Algo pendiente

Foto: Leticia Bárcenas González

 

Algo pendiente queda entre nosotros:

una mañana que inventar

para seguir la línea,

esperar una voz entre la multitud;

cartas sin regreso,

intervalos, suspiros y las aves

finalmente sin alas para huir.

 

¿Qué harás esta tarde para no venir?

¿Crees en la palabra distraída,

amor y rostro en una misma encrucijada?

Me haces falta

por aquello de un beso

donde se detiene el transeúnte a mirar;

tú no me buscas ya,

eso nunca esperé

para dejar de verte.

 

No encuentro la noche en que

acariciamos lunas, pero no vengas,

quédate,

al cabo de las horas

todo es lo que nunca quisimos

vacío y nada

y basta.

 

Algo pendiente / Verónica Zamora (Colima, México. Mayo 6 de 1965)

Fuente: Ávidas mareas. Breve muestra de la novísima poesía mexicana. Pról. y selec. Alejandro Sandoval. INBA/UAZ. México. 1988.

Alguna vez, de pronto…

Alguna vez, de pronto, me despierto:
Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.

 

Estoy sola, pero siempre estoy sola:
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.
Oigo mi corazón, vieja campana
que dobla y que golpea,
que rebota en las sienes y en la nuca
y en la boca y los dedos.
Es cierto, tengo miedo.
Miedo de no poder gritar, de pronto,
de que ya sea demasiado tarde
para un ruego.
La costumbre ahoga las palabras
y alarga el desencuentro.
Ah, tantas cosas quedarán ocultas,
perdidas, sin recuerdo,
tantas palabras que no fueron dichas,
tantos gestos.

 

Unos dirán: Yo sé, la he conocido,
fue una ardiente rebelde,
se desolló las manos y la vida
por defender los que creyó más débiles.
Otros dirán: Yo sé, la he conocido,
era dura, malévola,
avara de ternura, con la boca
mostraba su desprecio.
Alguien dirá: Y cómo sonreía…
Qué importa
lo que vendrá después del gran silencio.
Claro que tengo miedo.
Así, en la madrugada
mientras algún dolor -un dolor, siempre-
va hincando sus agujas en mi cuerpo,
abro las manos en la sombra dulce
para atrapar mi soledad, de nuevo,
y me quedo a su lado, sin moverme,
con los ojos abiertos
la vida detenida.
Toda mi sangre es un temor inmenso.

Foto: Igor Vasiliadis
Foto: Igor Vasiliadis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alguna vez, de pronto… / Julia Prilutzky (Poeta ucraniana nacionalizada argentina. 1912-2002)

Rumor de mar

Este dolor que habito,

es rabia contenida

de una piedra,

el asir de manos

que atrapan el vacío,

noche poblada de silencios,

cloaca de olvido,

cáncer en la memoria.

 

Tu no decir

me ensordece,

y las palabras, como nubes,

me abandonan.

 

Otras voces reemplazarán la ausencia.

Algo he de hacer para sobrevivir

en este reino de silencios:

seguir

el rumor del mar

que me espera con un ancla

o el castigo de amanecer

en otros brazos.

Y después, sin decir adiós,

convertirme

en

otra

ausencia.

Foto: Eduardo Gleason Berumen
Foto: Eduardo Gleason Berumen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rumor de mar / Leticia Bárcenas González (Distrito Federal, México. 1966)

Búsqueda

Me asomo detrás de la ciudad

las ventanas y los tejados

platican entre sí

 

Duermes junto a mis caderas

 

emergiendo la claridad

 

buscas mis hombros

entrecierras los ojos

sonríes

sabes que te pertenezco

 

 

No hay amor

no hay mariposas

la ciudad

ha quedado vacía

 

Existe la figura de una mujer

Delgada y anciana

alguna vez

quizá

alta como un inmenso pétalo

de margarita

 

 

Me asomo a tus ojos

atravieso los espejos

donde tal vez

exista la ciudad

que busco

Foto: Yuri Kozyrev
Foto: Yuri Kozyrev

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Búsqueda (fragmentos) / Margarita Alegría (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Octubre 1965 – Mayo 2012)

Fuente: Poesía en voz alta. Antología para jóvenes. Volumen tres, tomo II. Secretaría de Educación Chiapas. 2002. Serie: Lecturas sobre la realidad chiapaneca.

Tiempo

Qué peso hemos de cargar cada vez que amamos,

esa sensación de morirse una y otra vez,

estar de pie como sonámbulo entre la gente,

doblar y desdoblar tu imagen cuando escucho mil sonidos,

cuando veo mil rostros que pasan a mi lado.

 

A qué se debe este infierno, a qué se debe esta gloria,

si aún no sé la respuesta,

ese que determina el principio y el fin,

ese que nos rige los pasos,

ese que me rige por dentro

y me es imposible luchar contra el tiempo,

que no puedo vencerlo,

que es más fuerte que yo,

es como vencerme a mí misma,

porque yo soy el tiempo,

porque cada uno es el tiempo,

porque tú eres el tiempo,

mi tiempo,

mi momento,

mi ahora,

porque yo te amo.

 

Foto: Egor Shapovalov
Foto: Egor Shapovalov

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempo / Adriana Martínez Morales (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 1976)

Fuente: Poesía en voz alta. Antología para jóvenes. Volumen tres, tomo II. Secretaría de Educación Chiapas. 2002. Serie: Lecturas sobre la realidad chiapaneca.

He aquí que tú estás sola y que estoy solo…

He aquí que tú estás sola  y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y  yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.

Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

Foto: Harald Hauswald
Foto: Harald Hauswald

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He aquí que tú estás sola  y que estoy solo… / Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 1926 – Ciudad de México. 1999)

 

 

Dame mi soledad

Quiero que me hagas el olvido

como antes me hacías el amor

 

Vendrás.

No tengo ganas de arreglar el cuarto

donde descansaremos o haremos el amor

(según el ánimo, la luna llena

el tráfico con que te hayas enfrentado).

Debería hacerte de comer, lavar los trastes,

así como llevé tu traje a la tintorería.

Pero hoy no tengo ganas de hacer esas cosas,

de vivir el lugar común en que vegeto

junto con las vecinas de abajo y de arriba.

 

El viento de la tarde me recordó el mar,

después vino la lluvia y con ella los sueños.

 

Hoy quisiera acostarme sobre la arena húmeda;

navegar hasta que el cansancio nos deje a la deriva;

liberarme de las cuatro paredes de la rutina;

amanecer sin prisa, buscar leña

y hacer una fogata a la orilla de un río;

aprender los caminos de tus ojos

como si fueran los de un desconocido;

navegar o convertirme en espuma,

en alga, en estrella de mar, en erizo;

pero ya ves,

tu burocracia sólo me da la posibilidad del sueño

y aunque somos amantes, yo cada vez te siento

más esposo y menos compañero.

Foto: Gilles Caron
Foto: Gilles Caron

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dame mi soledad (fragmento) / Marisa Trejo Sirvent (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 1956)

Fuente: Poesía en voz alta. Antología para jóvenes. Volumen tres, tomo II. Secretaría de Educación Chiapas. 2002. Serie: Lecturas sobre la realidad chiapaneca.

Ahuyentemos el tiempo, amor…

Ahuyentemos el tiempo, amor,
que ya no exista;
esos minutos largos que desfilan pesados
cuando no estás conmigo
y estás en todas partes
sin estar pero estando.
Me dolés en el cuerpo,
me acariciás el pelo
y no estás
y estás cerca,
te siento levantarte
desde el aire llenarme
pero estoy sola, amor,
y este estarte viendo
sin que estés,
me hace sentirme a veces
como una leona herida,
me retuerzo
doy vueltas
te busco
y no estás
y estás
allí
tan cerca.

Gioconda Belli

Foto: Ira Chernova
Foto: Ira Chernova