazo, quizá pueda interesarte esto, quizá pueda gustarte esto. Y utilizar personajes que son parte de la cultura popular, puede ser atractivo.

En la revista Quo, su editor Iván Carrillo, me propuso escribir una columna en una sección que se llama Ciencia pop, con la intención de tomar elementos de la cultura popular y ver qué de ello se ha hecho en ciencia, mostrar la intersección entre estos dos parámetros, aquí la gran ventaja es que ya de entrada al lector le es familiar el personaje, entonces si alguien dice yo no quiero saber nada de estadística pero le comentas que en los Simpson se ha hecho uso de datos estadísticos en tal o cual capítulo, entonces ya le llama la atención y dice sí, es cierto. Por ejemplo cuando Lisa le enseña a Bart a jugar golfito y lo hace con las reglas de la física y con geometría, entonces Bart se sorprende y dice: Lisa, finalmente encontraste un uso a las matemáticas. (Risas). Les atrae.

¿Qué géneros literarios son los más favorables para divulgar ciencia a los niños?

Me gusta mucho contarles historias y creo que a todos nos gusta escuchar historias, a los niños muchísimo más; en cuanto empiezas un cuento ellos escuchan, no catalogan: ah, es de divulgación científica. Si tu empiezas diciendo esta es la historia de un patito que etcétera, etcétera, ellos comienzan a escuchar qué le pasó al patito. Los cuentos, entonces, son una muy buena manera.

Full page photoDesmesuradas conoce a muchos niños que les gusta el género del terror, ¿también con la ciencia se puede dar miedo?

Pienso que sí. Escribí algunos cuentos, uno con un poquito de terror que se llama “El complot vacuno”, es sobre unas vacas que decidieron exterminar a la humanidad a través de la emisión de metano con sus eructos y demás (risas). ¡No sé qué tanto miedo habrá dado imaginarlo! (Más risas).

De niño, ¿qué leías?

Aunque mis padres leían diariamente el periódico, tenían muy pocos libros en casa. En esa época, en la que Internet era inimaginable, creo que la gran mayoría de los padres consideraba indispensable para la educación de sus hijos el contar con un diccionario y una enciclopedia, así que en mi casa había las dos: guardadas en sus cajas de cartón originales para que las usara, según me decían, “más grande, cuando lo necesitara”. Como eso me parecía demasiado tiempo, cuando era muy pequeño arrastraba las cajas y sacaba los libros a escondidas –tenía prohibido maltratarlos-. Y así leí tomos completos de la enciclopedia, porque era lo que había. Poco a poco, cuando mi madre vio que me gustaba mucho leer, empezó a comprarme muchos de los libros que veía en las librerías.

Luis Javier, ¿cómo fuiste a dar al fondo del océano?

Siempre quise estudiar algo que tuviera que ver con la ciencia, y mi primer interés fue la biología, pero en preparatoria en una ocasión asistí a una plática sobre la licenciatura en oceanografía, impartida por quienes en ese entonces eran estudiantes de esa carrera, y me encantó que, en el plan de estudios, había muchas matemáticas, mucha física, mucha química y mucha geología, además de biología: en resumen, en mi opinión era la carrera perfecta.

¿Dónde te sientes más cómodo, en el océano o frente a tu computadora?

Hay una escena en Jurassic Park II en la que el paleontólogo explica (cito de memoria) que hay niños que quieren ser astronautas y otros que quieren ser astrónomos: unos no dudan en subirse a un cohete para explorar y otros prefieren hacerlo desde un extremo de un telescopio. Pertenezco a estos últimos. (Risas).

Full page photo¿Y qué tal dibujas? ¿Has hecho algún cómic?

¡No!, ¡eso me encantaría! Si supiera dibujar mejor eso ya lo hubiera hecho, es una de mis inquietudes y desde hace mucho tiempo he estado buscando a alguien que pudiera ayudarme. De hecho ya hasta tengo el nombre: “Infrarrojo y Ultravioleta, la banda del espectro”, pero no he tenido la oportunidad de encontrar alguien que me ayude con la cuestión del dibujo.

¿Cuál es el personaje favorito de Javier Plata Rosas?

Bueno, de los cómics que leo me gusta mucho Batman, es mi superhéroe favorito. En caricaturas, los pingüinos de Madagascar, Phineas y Ferb y Hora de Aventura.

Desmesuradas  se pregunta si se podría vivir sin las matemáticas, ¿qué opinas?

¡No! No, no, no. Imposible. Y el ser una persona anumérica, un analfabeta numérico, te trae consecuencias muy graves, aunque sea tienes que saber contar. Entonces, no, ¡no se puede!

¿Qué sugieres para contrarrestar este analfabetismo numérico que mencionas?

Un buen principio sería evitar transmitirles esa sensación de rechazo o esa actitud, que en ocasiones se aproxima bastante al pánico, al hablar con los niños no sólo sobre matemáticas, sino también sobre ciencia, como si se tratara de algo aburrido, serio, ajeno por completo a nuestra vida cotidiana.

En una entrevista comentaste que hay ecuaciones que son bellas estéticamente, muero de curiosidad, ¿puedes darnos un ejemplo?

Mi ecuación matemática favorita es:  1 + exp(π i) = 0. Tiene al cero, al número entero 1, al número irracional π y al número imaginario i y un exponencial que, mediante la fórmula de Euler, es igual a la relación compleja, con una parte real y otra imaginaria, cos(π) + isen(π); con todos estos números y funciones se han escrito libros enteros sobre sus propiedades y aplicaciones.

Como me he quedado sin palabras (risas), mejor pregunto al oceanólogo si se puede vivir de divulgar ciencia, a lo que sin titubear responde que es muy, muy, pero muy difícil vivir sólo de divulgar ciencia, ya que en México falta mucha cultura científica, habla por ejemplo de cuando estuvo como entrevistador en un programa de radio en Puerto Vallarta, Jalisco y charló con los entonces candidatos políticos: “Había candidatos con los que hablabas de ecología y no se ubicaban por más que tratabas de explicar a qué te estabas refiriendo, te decían, bueno ¿me lo explica de nuevo? Incluso uno de ellos llevaba dos o tres asesores que eran los que sabían del tema pero sin ellos no podía platicar, es preocupante, porque además entienden ecología como sembrar arbolitos y de ahí no pasan, es muy complicado”.

Y como estamos en tiempos de campaña, mejor cuéntanos sobre tus proyectos a corto, mediano y largo plazo:

A corto plazo, acabo de escribir un libro sobre monstruos y ciencias que, posiblemente, se titule “Ciencia monstruosa” y que espero publicar pronto.

A mediano plazo, estoy escribiendo otro libro cuya mayor satisfacción, aunque ni siquiera lo he terminado, es que uno de mis hijos me dijera: “Ese libro sí lo voy a leer, porque parece interesante”.

A largo plazo, como te dije en una de las respuestas, quisiera escribir una serie de aventuras científicas en el formato de un cómic, que aparecieran con cierta periodicidad. Algo al estilo de “Infrarrojo y Ultravioleta contra la Banda del Espectro”.

5 mitos Ciencia

Luis Javier Plata Rosas (México, D.F., 1973) es doctor en Oceanografía Costera por la Universidad Autónoma de Baja California y profesor de la Universidad de Guadalajara. Socio titular de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica. Ha escrito más de quinientos artículos de divulgación. Su libro “El teorema del Patito Feo” recibió una mención especial en el Primer Concurso de Divulgación “Ciencia que Ladra-La Nación” en Buenos Aires, Argentina. En diciembre de 2014 recibió el Premio Estatal de Ciencia de Jalisco en la categoría de Divulgación.

Entrevista publicada en El Heraldo de Chiapas. 27 de abril del 2015.

La mirada de un arquitecto

Al llegar a Palenque, Chiapas, recordé lo que escribió hace unos días Alberto Ruy Sánchez acerca de mirar con nuevos ojos el paisaje; él hacía referencia a una novela de Marcel Proust en la que el viaje es similar al amor y señalaba que nunca será lo mismo entrar a una población por un camino u otro, llegar a través de un transporte u otro. Creo que es lo mismo respecto al motivo que te hace llegar a ese lugar y no a otro.

Texto y Fotos: Leticia Bárcenas González

Hace años visité Palenque en un viaje que, entre otras cosas, serviría para conocer la zona arqueológica y estar un poco más en contacto con la naturaleza, me acompañaban mis hijos y la ciudad apenas la visitamos, sólo recordaba su mercado. En esta ocasión fui a realizar trámites burocráticos.

Lo primero que me sorprendió al caminar fue su panteón, no sólo porque su barda está ilustrada por representaciones de las deidades mayas, sino por su ubicación a un lado del hospital. Esa cercanía hacia el lugar en el que se supone se procura la salud, además de luchar por la vida en muchas ocasiones, me hizo recordar que en la cosmogonía maya sus dioses eran superiores a los hombres pero no perfectos, por lo que eran capaces de nacer y deberían ser alimentados para no morir.

Con este pensamiento seguí mi camino, al llegar al centro, las oficinas de gobierno aún estaban cerradas, era temprano, antes de las ocho de la mañana; sin embargo, la iglesia católica dedicada a Santo Domingo, ya tenía su puertas abiertas. Decidí entrar y nuevamente la sorpresa se reflejó en mi rostro.

Tenía la idea de que en los templos la presencia mayoritaria se debía a las mujeres, sobre todo, de la tercera edad. En este viaje descubrí que no es así, por lo menos en Palenque. Al entrar vi a un hombre sentado en una banca del lado izquierdo del altar, del lado derecho había otro hombre orando hincado. Y frente al altar estaban dos hombres, que supongo eran padre e hijo, orando en voz alta y pidiendo bendiciones para su familia y la comunidad. Antes de que ellos se retiraran entraron otros dos hombres, uno se sentó en una banca, el otro se paró frente a la imagen de San Judas Tadeo.

Al salir había dos jóvenes sentados en las bancas de metal que anteceden la puerta. Más allá estaba otro joven barriendo el patio y una familia acomodando cruces de palma en una banca.

Salí del lugar y caminé a las oficinas gubernamentales donde realicé un trámite.

Posteriormente, decidí visitar la zona arqueológica y tomar un poco de energía antes de regresar a Tuxtla Gutiérrez. Recordaba el lugar de otra manera, quizá mi visión era más romántica que esta ocasión:

Si aprendemos a darnos cuenta de la sutil diferencia comprobaremos que un primer beso en una mejilla nunca será igual que uno en la otra ni conducirá a lo mismo: Alberto Ruy Sánchez

 

Y ahí estaba, dispuesta a mirar con nuevos ojos las mismas pero nuevas construcciones, los viejos pero nuevos árboles, y las personas… las nuevas personas y sus voces de antes y de hoy.

La vida, los dioses mayas o mi nueva mirada, me dio la oportunidad no sólo de mirar-ver, sino de caminar al lado de un grupo de personas de diversas profesiones, de diversas ciudades, de diversas edades pero con un el mismo amor a su país, a su historia y a su patrimonio.

Este grupo visita entre 6 o 7 lugares de México al año para mirarlos con nuevos ojos y reconocerse en su pasado, para de esa forma apropiarse de ellos y después compartirlos, ya sea a través de su quehacer cotidiano o de su trabajo profesional, porque hay restauradores, historiadores, amas de casa, abogados, entre otros.

Del grupo destaca un hombre que habla no sólo con pasión sino con conocimiento sobre lo que su mirada ve con nuevos ojos, se trata del doctor en Arquitectura, Jaime Antonio Abundis Canales, especialista carmelita, quien ha publicado dos volúmenes sobre “La huella carmelita en San Ángel” y quien lo mismo da un seminario de maestría sobre arquitectura colonial, que participa en visitas guiadas como la de Palenque, en donde nos enseña, a quienes nos acercamos a él, a mirar de otra forma lo que nuestros antepasados han construido y nos han legado. Él explica por qué lo hace:

 

Rumor de mar

Este dolor que habito,

es rabia contenida

de una piedra,

el asir de manos

que atrapan el vacío,

noche poblada de silencios,

cloaca de olvido,

cáncer en la memoria.

 

Tu no decir

me ensordece,

y las palabras, como nubes,

me abandonan.

 

Otras voces reemplazarán la ausencia.

Algo he de hacer para sobrevivir

en este reino de silencios:

seguir

el rumor del mar

que me espera con un ancla

o el castigo de amanecer

en otros brazos.

Y después, sin decir adiós,

convertirme

en

otra

ausencia.

Foto: Eduardo Gleason Berumen
Foto: Eduardo Gleason Berumen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rumor de mar / Leticia Bárcenas González (Distrito Federal, México. 1966)

La poesía ocupa la ciudad

Habitar la ciudad a veces es cansado, produce desesperanza, agobio.

Caminar sus calles puede ser un acto temerario, no sólo por sortear baches, banquetas que van contra toda lógica por su inclinación o su reducido espacio, o por soportar los montones de basura, mangueras y tubos que quedaron después del ensalzado “Que Viva el Centro”, que cual huracán destrozó banquetas y hasta botes para basura desapareció.

Y qué decir del tráfico, las calles cerradas, el ruido ensordecedor, la publicidad desbordante en paredes y postes

Sin embargo, también sucede que puede haber maravillas esperándote, como amaneceres nublados, la felicidad de unos novios al salir de la catedral tras darse el añorado sí, la magia de una danza de luz y sombras, animales fantásticos, la lluvia contenida esperando el momento idóneo para acariciar las huellas de tus pasos, unos zapatos viejos indicando a media banqueta que es posible cambiar de ruta y romper la rutina o la poesía a tus pies…

Sí, como lo lees, la poesía está a tus pies…

Fiesta Grande en Chiapa de Corzo

Visitar Chiapa de Corzo en enero y ver a los parachicos y a las chiapanecas, ya sea saliendo de la iglesia o caminando por sus calles, es un deleite visual: colores, texturas, diseños. Pero el placer puede ser mayor si ponemos a tención a los olores, sobre todo en las casas donde se han realizado los altares en honor a los santos venerados y se puede percibir el olor de las piñas, las papayas, los guineos, confundido con el estoraque y el olor de la pólvora de los cuetes.

Y qué decir de los sonidos, el chinchin de los parachicos, la marimba, la banda y el rumor de la gente que espera fuera de la iglesia, que camina tras la procesión de los parachicos o que simplemente espera verlos pasar mientras disfruta unos deliciosos jocotes curtidos o unas jugosas naranjas con chile.

 

 

 

En el municipio de Chiapa de Corzo, Chiapas, cada año se realiza la Fiesta Grande o «Fiesta de los parachicos”, como la nombró la UNESCO en 2010, cuando la declara patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

La tradicional feria inicia el 8 de enero y concluye el 23 del mismo mes, en ella se venera a San Antonio Abad, San Sebastián Mártir y el Señor de Esquipulas (o de los Milagros).

El 15 de enero, le corresponde al Señor de Esquipulas; el 17 a San Antonio Abad (Sananton); el día 18 se le rinde homenaje póstumo en el panteón municipal a los patrones de los «parachicos» fallecidos. El 20 de enero se honra a de San Sebastián Mártir.

Al día siguiente, el 21, se realiza el Combate Naval en el río Grijalva, que consiste en un espectáculo de fuegos artificiales con el que se rememoran las batallas de conquista y de pacificación, sostenidas entre los españoles e indígenas chiapanecas.

El 22 de enero es el desfile de carros alegóricos, acompañados de «parachicos» y chuntáes, quienes al ritmo de pito y tambor, van bailando y repartiendo dulces.

Y, finalmente, el 23 de enero desfilan los «parachicos» para despedirse y prometer, en el templo de Santo Domingo de Guzmán, que regresarán el siguiente año.

Pero, ¿Quiénes son los parachicos?

Cuenta la tradición oral que a mediados del siglo XVIII llegó al pueblo de Chiapa de la Real, una dama española, guapa, rica y muy católica, llamada María de Angulo, quien buscaba a un curandero indígena para que aliviara a su pequeño hijo de una extraña enfermedad.

Según la leyenda, el curandero llevó al niño a las curativas aguas del Cumbujuyú, y lo sanó de sus males. Poco tiempo después hubo en el pueblo de Chiapa una hambruna por falta de lluvias y por la aparición de una plaga de langostas. Al saber lo que ocurría, doña María de Angulo quiso ayudar a la gente del pueblo como una forma de agradecer que hubieran sanado a su hijo, así que vino con sus sirvientes y grandes despensas, que se repartieron de casa en casa.

Por las tardes, después de entregar las despensas, las y los criados de doña Angulo bailaban y danzaban para diversión de los niños, o sea de los chicos, se cree que ese es el origen de la palabra «parachico».

Cuentan, que para recordar este hecho, los indios chiapanecas empezaron a imitar a los españoles y a las sirvientas de doña María de Angulo, disfrazándose de parachicos y de chuntáes (palabra de origen chiapaneca que significa criada).

 

Fotografías: Édgar Hernández Ramírez