9

Me verás perdido en cada capa del mundo
Si alzas la cabeza, si bajas la persiana,
si sales al balcón, si regresas a tu cuarto
Estaré ahí, aunque nada te motive a pronunciarme
Aunque nunca te percates de mi boca
Aunque creas que el reflejo de la luz te cubre
Aunque vengas tan dispuesta y tan ufana
Me verás, a propósito de cualquier luna
Descendiendo de un trapecio, allanando tu mirada,
devolviéndote las ansias sin culpa,
la moral de tu fluido carmesí
Estaré porque todo me seduce
La fusión de la seda y el encaje
El alcance persecutorio del violín
La magnífica obertura de los cuerpos
La victoria que sólo ocurre en la noche

Gustavo Ruiz Pascacio (Tuxtla Gutiérrez, 1963)
De su más reciente poemario: No viene la primavera en las líneas de mi mano

Foto: Leticia Bárcenas González
Foto: Leticia Bárcenas González

Palabras

Foto: Guy Bourdin

Yo sigo el rastro de la tinta oscura
para encontrar palabras que sean lo que son y al mismo tiempo
lo que no pueden ser, lo que transita.

Las horas que gastamos en pensar;
la exactitud de lo que no es exacto;
el margen de equilibrio que evita que los dedos del presente nos mancillen.

Foto: Guy Bourdin
Foto: Guy Bourdin

La sensación de estar donde no estamos
y también la contraria:
no ser jamás del todo lo que somos.

Materia y consistencia y transparencia:
como una fina lámina de mármol
deja pasar la luz

Álvaro García

Ausencia de amor

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

Juan Gelman

Foto: Leticia Bárcenas G.
Foto: Leticia Bárcenas G.

El futuro

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y sé muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

Julio Cortázar

Fotografía: Melvin Sokolsky

Melvin Sokolsky

Oda al otoño

Hay que saber
callar en todos
los idiomas
y en todas partes,
siempre
dejar caer,
caer,
dejar caer,
caer,
las hojas.
Difícil
es
ser otoño,
fácil ser primavera…

Oda al otoño (fragmento) / Pablo Neruda

Fotografía: Michael Carlebach

2 Michael Carlebach

Gustavo Ruiz Pascacio, poeta y ensayista

“Es el país de las historias profanas contadas a contraluz en un rincón gótico. Es la bocanada de humo más próxima a la hoguera donde serenan sus almas los errantes y los infaustos. Es el alivio a la seducción de los claroscuros en un instante retinal…” No, no es México ni algún otro país latinoamericano, la poesía de Gustavo Ruiz Pascacio habla de un país interior de memorias y desvelos.

Revisando el archivo de Desmesuradas,  disfrutamos nuevamente la charla con el poeta Gustavo Ruiz Pascacio, autor de los libros «Escenarios y destinos» (Coneculta-Gobierno del Estado de Chiapas 2008) y “La plástica en Chiapas: el tránsito del color y la explosión de la forma” (UNICACH 2010), entre otros, por lo que invitamos a quienes no lo conocen, se acerquen a él y a su trabajo, y a quienes lo conocen, encuentren en esta entrevista realizada en 2003 a un ser de carne, hueso y gran sensibilidad.

El amor, la filosofía y la poesía: ‘son inútiles, pero indispensables’

Leticia Bárcenas González

Gustavo Ruiz Pascacio, con su obra/ Foto:Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio, con su obra/ Foto:Cortesía

Nacido hace 40 años en el Barrio de San Roque, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Gustavo Ruiz Pascacio, Premio Nacional de Ensayo Luis Cardoza y Aragón 2003 para crítica de artes plásticas, fue galardonado en Monterrey, Nuevo León por su trabajo La plástica en Chiapas: el tránsito del color y la explosión de la forma. El jurado del premio, convocado por el Instituto Nacional de Bellas Ates, estuvo conformado por Paulina Lavista, María Minero y Xavier Moyssén.

Aún bajo los reflectores de este galardón, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, edita y presenta su poemario El amplio broquel de la melancolía, del que el poeta y ensayista dice: “Es un parteaguas en mi trabajo poético. Pasa por cuatro escenarios tangibles de la figura central del poeta que son la casa, la calle, la tumba y, finalmente, el escudo de la melancolía. El escudo de la vida desde el lado sufriente y desde el lado gozoso, ese es el escudo de la melancolía para mí.”

Esta charla, con Expreso Chiapas, se da en su casa, un lugar lleno de luz en el que aún hay huellas de sus fantasmas “los de la carne”, por supuesto, y que, a decir de Gustavo, le acompañan en sus momentos oscuros. Me invita un refrescante y delicioso vaso con agua de papaya, preparada por él, ya que también sabe cocinar y, asegura, lo que mejor le sale son los caldos… de cultivo.

Como buen ariano, dice ser celoso y posesivo aunque reconoce que es menos posesivo de lo que la astrología dice, ya que “lo he sido pero no ha traído buenas cuentas, así que estoy en otro proceso.” En cuanto a las otras características de su signo zodiacal (Inteligentes, ordenados y entregados al trabajo) aclara “Trato de ser ordenado y disciplinado hasta donde puedo. Hasta para mis manías soy disciplinado, las manías son manías y hay que disciplinarse”, afirma entre risas. Al preguntarle cuáles son esas manías, sonríe y hace un gesto como de contarlas, “La principal es el asombro por lo otro y por el otro, y es ese asombro lo que me lleva a explorar las multitudes o la intimidad, de mi mismo que encuentra al otro, y la intimidad del otro amado o del otro desamado, o desarmado”. Reímos.

Sin embargo, al hablar de su trabajo como creador, Gustavo Ruiz Pascacio, se vuelve serio; lo imagino en su salón de clases, en la Unach, como profesor:

–¿La poesía tiene una finalidad? ¿Cuál es?

–Alguien dijo una vez que en esta vida había tres cosas inútiles: el amor, la filosofía y la poesía; inútiles pero indispensables. La finalidad central de la poesía, para los lectores, es de alguna manera detonar todas las posibilidades emotivas que el ser humano tiene inherentemente, y que de una u otra manera, la vida cotidiana de este mundo posmoderno, sobre todo, nos ha dificultado encontrar. En ese sentido la poesía sí tiene una finalidad en términos estrictos de pensar en propósitos utilitarios, corro un riesgo al decir este término. Ahora, si tú me preguntaras para mí qué es la poesía, te diría que es revelación. Revela no sólo el interior humano sino lo que está más allá de nuestra realidad, que no alcanzamos a palpar pero que eso no implica, y no significa, que no esté ahí. Uno de esos elementos centrales que no palpamos es el interior de nuestra sensibilidad y la capacidad humana que tenemos de asombrarnos, de maravillarnos, de sufrir y de gozar.

–¿Y es cierto que en poesía lo más importante es la forma y no la anécdota?

–Es una conjunción, el poeta, por sobre todas las cosas, aun cuando estemos en un periodo donde las teorías de interpretación históricas están en un colapso y en donde, incluso, hay teóricos que niegan a la historia como disciplina, como ciencia, en donde hay una negación también del sentido de lo humano, considero que independientemente de todo ello, la poesía debe volver al canto, eso implica volver a una conjunción de lo que tú llamas anécdota, y yo llamaría contenido, y evidentemente, la forma. ¿Por qué? Porque en la poesía todo es diálogo. En la poesía se produce un detonante que es el ritmo y la sincronía. Todo el proceso cósmico, todo el proceso universal es eso, ritmo y sincronía, y si no lo encontramos en el poema, entonces, no encontramos el poema.

–Cuándo has terminado un poema y lo lees ¿te sorprendes?

–Me sorprendo desde el momento en que tengo la posibilidad de construir y de encontrar el poema, porque, pienso, el poema no sólo se escribe en términos llanos, el poema se encuentra, el poema se construye. El poema es un ente, un ser más, que está y no está porque finalmente está hecho de lenguaje. El lenguaje es lo que somos pero lo que somos es sólo lo que podemos reducir a conceptos y a formas.

–¿Cómo eliges el título de un poema?

–Por lo regular elijo títulos de poemarios. Generalmente no escribo poemas aislados, escribo más bien, o pretendo escribir, siempre un poema de largo aliento: lo que ocurre es que lo voy dividiendo en partes, o el poema se va manifestando y se va dando en partes. Entonces, lo que escribo son poemarios en términos de un largo aliento. Y el título se revela, llega y al llegar lo que uno decide es si accede a la posibilidad de desarrollar todo lo que ese título implica o si lo deshecha; en ese sentido, cuando el título me llega y me asalta, trato de llevarlo al plano de mi racionalidad y entonces empiezo a trabajar los posibles escenarios en los cuales pueda cantar ese título y ese poema. De ahí, defino si va a tener tres o cuatro partes, qué tanto de extensión puede tener, cuáles son los temas que va a tocar, con qué aliento lo va a hacer, desde que voz tonal lo va a desarrollar, en fin, tiene que llevar un proceso previo a la escritura. Ya el acto de la escritura es diferente. Pero el proceso previo a la escritura, pienso, debe pasar por ello, porque no sólo pasa por el tamiz de la inspiración en términos casi dionisiacos, sino que también, y sobre todo, tiene que pasar por el tamiz de la reflexión.

–Entonces, ¿los títulos surgen primero y después el poema?

–En mi caso, los títulos del poemario surgen primero y ya después se va atando y se va construyendo el poema en sus diferentes facetas.

–¿Te preocupa que los lectores de tu poesía la comprendan de una manera distinta a como tú la pensaste?

Gustavo Ruiz Pascacio visitando Puebla/ Foto: Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio visitando Puebla/ Foto: Cortesía

–No, Al contrario, me anima mucho que así sea, porque la poesía, como toda manifestación artística, tiene una multiplicidad de sentidos y aunque nosotros, los escritores, y los poetas en particular, quizá tenemos un público hipotético, cuando estamos escribiendo de alguna manera dialogamos con nuestros fantasmas, dialogamos con un desconocido que es nuestro lector, y aunque existe un lector hipotético, existe también un lector inesperado y ese lector inesperado puede estar en consonancia con nuestros estados anímicos que resolvieron la emotividad del poema, pero también pueden no estarlo y eso finalmente me lleva a la sorpresa.

–En algún lugar leí que un poeta decía que la poesía es la aventura de la libertad ¿Qué opinas?

–Sí, así es, en el sentido de que nos hace más capaces de poder integrarnos y a la vez de poder disgregarnos. La poesía tiene un doble andamiaje, un doble motor, por así decirlo: integra todo aquello que el ser humano encuentra emotivamente pero a su vez lo disgrega porque lo transmuta, lo convierte en algo más allá del poema, en ese sentido, pienso que esa capacidad de integrar y disgregar, es decir, de asociar y volver a disasociar, sólo lo puede dar el espíritu de la libertad.

–¿Escribir te angustia?

–Depende de lo que escriba. Hay temas, situaciones, anécdotas, circunstancias que angustian, pero hay circunstancias también que relajan, te vuelven de pronto más luminoso. Todo depende, hay momentos oscuros, hay otros lumínicos, en uno y otro puede estar presente la angustia, el dolor, pero también la festiva posibilidad de amar.

–¿Eres una persona pasional?

–¡Sí, por supuesto que lo soy! ¡Uno tiene que vivir con pasión! Con pasión tiene uno que angustiarse, con pasión tienes que animar los sentimientos más sublimes que puedas encontrarte en el camino, eso sólo lo da la pasión. Hay un verso que me fascina mucho, está en ese gran libro llamado Biblia, que se llama El Cantar de los cantares: “Tan fuerte como la muerte es el amor y la pasión, tenaz como el infierno”.

–¿Qué despierta tu pasión?

–En términos generales la literatura. Decidí tener un proyecto de vida que es la literatura, y estrictamente, digamos, en términos de género, obviamente el efecto más importante en este camino es la poesía, pero también escribo ensayo. Me apasiona mucho la investigación literaria.

¡Me apasiona la vida! La vida tiene que ser apasionante en todo momento y en todas sus circunstancias; me apasiona desde una caminata en la madrugada hasta un partido de futbol, soy un apasionado del futbol. El futbol no es una actividad para mentes pequeñas como alguien alguna vez lo definió. Creo que el futbol es la capacidad masiva, universal, que nos devuelve al origen tribal de lo que somos, en ese contexto es fundamental; cuando uno entra a un estadio de futbol, cuando uno ve a la masa, cuando uno, de pronto, intenta entrar al interior de  esa masa y descubrir sus motivos, sus encuentros, sus desencuentros, sus agonías, sus necesidades, sus efectos, es mágico, es extraordinariamente mágico. Y de pronto ver a esos veintidos tipos que están ahí horadando entre una y otra forma, esos aspectos tribales te hace encontrar que ese es el origen de lo que somos finalmente. ¡Eso es pasional! ¡Eso es simple y sencillamente apasionante!

Gustavo Ruiz Pascacio en su casa/ Foto: Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio en su casa/ Foto: Cortesía

Gustavo dice que en su tiempo libre practica futbol y el frontenis de cancha chica, le emociona hablar del tema, pero irremediablemente regresa a su pasión primera, la escritura. “Le voy a las Chivas del Guadalajara. No sé si por un efecto nacionalista o nacionalero. ¡No! Es más por una especie de tradición familiar. Te lo platico. En el Tuxtla de finales de los 70, la única posibilidad de comunicación con el exterior era el cine, la radio y las charlas que podías tener con los familiares mayores, tus tíos o tus abuelos. Recuerdo que mi padre se sentaba conmigo y escuchábamos los partidos de futbol que transmitía la XEW, entonces, para mí, esa posibilidad de encontrarme con la radio y con esa masa que no veía pero que estaba ahí, con el alarido que estaba de pronto ahí, de la emoción que era transmitida solo por una voz; para mí fue importantísimo para detonar ciertos aspectos de mi imaginación, ya lo demás lo detona el libro y lo detona la experiencia de lectura, pero esas circunstancias, esa anécdotas, esas posibilidades de encuentro con aquello que es lo maravilloso de lo que está ahí, pero que sabes que hay una invención, que además no está ahí. Eso para mí fue extraordinario.

–¿Qué leías de niño?

–Empecé leyendo cómics, como todos. Leía Kaliman, y me da mucho gusto que un amigo cercano, Arturo Guichard,que es doctor en filología clásica, catedrático en la Universidad de Salamanca, en España, tenga en su biblioteca la colección de Kaliman. Para mi es interesantísimo porque da una posibilidad de lectura del  comic más allá de lo que usualmente pensamos. Yo empecé leyendo Kaliman y Memín Pinguín. En una ocasión, cuando tenía ocho o nueve años, mi padre llegó con una gran caja de libros y nos llamó, a mi hermana y a  mí, y nos dijo que acababa de adquirir esa colección, que él no nos iba a dejar dinero, que la única posibilidad de herencia era la educación y que si alguien quería acercase a los libros, allí estaban. Entonces, a los nueve años estaba leyendo La Divina Comedia, Orlando Furioso (de Ariosto), Jerusalén libertada (de Tasso), obviamente, no entendía algo, pero que bueno que no entendí porque ahí es donde me di cuenta que la literatura no es lo que piensas, la literatura lo que te deja es la comprensión de la sensibilidad humana. Finalmente, a mi me dio esta posibilidad de comprender una sensibilidad humana y me dio un detonante para la imaginación, extraordinario. Con eso me di cuenta que uno sí puede dialogar con los libros, que uno sí puede dialogar con los autores, que uno sí puede debatir con los autores, que uno sí puede encontrar su propio libro en cada obra.

–¿Cuándo o a qué edad empezase a escribir poesía?

–Bueno, primero escribía canciones. En la prepa escribía canciones y leía, leía bastante. Quería estudiar literatura pero se me atravesó en el camino una sicóloga, en la prepa, y me dijo que para qué iba a estudiar literatura, me iba a morir de hambre, que yo lo que debería estudiar era derecho, entonces, le hice caso; me fui a estudiar derecho y fue verdaderamente atroz, terrible, deleznable, pero me tuve que aguantar porque no tenía otra posibilidad en ese momento, entonces, terminé la carrera, vine a la casa y le dije a mi papá: aquí está (el título), me voy a estudiar literatura. Bueno, me fui a trabajar un año y ya después de haber trabajado ese año, decidí estudiar literatura. Entonces, empecé a escribir, de manera más formal, por así decirlo, integrándome a talleres, aproximadamente en 1985. Desde esa fecha he estado ya de lleno en el trabajo literario y prácticamente desde 1987 a la fecha, vivo y como de la literatura. No me preguntes cómo vivo y cómo como, ¿verdad?, pero vivo y como de la literatura.

–Dice el poeta argentino Jorge Santiago Perednik que en poesía, la pasión es una de las reglas del juego, ¿cuáles serían las otras?

–Las otras son, pienso: una, el asombro, otra, la certeza de que lo que estamos cantando y escribiendo es algo que está ahí y que no está ahí, es lo inasible. Otra posibilidad más es la conjunción con lo que somos. La conjunción con lo que somos es una regla, la conjunción con lo que somos es el lenguaje, la conjunción con lo que somos nos lleva a, lo que te decía inicialmente, el ritmo y la sincronía. El ritmo y la sincronía creo que serían las últimas y las primeras reglas, a la vez, de la poesía. ¿Por qué las últimas y las primeras? Las primeras porque todo deviene de un ritmo y de una sincronía, en la vida y en el cosmos, y segundo, las últimas, porque dependiendo de esa capacidad de ritmo y de sincronía vas a tener le resultado final que es el poema. El resultado final que es el poema, es también parte de un proceso sincrónico que sigue más allá de ese poema, entonces, resumiría en esas: el asombro, la certeza de lo inasible, la conjunción del lenguaje y el ritmo y la sincronía de un todo.

–¿Cuál es tu opinión sobre la poesía que se realiza actualmente en México?

–Creo que a raíz de la desaparición física de Octavio Paz, hay un reacomodo en la poesía mexicana. Un reacomodo en cuanto a las variantes, a las posibilidades temáticas, a la forma de concebir la poesía, como género y como modo de vida. Desde ese punto de vista, hay una generación encabezada por gente como José Emilio Pacheco, como Eduardo Lizalde, que, de alguna u otra manera, son ya las voces consolidadas en la poesía mexicana, y de ahí tendríamos una generación inmediata, de entre una década posterior o de quince años posteriores en nacimiento a ello, que estaría encabezada, tal vez, por Antonio Del Toro, por Fabio Moranto, por David Huerta, fundamentalmente, esto a nivel nacional.

–¿Y en Chiapas?

–En Chiapas hay un problema central que es creernos esa conseja popular que dice que quien levante una piedra encuentra un poeta. En Chiapas no somos los vástagos de la piedra, no. Los vástagos de la piedra es una invención jocosa y “faciloide”, no. En Chiapas la poesía requiere una revisión fundamental y, pienso, ya hay algunos poetas que sí están ejerciendo esa revisión fundamental a la poesía como acto de lenguaje; esos poetas los podemos contar con los dedos de una mano.

El poeta disfrutando el paisaje/ Foto:Cortesía
El poeta disfrutando el paisaje/ Foto:Cortesía

–¿Quiénes son?

–A nivel nacional, evidentemente, Efraín Bartolomé, que es un parteaguas porque es el retorno al sentido ministerial de la poesía, y eso, en Chiapas al menos, no se había ejercido antes de él. Y ya desde nuestro estado hacia el exterior, pensaría en las voces de Roberto Rico, de Luis Arturo Guichard, de Carlos Gutiérrez, y de un poeta nacido aquí, en Chiapas, poco conocido en el estado porque su trabajo lo ha realizado más al exterior pero que es un joven muy talentoso, Ignacio Ruiz Pérez, y completaría este grupo con el trabajo de Marco Fons. Creo que son los poetas que han decidido creer en una poética, es decir, creer en la posibilidad de una consonancia del lenguaje a través de la palabra, con sus diferentes posibilidades, con sus variantes, cada uno dentro de sus escenarios, cada uno dentro de sus temáticas, pero fundamentalmente estaríamos hablando de ellos.

–¿Se ha superado la sombra del poeta Jaime Sabines?

–Creo que estas voces que he mencionado apuestan a ello, desafortunadamente sigue existiendo un modo sabiniano de escribir. El problema no es parecerse a Sabines, ese no es un problema, porque la poesía de Sabines tiene momentos puntuales muy importantes y fundamentales de la poesía hispanoamericana. El problema es asumir a Sabines como el eje rector de las voces de la poesía en Chiapas, ese sí es un problema. Y no nos hemos querido dar cuenta, quienes estamos inmiscuidos dentro del ejercicio de la poesía, que una cosa es que la poesía de Sabines sea adoptada por la colectividad y por los lectores múltiples que tiene, y otra es que la poesía de Sabines decida y genere los elementos rectores del lenguaje poético en Chiapas, hacia eso sí se debe ejercer, desde mi punto de vista, una actitud critica.

–¿Crees que la poesía actual perdurará en el tiempo?

–No lo sé, tendría que regresar dentro de cien años y tal vez, por efecto de alguna doctrina esotérica lo podría realizar pero en términos de la tangebilidad no lo creo.

Al fotógrafo y a mí nos sorprende su respuesta, Gustavo se da cuenta y ríe, nos ofrece más agua y retoma la respuesta: “No lo sé. Si la poesía actual tiene una vocación de lenguaje que va más allá de la temporalidad, del tiempo histórico que nos toca vivir, creo que sí, porque como decía Borges: si dentro de 300 años en alguna biblioteca de viejo, alguien encuentra un libro mío, lo abre, se emociona y empieza a dialogar conmigo, entonces quiere decir que soy inmortal. Ese es el sentido de inmortalidad precisamente, eso, no hay nada más, y eso es lo que hace tangible y válido que podamos seguir leyendo hoy en día a Dante, que podamos seguir leyendo El Cantar de los cantares, eso es lo que lo hace válido, es su intemporalidad.

–¿En poesía es posible la reproducción de un texto en otro idioma, es decir, existe la traducción o es una mera reescritura? ¿Es válido leer traducciones?

–Es un problema acercarse a las traducciones de literatura porque lo más recomendable es que esa traducción sea una versión a una segunda lengua. Si nos acercamos con los ojos de ser unos lectores que estamos leyendo una versión a una segunda lengua de una obra escrita no en nuestra lengua materna, así sí es recomendable, pero si nos acercamos pensando que es una traducción literal entonces estamos equivocados, porque cada lengua tiene su forma de ver el mundo, cada lengua tiene su forma de expresar, incluso, figurativamente el mundo.

La imaginación es universal y eso ya es una garantía pero las posibilidades semánticas y sintácticas de cada lengua son completamente diferentes entre unas y otras, aún en lenguas que tengan un mismo tronco lingüístico como las lenguas romance, la traducción que se pueda hacer del italiano de la Divina comedia al español, no debe ser una traducción literal, que no nos lleva nada, no implica nada, no implica un proceso de aprehensión de la intencionalidad de esa lengua; no hablo de la intencionalidad del autor, sino de la intencionalidad comunicativa de la lengua que es una cuestión diferente.

Leer traducciones sí es importante, porque debemos estar en contacto con todas las manifestaciones artísticas, y en el caso de literatura, con mucha mayor razón, pero con el tiempo los lectores se van volviendo más agudos y más críticos, esto va siendo parte de la astucia y maña, así como creo que hay una astucia y maña periodística, y hay astucia y maña fotográfica, creo que hay una astucia y maña de lectura, entonces ya logras identificar a estas editoras “patito”, que tienen malas traducciones, de las que tienen traducciones confiables por la tradición que tienen como empresa, por el prestigio que tienen sus traductores, en fin, todo esto es importante.

Ruiz Pascacio, también hace referencia a las editoriales que se preocupan porque el autor, si está vivo y si conoce la lengua a la que

Gustavo Ruiz Pascacio, leyendo su obra/ Foto:Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio, leyendo su obra/ Foto:Cortesía

va a ser traducido, coteje, se comunique con los traductores, les dé su punto de vista. O que cuando están traduciendo textos, incluso antiguos, buscan especialistas filológicamente en ellos, ya que “No es el mismo inglés en el que escribió (William) Shakespeare que el inglés con que escribe (Arthur) Conan Doyle, por ejemplo, es decir hay serie de variantes socioculturales, históricas, lingüísticas, en fin. Y eso mismo lo vemos en nuestra lengua, es decir, concretamente, en la tradición chiapaneca, no es el mismo lenguaje que encontramos en Efraín Bartolomé que el que vamos a encontrar en Jaime Sabines. Los dos pueden abordar el contexto amoroso, los dos pueden abordar el problema de la cotidianidad, pero desde dónde va a ser abordado, con qué elementos lingüísticos, bajo qué recursos figurativos, con qué bagaje imaginativo. Sus espacios geográficos, sus espacios poéticos y sus espacios lingüísticos son diferentes, si esto ocurre en una literatura que podemos regionalizar en la literatura chiapaneca, escrita en lengua castellana, ahora imagínate si esto lo extendemos a todo el mundo.”

Gustavo habla emocionado, irradia vitalidad, asegura que en su vida hay amor “Siempre debe haberlo.” Y que en ese sentido,

también trata de llevar a la práctica lo del ritmo y la sincronía, “trato de serlo y de hacerlo.” Reímos, la charla ha llegado a su fin, antes de despedirnos toma su guitarra y nos canta una hermosa canción.

Gustavo Ruiz Pascacio nos recuerda que “La palabra no es retorno a la vida sino retorno a los que somos.”

 

*Entrevista publicada en dos partes en el diario Expreso Chiapas, 14 y 15 de noviembre 2003.

Dolores Castro Valera y la poesía

Entrevista por: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

La poesía es la capacidad de saber más a través de los sentidos y es lo que le ha ayudado a entender mejor quién es y a dónde va. Foto: Gabriela G. Barrios

Dolores Castro Valera, quien cumplió 86 años el pasado 12 de abril, es una de las más destacadas poetas mexicanas de su generación, perteneció al grupo de “Los Ocho” junto con su entrañable amiga Rosario Castellanos, con quien viajó por primera vez a Chiapas en 1948.

 

Para Lolita, como la llaman sus lectores y amigos, la poesía es la capacidad de saber más a través de los sentidos y es lo que le ha ayudado a entender mejor quién es y a dónde va; es por ello que nunca ha dejado de escribir, aunque sí de publicar porque, argumenta, «publicar en México es casi imposible”.

 

Se ha vuelto visitante frecuente de nuestro estado no sólo para hablar de sus amigos en homenajes y días de fiesta, sino para compartirnos su pensar y la emotividad de su obra.

 

– ¿Qué es la poesía para Dolores Castro?

Es iluminación en el camino de la vida, es capacidad de saber más a través de los sentidos educados para la sensibilidad, es entender mejor quién soy y a dónde voy, es capacidad también de gozo al leerla o al escribirla.

 

– ¿De qué se nutre su poesía?

De todo lo que estoy viviendo; es levantar la tapa de un baúl donde guardo preguntas diferentes: ¿quién soy?, ¿en dónde estoy?, ¿a qué vine?, ¿a dónde voy?, ¿qué estoy haciendo ahora?

 

– ¿Qué es la religión poética?

Religión y poesía están íntimamente relacionadas, porque en la poesía lo que se hace es ir de lo conocido a lo desconocido, pero a lo desconocido que tiene que ver con la sensibilidad, con la intuición. Creo que en la religión uno tiene los evangelios, pero también tienes necesidad de resolver algunas dudas que surgen, un gran Santo decía “creo señor, ayuda mi incredulidad”, y es que hay algunos aspectos que uno descubre en la poesía como algo nuevo y también en religión; no se puede ser “piadocita” sino verdaderamente religiosa y ¿qué es religión? Viene del latín reli-gare, es decir, de volver al origen y encontrar a Dios.

 

– ¿Qué cambio ha encontrado en su poesía desde que empezó a escribir a la fecha?

Creo que sí hay algunos cambios. Empecé a escribir como más emotiva, sentimentalmente, pero siempre he juzgado que el puro sentimiento no da la poesía y que se tiene también que recurrir a la inteligencia, sobre todo para tener verdaderos problemas vitales que van desde lo sentimental hasta algo más intuitivo de toda la realidad circundante.

 

– ¿Qué ha significado la poesía de Miguel Hernández en Dolores Castro?

Significó muchísimo. Desde que conocí la poesía de Miguel Hernández no sólo en sus primeros poemas, que son sonetos, sino en todos los poemas posteriores, hay como la esencia de lo que es un espíritu humano que sufre, cuando dice: “tanto penar para morirse uno”, creo que nadie puede decir eso mejor. ¡Es una maravilla ese poeta! Además nació pobre, estaba cuidando rebaños, luego empieza a escribir y tiene un gran éxito porque es de veras poeta; todo lo que sufre y ¿por qué sufre? pues porque quiere una independencia para todos los españoles, la república y no la dictadura que después fue. Muere en la cárcel, tiene un hijo que apenas y puede conocer y una mujer que se está muriendo de hambre. Entonces, el llegar a los límites es favorecedor, no para el pobre poeta, si no para la poesía.

 

– ¿Dolores Castro sólo escribe de amor?

De amor sí, de amor de pareja cuando murió mi marido; la forma de conocer a un poeta es a través del amor y es a través de éste que se puede convertir en lo que está contemplando y puede decirlo de la manera que es.

 

– ¿Cómo aparecen los indígenas en su poesía?

Siempre estuve muy interesada en el mundo indígena quizá porque tengo un color serio y porque este color provoca la discriminación; yo estaba en un colegio francés en que las monjas siempre me mandaban a lavarme las manos, aunque me las acabara de lavar, pero naturalmente ¡nunca se destiñeron! Tuve interés por lo indígena y estudié mucho, conocí efímeramente al padre (Ángel María) Garibay, quien fue el descubridor de la mayor parte de la cultura indígena porque puso en español sus textos, aunque había ya desde antes el libro de los informantes de (Fray Bernardino) de Sahagún, de todas maneras faltaba bastante y el padre Garibay lo reveló en varios tomos, después seguí leyendo a Miguel León Portilla y luego escribí una parte del poemario Soles, sobre cultura indígena.

 

– ¿Usted ha incursionado en otros géneros o sólo en poesía?

Escribí una novela que publicó la editorial Ficción de la Universidad Veracruzana, se titula “La ciudad y el viento”. Cuando la novela fue editada, le hicieron una crítica muy severa porque era poética y decían que no se podía mezclar lo poético con lo narrativo y ahora ¡es un subgénero en la narrativa! Eso me lo dijo un investigador norteamericano que vino cuando yo cumplí los 80 años en la Universidad.

 

– ¿Entonces es la pionera?

Sí (risas).

 

– ¿En algún momento de su vida ha dejado de escribir?

Sí, cuando tengo un trabajo muy fastidioso (risas), la poesía es un poco celosa (risas) pero generalmente no he dejado de escribir, he dejado de publicar porque publicar en México es casi imposible, tiene como más de dos años una obra de poesía completa el Fondo de Cultura y con las esperanzas de que ya se publica y ya se publica, y no la han publicado, siempre he escrito pero no siempre publicado.

 

– ¿Usted cree que hay una literatura femenina y una masculina?

Si creo, cuando me preguntan o cuando me dicen “la literatura no tiene sexo”, les digo: “es cierto pero las escritoras sí”; ¿por qué? porque eso también es necesario saber; tenemos una tradición de cultura femenina, no una cultura libresca pero sí una cultura que nos enseña lo que es ser mujer y que ya se está perdiendo, por fortuna en pocos casos y por desgracia en otros.

 

– ¿Qué aconsejaría a las jóvenes escritoras?

Que no se dejen vencer por una literatura que no diga nada, que sea sólo de palabras compuestas; la literatura tiene que decir algo, algo de lo más secreto de cada quien, de lo que más valor tiene para una persona y además que al escribir siempre intenten encontrar una voz propia. Naturalmente que una tiene influencias, sin influencias no se puede ser, pero se van dejando atrás y encontrando su propia forma de expresarse, su voz, su atmósfera, su propio tono que no consiste en decir palabras sin ton ni son y que suenen, consiste en decir lo que una trae muy dentro y que juzga digno de decirse y además que encuentras la manera de decirlo, esto es muy importante y sólo se da leyendo y escribiendo, porque leer es una forma de diálogo y escribir no es un monólogo, es también un diálogo con el mundo y con la vida.

 

– ¿Sigue siendo de la izquierda o ahora se va por la derecha?

¡Jamás por la derecha! Conozco un poco la historia de México, la derecha ¿qué ha logrado en México? ¡No, no! Yo soy izquierdosa.

 

– ¿Cuándo fue la primera vez que vino a Chiapas?

En 1948 vine con Rosario (Castellanos), nos venimos en unos destartalados camiones y llegamos felices al hotel Bonampak, que empezaba.

 

– ¿Qué le significa venir a Chiapas ahora?

Significa encontrarme con Rosario (Castellanos), con Jaime (Sabines), con lo que es la feracidad en el campo, en esas montañas verdes que se ven en Tuxtla Gutiérrez y siempre que vengo es como revitalizarme, eso es lo que significa; además, no sólo es la amistad de Rosario, aquí también he hecho otras grandes amistades que cuando regreso las vuelvo a encontrar.

– ¿Cómo vivió Lolita la pérdida de su amiga Rosario Castellanos?

Fue una situación terrible porque la había visto hacía poco tiempo y de pronto me dicen que Rosario murió; la gente que llegó a decirlo, eran personas que trabajaban con la esposa de (Luis) Echeverría, como que insistían mucho en que había sido un suicidio y eso fue mentira, Rosario no se suicidó, eso lo dice Samuel Gordón quien asistió en los últimos días a Rosario, bueno no asistió sino que fue su amigo y discípulo. Rosario murió dejando a Gabriel de 13 años, fui cuando la sepultaron en el Monumento de los Hombres Ilustres; y ahí estaba Gabriel, pálido, delgado, con el pelo largo, recordándome tanto a Rosario cuando la conocí. Sí lo sentí muchísimo, sentí que había perdido a la amiga de toda mi vida.

 

– ¿Qué ha sido para usted la experiencia académica?

Fue muy importante para mí, yo quería conocer. En mi casa había libros pero más de ciencia que de literatura y siempre me gustó leer, ahí recibía una orientación de cuáles eran los mejores aunque uno tiene su propia orientación. A veces iba de vacaciones y mis primas leían libros de la novela rosa, yo también llegué a leerlos y me carcajeaba de las cosas tan cursis. El estudiar una carrera siempre es formativo porque la gente que no tiene orientación qué encuentra, por ejemplo, en las librerías: “best sellers”, una gente que no tiene orientación ¿en qué cae?, en cosas sentimentales y absolutamente mentirosas porque la poesía, la literatura nos da una verdad, la verdad humana, la verdad del género humano, no es la verdad de los filósofos, es la verdad de los poetas, de cómo somos, qué anhelamos, qué nos duele, etcétera.

 

– ¿Puede contarnos alguna anécdota de su trabajo en la radio?

Mi trabajo en la radio primero fue absolutamente sin saber nada de radio, (risas) cuando estuve al principio en Radio Universidad, pero yo lo que hacía era entrevistas, a Ernesto Cardenal, a Néstor Mejía Sánchez, a gente que sabía sobre literatura hispanoamericana. Cuando entré a la Facultad (de Filosofía y Letras de la UNAM) había un grupo de diversas latitudes hispanoamericanas y a todos ellos los entrevisté, luego le dejé mi programa a Emilio Carballido porque me fui a estudiar a Madrid (España).

 

– ¿Qué sonido tiene la vida?

No es uno solo, son muchos y hermosos y hacen como una especie de coro que lo eleva a uno.

 

– ¿Qué sueña Dolores Castro?

¿Qué sueño? Pues, ya estoy muy cerca de la frontera, sueño cómo será lo que haya después de esa frontera, pero una vez considerando lo que todavía no abandono, sueño de veras con una vida humana que no consiste en ir atrás del dinero, de las empresas, de un trabajo que no es un trabajo para poder vivir sino un vivir para el trabajo, eso es ideal para que uno ya no piense en nada más. Sueño con un mundo más humano, sí, con un mundo que permita a las mujeres ser libres y a la vez ser conscientes, un mundo en que no se acaben los niños, un mundo en que los viejos tengan un lugar, porque un asilo no es el lugar para los viejos.

 

– ¿Cuál es la diferencia entre los girasoles y los mirasoles?

(Suspiro) Los girasoles son esas flores enormes que voltean hacia el sol y los mirasoles son unas florecitas humildes, que también se orientan hacia el sol y que son de color morado o blanco y que me recuerdan mi infancia.

 

– ¿Qué es viajar para Dolores Castro?

No es solamente encontrar nuevos horizontes, si no encontrar el horizonte de México, sus múltiples variedades y la gente de México a la que cada vez admiro más y conozco mejor, gente que nace y que no tiene ninguna oportunidad ni puede aprender a leer porque no puede ir a la escuela y que por ella misma aprende a leer, escribir y llega un momento en que puede hasta dirigir a otros, tengo mucha admiración por los mexicanos y las mexicanas, como diría Fox (risas).

 

– ¿Dolores Castro es un ser libre?

Hasta donde esto es posible en esta vida, sí.

 

Usted nació y vivió en Aguascalientes, luego en Zacatecas, ahora en el D.F. ¿De dónde es Lolita?

Soy de México. Pero lo que más recuerdo es mi infancia en Zacatecas, porque nací en Aguascalientes y a los 40 días mi mamá me llevó a Zacatecas, ahí viví siete años con una familia muy numerosa, que no era sólo de mi papá, mi mamá y dos hermanas mayores sino de primos y primas y parientes hermosísimos.

 

– ¿Sabe por qué la bautizaron con el nombre de Dolores?

Mi mamá quería que yo me llamara María, como ella, pero una hermana de mi mamá fue la que me registró y dijo: “mejor María de los Dolores” y entonces ese nombre me sirvió mucho para experimentarlo.

 

– ¿Qué es la contemplación?

La contemplación es, a diferencia de una visión rápida, el ver para tratar de entender lo que uno ve, y no sólo de entender si no de impresionarse porque cuando uno es capaz de asombrarse de lo que ve, la contemplación también es asombro.

 

– En este momento de su vida, ¿qué ama?

Pues bueno, amo a mis hijos aunque sea muy tradicional, amo mi casa, amo mi país, amo a la gente y creo que esa tarea de amar es la más importante cada día para mí.

 

*Publicado en el Diario El Heraldo de Chiapas el lunes 08 de junio de 2009.

 

 

[box type=»note» style=»rounded»]

 Perfil

Lugar de Nacimiento: Aguascalientes.

Edad: 86 años, los cumplí el 12 de abril.

Estado civil: Viuda.

Número de Hijos: Siete.

Número de hermanos: Hermanas, cuatro.

Estudios: Licenciatura en Derecho y Maestría en Lengua y Literatura Española.

Pasatiempos: Me gusta leer, el cine, caminar, viajar.

[/rescue_box]

[box type=»note» style=»rounded»]

EN CORTO

Palabra: Liberación.

Vida: Encantamiento.

Muerte: Punto final.

Silencio: Sabiduría.

Amistad: Lazo.

Árbol: Cobijo.

Libro: Sabiduría.

Nostalgia: Elemento bastante para un poeta.

Agua: Fluidez como todos los ríos que llegan al mar, que es el morir.

Viento: Lo que más amo en la vida, por su fugacidad, por su fuerza, por como suena incluso.

[/rescue_box]

Cecilia Romana: Sin la mirada del otro, la vida de uno no tiene sentido

Visita Chiapas por segunda ocasión la Ganadora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006. Foto: Gabriela G. Barrios

Visita Chiapas por segunda ocasión la Ganadora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006

La joven poeta argentina Cecilia Romana encuentra en la poesía la única manera de expresar algo que está muy dentro de ella, “es la única manera de salvarse, si yo no escribiera poesía estaría loca o por lo menos hubiera vuelto loca a gran parte de la gente que me quiere o de mis amigos”.

 

Después de la jornada laboral su vida es escribir, leer “un montón”, pintar y cantar (antes era vocalista de un grupo), como lo demuestra su trabajo, en el que destacan Flota, hangares y otros trabajos mecánicos (2004), Duelo (2005) y Aviso de Obra (2006) con el que obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, otorgado en la Embajada de México en Costa Rica. Colaboradora en revistas de diversos países, trabaja con el especialista en filosofía e historia de las religiones Francisco García Bazán, como su asistente en investigaciones del área de filosofía; es, además, editora de Sigamos Enamoradas.

 

En noviembre del año pasado se hizo acreedora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006, por su libro No lo conozcas el cual escribió en dos meses como resultado de “un amor no correspondido, de un amor que no podía ser, como todos mis amores”, nos comenta Cecilia en una amena charla, en esta su segunda visita a Chiapas.

 

El mar de Cecilia

 

– ¿Qué te representa el término poesía?

La literatura para mí es mi vida, sin lugar a dudas y dentro de la literatura la poesía es el mar donde mejor nado.

 

–¿Los poetas necesariamente tienen que hablar del amor?

No, para nada. El escritor, el poeta, quien sea que se dedica al arte, habla de lo que puede, como puede. Finalmente me parece que la fuerza que mueve la vida de todas las personas es el amor, y quizás el poeta que es quien tiene un instrumento más íntimo y más sincero, que es la palabra, puede ser que muchas veces hable del amor, indirectamente o escondiéndolo pero en general habla del amor. No creo que sea un tema obligatorio ni preponderante, de hecho la poesía política también tiene sus seguidores, yo sólo hablo del amor. Pero en algún momento creceré (risas).

 

-¿Has escrito poesía erótica?

No, yo creo que no, pero todo el mundo dice que escribo cosas eróticas. Estoy muy convencida de que no, no me pega, no.

 

–¿Y social?

No, tampoco. Creo que si uno va siguiendo mi obra, se ve algo social, pero en realidad yo siempre escribo de mí y se puede ver como vive una chica de treinta años, recibida, soltera, en Buenos Aires, y a través de eso cómo es la sociedad de la gente como yo, la sociedad en la que vivo. Pero no escribo tema social.

 

–¿En el amor también hablas rimadito o eres de prosa libre?

¡Libre! (Risas). No puedo cumplir reglas de ningún tipo, nunca. Cuando hay reglas digo hay que romperlas. ¡Prosa libre! Aunque sí tengo una regla que es un mandamiento también, amar al otro como a ti mismo y la tengo muy presente en el amor; siempre pienso ¿al otro le gustaría que le hicieran lo que a mí no me gusta que me hagan? Y pienso también en los que rodean al otro. Tengo algunas reglas morales con respecto al amor.

 

–¿A quién le recitarías al oído?

(Risas). Al Subcomandante Marcos.

 

Sus emociones

–¿Qué te produce miedo?

Perder a mis seres queridos, es a lo único a lo que le tengo miedo.

–¿Qué te enoja?

Me enoja la falta de ambición, el detenimiento en la gente, que se rinda la gente que quiero. Foto: Gabriela G. Barrios

Muchas cosas. Me enoja la falta de ambición, el detenimiento en la gente, que se rinda la gente que quiero. Me enoja muchísimo la desigualdad, la desigualdad económica, educacional, sanitaria. También me enoja mucho la gente que es implacable y que cree que todo el mundo tiene que pensar como ellos, creo que eso es lo que más me enoja y la infidelidad también me enoja bastante, ¡no la mía, la del prójimo! (Risas).

–¿Qué te aburre?

Todo. Me aburre la continuidad. Me aburre ir al cine, es algo tremendo porque todo el mundo me dice vamos al cine y me aburre. Nada. Me aburro de todo.

–¿Y qué te divierte?

Muchas cosas. Lo que más me divierte en la vida son las caídas de la gente, si yo veo a alguien caerse me deshago, me descostillo, no puedo parar. Me divierten mucho las situaciones en las que no me debo reír, me divierten y me río a carcajadas, no puedo parar. Después, me divierte mucho estar con mis amigas, estar con mi hermano y jugar con mis sobrinos, tengo once sobrinos, desde los siete meses hasta los 13 años, me divierte mucho estar con ellos.

–¿Qué sueña Cecilia Romana?

Sueña muchas cosas. Todo el tiempo estoy soñando, sueño que voy a estar feliz, no sé muy bien cómo, pero sueño que voy a estar feliz; en general sueño que la potencia de amor que tengo es correspondida con la energía exacta con la que yo la siento, es sólo un sueño (risas). ¡Nunca se da!

–Ahora ¿Eres feliz o no eres feliz?

En este momento, con mis amigas y en la entrevista y en Chiapas, estoy feliz, totalmente feliz. En este momento sí. Soy una persona que nunca está conforme, una persona que se aburre muy rápido y mucho, entonces siempre me falta algo, soy una persona muy incompleta pero ahora sí estoy feliz.

 

Los amores

–¿Consideras que las mujeres y los hombres aún le tenemos miedo a lo que piense el otro?

¡Sí!, totalmente. A partir que uno se levanta, la mirada del otro es esencial en lo que vas a vivir el resto de tu día. No sé si exista alguien que realmente sea seguro y que no le importe demasiado lo que dice el otro. Para mí sin la mirada del otro, la vida de uno no tiene sentido. Me parece que el otro nos da miedo, nos da felicidad, nos da inseguridad y también nos da seguridad. Me parece que la mirada del otro es fundamental en la vida de uno.

–¿Qué debes a los hombres de tu vida y qué te deben ellos a ti?

Tengo principalmente dos hombres de mi vida que son mi padre y mi abuelo. A mi padre le debo la vida y le debo todas las enseñanzas, toda mi primera formación, antes de ir a la universidad, el tema literario, todos los clásicos griegos, haber aprendido griego y latín cuando estaba muy chiquita, aprendí casi al mismo tiempo que aprendí a escribir español, después me olvidé por supuesto (risas). Toda mi formación y mi amor por las humanidades se los debo a mi padre y después mi amor hacia los hombres; el ver a un hombre que uno admira y quiere muchísimo se lo debo a mi abuelo, que era también mi padrino. Son los hombres que más amo en mi vida y después les debo a varios hombres libros, porque cada uno de mis libros es un hombre. ¡Ellos me deben plata! (Risas). Eso es lo que más me deben y después que sé yo, algunos me deben libros y nada más, después les regalo todo.

–¿Dónde has escrito el nombre de tu amado?

En libros, siempre velado, siempre con otros nombres; en la pared de mi cuarto, las iniciales; en un papelito. En alguna parte de mí, creo que dentro de mí tengo un muro donde hay un montón de nombres. Algunos más grandes, por supuesto el más grande Gonzalo, que es mi ex marido, que está escrito enorme y con luces alrededor y también está la dedicatoria de mi primer libro con su nombre, que dice Gonzalo. Nunca maltraté árboles ni bancos de colegio ni ningún otro objeto, jamás, nunca, porque pensé que no se lo merecían los varones.

 

–¿Ya has visto al hombre más guapo del mundo?

¿En persona? ¡Ay! ¿El más guapo del mundo? (Risas) No sé si es el más guapo del mundo. Vi muchos hombres guapos. Siempre dije que el hombre más lindo que había visto en mi vida es mi ex marido. Creo que todavía conservo esa idea, considero que el hombre más lindo que he visto en mi vida es mi ex marido, sin lugar a dudas.

 

–¿Has sufrido mucho por amor?

Sí, todo el tiempo, muchísimo, pero sufrí, me parece, porque siempre fui la que se puso los pantalones en todas las relaciones que tuve y además porque tengo una idea muy idealista del amor. Me enamoro de alguien que está lejano y que sin querer lo voy construyendo y al rato me doy cuenta de que me enamoré de una construcción, mientras, el otro ya se enamoró de mí, pero yo ya no me enamoré de él. ¡Siempre con amores imposibles! Sufrí por amor pero creo que más sufrieron las personas que estuvieron conmigo. Si tengo que poner una balanza, más del doble sufrieron las personas que estuvieron conmigo, pobres.

 

–¿Y por odio?

No. Creo que no sé lo que es odiar. Nunca en mi vida odié, no sé lo que es odiar. Me imagino que alguien me habrá odiado. En algún momento alguien por ahí me quiso hacer algo por envidia; siempre trato de entregarles amor igual. Soy una persona que tiene muchas cosas, tengo salud, que es lo principal, tengo amigos y tengo pujanza para trabajar y de alguna manera me siento en la obligación de devolver al mundo todo lo que tengo. Si nadie me trata mal sonrío siempre, porque en verdad no sé qué es el odio.

 

La escritura

–¿Cuándo escribes piensas en tus lectores?

Me divierten mucho las situaciones en las que no me debo reír, me divierten y me río a carcajadas, no puedo parar. Foto: Gabriela G. Barrios

Nunca, jamás. No tengo idea de quienes son mis lectores, no me interesa. Cuando escribo es el momento más egoísta en mi día y en mi vida, soy la más egoísta del mundo. Me siento, me pongo auriculares, escucho música, tecleo y canto. Es el lapso más egoísta del mundo, pobre el que anda por ahí que me está escuchando cantar, canto horrible, pero además yo no sé quienes son mis lectores, no creo que tenga lectores tampoco.

–¿Siempre escribes en computadora?

Siempre. No puedo escribir a mano. Escribo cartas pero nunca puedo escribir poemas a mano.

–¿Cuál es el tema recurrente en la poesía de Cecilia?

El amor, creo que es el único, por eso te digo que en algún momento voy a crecer. (Risas). No puede ser que siempre sea lo mismo. Me llama mucho la atención algo del amor, tampoco sé si existe el amor, es una tendencia a un hombre, es que el amor es absoluto. Tengo amigos, tengo familia, tengo un perro que amo, pero cuando siento una tendencia hacia otra persona, hacia un varón, para mí lo otro se borra y mi vida comienza a ser un apéndice de eso que siento. No tengo personalidad. Me siento a escribir y por más que quiera escribir de otra cosa termino siempre escribiendo de algo que me sobrepasa que creo es el amor o una forma del amor, porque la verdad que si el amor es eso, demasiado sectorizado, espero que no. Hay un solo amor en toda la vida y en todas las cosas, pero creo que es mi único tema, no hay otro.

–¿También en tu vida?

No, en mi vida no. En mi vida está el trabajo, la vocación, que para mi es importantísima, mi familia, pero si estoy enamorada, en este momento, por ejemplo, estoy pensando en alguien que quiero muchísimo y daría mi vida por él, o sea que en mi vida hay un montón de otras cosas pero en el momento decisivo no me importan esas cosas, porque soy un poco alocada, daría la vida por esa persona en la que estoy pensando ahora, que supuestamente estoy enamorada.

 

Los otros

–¿A qué poeta o poetisa te gustaría conocer y por qué?

Me hubiera encantando conocer a un poeta francés, a (Gérard de) Nerval y me gustaría volver a ver a Raúl Zurita, a quien conozco, me encantaría volverlo a ver a él, sí.

–¿A qué mujer de la historia universal te hubiera gustado parecerte?

¡A María Magdalena! (Risas).

–¿Quién te gustaría que te escribiera un poema?

(Risas) Jorge Esquinca.

–¿Te han plagiado algún poema?

No. No sé. Puede ser, no me importa.

–¿Qué narradoras te conmueven?

Sara Gallardo, es una argentina que me gusta mucho. Algunas cosas de Silvina Ocampo también me gustan bastante. Me estoy dando cuenta que no hay muchas narradoras que me conmuevan. Más bien hay narradores que me conmueven, varones. Hay muchos narradores que me gustan, que me encantan como (Ernest) Hemingway, (Truman) Capote y (Raymond) Carver, esos son para mí lo mejor de lo mejor. Pero hay un libro que escribió el argentino Fausto Burgos, que se llama “El Salar”, que fue de lo que leí en los últimos 10 años, sin lugar a dudas, lo que más me conmovió, es impresionante, es una novela que nadie la leyó ni se consigue pero es impresionante. Bueno me gustan muchos narradores pero no que me conmueven, ese libro me conmovió, se los recomiendo.

 

Lo cotidiano

–¿Qué música escuchas?

Me hubiera encantando conocer a un poeta francés, a (Gérard de) Nerval. Foto: Gabriela G. Barrios

Escucho de todo, me gusta mucho el tango, el folclore, son los dos géneros que más me gustan y ahora estoy escuchando a un compositor que se llama Arvo Pärt que también me estoy haciendo así como fanática. Me gusta la música clásica. En realidad me gusta cualquier cosa, ponés lo que me ponés lo escucho y me gusta. Escribo escuchando cualquier cosa.

–¿Cuál es tu comida predilecta?

Los ñoquis (risas), es una pasta, como unos cubitos con manteca y queso; milanesa con papas fritas, churrasco con papas fritas, pizza y me gustan muchos los dulces, me encanta el chocolate, la nutela me encanta, me vuelve loca y la comida chatarra también.

–¿Quiénes son tus amigos más entrañables?

No quiero dejar a nadie afuera pero (risas) tengo tres, en realidad son cuatro: Marina Serrano, Mercedes Araujo, que son las dos chicas que tienen la editorial conmigo; Diego Bentivegna que es un traductor y ensayista muy avezado y lúcido, y mi hermano Juan Bautista. Esos cuatro son las personas sin las cuales yo no podría vivir y después tengo amigos que quiero muchísimo, pero no como a esos cuatro.

–¿Has robado algún libro?

Sí (risas) por supuesto, no hay que decirlo. Nunca robé un libro de una librería en la que fuera a comprar, pero trabajé en una librería y me pagaban muy mal, realmente me pagan muy mal y yo completaba el sueldo con libros, me llevaba libros que nunca me hubiera podido comprar y robé.

–¿Te gusta el mar?

Me encanta el mar, sí, pero una vez estuve a punto de ahogarme y le tomé mucho miedo. Era una persona de esas que se mete, que no le importa nada, que no le tiene respeto y el mar en Argentina es tremendo. Ahora le tengo mucho respeto, pero me encanta el mar.

–¿Ha visto peces de colores debajo del agua?

Sí, vi en Brasil y me impresionó bastante porque en Argentina el mar es muy frío y sucio porque es muy turbulento, todo el tiempo está marrón, no puedes abrir los ojos debajo del agua. Cuando fui a Brasil, que el agua es muy tibia, un día nos llevaron a nadar a un lugar entre las rocas y en un momento ¡vi peces que nunca en mi vida había visto y que estaban al alcance de mi mano y tenían colores, tenían forma! Me acuerdo que me paré y me dijeron ¡No! porque me paré en las rocas y venía una ola. Volví y los miré, es precioso pero me dio miedo porque nunca los había visto, era como estar en una película, me impresionó. En general no soy nada miedosa, vuelvo a mi casa a cualquier hora, no me importa nada pero hay ciertas cosas de la naturaleza que me impresionan mucho, una son los rayos, a los rayos les tengo respeto y asombro y terror y después cosas que pasan de pronto en la naturaleza como vientos fuertes, animales. Me llama mucho la atención cuando los perros van caminando hacia ningún lado y muy derecho y muy confiados hacia donde tienen que ir, esas cosas como que a mí me pegan, y ver esos peces en ese momento, yo no sabía si llorar, en general cuando no sé qué hacer, lloro.

–¿Qué ha representado en tu vida tu mascota?

“Foco” es mi único compañero estable. Duerme conmigo en mi cama, duermo incomodísima porque es una cama de una plaza y él duerme a mis pies, pero después quiere dormir conmigo a mi lado en la almohada. Yo lo adoro. Mientras trabajo él esta a mis pies sentado, suspirando, es mi compañero de todo el día. Juego con él, hablo con él, le levanto la oreja y le hablo. No sé que haría sin mi perro. Me gustan mucho los perros. Amo a los perros pero mi perro en particular, “Foco”, es un compañero, sabe todo de mi vida, sabe todos mis secretos, me cuida, es un amor, lo adoro.

 

–¿Qué te hace recordar a tu niñez?

Todo el tiempo pienso en mi niñez. Tuve una niñez muy feliz. Tengo cinco hermanos, soy la quinta, después viene mi hermano Juan. A mis tres hermanas mayores mis papás las criaron de una manera muy rígida y muy disciplinada y a los tres más chicos que son dos varones y yo, nos dejaron un poquito más de espacio, un poco más de libertad. Me crié entre mis dos hermanos, siendo un varón más. Jugaba al fútbol, estaba todo el día en la calle y me la pasaba muy bien. Escribo mucho en mis libros sobre mi infancia porque fue el mejor periodo de mi vida, creo que desde los siete hasta los 14 o 15 años realmente fui muy feliz y todo el tiempo lo traigo a mis libros; en ese momento no pensaba en nada mas que en salir a andar en bicicleta, era lo único que tenía en mi cabeza, ni siquiera leía. El primer libro que leí fue como a los 14 años que fue “El Diario de Ana Frank” y después de ese leí “La Tía Tula” de Unamuno, después no leía hasta que terminé el colegio y leí en dos años todo lo que no había leído nunca. Pero era una persona muy feliz, hacía deportes, tenía muchos amigos, andaba siempre con mi hermano. Creo que si no hubiera tenido la infancia feliz que tuve no me aguantaría ahora tantas cosas con una sonrisa, seguro.

 

–¿Cuál es tu equipo de fútbol?

River Plate (risas). Y tengo un segundo que es (Club Atlético) Platense porque es cerca de mi casa.

 

Cecilia, la editora

–¿Y qué tal tu papel de editora?

El trabajo de editora es un trabajo muy duro. No sólo edito sino que corrijo, que hago toda la parte de producción del libro. Foto: Gabriela G. Barrios

Es muy difícil, no hay plata en Buenos Aires, ahí la plata va para otras cosas, no va para cultura tanto como en México, que hay chicos que tienen becas, hay chicos que se reciben y les pagan la maestría. Eso no pasa allá. ¡No pasa! Es muy difícil encontrar un espacio de libertad para decir esto es lo que me gusta, por esto me juego, esto habría que editarlo, y yo lo hice en nuestro primer libro que fue “Hotel Quequén”, donde se me dio la posibilidad de hacer una antología de los poetas jóvenes que a mí me gustaban y la armé como quise y fue como una revolución, porque de pronto en un mismo libro mezclé 15 poetas que no tenían nada que ver unos con los otros, porque no se conocían y algunos se aborrecían. Ahí sentí que estaba haciendo lo que realmente quería. Ahí van a ver a la gente que realmente está trabajando en Argentina en poesía. Pero ya no lo pude volver a hacer. Nuestros dos últimos libros por ejemplo, uno es de mi padre (Francisco García Bazán) que es “El Evangelio de Judas”, comentado y la biografía de él, que no vale porque es de mi papá y nos lo regaló, y después otro de poesía que es de una amiga nuestra que se llama Ana Lafferranderie. El trabajo de editora es un trabajo muy duro. No sólo edito sino que corrijo, que hago toda la parte de producción del libro y a mí no me pagan por eso, pero creo que si me pagaran es un trabajo que me gustaría hacer y con más libertad.

–¿Cómo ves la literatura argentina actual?

La veo muy bien en la poesía. Me parece que es un espacio en el que se está creando un montón de cosas. En la narrativa me parece que está un poco más quedada, tenemos buenos narradores, estoy hablando de la gente joven. Está Martín Kohan que es un buen narrador. No se mueve mucho la narrativa. La poesía tiene una cosa muy linda en Argentina, hay tanta gratuidad. Las cosas de la poesía no se hacen por dinero, nunca hay dinero de por medio. La gente se conecta de otra manera, los jóvenes se conocen más, se arman discusiones, hay grupos, se pelean, se amigan. Hay revistas de poesía, hay páginas de poesía muy importantes. Creo que el movimiento de la literatura de Buenos Aires está pasando por la poesía independiente y las editoriales independientes.

–Se ha dicho que Borges es la inevitable gloria para los argentinos ¿Qué piensas?

Que sí, Maradona y Borges (risas). Borges era realmente un tipo inteligentísimo, lúcido y con una potencia de narrador que nosotros no la volvimos a tener nunca. Parece que es inevitable, está muy bien que sea inevitable. Ojalá que todos los escritores argentinos y en general toda la gente que se educa en Argentina tenga una base borgiana, porque realmente era una luz. Lo lees hoy en día y es tan moderno como en la época en la que él escribió los textos. Acá (en Argentina) tiene muchos críticos en su parte de poesía porque él durante un tiempo se dedicó a hacer poesía semigauchesca y él era un tipo de clase alta que no tenía porque escribir de esas cosas de clase baja. Sin embargo, lees unos poemas que están increíblemente bien escritos. Era un buen escritor y un tipo muy lúcido que no se da mucho en la literatura, por lo menos en la que yo conozco.

–¿Qué es lo que más te gusta de él?

Su inteligencia y su habilidad para narrar, es una persona que tenía, me parece, en su cabeza incrustadas tremendamente bien las estructuras de las narraciones. Nunca se desequilibra entre el argumento y el desenlace. Era un as para la narración. Y otra cosa que me gusta mucho de él es que era una persona capaz de tomar de un texto cualquiera que sea, por ejemplo las ideas de Plotino, las leía, las entendía, las masticaba y después ponía en sus textos solamente lo que a él le servía, cosa de que la gente que lo iba a leer no iba a entender a Plotino porque eso no interesaba sino que iba a enamorarse de Borges. ¡El tipo era un genio!

–¿Admiras algún escritor(a) mexicano (a)?

Sí, por supuesto, a (Jaime) Sabines para empezar. (Risas). A (Juan) Rulfo, Agustín Yañez, ¡Jorge Esquinca, Jorge Esquinca! (Risas) Me gusta mucho Marco Antonio Campos, también. Bueno, Octavio Paz. ¡José Emilio Pacheco! Elva Macías. De Rosario (Castellanos) me gusta lo que hizo como persona, me gusta que se haya pelado, era una loca, pero a su poesía no le entro tanto. Después me gusta José Luis Sierra, (Arturo) Córdova Just, algunas cosas de (Héctor) Carreto y después me gusta Jorge Esquinca. (Risas)

–¿Qué estás trabajando actualmente?

Estoy corrigiendo un libro que se llama “Uso y aprovechamiento del hermano”, que es un libro de poemas pero que arranca con un guión de teatro, yo soy de teatro, entonces de alguna manera tengo que incluirlo, después tiene cartas y poemas, o sea que tiene tres géneros, el epistolario, el dramatúrgico y el puramente poético. Después estoy escribiendo un libro de narrativa cuyo nombre, por ahora, es “Expedición a mi futuro esposo”, que son pequeñas narraciones de días en la vida de alguien, es como un diario narrado.

–¿Te gustaría vivir en México?

Sí, me encantaría.

 

[box type=»note» style=»rounded»]

SILUETA

Edad: 31 años

Número de hermanos: 5

Lugar de nacimiento: Buenos Aires, Argentina

Pasatiempos: No tengo, porque leer no es un pasatiempo, es lo que yo hago con mi vida. ¡Verme con mis amigos!

[/rescue_box]

 

 

[box type=»note» style=»rounded»]

EN CORTO

Amor: Todo

Papel en blanco: Avión

Leer: Muchas horas

Escribir: Mi vida

Palabras: Instrumento

Libro: Puerta a los sueños

Computadora: Hermana

[/rescue_box]

*Entrevista publicada en dos partes en el diario El Heraldo de Chiapas, 03 y 04 de mayo 2007

 

Martín Mérida, poeta chiapaneco

Desde pequeño subo montañas, ahora corro carreras

El reloj marca las cuatro de la tarde. El viento frío corre entre las flores de la jardinera, abraza el enorme pino que está frente a mí y me acaricia el rostro. Al fondo veo el edificio de color mostaza, toco el timbre mientras trato de adivinar cuál es el departamento que habita Martín Mérida Mayorga, poeta chiapaneco que participa en el homenaje a la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir, en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) que se realiza del 29 de noviembre al 7 de diciembre en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

 

Martín Mérida me recibe con su eterna sonrisa de niño, subimos al segundo piso y al abrir la puerta del departamento me da la bienvenida el olor a café, la ventana es un imán para mis ojos. Me acerco y un hermoso parque de árboles inunda mi mirada. A partir de este instante el tiempo del reloj se quedó sin agujas.

 

Mientras tomo asiento en el sillón amarillo y observo a mi izquierda la pared del mismo color que sirve como estantería a una colección de máscaras, Martín se dirige a la cocina a servir el café. Es de Motozintla, Chiapas, me aclara.

 

Llama mi atención su colección de piedras, me hace recordar a una amiga muy querida que también gusta de ellas. A mi derecha hay una pared pintada de azul intenso, resalta un mandala que también es una lámpara.

 

“Mandala en sánscrito significa círculo sagrado. Éste lo confeccioné cuando recién llegué aquí, en él plasmé mi historia de vida y mis deseos a lograr, por eso me persuade a vivir con mayor intensidad”.

 

Me acerco y tropiezo con Parmene-Heráclita, la piedra que desde Chiapas acompaña a Martín, ofrezco disculpas por mi descuido y regreso a la ventana. También me gustan los árboles, digo.

 

“Los árboles son casas; por supuesto: casas que –parafraseando al poeta Angelus Silesius– florecen sin un porqué. Y lo más maravilloso es que este tipo de casas no brindan un calor posesivo. Son casas libertarias.”

 

–La casa es un referente importante para ti. La casa de mi búsqueda está en mí, has dicho. ¿Qué más encierra la imagen de casa para Martín Mérida?

De algún modo todos cargamos una entre pecho y espalda. Algunos seres no encuentran una casa material y no sospechan que la búsqueda es la verdadera casa. En concreto: casa es todo lo que ayuda a vivir. A veces el mismo desamparo (por más paradójico que parezca) ayuda a vivir. Y el sin sentido puede estar cargado de sentido. La casa es un refugio. Y en ese aspecto, la lectura y la escritura son refugios de maravilla.

 

–Dicen que Martín Mérida era un niño triste, ¿sigues viviendo en los brazos de la tristeza?

Sigo viviendo entre el ser y el no ser; en el algo y el vacío. Pero en ese movimiento voy llenando el libro de mi vida.

 

–¿El deseo de escribir, de nombrar poéticamente el mundo, la literatura, son una enfermedad o un remedio para la tristeza?

En esta etapa de mi vida puedo decir que escribir es como llegar a casa y una casa es llegada pero también punto de partida. A veces estoy triste es cierto, pero no del tipo que es carne de cañón para la psiquiatría; a veces estoy triste porque los asideros con los que aprendí a sostenerme, de pronto se derrumbaron, pero en esos momentos es cuando la vida me muestra un rostro que me levanta; un rostro más allá de la lógica.

 

Sale humo de las tazas y huele bien. “El café me gusta recaliente, me agrada ver el humo, además, tengo resistencia al fuego” dice mientras se sienta en el piso, cierra los ojos y lo veo disfrutar su taza de café. No me atrevo a tomar, tengo miedo de quemarme, a diferencia de Martín prefiero que el café esté a una temperatura templada; me siento frente a él.

 

–Cuéntame por qué un homenaje a Simone de Beauvoir.

Este año Simone de Beauvoir cumplió cien años de haber nacido (enero 8 de 1908), entonces la poeta jalisciense Patricia Medina, junto a Gladys Llarregui (Argentina) y María Ángeles Pérez López (España) decidieron en el 2007 convocar a poetas de todo el mundo para hablar de la Mujer Rota en todos los aspectos posibles.

 

Se convocó a concurso y hubo un proceso de selección. Hubiera sido imposible congregar en un libro a todos los poetas que respondieron a la invitación.

 

El destino de este libro es ir a cárceles, manicomios, consultorios, etcétera. Cada uno de nosotros -los que participamos en el libro- estamos comprometidos a hacerlo llegar a esos destinos mediante presentaciones y cosas así.

 

–La Mujer Rota es la historia de una mujer que de pronto, tras largos años de matrimonio, descubre que su marido le es infiel y cuando él se va con su joven amante, ella se queda con la nada porque ha vivido en función de su matrimonio, pero, además, por decisión propia. ¿Crees que aun cuando han cambiado las condiciones económicas y sociales en que se desarrollan las mujeres, cuarenta años después de que se escribió el relato, este tipo de relaciones siga vigente o por qué se eligió ese nombre?

Nací en una ciudad más pueblo que ciudad

Creo que ese tipo de relaciones no se da sólo en la mujer, es la condición de vida de todo ser enajenado; es decir, de todo aquel o aquella que vive en función de los roles sociales establecidos por mecanismos de poder. Por fortuna, constato que hay muchas mujeres y hombres que han aprendido a liberarse de ese yugo.

 

Se eligió el nombre en gran parte por conmemorar a Simone de Beauvoir y porque una de las más grandes injusticias que pesa sobre el mundo es el de haber ninguneado a la mujer. La palabra ningunear no existe en el diccionario pero los mexicanos la utilizamos a menudo cuando nos referimos al proceso de degradar al otro.

 

El libro de poemas La Mujer Rota (estar roto en el sentido del relato de Simone de Beauvoir, es vivir escindido) que estamos presentando en la FIL está escrito por seres sensibles a este fenómeno.

 

–¿En qué consiste tu participación?

Participo con dos poemas, uno se llama “Magdalena” y el otro no tiene título, pero está dedicado a mi abuelita Bonifacia Bartolomé. En el libro La Mujer Rota no sólo se aborda la cuestión trágica; también existe un capítulo dedicado a la maravilla que constituye a las mujeres.

 

–¿Qué esperas cómo poeta de esta experiencia?

Encaja muy bien con mi intención de unirme a proyectos comunitarios que colaboren a transformarnos, con su granito de maravilla.

 

El Primer Foro Internacional de Poesía La Mujer Rota, (4 y 5 de diciembre, Auditorio del Hotel Hilton, Guadalajara, Jalisco) se realiza en el Centenario del Nacimiento de Simone de Beauvoir y como un homenaje a las mujeres rotas del mundo. El día de hoy, 5 de diciembre, a las 11:00 hrs. participa el poeta chiapaneco Martín Mérida con la lectura de sus dos textos seleccionados para publicarse en el libro La Mujer Rota.

 

Martín Mérida, nació en Motozintla de Mendoza, Chiapas y desde 1988 vive en Guadalajara, Jalisco, ciudad en la que ejerce la docencia como maestro de tiempo completo, además de correr, escuchar música, escribir, escribir, escribir.

 

–¿Por qué escribes poesía para niños?

En los poemas que escribo para niños se puede entrever que no quiero abandonar al niño interior en mi vida actual. Y, a través de ese niño, pretendo develar la experiencia donde hasta en el humo de una taza de café brota el genio y no sólo de la lámpara de Aladino.

 

Nací en una ciudad más pueblo que ciudad porque no sólo nos conocíamos casi todos; allá, de diversas maneras, nos cuidábamos los unos a los otros. Ahora prefiero darle patadas a la tristeza, hasta mirarla irse por un caño, al comprobarme caminando entre calles repletas de carros parecidos a tanques de guerra sin respeto para la gente.

 

–Una noche soñaste con un cometa sujeto a la luna, ¿qué sueñas ahora?

Sueño que estoy cosechando las semillas de sandía que un día una multitud de espíritus me regalaron para que muriera. Y morí. Por eso hoy puedo responder a tus preguntas.

 

–¿Las semillas de sandía son entonces como promesas de muerte-vida?

Ese era el secreto. Aunque no significa que no deba volver a morir. Pero al menos morí de una muerte necesaria.

 

–¿Crees en el destino?

Creo que el misterio se revela en el sufrimiento; quien ha sufrido lleva en sí las semillas de una gran cosecha. Pero para que esta levantada se lleve a cabo se necesita de la intervención de los otros. Es decir, a veces basta una palmadita en la espalda; una ayudita para que quien ha sufrido encuentre lo indecible. Si existe Dios, Dios se revela en el sufrimiento y en los otros. Somos de manera extraordinaria seres sociales.

 

–¿Consideras que tus estudios en el seminario han sido trascendentales para tu trabajo poético?

Mis estudios de seminario estuvieron enmarcados dentro de la filosofía y teología de la liberación, donde se nos enseñó a reflexionar desde donde nos aprieta al zapato. Gracias a esa etapa tuve la oportunidad de leer y conocer a seres extraordinarios como Leonardo Boff. El seminario reforzó mi horizonte de querer comprometerme en proyectos comunitarios. En ese entonces viví grandes temporadas dentro de comunidades indígenas y en esos periodos coseché muchos poemas que hoy están brotando. Dentro del seminario supe que me encantaba la figura de Cristo pero lejos, muy lejos, de las burradas de Roma.

Ambos reímos. Martín se pone de pie y se dirige a la mesa que ha adaptado como escritorio, coloca un cd en su computadora y las notas de Vieilles Chansons de France envuelven el ambiente, son canciones un poco tristes pero muy bellas. Amor, desamor, ilusión, desilusión, la vida.

 

–¿Cuáles son las pasiones de Martín Mérida?

En los poemas que escribo para niños se puede entrever que no quiero abandonar al niño interior en mi vida actual

Tengo pasión por el cambio. En el primer poemario que se me publicó escribo: Pretendo arar un nombre distinto/ al aleteo del escribir en vano. / Ser lo de siempre cansa/ igual que no encontrarse.

 

Desde pequeño subo montañas, ahora corro carreras y maratones para estar listo en las trepadas y mientras subo montañas escribo, porque escribir es mi pasión fundamental. Mi primera novela «El poeta y el niño de la piedra» fue escrita en algunas de sus partes, mientras corría.

 

Y mientras corro, subo montañas y realizo mi fundamental pasión, escucho música. En estos días he escuchado las sinfonías de Gustav Mahler en varias versiones. Y ahora más que nunca me siento unido a muchas personas.

 

–Música, poesía, miradas. ¿En el amor Martín escribe poemas de largo aliento o prefiere los poemínimos?

Depende de lo que voy viviendo… Mis relaciones amorosas pretenden no acabar nunca.

 

–Entonces son de largo aliento

Mis relaciones amorosas, sí. En la poesía, la columna vertebral es la economía de palabras y un poema por muy largo que parezca lleva ese poderoso secreto.

 

–Has dicho que la fuerza del amor es más fuerte que las tempestades. ¿Algún huracán amatorio te ha inundado el alma de dolor?

(Risas). Un huracán amatorio, ¿eh?.. Pues ciertas huracanas me han producido dolor. Pero también he descubierto que gracias a ese tipo de tempestades uno puede subir un poco más alto, como las águilas, hasta esperar que a lo amatorio se le quite lo huracán.

 

–Cuando a lo amatorio se le ha quitado lo huracán, ¿sigue siendo amor?, ¿vale la pena descender a él?

No sé si tengo la respuesta a tu pregunta, pero creo en la armonía; en la conjunción de lo negro y lo blanco. Lo huracán me parece sólo propulsión hacia un sentido. Y hay que ver cuánta amargura produce.

 

–También has dicho que después de vivir la amargura es posible encontrar un territorio libertario. ¿Cuál ha sido ese territorio libertario para Martín Mérida?

La libertad es una meta hacia la que procesos de liberación (libre-acción) acercan. Entonces, si uno se pone en marcha pronto descubrirá que está en uno o varios de estos territorios o que todavía hacen falta esfuerzos como rupturas para llegar a ellos. Liberación no es la libertad a pie juntillas pero al menos es reconocimiento que la libertad en un proyecto que persuade desde lejos; un proyecto que nos permite ser mejores.

 

–¿Pero cómo defines o dónde está tu territorio libertario?, ¿cómo es?

Territorios libertarios tengo muchos, pero te nombraré algunos de ellos:

  1. El territorio de mis amigos (as) verdaderos (as).
  2. El territorio de hablar viendo directamente a los ojos, sin olvidar la empatía, de la persona con quien estoy enojado.
  3. El territorio de amar –y amar es subversión, decía de manera incansable don Octavio Paz.
  4. El territorio de escribir y crear con mi escritura otro mundo distinto al que odio.
  5. El territorio de hacer valer mis derechos y no sólo repetir en mi mente mis obligaciones.

Entre otros. ¿Y sabes? Creo en verdad que en ningún ser humano, en su individualidad, debemos abandonarnos. Más justo me parece amar hasta el fondo en proyectos solidarios. Proyectos de promoción de justicia solidaria; por ejemplo. Los seres humanos en nuestra individualidad somos maravilla, pero no somos Dios.

Y si existe una energía más allá del mundo, no puede ser pronunciada con la lógica pero intuyo misterio en los ojos de los seres, misterio que me hace decir que otro mundo es posible.

 

–La posibilidad de otro mundo, de un mundo mejor que el que nos ha tocado.

También se puede sentir y sobre todo, lo realizamos más a menudo de lo que parece, cuando nos miramos de manera verdadera y comprendemos nuestra vulnerabilidad clamando respeto y consideración. Los señorcitos; aquellos que se enforran en trajes y discursos olvidan muy a menudo su ser vulnerable.

 

–Cuando te escucho así me recuerdas al Sub, sus palabras, con las que logró que muchas miradas se volvieran a los que se miran de manera verdadera y no en espejos.

Lástima, yo quería que me recordaras y no al Sub. Lo de luchar por mirarse es tradición de pueblos milenarios… de pueblos nómadas que en los ojos de los otros encuentran una casa.

 

–Por eso es importante ver a los ojos de los otros y de nosotros mismos.

Ver a los ojos es mirar no sólo el iris, retina y cosas así; también conlleva valorar el esfuerzo desgarrador con el que otro se construye. Emmanuel Lévinas, filósofo de origen judío, solía decir: La cara es sólo un componente del rostro. El rostro es sobre todo tu historia, la historia más íntima que te hace, por ejemplo, ser Lety, y ante la que muchos pasarán de largo.

 

–Así es, pasarán de largo, caminando o corriendo. ¿Tras de qué corre Martín Mérida?

No sé tras de qué corro. Tal vez corro tras la nada pero la nada no es vacío, en todo caso no corro tras el vacío. Me gusta correr porque, como no soy un yoguin, es momento de estar dentro mí mismo. Tal vez, entonces, corro tras de mí mismo.

Martín Mérida Mayorga es un hombre muy emocional, en parte eso lo ha llevado a correr. “Sí, corro para bajarle un poco a mi emoción.” Aunque está de acuerdo en que escribiendo también se le da cauce a la adrenalina.

 

El cd ha terminado, sugiero escuchemos Entre nous con Chimène Badi, mientras tomamos otra taza de café y encendemos las luces; el mandala-lámpara es hermoso, “alrededor le puse muchos elefantes pequeñitos porque cuando lo creaba soñé que debería llevar elefantes.”

 

Camino hacia la ventana, veo las sombras que bajo la luz de la luna forman los árboles. El viento los abraza. Volteo al percibir junto a mí el olor del café. Tomo mi taza y nos dirigimos hacia los sillones que están dispuestos de manera circular.

 

–¿María Magdalena o la Virgen María?

No hay virgen sin Magdalena.

 

–Y hablando de mujeres, ¿qué significan en la vida de Martín Mérida?

Hablar de mujer es hablar del mar. La mujer es fuerza de inspiración creativa, es el reconocimiento de la tierra. Hablar de mujer es horizonte de ponerme a cuidar flores y árboles sin olvidar los espinos. Y volviendo a lo del mar… El mar es misterio.

 

[box type=»note» style=»rounded»]

SILUETA

Lugar de nacimiento: Motozintla de Mendoza, Chiapas, México

Edad: 44 años

Número de hermanos: 6

Estado civil: Soltero nuevamente

Número de hijos: 0

Libro: Don Quijote de la Mancha.

Película: Léolo (porque sueño no existo)

Deportista: Nadia Comaneci

Equipo de futbol nacional: Chivas

Equipo de futbol internacional: Real Madrid

Pasatiempos: Perder el tiempo

 

[/rescue_box]

 

[box type=»note» style=»rounded»]

EN CORTO

Motozintla: Sueño

Guadalajara: Renacimiento

Disfraz: No hay de otra a veces

Honestidad: Lo más bello en el carácter

Violencia: Fuerza que a veces también ayuda

Docencia: Terquedad

Xavier Villaurrutia: Nocturno Mar

José Gorostiza: Muerte sin fin

Octavio Paz: Salamandra

Café: Dulceamargo

Sol: Príncipe

Luna: Piedra preciosa

[/rescue_box]

*Entrevista publicada en el diario El Heraldo de Chiapas, 5 de diciembre 2008.

 

Rafael Courtoisie: Hombre que quiere hablar sobre la aventura.


Rafael Courtoisie en el Centro Cultural de Chiapas Jaime Sabines

Cierro los ojos. Escucho la voz serena, segura, rítmica de Rafael Courtoisie. Imagino que no hay alguien más que nosotros dos en el auditorio. En la mente construyo las imágenes que la sucesión de palabras me dicta. Mi experiencia las deconstruye y vuelvo a la realidad.

 

Rafael Courtoisie, quien se autodefine como “un hombre que quiere hablar sobre la aventura de sí y de otros, de otros y de sí”, es uno de los escritores uruguayos de mayor reconocimiento internacional; su obra ha merecido diversos galardones en España, México y Uruguay.

 

En las piedras que parecen deseos, en las piedras del tiempo

que parecen años. Piensa en los años. No mires al espejo.

Éste no soy yo. Es tu recuerdo. Es la melodía,

la música de la imagen que se te parece. No soy yo…

 

Es poeta, narrador, lector, pintor, químico y divulgador de la ciencia, pero sobre todo, un hombre sensible, que creció en un Uruguay con crisis financieras y políticas, golpes de estado, represión; un país convulso en el que “…a edad muy temprana vi gente muerta, vi gente perseguida… fueron años duros y te marca, algunos de mis escritos y mis novelas salen de eso, de ese dolor”. Sin embargo, refiere que al interior de su familia vivió una infancia felicísima.

 

Amalgama de sentimientos que van encontrando su sentido en el proceso de conocerse y re-conocerse como un hombre de letras, de palabras, “…medio de llegar al otro, no un fin en sí mismo sino un medio de llegar al prójimo. La palabra es un instrumento de construcción estética y fundamentalmente una definición del humano.”

 

Palabra tras palabra se construye o se reinventa la vida, se va más allá de la enunciación pasiva de anécdotas personales, de acontecimientos literales; se es en y por el lenguaje, así, habitantes de un mundo fragmentado en silencios y palabras, los objetos de tan cotidianos olvidados, los sentimientos que nos mueven o paralizan, el tiempo, el recuerdo, usted que lee estas líneas, yo que las escribí, podemos formar parte de este territorio imaginario en el que manda la pluma de Courtoisie.

 

–Se ha dicho que tus poemas son una especie de cuentos porque en ellos se pueden descubrir historias, como en el poema Persistencia del débil. ¿Cuando los escribes estás consciente de ello, preparas alguna escaleta o argumento?, ¿cómo surgen?

Sí estoy consciente pero no hay ninguna preparación previa, simplemente cuando me doy cuenta que el poema tiene cierta estructura narrativa el tratamiento del lenguaje es connotativo, es típico de la poesía, trato de fijarme en el peso de cada palabra, en la justeza de cada palabra pero no hago un esbozo; en general son minirelatos que a su vez son poemas que surgen de una manera muy espontánea.

 

–Has dicho que la novela es el horizonte de la absoluta libertad narrativa. El cuento, la concisión y la necesidad imperiosa de una resolución en la historia. ¿Y la poesía?

Hay una constante en una parte de mi poesía, que es recuperar los objetos de todos los días.

La poesía en esa escala también produce una sensación de libertad absoluta pero es totalmente exigente al mismo tiempo; creo que la poesía es el género más exigente de todos si tomamos la exploración reflexiva que compone el ensayo o la narración de un avatar, de una realidad que constituye la narrativa. La poesía, frente a eso, entraña una exigencia enorme porque implica un andamiento del lenguaje, por supuesto, eludir el lugar común, eludir los usos consuetudinarios del lenguaje pero a la vez trabajar con ellos y apuntar una realidad nueva.

 

Me parece que la poesía es un espacio de absoluta libertad que se consigue con mucho sufrimiento, a veces. Es extremadamente exigente como género, uno puede escribir un cuento y atenerse a la exactitud de un inicio, desarrollo y desenlace pero disfrutarlo porque uno maneja las estructuras, el oficio; lo mismo pasa con la novela, con un poema no, con un poema o comparece la poesía en el poema o no es poesía.

 

Octavio Paz decía que un poema es un conductor de poesía. Si el conductor no funciona, no funciona, no hay vuelta. En cambio la novela puede estar más o menos lograda y se percibe como un entretenimiento, pero el poema tiene que ser esencial sino no sirve.

 

–En tu libro Música para sordos nos presentas poemas dedicados al tenedor, a la cuchara, al espejo. ¿Por qué hablar de objetos cotidianos?

 

Hay una constante en una parte de mi poesía, que es recuperar los objetos de todos los días que están de alguna manera alienados, que están fuera de su esencia, que están al uso o al servicio de un mero consumo, entonces, cuando en Música para sordos se habla de la cuchara, del cuchillo, de la copa de vino incluso de las naranjas, hay una idea de dotarlas de vida, de mirarlas desde otro punto de vista, eso también lo hago en la novela que se llama Tajos (Edit. Lengua de trapo), donde el protagonista es una especie de “psicokiller” juvenil, que en respuesta a su frustración con el mundo tasajea todo lo que encuentra a su alrededor.

 

En ese tasajear está, de alguna manera, otorgándoles un lugar que el consumo les quitó. Nosotros vivimos en una era de consumo, de hiperconsumo, donde uno está al servicio de las cosas y a su vez se cosifica, entonces, tanto en Música para sordos como en Tajos, por un lado en la poesía y por el otro en la narrativa, hay un intento de descubrir la esencia de cada objeto, que el lector por primera vez encuentre ese objeto, lo vea; de pronto objetos que los tomamos todos los días como un vaso, un tenedor o un cuchillo y pasan desapercibidos, no los conocemos; si no podemos conocer esos objetos que son inertes cuanto menos podemos conocer al semejante, al prójimo.

 

Es una especie, no digo de educación sentimental a través de los objetos pero sí una propuesta de mirada de profundidad a la magia del mundo, a lo vivo y a lo misterioso que es el mundo.

 

–Coincido contigo en que la poesía es un artículo de primera necesidad, sin embargo, cómo lograr que su valor simbólico se resignifique y se dé la posibilidad de que todos accedan a ella.

En los Siglos de Oro, ni Góngora ni Quevedo escribían libros para vender, ni siquiera publicaban libros

Es una pregunta que mete el dedo en la llaga, por así decirlo. En términos del sociólogo francés Pierre Bourdieu, toda la literatura, todos los capitales culturales, se mueven justamente en el plano simbólico. Es curioso que en la sociedad occidental, por lo menos de inicios del siglo XX, la novela sea un producto de compra-venta, un producto de consumo que es capital simbólico y la poesía que también lo detenta y que es más profundo, aparece de algún modo marginada, aparece menos visible en las transacciones comerciales, en lo que tiene que ver con las editoriales; creo que esa contradicción se podría explicar porque la poesía es un agente poderosísimo de razón, de conciencia, de conmoción y entonces su capital simbólico también es de una intensidad que hay que administrar y que mucha gente que tiene el poder quisiera administrar en el sentido de que no tuviera esos efectos tan fuertes sobre la conciencia.

 

Me parece que cada uno de los creadores también tiene la obligación de los poetas –de los poetas lectores, el lector es un poeta también- de descubrir, de pasar ese poema que encontramos de Fernando Pessoa, de Antonio Machado, de Jaime Sabines, a un amigo.

 

No necesariamente el capital simbólico de la poesía circula como una cuestión de compra-venta, puede circular de otros modos. Hay un prestigio literario que tenemos que defender, que no pasa por el dinero, por suerte; eso a inicios del siglo XX implica un actitud consciente, de trabajo, por eso uno va de pronto a muchos festivales de poesía porque es un modo de comunicarlos; es un modo también, de no necesitar medios de comunicación consuetudinarios.

 

En los Siglos de Oro, ni Góngora ni Quevedo escribían libros para vender, ni siquiera publicaban libros, su poesía tenía un poder enorme a través de la circulación que se daba en ciertos ámbitos y ese poder simbólico nos llega hasta hoy, es decir, ese capital no se disipó, en cambio otros entretenimientos de aquella época, simplemente son piezas de museo. Entonces quiero terminar con Pierre Bourdieu diciendo que el capital simbólico de la poesía es enorme, es poderosísimo.

 

No eres tú.

No es nadie.

Piensa en el agua del mar, en su movimiento, en su peso.

Piensa en el agua y no en mí, piensa en el pensamiento

que viene y va, como un espejo.

Pero no pienses en el espejo, rompe el espejo

de una pedrada …

 

 

–¿Cómo separa o une Rafael Courtoisie su escritura narrativa y poética con su quehacer de crítico literario y sobre todo de divulgador de la ciencia?

–Son facetas muy diferentes. Incluso dentro de la narrativa trabajo niveles por registros de escritura diferentes porque mis novelas suelen utilizar la ironía, la parodia, una carga de cierta literatura violenta o de temas violentos y en los cuentos los temas son mucho más variados, así, en la misma narrativa hay diversidad de registros.

 

Eso es un aspecto del proceso de creación, otro aspecto es una poesía más esencial, que está cercana al discurso filosófico sin ser pretenciosa, quiero decir que de algún modo se nutre de cuestiones esenciales, de objetos de pensamiento que ha visitado la filosofía, a su vez todo lo que tiene que ver con divulgación de la ciencia, sin mi formación científica, me ha servido para tener una plataforma de conocimiento que alimenta las distintas vertientes de mi obra.

 

Son distintas facetas de un proyecto creativo que es complejo pero que siento necesario en su diversidad. Prefiero la heterogeneidad a la ortodoxia porque me parece que trabajar distintos registros de la escritura es la posibilidad de comunicar en distintos niveles.

 

–¿En cuál de estos registro te sientes más cómodo?

En la poesía, como un elemento digamos primigenio de la comunicación humana, como una posibilidad de, con recursos estéticos a veces muy sencillos, expresar mucho y llegar al otro, comunicar profundamente.

 

En la novela me siento cómodo pero entiendo que es también un género donde hay ciertas concesiones a la extensión, al formato. En la poesía me siento mucho más cómodo. Creo, además, que en toda obra literaria que se precie de tal, hay un núcleo poético, así sea teatro, un guión para cine, un ensayo, hay un núcleo poético.

 

La poesía a inicios del siglo XXI es una razón diferente que ilumina el conocimiento, cuando de pronto muchas teorías, muchas ideologías se han mostrado inoperantes; de alguna manera la poesía sigue siendo absolutamente iluminadora, un poco en la idea de (Arthur) Rimbaud del poeta como un iluminado, en un sentido no de locura sino en un sentido del que ve a través de las palabras la realidad.

 

–¿A qué se refieren tus críticos cuando hablan de que violentas la precisión del lenguaje de la ciencia, a favor de la poética?

Bueno, porque allí hay una indiscutible lucha por una aparente precisión del discurso científico. Todo conocimiento es metafórico, eso no lo digo yo, lo dice Hegel. El discurso incluso de las llamadas ciencias exactas de las ciencias naturales trabaja con metáforas, es un discurso construido con figuras retóricas y de algún modo hay una apropiación de esas estructuras que aparentemente son muy lógicas y muy despojadas, a favor de esa duda, de ese margen que plantea la poesía, entonces, no es que oponga una cosa a la otra sino que de alguna manera hay un uso del discurso científico en aras de resaltar ese procedimiento metafórico que el propio discurso científico tiene.

 

Vivimos en un mundo de asombros en el que alguien como (Stephen) Hawking, físico que de alguna manera habla desde los agujeros negros hasta la curvatura del tiempo, está trabajando constantemente con metáforas, es un planteo metafórico con la diferencia de la ciencia, evidentemente trabaja también niveles de experimentación que ratifican o rectifican esa hipótesis que se postula mediante metáforas pero creo que más que enfrentarlo, lo trato de complementar, de transformar.

 

–¿Esa visión de científico influye en tu quehacer poético?

Sí, sin duda. Tengo un libro que se llama Estado sólido [Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe-Visor, España, 1995] y en toda su escritura influyó directamente mi formación científica pero influyó porque también el libro plantea un poco una parodia de los discursos absolutos de tipo científico.

 

“Los viajes enriquecen cuando uno tiene los ojos del alma abiertos”

 

…piensa en el alma dura de las piedras

en las piedras: ellas sí que te hacen falta

con su firmeza, con su alegre peso

misteriosas y serias: en las piedras.

 

–¿Cómo ves la literatura uruguaya contemporánea?

Hace ya 15 o 16 años descubrí que no es tanto que me guste viajar, sino que necesito viajar interior y exteriormente.

La veo bien, heterogénea, contradictoria por momentos, coexisten varias generaciones. El Uruguay es un país en términos de edad, envejecido y en términos literarios coexisten la generación del 45, que anda por los ochentaitantos años, con Mario Benedetti, Idea Vilariño, Ida Vitalie, Amanda Berenguer, con gente del sesenta y con nuestra generación que empezó a publicar en los años ochenta-noventa y con un grupo de jóvenes que tratan de elaborar su proyecto a partir no sólo de una poesía vehículizada por libros o recitales tradicionales, sino integrándola en un proyecto performático.

 

Todo eso está existiendo en el Uruguay en este momento y me parece bueno que exista, se entablan diálogos y contradicciones que son sanas, no me refiero al parricidio ni a los combates por el poder cultural, que ese es otro problema. Me refiero a una diversidad de formas y contenidos.

 

Creo que es más problemático en narrativa, hay un poco más de desorientación en ese sentido; después de la salida de la dictadura hubo un momento de mucho entusiasmo, después un decaimiento y ahora, inicios del siglo XXI yo soy optimista con respecto a los jóvenes, es más, me nutro mucho de mis alumnos, tenemos una actitud de dialogicidad horizontal, no jerárquica.

 

–¿Admiras algún escritor(a) mexicano(a)?

A varios. Entre las figuras titulares por supuesto debemos mencionar a Juan Rulfo como narrador y como poeta, diría Jaime Sabines. El Carlos Fuentes de su primer tramo de la obra, Octavio Paz y Jaime Sabines. Ellos son los grandes autores, pero acá hay gente viva que yo quisiera nombrar aunque me voy a olvidar de otros muy queridos; David Toscana me parece uno de los más valiosos escritores contemporáneos, creador en la narrativa absolutamente auténtico en su proyecto, en otro orden en la cuentística pienso en Juan Villoro y claro uno se pone a nombrar y hay muchos poetas, tendría que ser una lista muy grande para entender esos matices.

 

Si el espejo se rompe no soy yo, no eres tú

no es nadie, es la fuerza

del recuerdo que se ahoga en el espejo, en el agua

seca del espejo, la fuerza sin fuerza…

 

–¿En el amor, Rafael Courtoisie, ensaya, narra, rima o se va por la prosa libre?

(Risas) No, trato de hacer poesía y de rimar. Hay una frase que parece una frase hecha pero que es absoluta: toda buena poesía es erótica, lo otro no es poesía. Entonces, de algún modo, en el erotismo que implica lo físico, lo metafísico y lo místico, hay un equilibrio, una capacidad de encontrarse con el otro fuera de uno, es decir, el amor tiene que ver con eso, uno deja de ser uno y el otro deja de ser el otro para hacer algo intermedio y eso me parece absolutamente mágico y creo que sí tiene que ver con el acto poético.

 

–¿A quién le recitarías al oído?

(Risas) A una sola persona, en este momento, a una sola persona.

 

–¿A dónde viaja Rafael?

Hace ya 15 o 16 años descubrí que no es tanto que me guste viajar, sino que necesito viajar interior y exteriormente. Al inicio de este año estuve en Nicaragua y quince días en Turquía; gracias a la poesía también estuve en Lismier, antigua Esmirna, donde dicen que murió Homero, si es que existió, es una ciudad bellísima; en Efeso, que en este momento está en territorio turco; en Estambul, donde pude soñar y conocer lo que es tocar el cielo con las manos por momentos.

 

Hace unos veinte días estuve en Sarajevo en un encuentro de poesía, un poco en respuesta a la violencia, algo parecido a lo que pasó en su momento en el Festival de Medellín. Bueno, ir a Sarajevo me conmovió muchísimo, me pareció que participar en un festival poético allí y a favor de los derechos humanos, de la no discriminación, es un acto que va más allá de las consignas fáciles. Los viajes enriquecen cuando uno tiene los ojos del alma abiertos, cuando uno lo que quiere es simplemente hacer turismo creo que es mejor quedarse en casa, cerrar los ojos y ver el mundo interior que uno tiene.

 

–¿Te gusta el mar?

Sí, me gusta mucho y tengo casi una dependencia física, soy una especie de drogadicto de mar. En mis meses, casi un año, en la Ciudad de México, había días que yo salía a caminar y buscaba el mar, sabiendo obviamente que no existe. Tengo una cierta dependencia, amo la Ciudad de México, pero creo yo no podría vivir ahí. Algo parecido me pasa en Madrid, yo puedo estar dos o tres semanas pero a la tercera empiezo a sentir la necesidad del mar, la necesidad de algo cambiante, de la masa líquida que te va de alguna manera alimentando con una energía secreta y por otro lado explicándote que la vida va y viene, como las olas.

 

–¿Le has escrito poemas al mar?

Sí, muchísimos y no sólo poemas, mis tres primeros libros de cuentos tienen el nombre del mar, es una trilogía: El mar interior, El mar de la tranquilidad, El mar rojo. De hecho la trilogía iba a seguir, tengo unos inéditos titulados El mar de o El mar tal porque entiendo que esa colección de cuentos es como el mar, es decir, por un lado de pronto hay textos muy tiernos, muy serenos, con esa quietud que de pronto tiene el mar en algunas estaciones y por otro, hay cuentos embravecidos, violentos como es el mar.

 

Luego el mar es una gran metáfora del origen, del líquido amniótico, del lugar donde sale la vida, así que para mí es una palabra mágica y ha influido en mi poesía aun cuando el mar no esté como la palabra mar.

 

–¿Qué te produce miedo?

Me da miedo la soledad, no de no estar con otro sino la soledad donde uno se enfrenta a algunos de sus vacíos. Me da miedo la muerte.

 

–¿Qué estás trabajando actualmente?

Acabo de publicar una novela que se llama Goma de mascar, en ella hay poesía a través de sus personajes, quienes hacen la poesía que ellos pueden hacer siendo malos, siendo mezquinos, algunos, siendo muy buenos otros. Además, estoy escribiendo una novela con un personaje que podía ser un político latinoamericano típico pero llevado casi a la caricatura.

 

Es una novela que responde al estilo de las últimas que he trabajado, muy rápida, con un ritmo diría cinematográfico sino fuera un lugar común; es un ritmo acelerado, de un vértigo que lo que trata de lograr es que el lector no pierda tiempo, no se detenga. Estoy escribiendo esa novela y tengo además, como siempre, la poesía que me alimenta.

 

Doy clases de literatura y de teoría literaria en la narratología; cuando uno enseña cómo hacer un guión de cine, está enseñando también cómo es una estructura narrativa en un medio semiótico, entonces, cuando enseño cómo hacer un guión, enseño narratología. Digamos que mis campos si son la teoría literaria, la narración y también la poesía, porque doy también talleres de escritura creativa, que me parece uno de los puntos fundamentales en muchas partes del mundo.

 

Los talleres de escritura creativa, enseñan sobre todo a leer, plantean una formación del lector, después de eso pueden venir grandes talentos, no todos tienen que ser grandes escritores pero me parece muy gratificante trabajar en talleres de escritura creativa.

 

…la luz que se apaga

el espejo quebrado y yo, mi inocencia

que te dice:

piensa que no soy tú, no me pienses.

 

 

* Fotos: María Auxilio / Osiris Aquino

*Entrevista publicada en dos partes en el diario El Heraldo de Chiapas, 14 y 15 de noviembre 2008

 

 

[box type=»note» style=»rounded» border=»full»]

SILUETA

Lugar de nacimiento: Montevideo, Uruguay.

Edad: 49 años

Número de hermanos: Tres

Estado civil: Separado pero casado porque sigo la teoría de William Faulkner, que decía que lo mejor de estar casado es que uno puede estar a diez mil kilómetros de su mujer y no tener la tentación de volverse a casar.

Número de hijos: Uno

Estudios: Químico con maestrías en Comunicación y en Lengua y Literatura.

Pasatiempos: Caminar, tareas manuales que tienen que ver con armar o desarmar ciertas maquinarias o ciertos ingenios e ir a exposiciones de arte.

Película: Quería nombrar una mexicana y una uruguaya, que son muy distintas. Sé que es polémica la mexicana por su estructura: Amores Perros, sobre todo por su estructura y la uruguaya Whisky que es una película que quiero mucho porque los realizadores, los directores, fueron mis alumnos durante cuatro años y el guión lo trabajamos durante dos años. Amores Perros también la nombro no porque la prefiera absolutamente sino porque es polémica, no es concesiva, a uno puede no gustarle pero nunca se queda indiferente. Y Whisky porque creo que representa un asunto muy rioplatense, una suerte de épica del fracaso que es muy no sólo del Uruguay sino de la Argentina.

Comida predilecta: Me gusta mucho la ensalada de lechuga, pero odio tener que lavar la lechuga, odio tener que prepararla; yo puedo preparar la barbacoa, el asado tipo uruguayo, eso me sale muy bien, en cambio la ensalada, que es algo que me encanta, me da mucha pereza lavarla, hay algo físico ahí… me encanta comerla pero no prepararla, en cambio el asado me gusta prepararlo y servirlo a los amigos, porque es un acto ritual.

Rituales: Tengo algunos aunque trato que no se trasformen en trastornos obsesivos compulsivos, trato que los rituales sean realmente una parte de un ceremonial personal. A veces los rituales se ahuecan, pierden sentido, trato que los rituales tengan significado.

 

[/rescue_box]

[box type=»note» style=»rounded» border=»full»]

EN CORTO

Amor: Calidez.

Humor: Posibilidad de entendimiento.

Ironía: Defensa y ataque.

Erotismo: Profundidad.

Muerte: Misterio, noche.

Soledad: Misterio, noche.

Globalización: Desafío.

Internet: Una posibilidad.

Kafka: Una gran metáfora del mundo que vivimos.

Libro: Instrumento de realidad virtual que no tiene parangón aún en la tecnología contemporánea.

 

[/rescue_box]