El 8M en Tuxtla Gutiérrez

Es de tarde, Florencia sube a la combi y se encuentra con la mirada de una chica, quien viste playera morada, pantalón negro y paliacate verde al cuello; ambas sonríen cómplices, se dirigen al mismo lugar.

La joven se baja antes, pasará por otras compañeras.

Texto y fotos: Leticia Bárcenas González

Florencia llega al Parque de la Juventud. Se sorprende de ver tantas mujeres, a diferencia de otros años que habían llegado pocas; la mayoría son jóvenes, en grupos o solas, pero todas esperando la indicación de formar el contingente para iniciar la marcha del #8M, Día Internacional de la Mujer, en Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, México.

Aún con diferencias teóricas, incluso de organización, todas dispuestas a visibilizar su hartazgo del machismo sistémico y la violencia que se ejerce contra las mujeres. Hay hombres, sí, como espectadores, que están ahí porque son reporteros o son compañeros de las manifestantes, pero a la distancia. La formación, las consignas, las pancartas, la lucha, es de ellas.

Inicia la marcha, las consignas se escuchan: “Vivas se las llevaron, vivas las queremos”; “alerta, alerta, alerta que camina la lucha feminista por América Latina y tiemblen y tiemblen, y tiemblen los machistas que América Latina será toda feminista”; “señor, señora que nos mira indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”; “escucha hermana, hermana, aquí está tu manada”.

Entre los contingentes, hay niñas y niños acompañando a sus madres; muchas de las niñas portan pancartas con mensajes que invitan a la reflexión: “Somos la voz de las que ya no están”; “tener un hijo a los 11 no es una bendición, es una violación”; “marcho porque estoy viva y no sé hasta cuándo”: «todas las niñas merecen respeto y la libertad de elegir qué les gusta».

La gente se detiene y ve con sorpresa a las mujeres que marchan, algunos dan muestras de respaldo, otros por el contrario, sonríen burlonamente o simplemente sacan el celular para tomar fotos. En algunos locales bajan las cortinas con temor.

El feminismo, como movimiento político, cuestiona y busca destruir el poder patriarcal como eje estructural de las relaciones entre hombres y mujeres. Y hoy, Florencia y sus compañeras, exigen un alto a la violencia, violencia física, violencia doméstica, violencia laboral. Violencia por ser mujeres. Piden justicia para las desaparecidas, las asesinadas.

Llegan al zócalo y un grupo sube a un templete. Hablan sobre casos muy específicos de violencia: asesinatos de sus madres, hermanas o hijas, hay un caso de violencia familiar con la sustracción de los hijos por parte del ex marido; la coordinadora de desplazadas de Chiapas también pide justicia para ellas. Florencia escucha atenta y levanta el puño al tiempo que grita las consignas de apoyo: “No están solas, no están solas”. Una representante de las periodistas habla del porqué de su participación en la marcha, no como trabajadoras de los medios nada más, sino como mujeres que exigen un alto a la violencia y respeto a sus derechos.

Escucha atenta cada participación; sin embargo, no puede evitar las lágrimas con las narraciones de las jóvenes que se han atrevido a hablar de sus casos y denunciar a sus violadores, aun cuando sus madres no les han creído. El tío, el padrastro, el maestro, los culpables.

Sin reponerse del todo, observa a las niñas que suben al templete con sus pancartas y también piden un alto a la violencia, alzan su voz para pedir seguridad y que puedan vivir una vida libre de violencia. Imagina el dolor de las madres que no ven regresar a sus hijas, el miedo de que cualquier día sus hijas, hermanas, madres, primas, sobrinas, sean violentadas.

Toca el turno a las mujeres lesbianas, quienes denuncian el acoso que viven por su preferencia sexual, que incluso les afecta en su ámbito laboral, por lo que piden pleno respeto a sus derechos.

Florencia observa a las mujeres del templete, la tarde está cayendo y empieza a oscurecer, el edifico del palacio gubernamental que está frente a ella, se ilumina de color morado, el color de la igualdad. De fondo se oye una voz que nombra a cada una de las desaparecidas y asesinadas de Chiapas. Es hora de marcharse.

 

 

El Tuxtla viejo que se va

Plaza Tuxtla Gutiérrez, tomada de la web

Esta primera semana de diciembre del 2019, inició la demolición de lo que fue el Gran Hotel Brindis, con lo que va muriendo una parte de la ciudad para quedarnos en la pura nostalgia del ayer que fue. Se entiende que es una propiedad privada y sus dueños pueden hacer lo que deseen, siempre que cumplan con las normas establecidas por el Ayuntamiento de la Ciudad, pero no deja de hacernos suspirar a los que de alguna forma tuvimos relación con ese inmueble.

Alfredo Palacios Espinosa*

El hotel Brindis competía en preferencia de huéspedes con el hotel Cano que estaba en la esquina de la 1ª Norte y 2ª Poniente. Surgió a partir de los años 40 (del siglo pasado), en los mismos terrenos en que estuvo el hotel Paco. Don José María Brindis Gómez compró el lugar y construyó el Gran Hotel Brindis. Lo administró hasta 1958 en que lo vendió con el empresario Marcial Zebadúa (el mismo que construyó las plazas de toros de Tapachula y Tuxtla). Durante el tiempo que estuvo bajo la administración de don José María, su esposa doña Isaura Riquelme se hizo cargo del restaurante del hotel y la cocinera fue la famosa tía Nati Gómez, quien después se hizo célebre vendiendo el cochito horneado y que supieron darle continuidad sus hermanas, las tías Elena y Felipa, esta última mamá del ingeniero Gustavo Acuña, hombre conocedor de la escena y que alcanzó el premio nacional como director teatral.

Allá por los años 50 y 60 (del siglo pasado) era el hotel del pueblo en clara rivalidad empresarial con el hotel Bonampak –que también ya cayó-. Éste era para la gente de otro nivel económico. Al Bonampak por lo general llegaban a hospedarse personas ajenas a la entidad o chiapanecos que se consideraban fifís (como los llamaría AMLO) y al hotel Brindis llegaba gente de los municipios chiapanecos, principalmente concordeños, fraylescanos y carrancistas y es, precisamente de mis paisanos concordeños y la relación que tuvieron con este hotel de quienes quiero hablarles.

Eran tiempos de confianza colectiva, las habitaciones que daban sobre la 3ª Oriente tenían puertas a la calle, por eso mis paisanos, que hacían el viaje redondo de La Concordia-Arriaga-Tuxtla-La Concordia en los F8, después de dejar la carga de maíz y frijol en los ferrocarriles, en aquella ciudad airosa, regresaban cargados con bolsas de azúcar, galletas (principalmente de animalitos, serranas o marías) aperos de labranza y cervezas, entre otros artículos encargados por las tiendas de la cabecera municipal, estacionaban sus camiones cargados sobre esta calle. En la capital, hacían la última escala para completar su carga con los paisanos que habían llegado para algún trámite burocrático, de salud o simplemente de compras para algún casorio, bautizo o para la fiesta del Cuarto Viernes o la Navidad o con los que vivíamos en Tuxtla, pero íbamos a visitar a los familiares. En la madrugada nos trepábamos sobre los costales o cajas como sobornal en un largo viaje de casi diez horas a La Concordia.

Las habitaciones más solicitadas por mis paisanos y por los agentes viajeros eran las que daban a la 3ª Oriente por tener acceso directo a las habitaciones, creo que mis paisanos por los camiones cargados y los agentes por otras razones muy humanas. Cuentan que un día, a un buen viejo concordeño que se hospedó y estacionó su camión cargado de diversos artículos de mercancía, sin cubrir, una joven que hacía el aseo en las habitaciones le dijo:
─Tío, tenga usted cuidado con sus cosas, pueden robarlas.
─No te preocupés hijita, están contadas –contestó él.

De niño y joven después, iba al hotel Brindis a ver a alguno de mis abuelos que se hospedaban en él: al paterno, de quien llevo su nombre, cuando vivía todavía en Niños Héroes y venía por gestiones como comisariado fundador de ese ejido o a mi abuelo materno Macario Espinosa, que embarcaba reses en Puerto México (Coatzacoalcos) o traía puercos gordos para el rastro de Tuxtla o simplemente por algún trámite del ejido porque también fue comisariado o simplemente alguno de mis tíos; de ambos recibía alguna ayuda económica, que me caía muy bien, más el apetecido paquete de tasajo para que se retorciera en las brasas o de hueso asado para el tsiguamonte concordeño que es comida de dioses y el consabido costalito de frijol nuevo para la casa.

Algunas veces me invitaban a comer en el restaurante del mismo hotel o me llevaban a botanear a las cantinas que existían a la redonda. Todavía recuerdo una serie de cantinas que había alrededor del hotel: El Palacio Chino, en la 1a Norte y la misma 3a Oriente, que regenteaba don Enrique Villanueva a quien le decían El Chino y que nada tenía de chino; El Cairo en la 4ª Oriente, del Sargento Chanona; El Rinconcito, de Nereo Chanona; El Carijos, en la 1ª Norte y 2ª Oriente; El Melón, de Julián Sánchez en la 3ª Oriente, entre 2ª y 3ª Norte; La Estratosfera y Río Escondido, por mencionar algunas.

Las cantinas que estaban a una cuadra del hotel Brindis merecen párrafo aparte: Las Américas, de don Antonio Moya Gabarrón que estaba sobre la Avenida Central y callejón Oriente, también conocido como el Callejón del Sacrificio (atrás de la hoy Catedral) y La Continental de don Rosario Alfaro que se encontraba en la 2ª Oriente y Avenida Central.

A Las Américas iban por la botana pero más por los artistas que frecuentemente se presentaban, patrocinados por La Corona, de las caravanas que traían a las ferias; a La Continental de don Chayo, los paisanos iban por echar andar la Rokola que estaba de novedad por ser la primera cantina que instaló una y por diez centavos la echaban andar para escuchar a las hermanas Águila y a las Jilguerillas o a los cantantes de moda como Pedro Infante, Jorge Negrete o el Charro Avitia, además de echarse un buen caldo de espinazo bien sazonado que preparaban en esta cantina. También se armaban buenas broncas al calor de las copas que el buen Chayo sabía tranquilizar dándole a la policía buenas mordidas, que luego cobraba a los rijosos con todo y consumo y los destrozos ocasionados.

Lejos quedan los recuerdos del hotel Brindis y de los camiones de los Albores, los López, los Guillén, los Abud, entre otros, cargados de mercancía que, por la madrugada esperaban el sobornal humano para partir a La Concordia. Ese era el Tuxtla de ayer y su relación con otros municipios, que poco a poco va muriendo para dar espacio a una nueva Tuxtla, que ojalá sea para bien de quienes habitamos esta ciudad cada vez más individualizada y menos ciudadana.

*La Concordia, Chiapas, 16 de enero de 1948. Escritor, narrador, docente y dramaturgo mexicano.

Iluminar la vida, iluminar la muerte

Los altares u ofrendas, son parte fundamental de la celebración del Día de Muertos, fecha en que nuestros seres queridos, ya difuntos, regresan a visitarnos y compartir algunos placeres mundanos. Desde la víspera, en la mayoría de los hogares mexicanos, se preparan los altares engalanados con flor de cempasúchil, calaveritas de dulce, frutos, pan, guisos, copal y veladoras, una por cada alma.

Arturo Solís / Foto: Gabriela Barrios

Las velas y veladoras representan el fuego, el calor, la luz. “Se tiene la creencia de que la luz de una vela ilumina el camino del alma hacia el cielo. Por eso existe la tradición de poner velas, para iluminar el camino”, nos dice Arturo Solís Megchún, heredero de una rica tradición en la elaboración y venta de velas en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Leticia Bárcenas González / Gabriela G. Barrios García

El significado de las velas en los altares “es resultado de una mezcla de culturas. El fuego en sí, ha sido motivo, desde el inicio de la civilización, de adoración y de temor. Recordemos que era destructivo, así como protección ante depredadores y ante la oscuridad. En las culturas prehispánicas el fuego era un dios. Hay un dios del fuego azteca (Huehuetéotl), un dios del fuego maya (Kauil) pero también hay un dios del fuego griego (Hefesto). El fuego siempre ha tenido un lugar importante en las civilizaciones y el reto de las primeras culturas fue su control, el cual se logró a través de antorchas y de  lámparas.

“Cuando se le da ya un uso cotidiano al fuego, en Europa se utilizaba aceite de ballena y cuando inicia la Revolución Industrial se utiliza el petróleo o sus derivados como el keroseno o la gasolina. Y aparecen las velas de parafina. En México, con la mezcla de las culturas prehispánicas y la española, se originan los altares, la divinidad de las imágenes y la integración de los ritos prehispánicos que utilizaban el fuego. Actualmente, hay una gran diversidad de altares, en el sureste somos más mayas y en el centro del país más aztecas, son distintas las frutas que se utilizan, las comidas que se ponen pero el factor común son las velas, la luz”, explica con emoción.

Foto: Gabriela Barrios

¿En qué época venden más velas?

En esta época es cuando tenemos la mayor demanda de nuestros productos, iniciamos con la celebración de San Judas Tadeo, luego Todos Santos, después el día de la Virgen de Guadalupe. Es cuando vendemos más producto tradicional. Con las veladoras de ornato, cambian las fechas: diciembre, el 14 de febrero, la víspera del 10 de mayo.

¿Cuál es la vela que más vende en esta época de muertos?

Definitivamente el vaso limonero y el vaso cruz; son los productos más solicitados. Aparte de lo accesible, son los más prácticos. Como nuestro material es 100 por ciento parafina, al terminar la vida útil de la vela, lo que hacemos es limpiar el vaso y usarlo. Se llama limonero justamente porque es para tomar limonada (risas). Se aprovecha el cristal, es de lo más tradicional. Y el vasito cruz, si quiere uno portarse mal, es el clásico vaso mezcalero. También muchas personas lo aprovechan (risas).

Vaso limonero / Foto: cortesía del entrevistado

Inmersas en una mezcla de olores que evocan notas de vainilla, sándalo, chocolate y canela, Desmesuradas conversa con Arturo Solís hijo, sobre los orígenes del negocio que fundaron en 1981 sus padres, Rosa María Megchún Alonso y Arturo Solís Díaz, quienes aprendieron la técnica de empresas foráneas que vendían la materia prima y se convirtieron en sus proveedores.

¿Cómo iniciaron en este negocio?

Este negocio tiene dos etapas: en el año 1981, mi papá, junto con mi mamá, inician un pequeño taller familiar para la elaboración únicamente de velas y veladoras tradicionales, como llamamos a las velas conocidas como limoneros, que es un vaso de cristal con la parafina. Con el pasar de los años se consolidan como fabricantes, como productores.

En el año 2001, se decidió iniciar con este proyecto, que era prácticamente abrir un punto de venta de los productos que se elaboraban en el taller familiar. Aquí donde estamos es gracias a mi abuela, ella nos dijo pues póngalo acá, este espacio es parte de su casa. El 13 de abril iniciamos operaciones.

La misma clientela empezó a solicitar, además de las velas y veladoras tradicionales, las velas de ornato, como las velas flotantes, las velas con esencias, con determinados aromas y colores. Aquí llega un cliente y dice: oye, quiero una vela que tenga más o menos esta forma, este tamaño, que sea color verde con aroma a canela, se le elabora; ya sea para eventos sociales o simplemente para decorar la oficina o el hogar. Hemos ido innovando, metiendo nuevos productos, tenemos nuevos proyectos que estamos encaminando para que Para velas ofrezca a nuestros clientes, siempre una nueva propuesta para iluminar sus espacios.

Vaso cruz / Foto: cortesía

¿Ha aprendido el oficio?, ¿le han enseñado desde niño?

Sí. El proceso de elaboración de toda vela y toda veladora es muy básico, es derretir la parafina, verter la esencia y el colorante, colocar el pabilo y dejar solidificar. Ya en los nuevos tipos de velas o según el tipo de vela que se va a elaborar, sí se necesita que la parafina, que es el producto básico con que se elaboran, tenga ciertas características: de dureza o elasticidad, etcétera; ya es ahí lo que el cliente o lo que nosotros, conforme el producto, estamos requiriendo como materiales.

¿Qué tipos de parafinas hay?

La más conocida es la parafina china, que es el producto básico, su característica es que es blanca pero hasta cierto punto translucida. Manejamos parafina americana, de un color blanco lechoso, como de plástico, que da otra terminación a los colores que la parafina china no permite, aunque hay aditivos como la estearina, que a la parafina blanca la hace más blanca todavía. Tenemos endurecedor que se aplica en los cirios y las velas en forma de cubos, ya que son de pura parafina y con las temperaturas que tenemos en Tuxtla Gutiérrez y otros lugares de Chiapas, se deformarían, se aplastarían o derretirían, por lo que hay que poner aditivos para que resistan temperaturas de 30, 35 grados o más.

También está la cera soja, que tiene la característica de ser ecológica. Las anteriores derivan del petróleo, y la cera soja proviene de materia prima vegetal que al hacer combustión, no es tan contaminante. Y la cera de abeja, que sólo la vendemos bajo pedido porque es muy cara, ya que es la cera con que las abejas hacen sus panales. El kilo ronda los 300 o 400 pesos. No es tan fácil que alguien diga dame un kilo, dos kilos.

Foto: Gabriela Barrios

¿Y normalmente, cuánto les lleva hacer las velas?

Manejamos un rango de cinco a seis días, que implican la selección de los materiales, la producción, el embalaje y la entrega. Si un cliente viene y nos dice nos urge, si estamos en posibilidades y el cliente lo puede cubrir, se le hace. Pero si viene en la mañana y quiere su producto para la tarde, nos significa detener todo, si el cliente dice no importa lo que cueste, llegamos a un acuerdo. Algunos vienen y lo quieren de un día para otro, a veces, definitivamente, no podemos. Afortunadamente, siempre hay trabajo.

¿Tienen algún distintivo para reconocer sus productos?

¡Después de la calidad, nuestro nombre! Procuramos siempre manejar productos de alta calidad para que al momento de quemarse no tengamos quejas. Queremos clientes satisfechos, las velas que van a comprar en este establecimiento van a arder, van a iluminar, los van a dejar con una buena experiencia. Nuestro distintivo es nuestro nombre: Para Velas. Aquí encuentran todo lo que se necesita en la elaboración y producción de velas y veladoras.

¿Cuál es su vela favorita?

¡Los cirios decorados! Porque es un producto que fue idea de mi señora madre, ella  es quien lo ideó y lo echó a andar, lo formó. Es un producto exclusivo; tal vez no se le ha dado tanta difusión porque es un producto muy delicado. Nos lo han pedido pero al ponerlo en una caja y enviarlo, sabemos que no va a llegar en buenas condiciones, aunque lo hemos tratado de hacer. Tal vez, cuando ven Para Velas, no piensan en cirios decorados pero nosotros que conocemos todo lo que conlleva realizar ese cirio, lo consideramos un producto especial, es el producto que nos identifica.

Cirios decorados / Foto: Gabriela Barrios

¿Cuánto tiempo les lleva realizarlos?

Como son de un proceso prácticamente artesanal, no es tanto el tiempo pero sí es mucho el esfuerzo porque hay que adquirir habilidad; un par tal vez, se elabora en el día. Se hace una preparación especial de la parafina para que puedan hacerse esas flores. Es un producto que no van a encontrar en otro lado.

Sí lo distribuimos, lo pueden adquirir en algunos establecimientos, por ejemplo en los mercados públicos de aquí, de Tuxtla Gutiérrez, pero nosotros somos los fabricantes; como dice un eslogan, hay quienes nos imitan pero no hay nadie que nos iguale, ¿por qué?, por el detalle y por el tipo de trabajo. Encontrarán tal vez imitaciones, con unas flores digamos, diferentes.

Tenemos una variedad de estas velas, ahorita prácticamente se terminaron las de San Judas Tadeo, que tiene los colores verde y amarillo con vivos brillantes. Ya viene la temporada de nuestra señora, la Virgen de Guadalupe y se hacen con colores alusivos a la temporada;  hay en dos tamaños: grande y boutique. Nosotros estamos muy orgullosos de que este producto sea exclusivo de Para Velas, de que sea un producto que nos identifique.

Cirio boutique decorado / Foto: cortesía

¿Quiénes son sus principales clientes?

Tenemos tres clientes principales y para cada uno hay un producto especial.

Para el cliente tradicional, que viene por velas o una veladora para su altar, tenemos los cirios decorados y la cristalería blanca con parafina, 100 por ciento parafina.

Para los clientes que nos compran productos de ornato, por ejemplo, velas con aromas para la relajación, o simple ambientación, manejamos diversos aromas, chocolate es el más nuevo. También contamos con los cirios boutique, delicadamente decorados.

Y para los clientes que acuden por negocio propio o que por terapia ocupacional elaboran sus propias velas, contamos con los materiales necesarios: parafinas, aditivos, esencias, pabilos, anilinas, etcétera.

Foto: Gabriela G. Barrios García

¿Cuáles son los colores que más les piden?

Los colores son prácticamente los colores básicos: amarillo, azul, café, morado, naranja, negro, rojo y verde, de estos colores se obtienen los tonos. Hay muchas personas que dicen, yo quiero un rosa, el rosa tal cual no lo vendemos pero el rosa se obtiene de mezclar el blanco y el rojo o simplemente el agregar pequeñas cantidades de rojo; hay una técnica que en la parafina derretida se va agregando colorante y se van tomando muestras para que se solidifique y ahí puedan ver la tonalidad que va tomando la parafina. Y algo que no encuentran en todo Tuxtla Gutiérrez, más que con nosotros, son los colores flourescentes, éstos son para velas totalmente de ornato, son colores muy bonitos, muy llamativos, flourescentes totalmente, tenemos amarillo, azul, magenta, naranja, verde y violeta.

En esencias, tenemos desde azucena, pachuli, nardo; muchos son olores para relajación, precisamente «relax» es una esencia que nos piden mucho en los spas, donde se dan masajes; donde hacen aromaterapias, donde se practica yoga, piden mucha canela y vainilla. También tenemos algunos aromas exóticos que aunque no aparecen en la lista se ofrecen, sobre todo para aquellas velas que les llaman místicas, como aroma a ajo.

Veladoras hexagonales / Foto: cortesía

¿Cómo distribuyen sus velas?

Las vendemos en la tienda, en Tuxtla Gutiérrez y tenemos envíos al interior del estado o al interior de la República Mexicana. Hemos tenido solicitudes de envío al extranjero pero se necesitan determinados trámites y aún no los hemos realizado. Enviamos tanto materiales como las velas o veladoras ya elaboradas.

¿Quiénes les compran más?

Generalmente son mujeres; son más las mujeres a quienes les gustan las manualidades, los detalles. Por ejemplo, tenemos una clienta de Guanajuato, donde hay muchísimas fábricas de velas y veladoras; sin embargo, a nosotros nos compra los materiales. Nos dice, me encanta hacer mis veladoras con olor a vainilla y le pone rajitas de vainilla y las decora, nos ha enviado fotos, y no las vende, son para ella, para regalar a su familia. Son clientes que les gusta elaborarlas, que es una actividad ocupacional hacer velas para decorar su hogar.

También tenemos clientes por negocio, que se dedican a la elaboración de velas para eventos especiales y compran sus productos con nosotros.

Atendiendo una clienta / Foto: Gabriela Barrios

¿Les han pedido un diseño de vela específico, que no sea de los que realizan normalmente?

La vela más grande que hemos hecho tenía un diámetro de cerca de 60 centímetros por una altura de 1.20 metros. Se le hicieron diez pabilos, eso era una fogata prácticamente (risas). Pesaba como 75 kilos. Fue una vela muy cara. Desconocemos para qué la querían con esas dimensiones, simplemente una persona nos dijo, la quiero así y no importa cuánto cueste, o sea, la pueden o no la pueden hacer. ¡Y la hicimos! Ese es el pedido más excéntrico que hemos tenido de velas hasta hoy. Por respeto al cliente no le tomamos fotos, porque él nos pidió que no lo hiciéramos.

Nos han pedido otras, de diferentes formas pero esa es el hit. Nos llevó como dos semanas hacerla.

¿Algún comentario?

Pues que rescatemos nuestras tradiciones. Ahora que es la época de Muertos –y haciendo un comercial de la película de Disney, tan afamada, Coco, que puso en alto a nivel internacional las tradiciones mexicanas-, que procuremos continuar con esa costumbre del Día de Muertos, como decían en esa película, nuestros familiares en verdad fallecen cuando los olvidamos.

Hacer velas también es una terapia ocupacional, muy interesante, muy bonita; todo lo que es manualidad estimula, estimula a la mente, estimula a la persona y no hay nada mejor que crear con las manos.

Y como ha sido nuestro eslogan de toda la vida, nosotros con las velas lo que buscamos es iluminar los espacios, que iluminen los espacios de su vida, no nada más de su hogar o de su oficina sino de su vida, con nuestras velas y materiales.

Foto: Gabriela Barrios

 

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PERFIL

Nombre completo: Arturo Solís Megchún

Edad: 36 años

Lugar de nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Fecha de nacimiento: 16 de junio.

Número de hermanos: Ninguno

Número de hijos: Uno

Estado civil: Casado

Pasatiempos: Estar con la familia. Ahorita, desde que nació el bebé, todos mis pasatiempos pasaron a estar con él.

Música: ¡Soy un clásico! De la música moderna no estoy en contra, para nada, pero uno de mis grandes, que admiro musicalmente, es al príncipe de la canción, don José José. De la música que no es latinoamericana me gusta mucho toda la música de los 60´s, 70´s en el género rock llámese desde Beatles, Kiss, (Elvis) Presley, Led Zepellin, toda esa música; tradicional también por Javier Solís, José Alfredo, Vicente (Fernández), todo eso. La música moderna no me desagrada pero soy un alma vieja (risas).

Comida favorita: Me gusta, como a todos, la comida chiapaneca, que es una gastronomía tan amplia pero independientemente de eso, soy amante de las pastas, la comida italiana es mi fascinación. Los postres, me matan con los postres pero también con un rico cochito; con una rica chanfaina también muero (risas).

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EN CORTO

Pabilo: Fuego

Vela: Luz

Luz: Velas

Cera: Calidad

Temperatura: Caliente

Para Velas: Calidad

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Tu Kung Fu no es poderoso

Hace unos días se presentó el libro “Tu Kung Fu no es poderoso (Gran Jefe Apache escribe poemas de fertilidad)”, del poeta Luis Daniel Pulido, en el espacio arte Telar Teatro, A.C., en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Con este libro se inaugura la colección Pinolillo, de Tifón Editorial.

El cartel

El diseñador, ilustrador y editor, Juventino Sánchez, dice al respecto: En la postura de editor, mi idea es publicar libros económicos; una colección pequeña, fácil de leer pero también un escaparate para nuevos escritores. Me ha costado, y quiero conseguir, dar a conocer nuevos autores. Hay quienes quizá no tengan el material suficiente para publicar un libro de gran formato, esta colección espara esos escritores.

La idea es entonces, una colección que sea económica en su costo de producción, en su costo de venta y con nuevos escritores, y así poder llegar a nuevos lectores, como los estudiantes de secundaria o preparatoria, que no tienen el tiempo para leer grandes textos y a veces, tampoco el poder adquisitivo.

En las presentaciones que he asistido a escuelas secundarias y preparatorias, he visto que los jóvenes se quedan con ganas de querer adquirir el ejemplar y seguir leyendo. Y al no poder tener esa capacidad económica, se quedan con ese anhelo, por eso la columna vertebral del proyecto es editar libros que en producción salgan más económicos que la línea que hemos editado anteriormente.

 

Diseño de portada e interiores: Juventino Sánchez

PINOLILLO

La colección se llama Pinolillo, y el subtítulo lo explica todo: libros chiquitos pero entretenedores, explica el escritor, Héctor Cortés Mandujano.

El pinolillo es una garrapatita que habita en el monte. Si vas al monte y se te suben los pinolillos te vas a pasar mucho tiempo rascando porque no los puedes sacar, son muy chiquitos pero muy fastidiosos; se meten en los recovecos del cuerpo –para no entrar en detalles, señala entre risas y precisa, la idea de la colección es que sean así de entretenedores.

Se trata de libros de formato pequeño, que tengan un máximo de 50 páginas, y que puedan ser leídos muy fácilmente, resume.

¿Cuál es el requisito para que un libro sea un pinolillo?, pregunta Desmesuradas, a lo que el escritor responde: Se  lo tendrían que preguntar a Tito (Juventino), porque esta colección, específicamente, se le ocurrió a él, pero creo que no hay algún requisito. La idea es no publicar un libro muy grande, extenso, sino que sean textos muy pequeños.

Los cuatro libros que ya publicó (Luis Daniel, Héctor Cortés Mandujano, Hugo Montaño y Marcelino Champo) y que se irán presentando, son de ese formato.

Los autógrafos

 

LUIS DANIEL PULIDO Y SU KUNG FU

Con un amplio público y en un entorno que inspira paz e invita a la contemplación, al disfrute del arte, Luis Daniel Pulido (1970. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Méx.), presenta su libro “Tu Kung Fu no es poderoso (Gran Jefe Apache escribe poemas de fertilidad)”. Libro de pequeño formato con poemas de gran imaginación, sensibilidad y humor.

 

Héctor Cortés Mandujano

LA PRESENTACIÓN

En su más reciente publicación, Tu Kung Fu no es poderoso (Gran Jefe Apache escribe poemas de fertilidad), publicado en 2018 por editorial Tifón, Luis Daniel Pulido nos da sin vueltas intelectualoides ni visitas a los museos donde se consiguen las doctas improntas de los clásicos, versos iluminados por la inmediatez, la vivacidad, lo vagaroso del instante que, como mosca o mariposa, ahora mismo se posó en un lugar y al instante siguiente en otro.

Es la suya una escritura de momentos vivos, son los suyos poemas que no buscan la monumentalidad del aliento largo ni la receta perfecta que sin duda puede buscarse y hallarse en la página 438, del volumen nueve, de la poética in-dis-pen-sa-ble que nos hará volvernos bardos plenos y ganadores de becas y certámenes.

Sus versos sencillos, al contrario, tienen pálpito y sudor, dolor de muelas y hambre, bailes y respiración entrecortada, dolorcito y risas…

Y hay en sus versos el rastro de lo mucho leído, cómo no, sin el regodeo de la cita, y una extensa bitácora que apunta sobre lo fugaz que es la vida: una raya en el agua, un viento que se mueve por todos los rumbos, para que el microscopio del verso haga que aquel vago recuerdo, aquella instantánea (Marina, la miss tiburón, Albis, la que lo mandó a leer a Gonzalo Rojas, que fue algo así como mandarlo a la verga…), se vuelva un poema de este librito ilustrado por la mano amable y talentosa de Tito Sánchez.

Tu Kung Fu no es poderoso (Gran Jefe Apache escribe poemas de fertilidad), título largo como tesis de maestría en estudios regionales, no tiene la pesadez del plomo con el que se ganan exámenes de oposición y tiempos completos en la universidades públicas, sino la alegría volátil de vivir en el patio de recreo, en la cancha donde sólo están jugando los que quieren, en la infancia donde cada cual sólo tiene dos obligaciones primordiales, que son en el fondo una sola o tres o cuatro: vivir y ser feliz, y amar y escribir poemas ´que en realidad son veleros´.

Héctor Cortés Mandujano

 

Luis Daniel Pulido y las Desmesuradas

 

PEQUEÑA MISS TIBURÓN

Dos años sin hablarnos

de preguntar a terceros qué ha sido

de nuestras vidas, de no comprar

nuestro aderezo favorito,

de dibujar en el aire tranvías porteños

que no fueron a ninguna parte,

de dejar tras de mí un tercio de lluvia,

esos versos que tanto te gustan

 

Dos años de no decir “te extraño” por macho,

mamón: políticas de la empresa

 

O porque desde que te fuiste

los caramelos no me saben igual,

ni qué decir de las galletas,

los tacos de La Parrilla Norteña,

el café con pan

 

Dos años sin hablarnos

y mira, acá estoy, con la panza vacía

porque hasta la tarde me dan mis chilaquiles

en mole gratinados, mis tostadas de pata,

un postre de cincuenta pesos

 

Hoy –C´est la vie-

paso horas y horas construyendo

los puentes que bombardeé para no encontrarte

 

Va para eso un par de poemas míos, un pececito de goma

para tus dientes chuecos

Luis Daniel Pulido

 

Luis Daniel Pulido

Luis Daniel Pulido escribe en papel, en cuaderno, desde siempre; ha utilizado la escritura como una forma de sobrevivir situaciones complejas en su vida, ese contraste es lo que lo hace escribir algo divertido en una situación muy difícil.

Hoy jueves 7 de junio, este escritor apasionado de las mujeres, el rock, el futbol y la literatura, presentará su nuevo libro Baxter Memories (Vida y obra de Víctor Von Doom), en el Museo de la Ciudad, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a las siete de la noche.

Por lo que Desmesuradas aprovecha este importante acontecimiento para compartir una extensa entrevista con el autor, en donde nos revela los más oscuros secretos de su vida y obra.

«Publicar un libro me emociona porque es como si yo hiciera un disco»

Gabriela G. Barrios García / Leticia Bárcenas González

¿Desde cuándo escribes?

Desde niño, porque fui fanático de los comics de Marvel Comics. Coleccionaba todas las series de los años 60, Spiderman, The Avengers, Daredevil,  Deadpool, etcétera. Y yo escribía  supuestamente guiones de comics. Hacía la historia. Siempre me identifiqué con el Hombre Araña porque tenía diálogos muy divertidos. Si ustedes leen Spiderman original, es un adolescente, quizá también por eso, iba a la prepa, estaba enamorado de una muchacha, era huérfano y uno se va identificando con él, y situaciones bien densas, sus peleas contra el Duende Verde, Rhino, Electro, los súper villanos. Él siempre tenía diálogos muy chistosos, era muy irónico, muy chispa; claro que se debía a los guiones de Stan Lee. Eso me llamó la atención.

¿El Hombre Araña es tu súper héroe favorito?

Mi alter ego. Sí, Spiderman. Ahora se han reinventado los súper héroes. Y por ejemplo la película de Batman, de  Christopher Nolan, me parece genial, alguien por ahí dijo que tiene mucho de (Samuel) Beckett. Me gusta mucho esa parte: El caballero de la noche.

Luis Daniel Pulido / Foto: Leticia Bárcenas González

Y de los comics a la poesía, ¿por qué?

Pues fue por accidente, quizá porque siempre quise tener mi banda de rock. De hecho tenía una banda imaginaria: Los Avaters, y yo escribía las letras en esa banda; en esa época escuchaba Led Zeppelin, The Doors, Black Sabath, bueno, Black Sabath no precisamente, Ozzy Osbourne era un poeta y algunas de estas cuestiones me gustaban, por ejemplo Paranoico, esa canción que las feministas convirtieron en una canción prohibida o la de Alice Cooper: Sólo las mujeres sangran. Esas letras a mí me gustaban, o la Canción del inmigrante de Led Zeppelin, que dicen es la más usada en secuencias de pelea, o la de La granja de ZZ Top. Entonces, eso me gustó, la poesía como adrenalina, no la poesía académica o de escuela. Yo escribo poemas sobre comics, sobre futbol americano, sobre futbol, lo que yo he jugado, no abordo temas bucólicos de la provincia, porque eso me ha marcado: la televisión por cable, el futbol americano, las corridas de toros, que casi no hablo de eso porque me linchan, me gustan pero ahora todo eso es muy difícil tocar, es políticamente incorrecto, me da miedo hablar de eso. Me gustan los toros, es una pasión que me heredó mi padre.

Mi papá me tuvo a los 70 años y vivió en el DF toda esa cuestión moderna de Miguel Alemán, de la fundación de las editoriales como el FCE, ERA, SEP 70, Siglo XXI y  por supuesto las grandes conversaciones con Joaquin Mortiz, Ali Chumacero, (Jaime) García Terrés, todo lo que se vivió en esa transición del supuesto México moderno.

¿Cómo nace un poema?

Soy mucho de adrenalina, muy explosivo y muchas de las cosas las compartía, quizás ya como poeta, si se puede decir, ya como vocación, como ejercicio, como compromiso lo hice ya de muy grande, quizá a los 28 o 30 años. A los 22 tuve un fanzine pero ustedes saben que de muy joven quieres cambiar el mundo.

¿Cómo se llamaba tu fanzine?

Vínculos, luego Cinético marginal, que terminó siendo un pegoste (risa).Una hoja de papel pegada en los puentes. Ahora nadie lo leería porque ya hay Facebook, Twitter, no se fijarían en un poema pegado en un puente. Me he dado cuenta porque yo salía en la madrugada a pegarlos y recuerdo que la gente me escribía, pero no éramos tantos. Ahora la gente pasa, por ejemplo el puente que va a Sanborns y no tiene tiempo; yo he observado el cambio de la actitud de la gente, y eso no involucra a la gente mayor sino a la gente joven que no se da tiempo de detenerse a reflexionar algo, a disfrutar algo. Claro que eso también desemboca en otro tipo de lenguaje, otro tipo de dinámica.

Ah, el poema. Mucho tiempo fuimos vecinos con Nadia Villafuerte y ella me decía, lee esto, luego gané unas becas y ya estuve en un taller con Alejandro Aura, con Elsa Cross, con Carlos Montemayor, con Enrique Lumbreras, mucha gente y ahí me di cuenta también de que lo que escribía, por dinámica, por estructura no era lo que esperaban, por ejemplo Elsa Cross me corrió de su clase (risas) ¡y qué bueno!, porque era en San Miguel Etla (Oaxaca, México) y para mí la poesía estaba afuera porque es un lugar muy bonito, hay unos espejos de agua, un teatro, está en la montaña. Y esa vez llovía y dije que bueno, para qué quiero estar encerrado si aquí estoy mejor. Pero tiene que ver con Nadia Villafuerte y Héctor Cortés Mandujano, también, porque fueron los que me dijeron aquí. Ponían ejemplos muy sui generis, decían es como un perrito desbocado (risas) pero ahí va a aprender. Finalmente, más que aprender para mí escribir es un goce, así como salir a correr, seguir jugando futbol.

Luis Daniel y el goce del futbol / Foto: Leticia Bárcenas González

¿Quién o quiénes son tus autores favoritos?

Ricardo Castillo, de Guadalajara, con El pobrecito señor X, porque se permite esto; la poesía mexicana y la chiapaneca es demasiado seria, esto de que están hablando con las musas, ese supuesto amor a la tierra, parece que estuvieran en trance. Pienso que Ricardo Castillo, Eduardo Lizalde, ¡Octavio Paz! Cuando leí a Octavio Paz dije es formidable, pero cuando hablas de Octavio Paz te quieren linchar, que porque la ultraderecha, bla, bla, bla y sí, pero él tiene realmente grandes poemas. José Eugenio Sánchez, él ganó un concurso de poesía con un libro que se llama Physical graffiti, que tiene que ver con un disco de Led Zeppelin, al leer los poemas veo que habla de futbol, habla de Eusébio (da Silva Ferreira), un goleador portugués legendario, vino a México 70. Habla de Led Zeppelin y de rock, dije no pues sí se permite. Jordi Soler, lo menciono aunque él es más conocido como locutor rockero, fue novio de Rita Guerrero. Cuando leo un libro que se llama La novia del soldado japonés, me pareció maravilloso y dije: escribió un libro y se ligó a Rita Guerrero, no pues yo puedo publicar un libro (risas), también por eso, ¿no? Y alguien que no es precisamente un poeta, aunque tiene un libro publicado, se conoce más como músico, es José Cruz, de Real de Catorce. José Emilio Pacheco, de los que me han marcado. Y en Chiapas hay un poeta que me gusta mucho, Gustavo Ruiz Pascacio, y un muchacho que se apellida Chaleco, de los jóvenes jóvenes, muy jóvenes, sólo sé que es amigo de Yolanda Gómez Fuentes, creo que es biólogo, estudió en Baja California. Leí unos poemas y me gustaron, por esta cuestión de la frontera y quizá es chiapaneco pero no parece chiapaneco.

¿Y tus músicos favoritos?

¿De toda la vida? Sigo escuchando a Led Zeppelin, Deep Purple, o sea el rock clásico. Frank Zappa es un músico difícil, hay momentos para escucharlo y generalmente lo hago con audífonos, es como el art rock, pero también me gusta Kiss, por mi edad disfruté el gran rock  y muchos dicen: ¡no, cómo escuchas Kiss! Disfruto a Frank Zappa pero también a Kiss. Disfruto Twisted Sister, cosas más acá, Mötley Crüe, yo siempre fui de Mötley Crüe, Metallica. Pero uno va creciendo y es como con los libros, los llamados clásicos, escucho a Led Zeppelin IV y me sigue siendo fenomenal.

 ¿Qué es el sarcasmo para Luis Daniel?

Una cosa muy fea. Espero que no se me identifique como sarcástico (risas). ¡No!, a mí me gusta el humor, el humor tipo G.K. Chesterton, Groucho Marx, Evelyn Waugh, Buster Keaton, para mí ese es el humor, a mí no me gusta por ejemplo, ahora que está de moda, tristemente, lo de la Rial Academia de la Lengua Frailescana, se me hace fatal; eso es ser sarcástico, vulgar, ese tipo de humor espero nunca hacerlo. Oscar Wilde -que escribió novela y teatro, en donde hay humor- decía que la vida es algo demasiado importante como para tomárselo en serio, eso es el humor; el sarcasmo, pienso que tiene que ver un poco más con la “mala leche” diría yo, no sé cómo llamarlo, mala onda.

A mí me gusta el humor / Foto: Leticia Bárcenas González

 ¿Te consideras un poeta irónico?

No creo. Bueno, soy irónico cuando hablo de política, o de ciertas sociedades culturales o intelectuales. Soy irónico como (Jorge) Ibargüengoitia, que siempre dicen que era humorista, y él decía que no. Les pareció chistoso y todo el mundo quedó muerto de la risa, eso ya no es problema de Ibargüengoitia.

Una anécdota, hace poco acababa de leer un libro que siempre leo cuando estoy triste: Memorias de un amante sarnoso, de Groucho Marx, y escribo una reseña sobre una obra de teatro de Damaris (Disner), que realmente no era una reseña, era un texto humorístico, por llamarlo de alguna manera, pero todo el mundo lo tomó en serio, ella de hecho lo tomó como reseña para su semblanza, y son cuestiones que no tienen nada que ver con su obra de teatro, fue un texto para que pasáramos un buen momento y nos riéramos con estos elementos que vienen desde Chesterton, pero muchos piensan que el humor es Eugenio Derbez. Entonces pienso que soy irónico cuando se habla de quizá algo que se toma muy en serio, antologías, grupos literarios, ahí sí soy irónico, se presta, hasta eso, es como hasta humor involuntario.

 ¿En qué lugar escribes?

Hubo un momento, quizá donde más escribí. Yo viví mucho tiempo en un hospital, por mi mamá, y escribir fue una especie de supervivencia, inventé personajes y escribí poemas, ahí sale Chincho. O el Gran Jefe Apache, que le escribía a una muchacha, o escuchaba una canción de Jenny Beaujean, que ni me conoce Jenny Beaujean, pero sí me escribió (risas). Escribí mucho tiempo en un hospital pero como una manera de sobrevivir una situación muy difícil y ese es el contraste, escribir algo divertido en una situación muy difícil.

 ¿Escribes en papel, computadora o máquina de escribir?

En papel. Yo en cuaderno, y si es Scribe, mejor (risas). Escribo en cuadernos desde siempre, ya después lo paso a la computadora; la computadora me va haciendo flojo, hace 20 años me decían que tenía una letra bonita y ahora ya la tengo horrible. (Risas) Apenas tiene dos años que tengo una computadora propia, y ya ves que te va guardando tu correo y entras en automático; si entro a otra computadora y tengo que hacer un trabajo en un ciber, me quedo como un inútil, y qué hueva de escribir ahí, pero sigo haciéndolo en cuaderno.

Luis Daniel / Foto: Leticia Bárcenas González

¿A qué hora escribes, preferentemente?

Ahorita, casi ya no, pero siempre escribía en las madrugadas. Me levanto temprano, de 4 a 5 de la mañana, ahora corro. Hay un maestro, Humberto Pérez Matus, él es corrector, traductor, sabe muchas cosas, un gran lector, y sabe mucho de rock, y por Facebook, sé que él está despierto, porque toma fotos también, eso es bonito, bueno, imágenes, porque luego los fotógrafos dicen: No, eso no es fotografía. A mí me vale madres, es una imagen que estamos compartiendo y es bien bonito hacer la bitácora, y ahí está: Humberto Pérez Matus publicó hace doce minutos y yo ya subí mis rolas, compartí mi canción favorita –ahorita estoy clavado un poco en el rock en español, los Ravells, Barón Rojo, Barricada, Gatillazo- y los subo y like de Humberto Pérez Matus, like (risas), son como complicidades, ahí está el otro madrugador, ahora mis amigos me cotorrean que eso es síndrome de que ya estoy viejito (risas), ahí te llevo tu cocol (risas), cosas así dicen.

 ¿Qué redes sociales usas para difundir tu poesía?

Sigo teniendo mi blog Popotito 22, aunque ya escribo poco. Y tenía otro que hacíamos con Héctor (Cortés Mandujano) que se llamaba La liga de la justicia demoliendo hoteles, pero me censuraron, me quitaron la cuenta y también mi cuenta de Facebook, y nunca las pude recuperar, que por desnudos (risas) y nunca hubo un desnudo. ¡Ah! Tengo mi Facebook, el alterno, pero también ahí ya no publico mucho porque, bueno sí publico cosas, pero más de música, libros que he leído en el día, ahorita hay un libro que se llama El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov, y volvemos a lo del humor, tienen que leerlo, es una  maravilla de libro.

 ¿Desde qué año tienes Popotito 22?

Desde el 2008.

 Decías que hace dos años apenas que tienes tu computadora, ¿tu blog era tu archivo?

Sí, lo que pasa es que mi mamá estuvo enferma mucho tiempo, y yo nunca he tenido una casa, mis libros se perdieron, mis comics se perdieron, mis discos, perdí todo, entonces uno se va acostumbrando, por eso me gusta la poesía o la literatura porque nada más necesito de un papel y una pluma, mis lecturas, mis experiencias e imaginación; no he desarrollado la fotografía o el fotometraje porque se requiere equipo, aquí, lo único que hago es sacar un cuaderno y tener una pluma, así me abro camino y escribo, hago lo que yo quiera. De hecho se perdieron muchos cuadernos, eran mis archivos, y se fueron perdiendo, se quedaron, los tiraron. Después que falleció mi mamá, entraron a la casa y se llevaron todo, libros, cuadernos, hojas, todo. Era un desorden ahí. Entonces, mi único archivo era el blog, ahora tengo una computadora, para mí es nuevo Netflix, Spotify, me quedé maravillado de escuchar ahí los discos con un click. YouTube también, porque pongo una canción, Tangerine de Led Zeppelin, vinilo, y sale con el sonido del vinilo, pero eso es nuevo para mí. La tecnología, tiene sus pros.

Luis Daniel Pulido, poeta / Foto: Leticia Bárcenas González

¿Por qué se llama Popotito 22?

Es una nave espacial del programa Odisea Burbujas, que viajaba en el tiempo, era un vinilo, con una tacita al revés, unas patitas y un popotito, de hecho está su canción en YouTube. Conocí a una de las guionistas, Pilar Obón, en el DF, en ese tiempo era jefa de redacción de una revista para mujeres adolescentes, la revista Tú. Y me dijo algo que me dejó impactado cuando le pregunté: ¿por qué escribes eso si puedes hacer una obra de teatro?, hiciste el guión y creaste muchos personajes de Odisea Burbujas, que era el negocio. Y ella me dijo: Porque a las mujeres mexicanas les gusta que les mientan. Me acuerdo de esa frase, algo así como, tú crees mis mentiras, yo creo las tuyas, era una revista rosa. Le pregunté, ¿por qué no escribes un libro? Contestó, no, porque me voy a morir de hambre, esto es un mercado. Esta es una de esas anécdotas que tengo guardadas, como que Liz Gallardo, una actriz, me escribió (risas) y yo dije, ¡ay!, me están cotorreando pero no, sí me escribió. Jenny Beaujean también, por cierto.

Tienes bastantes fans.

Chulpan Khamatova, ella no me escribió, yo me la inventé. (Risas). Traducía pues los videos, es que como habla ruso, y yo decía: ah, así saludo. Y me traducía. Me dolió cuando me quitaron mi Facebook porque ahí tenía una imitación de Octavio Paz increíble, me gustaba mucho, realmente sensacional, tipo Ponchivisión. Y le doblé la voz a Octavio Paz y hablaba sobre un poema mío. Sensacional.

¿Has tenido algún problema por tus escritos, aparte de la censura de tu blog?

No, el problema para mí es encontrar una editorial, publicar un libro. Pienso que  la sociedad chiapaneca es como una gran familia, tienes que tener los vínculos familiares, si tus abuelos son de acá, tener una historia. Para mí los libros de Coneculta son una basura, pero bueno son los amigos del amigo del amigo, el sobrino del sobrino del sobrino. A mí publicar un libro me emociona porque es como si yo hiciera un disco, o sea, yo no hago índices, hago tracklist y es como salir de gira, pero es muy difícil acá, quizá también por los temas que toco. Pero tengo el blog y con eso.

Pero has publicado libros.

Sí, pero yo, tirajes de 50, 70, autopublicados.

¿Cuántos libros has publicado?

El que me editó Public Pervert, que se llama “El apetito de los ciegos”; “Intencionalmente náufrago”, editado por Carámbura; los que me autoedité que se llaman “Prohibido degollar patos” y “Bruce Wayne y la Generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova)”, que está más largo el título que el libro (risas). ¡Ah! Y el señor Edgardo Nieves, de Puerto Rico, me editó “Nunca sonrías a Optimus Prime”; “Pollito Card” editado por la Unicach. Y ahorael libro que se llama “Baxter Memories: vida y obra de Victor Von Doom”.

Pero también me gusta esa condición. Mi única familia era mi mamá, entonces, si antes me sentía solo, ahora me siento más solo y no tiene que ver con que yo pueda ir a ver amigos, sino que tiene que ver con cuestiones de convivencia, de educación. Mi padre me tuvo a los 70 años, hay como una brecha generacional. Las cosas que a mí me enseñaron no tengo con quien platicarlas.

¿Qué es el amor para ti?

¡Es todo! Me voy a ver muy bíblico, muy Corintios, pero sí es todo. El amor involucra todo, vida, pasión, transición, paciencia, desencuentros. Ahora no se puede ser tan unilateral, pienso que el respeto es muy importante. Mi papá era muy educado, siempre enseñándome parámetros para hablar, yo tenía vecinos que hablaban en chiapaneco, y me decía: No hables así. Pero no lo decía en mala onda, para él eran incorrectas estas palabras, ey vos, miraló. Yo no hablo así, no por mamón, sino porque de niño eso me inculcó mi papá, entonces, esas cuestiones en vez de que me ayudaran me dejaron muy solo, porque nunca las olvidé y es mi forma de ser. Y en la escuela el rechazo y eso tiene que ver con el amor, con las diferencias, porque nunca vamos a ser iguales, y eso es lo bonito, el temperamento entre un hombre y una mujer, pero sí es bien importante la educación y el respeto hacia el otro. Y si es hacia la mujer, mayor, porque es nuestro complemento, uno va solo por la vida y siempre está ese vacío, te hace falta tu pareja, te falta con quien hablar.

Las veces que he vivido en pareja realmente han sido bonitas. Pero hay cosas que uno hace. Si una mujer está “clavada” es disciplinada, está preocupada por esto o aquello, y uno ya desde el jueves o el viernes se empieza a sustraer, hablo de un hombre viril (risas), un poeta… puñalón (más risas). No, hablo de que ya está uno pensando en quién va a jugar cuando hay NFA, viendo los juegos y hablándole al amigo; yo soy fanático y mis amigos también, del deporte.

En San Cristóbal (de Las Casas, Chiapas) viví con una persona y era increíble, con su hijo me llevaba muy bien, pero sí, hablo de esos detallitos maravillosos que tienen que ver con el amor, con la vida, o sea, el amor es la suma de detalles que parecieran insignificantes pero que hacen bonita la vida. Un día dije: mm ya barrió pero voy a comerme una mandarina y no se va a dar ni cuenta –fui muy cuidadoso, según yo-,  y de repente sale, voltea, ve el piso: Mandarina, ¡quién comió mandarina! Y dije, cómo es posible. Era una madrecita, y me regañaron por esa pinche mandarina, o sea, ¡la vio! (Risas).

Tengo muchas anécdotas, como cuando me habla por teléfono en el año 2000 y sale con que: Es que, no sé porque ando contigo. Me dije, ya valí madres, y me aclara, no eres guapo pero estás curiosito. (Risas) Las dos novias con las que mejor me he llevado ha sido una de Tijuana y la otra, de Guadalajara. Ella, cuando nos despedimos, lo último que me dijo fue sensacional: ¿Qué pasó mis ojos de Furby? (Risas) Un día platicábamos: Uy, se murió el rockero Jimmy Bain; ella, ¿quién chingados es? El bajista de Rainbow, le aclaro. Me pregunta, ¿cuantos años tenía? 70 años, respondo. Dice, ya estaba ruco. Y yo, ¿qué te pasa?, ¡es una leyenda! Y ella, ¡ay, no mames!, leyenda el chupacabras (risas). O cuando mi ojo estaba rojo: Ella, ¿qué te pasó? Es que tengo una infección en los ojos, y ya hablando de la tecnología, dice, a ver, mándame una foto por whatsapp. Se la envío y me dice, oye tienes los ojos verdes. Le digo, ¡ay, no mames!, ¿cómo los ojos verdes? Contesta, entonces es pus (risas).

Esas cuestiones que me han acompañado, entonces, cuando no están, ya no sé ni para dónde irme, quizá por eso corro. Esa es una forma también desesperada y escribir también me ayuda o leer.

El amor involucra todo / Foto: Leticia Bárcenas González

¿O sea que corres tras del amor?

¡No!, como Forrest Gump (risas). Tengo un problema con mis nervios ópticos y ya estaba,  como dicen mis amigos, como viejecito, el caso es que me llevaron al doctor y bla bla bla, tuve un tratamiento muy agresivo con cortisona pero el doctor no me dijo los efectos secundarios y me encontré dos horas corriendo. Me dijeron, ¡ey, ya!, te va a dar un infarto. Al otro día, desde las cuatro de la mañana, a correr y a jugar futbol y hablaba y hablaba. Cuando regresé a mi cita con el doctor: ¿Cómo estás? Bien y sudaba. Es por el medicamento, me explica. Y tengo la boca reseca, le dije. ¡Ah, se me olvido decirte que vas a tener una pinche energía!, me dice ¿Por qué no me dijo?, no puedo dormir. Ya vele bajando, de una pastilla vas a tomar media, ya después vienes y nada más un cuartito. Y ya que se estabilice lo dejas.

Pero no me dijo antes. Todo el día estaba corriendo, llegaba, vivo con unos cristianos y hasta me metía a opinar, no podía dejar de hablar, no podía dejar de correr. (Risas).

Ahora háblanos del futbol, ¿qué es el futbol para Luis Daniel?

El futbol, como todos los deportes, es maravilloso. Creo que el profesionalismo o comercialización le vino a dar en la torre a todos los deportes. Pienso que el futbol americano es formativo y puede ayudar a los jóvenes, a los niños, te vuelve disciplinado, te vuelve educado, te vuelve solidario, igual el futbol soccer. Lo que pasa es que  ahora con los sueldos que se pagan, con la excesiva comercialización, realmente se han deshumanizado como muchas cosas; la misma literatura. Fui a la feria del libro en Guadalajara y pienso que es lo menos literario que he visto; sí es bonito, es enorme, pero es tan grande que se pierde, no captas nada.

El futbol como deporte es bonito, te hace competitivo, te hace valiente, te hace audaz, si no hubiera sido por el futbol ya me hubiera doblado; con el futbol enfrenté fracturas, enfermedades, tristezas. Como deporte es maravilloso, sigue siendo un deporte muy bonito, aparte de que el futbol, cualquiera lo puede jugar, claro que viene la técnica individual, cosas que tú vas trabajando, pero para divertirte, aunque no sepas jugar muy bien, pones dos piedritas y la armas, dos y dos o yo solito, juego contra la pared. Es un pretexto para reunirte con tus amigos.

¿Y el rock?

¡El rock es todo! Para mí una de las grandes pasiones siempre van a ser las mujeres, el rock, el futbol y después la literatura. Para mí hay prioridades.

El futbol es maravilloso / Foto: Leticia Bárcenas González

Hablando de mujeres, ¿cómo eliges a las mujeres para dedicarles tus poemas?

No, ellas me eligen a mí (risas). Es también esa cuestión de querer vivir, que te emocione algo, aunque es un cliché, yo no veo tan descabellada la idea de un goleador que dice que cuando mete un gol es como un orgasmo, porque el amor es eso, es la emoción, no solamente tratar de ligarse una mujer si no es todo lo que conlleva, una conversación, compartir una comida, una canción que te marca. Por ejemplo, yo me acuerdo de mis novias de la prepa por las canciones, y ya las veo y esos momentos son como ¡uy! Y te sientes así como Hulk: humanos miserables (risas). Te sientes así por esos momentos que después permanecen porque aparentemente uno termina y dicen que todo lo que termina no termina bien, eso es un cliché. Yo tengo muchos problemas, bueno, antes tenía más problemas; sin embargo, hoy me encuentro a mis ex parejas y todo muy bien, creo que eso también me da pauta para seguir disfrutando la vida y no sentirme tan mal.

Pero y las mujeres de tus fotos, las fotos que publicas.

Es una historia muy larga, Héctor (Cortés Mandujano) me manda su columna, y yo ponía un texto, porque estaba en competencia con (José) López Arévalo, pero no en competencia mala onda, sino de que mi columna está más chingona que la tuya y ahí empiezan de que no, que era una posición machista o algo así, igual yo, dije, si está en bikini o va en pelotas (risas), pero fue una cuestión así, y al momento de estar publicando fotos, los mismos amigos te mandan archivos. A mí me contactaron con un latino, se llama Carlos Núñez, pero como ya no está la Ñ ahora se llama Carlos Nunez y tiene unas fotos muy chingonas; una alemana, Lili Panic, me mando fotos de ella. Ya en Facebook, mis mismos conocidos me mandan los links. El doctor Fanatic, él tuvo una banda de rock, se llama La Sociedad de las Sirvientas Puercas, que ahí estuvo José Manuel Aguilera de La Barranca, Saúl Hernández de Caifanes, él es artista plástico, artista visual pero también hace canciones muy locochonas, yo pienso que es alguien realmente no valorado. Tiene una propuesta interesante, es un cabrón muy arrebatado, él también comparte fotos.

Entonces, las fotos que publicas no son de internet, son imágenes que tienes en tu archivo personal.

Son de fotógrafos, Carlos Nunez, Marco Onofri, Roberto Girardo de los que me acuerdo, y otros. Tuve una novia que estudió en el ITESO, que es una universidad jesuita de Guadalajara, una universidad muy bonita y con mucha lana, de ahí es Kunamoto y también es egresado Gis, yo conocí amigas de esa exnovia, ellas mismas se tomaban fotos y me las empezaron a mandar, entonces se hizo como una sociedad, pero ya no publico muchas porque me quitaron el Facebook.

Siempre escribo pensando en rock / Foto: Leticia Bárcenas González

¿Luis Daniel es voyeurista?

Sí, pero voyeurista, no de que ande espiando a mis vecinas, solitas salen cuando tiembla (risas). Yo no ando espiando a la gente, más como están las cosas, y nunca lo he hecho, realmente, y espero nunca hacerlo, si alguien me va a denunciar por algo, es por irresponsable, o no sé, por infantil, pero por ejemplo que mandan un video, sí, sí lo veo. Y tengo mi escala de calificación, hay unos que son novatos (risas), pero ¿eso es voyeurista, no?, ver porno.

Trabajé un tiempo en Cancún, y eso me marcó, así como disfruto ahora escuchar cantar a los pajaritos, el olor a tierra mojada cuando amanece, realmente yo agradezco, y bendigo a Dios. Igual en Cancún, que es otro escenario, yo decía –No, Dios se pasa de lanza, (risas) hay mujeres muy guapas. Bromeo diciendo que no soy gay por eso, sí están bien chidas. Y era muy joven cuando fui a Cancún, entonces me quede así, ¡impresionado! Aparte, el mar es bonito (más risas).

Luis, ¿cuáles son tus temas recurrentes para escribir?

El libro que me publicó Héctor, lo leo y me mareo, me da vértigo, es un libro doloroso. Héctor me dijo vamos a publicar pero ni un poema juguetón –él los llamó juguetones-, y tienen que ver con el dolor, con el vacío, y principalmente de una época donde yo luché mucho por mi adicción a la cocaína, entonces, es un tema recurrente, en ese momento. No es una apología de la droga, al contrario, es el dolor, es el infierno, entonces creo que sí, es un tema que está ahí. Yo nunca me creí Bukowski ni esa cuestión, ni decía ‘este es el camino’. Al contrario, si había la oportunidad de decirle a alguien que no la probara, que te engancha y es un camino muy doloroso, lo hago.

Pollito card es un libro de unas cartas que escribe un niño, y les voy a ser honesto, esos textos yo los escribí en un colchón sucio, en un cuarto sucio, sudando, donde yo quería ya dejar de consumir. Y me cree –porque no soy como este niño- toda esta visión infantil, era como sacarme de las drogas, entonces escribí textos que realmente son muy lindos, muy transparentes, pero yo era un monstruo. Construí a ese niño que después me dio la mano y me sacó, realmente es un tema que está ahí, lo de las drogas, pero como dolor, como sufrimiento.

El amor, las mujeres, el rock, yo siempre escribo pensando en rock, yo no quiero escribir un poema como Efraín Bartolomé, ni como Jaime Sabines, quiero escribir un poema como Megadeth, como Black Sabbath, que un poema suene como eso. Como los Ramones, sin tanto estilo, que sea descarnado, frontal. Julio Trujillo, un ensayista, poeta de (la revista) Letras Libres, hace mucho tiempo lo dijo, tenemos que meterle algo de hip-hop, yo lo voy a cambiar por rock. Tenemos que meterle algo de rock a nuestros poemas, porque si no, vamos a matar de aburrimiento hasta nuestras madres. Yo pensé que era el único que llegaba a las pinches presentaciones y estaba de ya me quiero ir, me aburro, igual no soy un buen lector de poesía ¡y no me interesa serlo! A mí lo que me interesa es la vida, y el rock y las muchachas en bikini (risas).

¿Te consideras poeta, escritor o bloguero?

No, me considero un buen rockero, rockanrolero.

Luis Daniel Pulido / Foto: Leticia Bárcenas González

 

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SILUETA

Lugar de nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Nombre completo: Luis Daniel Pulido Aguilar.
Fecha de nacimiento: 15 de diciembre de 1970.
Edad: 47 años
Número de hermanos: Uno, Marco Pulido.
Estado civil: ¡Eh! Viudo (risas). No, soltero.
Número de hijos: No sé, no me han avisado.
Pasatiempos: Leer, hacer ejercicio y mirar futbol.

Libro de cabecera: Memorias de un amante sarnoso, de Groucho Marx; Extrañando a Kissinger, de Etgar Keret; Diecisiete tomates y otras historias de  Cachemira, de Jaspreet Singh. Como diría un amigo, te gustan libros que nadie conoce, pero son libros de travesuras, esos libros me encantan. Nuestro lado oscuro: Una historia de los perversos, de Élisabeth Roudinesco.

Y en música: Tengo tantas, no las tengo así, a la mano, pero de cabecera: de rock and roll. Me gustan Los Suaves, una banda de rock de España, me gusta mucho, y anglosajón me quedo con Iron Maiden, me gusta esa banda, quizá porque los discos me marcaron, y yo sigo escuchando a Iron Maiden, sobre todo los primeros discos.

Tu comida predilecta: ¡Ay, tengo tantas! Me gusta mucho la carne asada, con cerveza (risas).

Ritual: Tengo uno porque jugué futbol, y era como una cábala. Yo dejaba que mi mamá me doblara mi sudadera, si no, no jugaba. No me sentía cómodo, y así viajaba. Ahora que no está mi mamá, procuro hacer los mismos dobleces, aunque ya no juego, ya no estoy en un equipo pero ese es mi ritual.

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EN CORTO

Arte: Dolor
Imaginación: Todo
Versos: No me gustan
Blog: Archivo
Leer: Pasión
Mujer: Vida
Barco: Navegar
Disco: Rock and roll

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Derrumbes

Iglesia San Vicente, en Juchitán, Oaxaca, México / Foto: AP

 

Las palabras son huellas enmohecidas,

alejadas ya de las cosas que nombran,

espacios vacíos, fisuras, restos.

Afasia temporal.

Nada que decir, nada que las palabras colmen.

 

Lo futuro se desmiembra.

El tiempo, descentrado,

se alarga,

pero está lejos de ser un espejismo.

 

Después del derrumbe,

las cosas se reafirman como cifras que se abren.

Miro a un perro y me veo dibujada en sus entrañas.

Por una vez, mi cuerpo no se escinde,

no se ancla en su destierro

ni insiste en el ritual de sus heridas.

 

Después del derrumbe,

en este centro del mundo mana un lenguaje

lejano a las palabras.

 

Derrumbes (fragmento) / Julieta Gamboa (D.F., 1981). 

Hombres de Maíz

Graffiti en las calles de Tuxtla Gutiérrez / Foto: Lety Bárcenas

y, así, los dioses vieron el fruto de su esfuerzo…

Popol Vuh

Estar árbol

Foto: Lety Bárcenas Glez.

Estar árbol a veces, es quedarse mirando (sin dejar de crecer) el agua humanidad…

Carlos Pellicer