Nubes

En un mundo erizado de prisiones

sólo las nubes arden siempre libres.

 

No tienen amo, no obedecen órdenes,

inventan formas, las asumen todas.

 

Nadie sabe si vuelan o navegan,

si ante su luz el aire es mar o llama.

 

Tejidas de alas son flores del agua,

arrecifes de instantes, red de espuma.

 

Islas de niebla, flotan, se deslíen

y nos dejan hundidos en la Tierra.

 

Como son inmortales nunca oponen

fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

 

Las nubes duran porque se deshacen.

Su materia es la ausencia y dan la vida.

 

José Emilio Pacheco

 

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Fotos: Leticia Bárcenas González

Fin de siglo

Foto: Oleg Dou
Foto: Oleg Dou

«La sangre derramada clama venganza».
Y la venganza no puede engendrar
sino más sangre derramada
           ¿Quién soy:
el guarda de mi hermano o aquel
           a quien adiestraron
para aceptar la muerte de los demás,
           no la propia muerte?
¿A nombre de qué puedo condenar a muerte
a otros por lo que son o piensan?
Pero ¿cómo dejar impunes
la tortura o el genocidio o el matar de hambre?
            No quiero nada para mí:
            sólo anhelo
            lo posible imposible:
            un mundo sin víctimas.

Cómo lograrlo no está en mi poder;
escapa a mi pequeñez, a mi pobre intento
de vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo

con el cuenco trémulo de la mano.
Mientras escribo llega el crepúsculo
cerca de mí los gritos que no han cesado
            no me dejan cerrar los ojos.

Fin de siglo / José Emilio Pacheco (30 de junio de 1939, Ciudad de México – 26 de enero de 2014, Ciudad de México)