Ignacio Ruiz, poeta y ensayista chiapaneco

En su reciente visita a Chiapas, el poeta y ensayista chiapaneco, Ignacio Ruiz Pérez, otorgó a Desmesuradas una tarde de amena charla.

Sin prisa y sin censura, Ignacio nos platicó cómo descubre a la literatura como profesión, de su oficio como poeta y ensayista, además de la vasta experiencia que tiene como catedrático en la Universidad de Texas, donde trabaja principalmente con estudiantes migrantes.

Sin darle tregua al silencio, Nacho, como le dicen sus amigos en Chiapas, nos cuenta de la literatura en su niñez: “Mi primer contacto directo con la literatura infantil fue a través de mi hermana, que me leía cuentos y que de alguna manera filtraba esos cuentos infantiles, esas historias de hadas. Hay una colección que a mí en lo personal me marcó muchísimo, se llama Mi libro encantado. ¡Es bellísima! Ahí está prácticamente todo el compendio de la literatura infantil universal. Ese fue mi primer acercamiento a la literatura.”

Ignacio Ruiz en entrevista / Foto: Lety Bárcenas

Leticia Bárcenas González y Gabriela Guadalupe Barrios García

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la literatura, ya de manera formal?

Descubro que la literatura puede ser una profesión, un acto de fe, se puede decir, cuando ingreso a la preparatoria. Me doy cuenta que la literatura es lo mío, que me gustaba y además veía gente que la practicaba, que vivía de ella, enseñándola, y que era una posible profesión. Hay un profesor de la prepa que me marcó profundamente: Gustavo Ruiz Pascacio; creo que marcó a mucha gente de mi generación, para bien. A través de él entré en contacto directo con la literatura, la gran literatura, porque claro, antes, en la secundaria y en la primaria, se acerca uno a los libros de manera derivativa, a través de recomendaciones o de amigos con los que compartes algunas cosas, o porque ves literatura en algunas materias.

Pero mi acercamiento ya profesional con la literatura fue con Gustavo (Ruiz Pascacio), en la prepa. El último año de la preparatoria fue un periodo de decisiones, porque estaba un poco desorientado, no sabía si estudiar comunicación o literatura y también estaba la antropología, que era algo que me llamaba mucho la atención.

De alguna manera es algo de lo que no me he deslindado, porque la aproximación a la literatura es un poco interdisciplinaria. Cuando uno va descubriendo horizontes o va creando un corpus teórico, crítico, para acercarse a la literatura, uno tiene que acudir a distintas disciplinas para poder leerla de una manera más rica.

¿Cómo descubriste que escribir poemas era lo tuyo?

En la prepa (risas). Había un taller de creación literaria que se abrió en el tercer año, en el 93 (1993), por el mes de octubre o noviembre. Había un programa de la Secretaría de Educación y Cultura de Chiapas, que consistía en llevar literatura a diversas instituciones de nivel básico; entonces llegó un poeta llamado Ubel Vázquez, a la Preparatoria No. 2 (de Tuxtla Gutiérrez), donde yo estudiaba, y abrió un taller de creación literaria.

El primer texto que presenté fue justamente un poema, en mi vida me había imaginado que iba a terminar escribiendo poesía porque en realidad soy un narrador frustrado (risas). Lo que hubiera querido escribir es narrativa. Pero cuando me pongo a ver mi obra en perspectiva, me doy cuenta de que lo que hago es bastante narrativo, tiene muchísimo de prosa o tiene muchas de las inflexiones de la prosa, es algo de lo que no me he podido deslindar por distintas razones.

LA POESÍA ES UN ACTO DE FE, ES UNA PROFESIÓN

¿Para ti qué significa ser poeta?

Significa muchas cosas. Significa estar en contacto directo con la lengua. Desde pequeño me han gustado mucho los idiomas, los distintos sentidos que se pueden producir a través de eso, que Octavio Paz llamaba cópula de sonidos, que es muy bonito. Octavio Paz define la poesía como una especie de erótica verbal. De la misma manera que el erotismo sexual, físico, es en realidad una cópula de cuerpos, un acoplamiento de cuerpos, así la poesía es un acoplamiento verbal, una cópula verbal, una erótica verbal, lo cual me parece bellísimo y creo que define muy bien el sentido de la poesía.

La poesía es un poco tener el privilegio de acercarme al lenguaje y a través de él poder organizar las cosas de una manera muy distinta; explorar efectos de sentido, formas y estar un poco también en contacto con mi identidad porque estoy fuera de mi país y estoy escribiendo en mi lengua. Eso para mí es como recuperar un poco ese lado perdido o que dejo estacionado en muchas ocasiones para dedicarme a otras cosas. Sí que tiene mucho sentido, para mí la poesía es un acto de fe, es una profesión.

¿Cómo nace un poema?

De la manera más inusitada que te puedas imaginar. No existe una regla o una fórmula para crear un poema. Nace de la manera más inesperada, puedes ir caminando y de pronto te viene una imagen o una frase, que después se convierte en el pie que da lugar a toda una estructura verbal, por una parte. Por otra parte, también está el oficio, la poesía como un oficio. Desconfío un poco de la inspiración, creo más en el trabajo. Pienso de hay que sentarte una hora, dos horas, a escribir todos los días; en mi caso, intento hacerlo por lo menos dos horas en la semana, sentarme a escribir, es una práctica casi profesional.

También es cierto que hay momentos en que te llega la revelación, más que inspiración, de una frase. Hay un poema que escribí, que se llama precisamente Revelaciones, donde realizo una reflexión sobre la divinidad, sobre Dios y sobre esa alegría de encontrar las cosas en el mundo, de explorar distintas emociones y sensaciones, sentir el viento, por ejemplo. Y todo surge a raíz de una simple frase, dije: ¡esto es lo que quiero utilizar para crear un poema! Y resulta que el poema en realidad se me extendió y es un poema de cuatro o cinco secciones, pero de una sola frase: “Dios ha venido a verme”, surgió todo. Confluyen las dos cosas, tanto la revelación como el trabajo. Tienes la frase, la picas, la construyes, vas articulando alrededor de esa frase y luego viene un trabajo de pulimento.

¿A qué hora escribes?

Antes era nocturno. Sigo siendo nocturno, en el fondo no he olvidado lo que me gusta estar de noche, hasta la una o dos de la mañana trabajando, que es cuando me siento mejor, siento que hay más condiciones: hay silencio, puedo estar solo frente a la computadora. Antes escribía en el papel, cuando conseguí una computadora comencé a escribir directamente en la computadora. 

En los últimos años, desde que nació mi hija, he cambiado mis hábitos de escritura y los he cambiado de la noche a la mañana; dedico por lo menos un par de horas, cuando la burocracia o la administración me dejan (risas); intento dedicar las mañanas a la escritura, me dedico a escribir un par de horas o simplemente voy puliendo lo que he hecho en otros días. Actualmente, tengo un libro que precisamente estoy puliendo y tengo ya un año casi refinando, no tengo prisa, en realidad es que no hay prisa. Las noches las utilizo para leer. He invertido un poco mis horarios, mis hábitos.

Poeta Ignacio Ruiz / Foto: Lety Bárcenas

¿Cuál es la constante en tu trabajo poético?

Si hablamos de temas, pienso que el mar es uno de mis temas privilegiados. Viví cerca del mar muchísimo tiempo. Estaba en Xalapa, pero de Xalapa a Veracruz es una hora y media, dos horas, de camino. En realidad lo que hacía era viajar todos los fines de semana para ver a mi hermana, entonces iba al mar y estaba en contacto con el salitre, con toda la cultura que rodea el mar en Veracruz, que es un ambiente muy caribeño, con esa confluencia de distintas culturas, es una población muy abierta al Caribe y eso me parecía asombroso. En Xalapa estuve desde el 94 (1994) hasta el 2000, estuve seis años.

En el 2000 me voy a vivir a Santa Bárbara, California, que es mar también. Salí de un ámbito marítimo pero en la costa del Golfo a irme a otro ámbito marítimo en California pero en la costa del Pacífico. Fue como ver las dos caras. Además la costa norte no es la costa sur, no es el mar de un país tropical sino el mar de un país septentrional, más al norte. Eso me permite los contrastes.

Mi poesía está profundamente marcada por esa experiencia marina. Navegaciones es toda una recuperación de los colores, de los olores, del ambiente marino, de toda la cultura que rodea al mar, el vocabulario. Esta idea de la exploración, que está muy arraigada a los puertos o a la cultura de los puertos en general, está ahí presente.

Más recientemente los ángeles; soy un agnóstico pero un agnóstico creyente porque en el fondo mi poesía está conectando constantemente con referencias religiosas, por alguna razón, no sé, creo que es algo que tendré que revisar mejor (risas).

Desde muy joven te has hecho acreedor a diversos premios a nivel estatal, nacional e internacional, ¿qué ha significado para ti en esos momentos de tu vida ganar un premio?

Esos reconocimientos no son más que la culminación de todo un proceso creativo, vamos a ponerlo de esa manera, es derivativo porque uno no escribe para ganar un premio, si hay alguien que lo haga, quien trabaja para ganarse un premio me da la impresión de que es una actitud como mercenaria de la cultura, de la literatura.

Uno no escribe para ganar un premio, pienso que eso es un derivado de la escritura y en el caso de la poesía, que es un género poco publicado o en el que las vías o los canales para publicar hay muchos pero al mismo tiempo son muy limitados, porque es un género que no vende, que no reditúa, esa es la gran paradoja de la poesía a diferencia de lo que ocurre con la narrativa, sobre todo con la novela.

En mi caso, los premios han sido la salida de los libros que he escrito, una salida natural, ha sido la manera para publicarlos, es un poco como la coronación, la culminación de todo el proceso creativo.

Uno escribe de una manera natural, a partir de un tema que surge, estructura una serie de textos, después viene el proceso de revisión, ese proceso de revisión, en mi caso, es muy prolongado porque escribo lento, soy muy lento para escribir, esa es la verdad; luego enviar los libros a alguna editorial o a través de un premio para una posible publicación.

Para Ignacio Ruiz, ¿qué papel juega la poesía en estos tiempos?

Pienso que la poesía no deja de tener, en un sentido muy amplio, esa tarea de reconectarnos con nuestro lado más humano. Y si alguna función tiene la poesía es la de revitalizar el lenguaje, conectar con el lenguaje, recrear el lenguaje y a través del lenguaje nosotros, que somos seres de palabras, somos seres verbales, decirnos.

Es decir, la función de la poesía o el sentido de la poesía es mostrarnos nuestra condición humana en todas sus manifestaciones y con ello me refiero, en el sentido más amplio, no solamente a cuestiones metafísicas, existenciales sino también a cuestiones políticas, civiles, sociales.

Pienso que esa es la función principal del lenguaje y de la poesía. Entonces ¿qué sentido tiene la poesía? La poesía tiene el sentido de revelar el lenguaje, tiene la función de, no quiero utilizar esa palabra pero vamos a decir, de servir al lenguaje, no se sirve del lenguaje, la poesía se vale del lenguaje y el lenguaje se vale de la poesía en una especie de mutuo intercambio y beneficio.

EL ENSAYISTA TAMBIÉN TIENE UNA FUNCIÓN IMPORTANTE: SERVIR A LAS IDEAS

¿Cuál consideras que es la misión del ensayista?

Reflexionar sobre distintas facetas o áreas de la vida personal o simplemente la vida pública. Pienso que el ensayista también tiene una función importante: servir a las ideas; así como el poeta sirve al lenguaje, el ensayista sirve a las ideas y también se vale del lenguaje para ello.

¿El ensayo literario también genera debate?

¡Por supuesto! La función del ensayo es abrir el debate. La esencia del ensayo es la polémica y a partir de la polémica la generación de nuevas ideas; se abre el debate y se discuten cosas, se discuten distintas facetas de la vida pública o de la vida personal. Es un género que se vale de distintas disciplinas, pienso que eso es una de las grandes riquezas del ensayo.

Un buen ensayo debe dejarse leer, debe ser agradable su lectura.

¿Un ensayo puede ser al mismo tiempo un gran poema?

Por supuesto, hay ensayos poéticos. La gran introducción de Octavio Paz del Arco y la Lira es uno de los ensayos en prosa poética más hermosos que ha dado nuestra lengua. Hablar de la poesía como una revelación poética, eso es impresionante; esa manera en la que él va describiendo la poesía como salvación, pan de todos, como luz, sol, etcétera; hace una serie de metáforas para definir un fenómeno que es en sí mismo difícil de definir. Cuando me preguntan qué es la poesía digo puede ser todo y Octavio Paz lo sintetiza verdaderamente en un par de páginas que son un modelo de cómo escribir prosa poética sin dejar de ser un ensayo.

¿Qué relación tiene la ética con el ensayo?

Tu ética como profesional, como escritor, ¿influye en la difusión de la ideas o de lo que estás escribiendo? ¡Claro!, y hablo de mi disciplina. Todo especialista en estudios literarios, todo filólogo, parte de una serie de premisas dentro del área de formación, en mi caso los estudios literarios; a partir de ese tipo de premisas uno se enfrenta al fenómeno literario. Supongo que un ensayista político también parte de una propia ética o carece de ella también, porque pienso que esto depende mucho de la perspectiva de cada persona y del respeto que le da a su área o a su trabajo.

Depende mucho de la ideología de la persona, entendiendo como ideología ese sistema de ideas que va articulando una visión del mundo en un área particular, puede ser la política, puede ser la historia. Por supuesto que hay ensayos que pueden ser muy tendenciosos, por eso decía que dentro de mi área sí hay una ética. Número uno: no plagiar, por ejemplo. Estamos hablando de citar dentro de un texto, la primera regla que tiene un ensayista en estudios literarios, y me atrevo a decir en cualquier otra disciplina, es no plagiar y a partir de ahí se va derivando una serie de códigos que están implícitos dentro de la práctica literaria, docente o del investigador.

En general, ¿cómo ves la ensayística latinoamericana?, ¿tiene futuro?

Me muevo más dentro del área de la academia, eso no me permite ver qué es lo que hay fuera (risas). Creo que un ensayo debe estar bien escrito, para que se considere como tal debe dejarse leer. Hay grandes escritores, grandes ensayistas actualmente que están escribiendo muy bien en América Latina y en nuestro país en particular. Me gusta mucho lo que hace Emiliano Monge, por ejemplo, es un tipo que escribe muy bien su ensayística; en el ámbito académico me gusta mucho el trabajo de un colega de Estados Unidos que es mexicano también, me parece un tipo brillante Ignacio, Sánchez Prado; aquí en nuestro estado (Chiapas) está Gustavo Ruiz Pascacio, que es de los escritores, como ensayista, que me parece es de las personas que ha sido más congruente con su trabajo.

TRABAJO CON ESTUDIANTES QUE EN SU MAYORÍA SON MIGRANTES

¿Qué hace un poeta y ensayista mexicano en Estados Unidos?

Voy a Estados Unidos en primer lugar a estudiar, no tenía la intención de quedarme; mi objetivo era estudiar y regresar pero por distintas razones me quedé en Estados Unidos. Entonces ¿qué es lo que hago allá? Trabajar, dedicarme a la enseñanza.

Trabajo con estudiantes que son en su mayoría migrantes y eso me encanta porque es no solamente conectar con mi herencia inmediata o con mi identidad inmediata, que es México, que es Latinoamérica y lo hago a través de lo que más me gusta, la lengua española y la cultura mexicana, sino además porque creo que he encontrado en la enseñanza, y en particular, en el ámbito en el que lo hago, una suerte de satisfacción profesional, personal y para decirlo con estas palabras que ustedes mencionaban antes, ética.

Le he encontrado un sentido a lo que hago, no se trata de enseñar literatura por enseñarla solamente a estudiantes de licenciatura, migrantes, que sería lo más sencillo: llegar, abrir el libro, explicar, cerrarlo e irme a mi casa tranquilamente y dedicarme a mi investigación o a mi creación, ¡no! Se trata de trabajar directamente con ellos, de involucrarme en distintos proyectos porque además, mis estudiantes, es gente que está conectando directamente con la lengua; con una lengua que muchas veces se ha perdido, una identidad que se ha resquebrajado también, entonces para ellos es una revelación una clase de literatura mexicana, para ellos es como volver a conectar un poco con su pasado, con su herencia, con sus padres, con su lengua, y creo que ahí he encontrado el sentido de mi práctica docente y me gusta mucho lo que hago, la verdad.

Estar afiliado al Centro de Estudios Mexicoamericanos también como que le ha dado otra dimensión a mi práctica docente, estar más involucrado en cuestiones comunitarias, ¡me gusta!, es algo que ha resignificado mi labor como estudioso de la literatura.

¿Cuál es la situación de los latinos en la Universidad donde trabajas?

Alrededor de 25 por ciento es población latina, de un total de más de 50 mil estudiantes matriculados en la Universidad de Texas, Campus Arlington, la segunda universidad más grande del sistema de la Universidad de Texas. Hace algunos años recibió una distinción que solamente algunas universidades tienen, que es la de ser una “Institución de Servicio Hispano” (HSI por sus siglas en inglés), o sea es una institución dedicada al servicio de la comunidad hispana, de los latinos. Lo cual significa que la Universidad tiene acceso a recursos de la federación para atender precisamente a ese sector poblacional, que es un sector vulnerable y más ahora con esta cuestión migratoria en la que se está golpeando a esa parte poblacional. Trabajar en una universidad de ese calibre, para mí representa una responsabilidad muy grande.

Como mexicano en el extranjero, ¿cómo ves a nuestro país?

Estar en el extranjero te permite desdoblarte porque en primer lugar parece que nunca me fui, estoy aquí todas las vacaciones, estoy aquí cada vez que hay un congreso, cada que me invitan a dar una charla; es un poco artificial también porque estoy y no estoy. Mi vida también está allá por distintas razones profesionales y familiares.

Entonces, ¿cómo veo México?, ¿cómo veo nuestro país? Lo veo un poco con la mirada del local, del mexicano que nunca se fue porque sigue viniendo, sigo involucrado con la dinámica del país en todos los sentidos, el cultural, el político, el educativo y hasta el económico por distintas razones; por otra parte me siento un poco como extranjero también y eso es a lo que me refería cuando digo que es un poco artificial mi experiencia; claro, eso me permite tener también los ojos del extranjero, por eso decía, me desdoblo literalmente, me permite ver las cosas con distintos ojos, asumiendo que nunca me he ido.

Además me dedico a México; en el fondo nunca me he ido y trabajo con gente de origen mexicano, muchísima gente de origen mexicano y me la paso hablando español todos los días, es una especie de islote muy grande, por eso les decía que es un poco artificial tanto de este lado como del otro. Estando allá me siento muy conectado, además con las redes sociales, Internet, eso lo facilita mucho. El concepto de frontera es en realidad un concepto ya bastante estanco porque la frontera nunca es fija.

SI TE ORGANIZAS PUEDES INTENTAR DEDICARLE TIEMPO A TODO
Ignacio Ruiz en entrevista / Foto: Lety Bárcenas

Desmesuradas se pregunta, ¿cómo encuentra el equilibrio en el tiempo el poeta, el investigador y el catedrático?

Eso es lo más complicado (risas). Efectivamente es una labor de equilibrismo porque, por una parte, está la fase administrativa en la Universidad, desde hace algunos años ingresé al servicio burocrático, además de ser profesor y pues he tenido que equilibrar esa balanza entre el servicio, la enseñanza, la creación, pero también la familia porque uno es todo eso.

Al ingresar a hacer más servicio, siempre digo el año pasado fue horrible pero el que viene parece que viene peor por trabajo. Entonces parece ser que cada año o cada vez que va pasando el tiempo me resulta más complicado dedicarme a otras cosas.

En el fondo, les voy a confesar algo, haciendo servicio, enseñando incluso, no pierdo la conexión con la creación, que también me interesa mucho; uno diría es una de las cosas que más me interesan por sobre todas las cosas, ¡no! En realidad la creación está profundamente conectada con mi enseñanza, enseño lo que creo, en el doble sentido de la palabra, tanto lo que hago como lo que profeso y lo mismo ocurre en el servicio; en realidad estoy trabajando para estudiantes de origen mexicano, de origen latino, ¿qué es lo que hago? Pues enseñar eso mismo y ¿qué es lo que estoy enseñando? Pues español.

Entonces son cosas como interconectadas. No pienso que sean cosas divorciadas necesariamente o que una cosa me impida hacer otra; que sí es verdad que mi trabajo creativo se ha resentido pero ahora hay recursos para encontrar tiempo; pienso que si te organizas y haces un buen esquema, puedes intentar dedicarle tiempo a todo; así han salido muchas cosas, muchos proyectos.

¿Existe algún conflicto de intereses entre ellos a la hora de crear, que uno absorba más el tiempo al otro?

Un poquito aparente porque me quejo mucho pero lo hago y lo disfruto. No sé qué va a pasar cuando me vaya de la administración, es un puesto muy pequeño el que tengo pero me gusta.

Cuando eliges tus lecturas, ¿separas lo didáctico o formativo del placer?

Si hablamos del ámbito profesional, de la práctica académica, de mi trabajo ensayístico o de mi investigación hay cosas que disfruto mucho, indudablemente. Disfruto muchísimo el proceso de la investigación, el proceso de lectura, sumergirme en un archivo o sumergirme en una biblioteca o ir a visitar gente y entrevistarla para poder hacer el trabajo que estoy escribiendo en ese momento, todo eso lo disfruto muchísimo, todo el proceso me encanta.

Soy una persona completamente convencida de mi vocación, desde que era muy pequeño lo tuve bien clarito y vivo de esto. ¿Qué más le puedo pedir a la vida? Hago lo que me gusta, entonces lo disfruto. Es verdad que hay cosas y sobre todo en la academia donde precisamente te exigen que los trabajos tengan rigor crítico, rigor formal, teórico.

¿Te lees?, es decir, ¿lees tus trabajos una vez publicados?

Me da mucha pena porque digo ¡Dios en qué estaba yo pensando cuando hice esto! (Risas). A veces me da por hacer calas pero no, mejor dejo de torturarme con esto. Soy una persona que desafortunadamente me releo mucho, releo muchísimo lo que estoy escribiendo en el momento, soy bastante obsesivo con eso y bastante inseguro. Ahora, lo que he escrito mucho antes y ya ha salido de mis manos puedo releerlo pero no tiendo a modificarlo, a menos que lo vaya a republicar, cuando republico releo muchísimo y para mí releer significa reescribir en estricto sentido, de otra manera no.

LAS TECNOLOGÍAS HAN VENIDO A FACILITARNOS MUCHÍSIMO LA EXISTENCIA

¿Cómo han influido las nuevas tecnologías en tu oficio?

Como investigador pienso que las nuevas tecnologías son maravillosas. Tener un ensayo, un libro, un repositorio en línea que puedes consultar y descargar o simplemente ir a una base de datos y pedir un libro que está en tal universidad que está lejísimo, con el maravilloso préstamo interbibliotecario norteamericano, eso es invaluable y creo que las tecnologías han venido a facilitarnos muchísimo la existencia. Encontrar por ejemplo, una serie de libros o de documentos digitalizados y accesibles me parece maravilloso, por supuesto soy fan número uno de las tecnologías, no soy apocalíptico en ese sentido, para nada.

Como creador también creo que son positivas. Soy un poquito escéptico de las redes sociales, desconfío mucho de ellas aunque me gustan porque son muy útiles. No tengo twitter; mi facebook lo reviso poco y posteo poco.

¿Cómo ha impactado eso en mi creación? Sí que ha impactado, precisamente el libro que estoy puliendo ahora gira un poco sobre eso, no sobre las nuevas tecnologías en cierta forma pero sí hay un coqueteo con esas nuevas perspectivas que abre la tecnología y que abre también la fotografía que igual es una de las manifestaciones de la tecnología y las artes. Pienso que son cosas que han venido a cambiar nuestros paradigmas, nuestra manera de concebir la literatura, la cultura y la vida en general.

A propósito de la tecnología, se dice que ahora los públicos son efímeros, que leen lo mínimo porque se vive a contratiempo. ¿Crees que a pesar de ello, el trabajo del ensayista seguirá existiendo?

Sí. Es un poco iluso pensar que las nuevas tecnologías van a venir a destruir nuestra relación con los libros. Los libros están ahí, nosotros tenemos que adaptarnos a las tecnologías; si antes tenías un libro en físico ahora lo tienes en versión digital, es básicamente lo mismo, lo único es que hay gente que prefiere un libro físico, tocarlo, la textura del libro, el olor, el placer de ir a una librería o de ir a una biblioteca, sacarlo, hojearlo, enamorarte de las palabras, de la portada, de todo lo que implica la construcción de ese artefacto maravilloso que es un libro, pienso que es algo invaluable. Yo soy de los viejitos, a mí sí me gusta tener los libros en físico todavía, a pesar de que leo muchísimas cosas en línea.

¿Y los poetas, seguirán existiendo?

Mientras exista la humanidad seguirá existiendo la poesía. La poesía es una de las manifestaciones más connaturales al ser humano. Volvemos a Octavio Paz, cuando él hablaba de poesía decía que podía haber poesía en la fotografía, podía haber poesía en una estatua, podía haber poesía por supuesto en un poema, es decir, la poesía como tal es algo que es natural a nosotros, a nuestra dimensión humana.

El también poeta y ensayista, Eduardo Lizalde (1929), quien el 14 de julio pasado cumplió 90 años, dijo en una entrevista que le hicieron recientemente, que “toda la literatura universal es de decepcionados y escépticos”, ¿qué opinas?

Eduardo Lizalde me encanta, es uno de los poetas mexicanos, posiblemente el más importante de los poetas mexicanos vivos. Uno de mis libros de ensayo, es precisamente sobre Lizalde. Es un poeta al que admiro muchísimo, es uno de nuestros grandes. Y creo que tiene razón, aunque habría que ver en qué sentido lo decía, cuál es el contexto de la frase pero sí es verdad y creo que con Fernando Pessoa y quizá por ahí iba Eduardo Lizalde, que la base o el fermento de la literatura en general es la duda, es la ambigüedad, es la falta de seguridad, es decir la inseguridad; no por nada uno de los libros más espectaculares que he leído de Fernando Pessoa precisamente se llama así, Libro del desasosiego. Es un libro que surge a partir precisamente de esa condición que es del desasosiego, la de la duda.

No sé si es eso lo que ha querido decir (Eduardo) Lizalde pero desde luego, si vemos la historia de la literatura universal, nos daremos cuenta de que efectivamente está llena de escritores con desasosiego o desasosegados, llenos de dudas más que de afirmaciones.

EL LIBRO DE LA CENIZA Y ANTOLOGÍA DEL ENSAYO MODERNO EN CHIAPAS
Libro Antología del ensayo moderno en Chiapas / Foto: Gaby Barrios

¿Cuál es tu último libro?

De poesía, mi último libro se llama El libro de la ceniza y es del 2016, es un libro que se publicó en España, precisamente como parte de un reconocimiento que me dieron allá, el (XIV Premio Internacional de Poesía) León Felipe. Y es un libro un poco anacrónico porque hace una recreación del ambiente, de la tradición literaria, en cierta manera del contexto de los usos amorosos también, cortesanos, de la literatura, de la cultura medieval, que es una de las improntas que tengo; una de mis primeras grandes lecturas de la adolescencia, luego en la universidad fueron precisamente de la literatura medieval, entonces es un homenaje, una serie de homenajes a esa etapa de mi formación.

Es un libro profundamente marcado por esos códigos pero al mismo tiempo es un libro muy violento porque es un libro que habla sobre la metáfora del fuego en su doble dimensión, por una parte la amorosa, la erótica, la sexual, hay muchos poemas amorosos y eróticos en ese libro; por otra parte, también hay una sección en la que el libro explora los códigos de la violencia, de la guerra y por eso el libro se llama así, El libro de la ceniza.

Mi último libro de ensayos es la Antología del ensayo moderno en Chiapas, es un libro que acaba de salir en diciembre del 2018, tiene unos meses en circulación y es un libro que reúne una serie de textos que se podrían considerar fundacionales dentro del género en nuestro estado, en el que el lugar común dice que hay muchos poetas, hay algunos narradores pero que no hay ensayistas. ¿Qué significa esto? Que no hay una circulación de la ideas y parte del objetivo de este libro es demostrar exactamente lo contrario, es demostrar que en el estado (de Chiapas) los escritores, los intelectuales, los investigadores, los académicos han reflexionado de una manera constante en los últimos 200 años, desde fines del 1700 prácticamente hasta la fecha y lo han hecho de una manera apasionada, polémica en muchas ocasiones, es un libro que empieza con Fray Matías de Córdoba con un texto, que hoy diríamos bastante polémico por todo lo que intenta demostrar en ese ensayo y termina con una ensayista chiapaneca que es Viridiana Chanona, muy buena también, que habla sobre un tema completamente opuesto que es Octavio Paz.

El ensayo de Matías de Córdoba es sobre los usos y costumbres de los indígenas, es un ensayo un poco avanzado para la época en el sentido de lo que él está argumentando sobre que hay un beneficio en que los indígenas vistan y calcen a la española y el ensayo de Viridiana Chanona es sobre Piedra de Sol, el amor, el erotismo o la visión de la mujer en Piedra de Sol.

Son como dos conceptos diametralmente opuestos pero bueno qué nos demuestra esto, nos demuestra que los ensayistas o la gente interesada en crear debate de ideas, intercambio de ideas lo ha hecho a partir de distintas disciplinas, a partir de distintos temas, que en realidad no hay un solo tema nodal pero algo sí he encontrado como constante, que es una tradición digamos, una especie de repertorio de temas en la que se pueden ubicar los distintos ensayistas.

¿Algún proyecto en puerta?

Me acaba de salir una propuesta para hacer una antología de la poesía de José Carlos Becerra con un ensayito introductorio, esto iría para la Secretaría de Cultura de Tabasco y en teoría tendría que estar listo para septiembre, a eso me voy a dedicar. También pienso que ese es el pretexto para comenzar a reunir algunos ensayos que tengo sobre José Carlos Becerra que además fue el escritor sobre el que realicé la tesis. Es un poeta que me ha dado muchísimas satisfacciones, además lo admiro muchísimo, ha sido básico en mi formación.

¿Qué es lo que más extrañas de Tuxtla Gutiérrez?

La gente, la familia por supuesto. La gente acá es súper cálida.

¿Cuántos años llevas fuera de Chiapas?

¡Toda mi vida! Me fui en 1994, justo después del levantamiento zapatista. Me voy a estudiar a Veracruz en el 94 y no he regresado a radicar, entonces ya tengo muchísimo tiempo.

¿Piensas regresar?

Me encantaría, por supuesto, cuando pienso en un lugar de retiro pienso en Chiapas.

Ignacio Ruiz en la radio / Foto: Gaby Barrios

 

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PERFIL

Lugar de nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Fecha de nacimiento: 24 de agosto de 1976.

Edad: 43 años.

Número de hermanos: Uno.

Estado civil: Casado.

Número de hijos: Dos.

Pasatiempos: Leer, escribir, viajar.

Música: Rock. Me gusta mucho el rock mexicano y un tiempo escuché mucho lo que llaman el indie, rock independiente, el indie rock.

Película: Casablanca.

Libro de cabecera: «El otoño recorre las islas» de José Carlos Becerra.

Escritor: José Carlos Becerra, Juan Rulfo.

Poeta: José Carlos Becerra.

Ensayista: Octavio Paz.

Comida predilecta: Me encanta la bolita de chipilín.

Paisaje favorito: Selva, montaña.

Ritual: Como soy una persona súper maniática, acomodar todo en su lugar, eso creo que es mi ritual favorito, poner todos mis libros en posición, soy súper maniático, no me conocen (risas).

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EN CORTO

Poesía: Palabra

Mar: Amor

Palabras: Verbo

Investigar: Diversión

Caminar: Exploración

Contemplación: Asombro

Archivo: Memoria

Cátedra: Enseñanza

Libertad: Creación

Hermenéutica: Análisis

Viaje: Placer

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Gustavo Ruiz Pascacio, poeta y ensayista

“Es el país de las historias profanas contadas a contraluz en un rincón gótico. Es la bocanada de humo más próxima a la hoguera donde serenan sus almas los errantes y los infaustos. Es el alivio a la seducción de los claroscuros en un instante retinal…” No, no es México ni algún otro país latinoamericano, la poesía de Gustavo Ruiz Pascacio habla de un país interior de memorias y desvelos.

Revisando el archivo de Desmesuradas,  disfrutamos nuevamente la charla con el poeta Gustavo Ruiz Pascacio, autor de los libros «Escenarios y destinos» (Coneculta-Gobierno del Estado de Chiapas 2008) y “La plástica en Chiapas: el tránsito del color y la explosión de la forma” (UNICACH 2010), entre otros, por lo que invitamos a quienes no lo conocen, se acerquen a él y a su trabajo, y a quienes lo conocen, encuentren en esta entrevista realizada en 2003 a un ser de carne, hueso y gran sensibilidad.

El amor, la filosofía y la poesía: ‘son inútiles, pero indispensables’

Leticia Bárcenas González

Gustavo Ruiz Pascacio, con su obra/ Foto:Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio, con su obra/ Foto:Cortesía

Nacido hace 40 años en el Barrio de San Roque, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Gustavo Ruiz Pascacio, Premio Nacional de Ensayo Luis Cardoza y Aragón 2003 para crítica de artes plásticas, fue galardonado en Monterrey, Nuevo León por su trabajo La plástica en Chiapas: el tránsito del color y la explosión de la forma. El jurado del premio, convocado por el Instituto Nacional de Bellas Ates, estuvo conformado por Paulina Lavista, María Minero y Xavier Moyssén.

Aún bajo los reflectores de este galardón, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, edita y presenta su poemario El amplio broquel de la melancolía, del que el poeta y ensayista dice: “Es un parteaguas en mi trabajo poético. Pasa por cuatro escenarios tangibles de la figura central del poeta que son la casa, la calle, la tumba y, finalmente, el escudo de la melancolía. El escudo de la vida desde el lado sufriente y desde el lado gozoso, ese es el escudo de la melancolía para mí.”

Esta charla, con Expreso Chiapas, se da en su casa, un lugar lleno de luz en el que aún hay huellas de sus fantasmas “los de la carne”, por supuesto, y que, a decir de Gustavo, le acompañan en sus momentos oscuros. Me invita un refrescante y delicioso vaso con agua de papaya, preparada por él, ya que también sabe cocinar y, asegura, lo que mejor le sale son los caldos… de cultivo.

Como buen ariano, dice ser celoso y posesivo aunque reconoce que es menos posesivo de lo que la astrología dice, ya que “lo he sido pero no ha traído buenas cuentas, así que estoy en otro proceso.” En cuanto a las otras características de su signo zodiacal (Inteligentes, ordenados y entregados al trabajo) aclara “Trato de ser ordenado y disciplinado hasta donde puedo. Hasta para mis manías soy disciplinado, las manías son manías y hay que disciplinarse”, afirma entre risas. Al preguntarle cuáles son esas manías, sonríe y hace un gesto como de contarlas, “La principal es el asombro por lo otro y por el otro, y es ese asombro lo que me lleva a explorar las multitudes o la intimidad, de mi mismo que encuentra al otro, y la intimidad del otro amado o del otro desamado, o desarmado”. Reímos.

Sin embargo, al hablar de su trabajo como creador, Gustavo Ruiz Pascacio, se vuelve serio; lo imagino en su salón de clases, en la Unach, como profesor:

–¿La poesía tiene una finalidad? ¿Cuál es?

–Alguien dijo una vez que en esta vida había tres cosas inútiles: el amor, la filosofía y la poesía; inútiles pero indispensables. La finalidad central de la poesía, para los lectores, es de alguna manera detonar todas las posibilidades emotivas que el ser humano tiene inherentemente, y que de una u otra manera, la vida cotidiana de este mundo posmoderno, sobre todo, nos ha dificultado encontrar. En ese sentido la poesía sí tiene una finalidad en términos estrictos de pensar en propósitos utilitarios, corro un riesgo al decir este término. Ahora, si tú me preguntaras para mí qué es la poesía, te diría que es revelación. Revela no sólo el interior humano sino lo que está más allá de nuestra realidad, que no alcanzamos a palpar pero que eso no implica, y no significa, que no esté ahí. Uno de esos elementos centrales que no palpamos es el interior de nuestra sensibilidad y la capacidad humana que tenemos de asombrarnos, de maravillarnos, de sufrir y de gozar.

–¿Y es cierto que en poesía lo más importante es la forma y no la anécdota?

–Es una conjunción, el poeta, por sobre todas las cosas, aun cuando estemos en un periodo donde las teorías de interpretación históricas están en un colapso y en donde, incluso, hay teóricos que niegan a la historia como disciplina, como ciencia, en donde hay una negación también del sentido de lo humano, considero que independientemente de todo ello, la poesía debe volver al canto, eso implica volver a una conjunción de lo que tú llamas anécdota, y yo llamaría contenido, y evidentemente, la forma. ¿Por qué? Porque en la poesía todo es diálogo. En la poesía se produce un detonante que es el ritmo y la sincronía. Todo el proceso cósmico, todo el proceso universal es eso, ritmo y sincronía, y si no lo encontramos en el poema, entonces, no encontramos el poema.

–Cuándo has terminado un poema y lo lees ¿te sorprendes?

–Me sorprendo desde el momento en que tengo la posibilidad de construir y de encontrar el poema, porque, pienso, el poema no sólo se escribe en términos llanos, el poema se encuentra, el poema se construye. El poema es un ente, un ser más, que está y no está porque finalmente está hecho de lenguaje. El lenguaje es lo que somos pero lo que somos es sólo lo que podemos reducir a conceptos y a formas.

–¿Cómo eliges el título de un poema?

–Por lo regular elijo títulos de poemarios. Generalmente no escribo poemas aislados, escribo más bien, o pretendo escribir, siempre un poema de largo aliento: lo que ocurre es que lo voy dividiendo en partes, o el poema se va manifestando y se va dando en partes. Entonces, lo que escribo son poemarios en términos de un largo aliento. Y el título se revela, llega y al llegar lo que uno decide es si accede a la posibilidad de desarrollar todo lo que ese título implica o si lo deshecha; en ese sentido, cuando el título me llega y me asalta, trato de llevarlo al plano de mi racionalidad y entonces empiezo a trabajar los posibles escenarios en los cuales pueda cantar ese título y ese poema. De ahí, defino si va a tener tres o cuatro partes, qué tanto de extensión puede tener, cuáles son los temas que va a tocar, con qué aliento lo va a hacer, desde que voz tonal lo va a desarrollar, en fin, tiene que llevar un proceso previo a la escritura. Ya el acto de la escritura es diferente. Pero el proceso previo a la escritura, pienso, debe pasar por ello, porque no sólo pasa por el tamiz de la inspiración en términos casi dionisiacos, sino que también, y sobre todo, tiene que pasar por el tamiz de la reflexión.

–Entonces, ¿los títulos surgen primero y después el poema?

–En mi caso, los títulos del poemario surgen primero y ya después se va atando y se va construyendo el poema en sus diferentes facetas.

–¿Te preocupa que los lectores de tu poesía la comprendan de una manera distinta a como tú la pensaste?

Gustavo Ruiz Pascacio visitando Puebla/ Foto: Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio visitando Puebla/ Foto: Cortesía

–No, Al contrario, me anima mucho que así sea, porque la poesía, como toda manifestación artística, tiene una multiplicidad de sentidos y aunque nosotros, los escritores, y los poetas en particular, quizá tenemos un público hipotético, cuando estamos escribiendo de alguna manera dialogamos con nuestros fantasmas, dialogamos con un desconocido que es nuestro lector, y aunque existe un lector hipotético, existe también un lector inesperado y ese lector inesperado puede estar en consonancia con nuestros estados anímicos que resolvieron la emotividad del poema, pero también pueden no estarlo y eso finalmente me lleva a la sorpresa.

–En algún lugar leí que un poeta decía que la poesía es la aventura de la libertad ¿Qué opinas?

–Sí, así es, en el sentido de que nos hace más capaces de poder integrarnos y a la vez de poder disgregarnos. La poesía tiene un doble andamiaje, un doble motor, por así decirlo: integra todo aquello que el ser humano encuentra emotivamente pero a su vez lo disgrega porque lo transmuta, lo convierte en algo más allá del poema, en ese sentido, pienso que esa capacidad de integrar y disgregar, es decir, de asociar y volver a disasociar, sólo lo puede dar el espíritu de la libertad.

–¿Escribir te angustia?

–Depende de lo que escriba. Hay temas, situaciones, anécdotas, circunstancias que angustian, pero hay circunstancias también que relajan, te vuelven de pronto más luminoso. Todo depende, hay momentos oscuros, hay otros lumínicos, en uno y otro puede estar presente la angustia, el dolor, pero también la festiva posibilidad de amar.

–¿Eres una persona pasional?

–¡Sí, por supuesto que lo soy! ¡Uno tiene que vivir con pasión! Con pasión tiene uno que angustiarse, con pasión tienes que animar los sentimientos más sublimes que puedas encontrarte en el camino, eso sólo lo da la pasión. Hay un verso que me fascina mucho, está en ese gran libro llamado Biblia, que se llama El Cantar de los cantares: “Tan fuerte como la muerte es el amor y la pasión, tenaz como el infierno”.

–¿Qué despierta tu pasión?

–En términos generales la literatura. Decidí tener un proyecto de vida que es la literatura, y estrictamente, digamos, en términos de género, obviamente el efecto más importante en este camino es la poesía, pero también escribo ensayo. Me apasiona mucho la investigación literaria.

¡Me apasiona la vida! La vida tiene que ser apasionante en todo momento y en todas sus circunstancias; me apasiona desde una caminata en la madrugada hasta un partido de futbol, soy un apasionado del futbol. El futbol no es una actividad para mentes pequeñas como alguien alguna vez lo definió. Creo que el futbol es la capacidad masiva, universal, que nos devuelve al origen tribal de lo que somos, en ese contexto es fundamental; cuando uno entra a un estadio de futbol, cuando uno ve a la masa, cuando uno, de pronto, intenta entrar al interior de  esa masa y descubrir sus motivos, sus encuentros, sus desencuentros, sus agonías, sus necesidades, sus efectos, es mágico, es extraordinariamente mágico. Y de pronto ver a esos veintidos tipos que están ahí horadando entre una y otra forma, esos aspectos tribales te hace encontrar que ese es el origen de lo que somos finalmente. ¡Eso es pasional! ¡Eso es simple y sencillamente apasionante!

Gustavo Ruiz Pascacio en su casa/ Foto: Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio en su casa/ Foto: Cortesía

Gustavo dice que en su tiempo libre practica futbol y el frontenis de cancha chica, le emociona hablar del tema, pero irremediablemente regresa a su pasión primera, la escritura. “Le voy a las Chivas del Guadalajara. No sé si por un efecto nacionalista o nacionalero. ¡No! Es más por una especie de tradición familiar. Te lo platico. En el Tuxtla de finales de los 70, la única posibilidad de comunicación con el exterior era el cine, la radio y las charlas que podías tener con los familiares mayores, tus tíos o tus abuelos. Recuerdo que mi padre se sentaba conmigo y escuchábamos los partidos de futbol que transmitía la XEW, entonces, para mí, esa posibilidad de encontrarme con la radio y con esa masa que no veía pero que estaba ahí, con el alarido que estaba de pronto ahí, de la emoción que era transmitida solo por una voz; para mí fue importantísimo para detonar ciertos aspectos de mi imaginación, ya lo demás lo detona el libro y lo detona la experiencia de lectura, pero esas circunstancias, esa anécdotas, esas posibilidades de encuentro con aquello que es lo maravilloso de lo que está ahí, pero que sabes que hay una invención, que además no está ahí. Eso para mí fue extraordinario.

–¿Qué leías de niño?

–Empecé leyendo cómics, como todos. Leía Kaliman, y me da mucho gusto que un amigo cercano, Arturo Guichard,que es doctor en filología clásica, catedrático en la Universidad de Salamanca, en España, tenga en su biblioteca la colección de Kaliman. Para mi es interesantísimo porque da una posibilidad de lectura del  comic más allá de lo que usualmente pensamos. Yo empecé leyendo Kaliman y Memín Pinguín. En una ocasión, cuando tenía ocho o nueve años, mi padre llegó con una gran caja de libros y nos llamó, a mi hermana y a  mí, y nos dijo que acababa de adquirir esa colección, que él no nos iba a dejar dinero, que la única posibilidad de herencia era la educación y que si alguien quería acercase a los libros, allí estaban. Entonces, a los nueve años estaba leyendo La Divina Comedia, Orlando Furioso (de Ariosto), Jerusalén libertada (de Tasso), obviamente, no entendía algo, pero que bueno que no entendí porque ahí es donde me di cuenta que la literatura no es lo que piensas, la literatura lo que te deja es la comprensión de la sensibilidad humana. Finalmente, a mi me dio esta posibilidad de comprender una sensibilidad humana y me dio un detonante para la imaginación, extraordinario. Con eso me di cuenta que uno sí puede dialogar con los libros, que uno sí puede dialogar con los autores, que uno sí puede debatir con los autores, que uno sí puede encontrar su propio libro en cada obra.

–¿Cuándo o a qué edad empezase a escribir poesía?

–Bueno, primero escribía canciones. En la prepa escribía canciones y leía, leía bastante. Quería estudiar literatura pero se me atravesó en el camino una sicóloga, en la prepa, y me dijo que para qué iba a estudiar literatura, me iba a morir de hambre, que yo lo que debería estudiar era derecho, entonces, le hice caso; me fui a estudiar derecho y fue verdaderamente atroz, terrible, deleznable, pero me tuve que aguantar porque no tenía otra posibilidad en ese momento, entonces, terminé la carrera, vine a la casa y le dije a mi papá: aquí está (el título), me voy a estudiar literatura. Bueno, me fui a trabajar un año y ya después de haber trabajado ese año, decidí estudiar literatura. Entonces, empecé a escribir, de manera más formal, por así decirlo, integrándome a talleres, aproximadamente en 1985. Desde esa fecha he estado ya de lleno en el trabajo literario y prácticamente desde 1987 a la fecha, vivo y como de la literatura. No me preguntes cómo vivo y cómo como, ¿verdad?, pero vivo y como de la literatura.

–Dice el poeta argentino Jorge Santiago Perednik que en poesía, la pasión es una de las reglas del juego, ¿cuáles serían las otras?

–Las otras son, pienso: una, el asombro, otra, la certeza de que lo que estamos cantando y escribiendo es algo que está ahí y que no está ahí, es lo inasible. Otra posibilidad más es la conjunción con lo que somos. La conjunción con lo que somos es una regla, la conjunción con lo que somos es el lenguaje, la conjunción con lo que somos nos lleva a, lo que te decía inicialmente, el ritmo y la sincronía. El ritmo y la sincronía creo que serían las últimas y las primeras reglas, a la vez, de la poesía. ¿Por qué las últimas y las primeras? Las primeras porque todo deviene de un ritmo y de una sincronía, en la vida y en el cosmos, y segundo, las últimas, porque dependiendo de esa capacidad de ritmo y de sincronía vas a tener le resultado final que es el poema. El resultado final que es el poema, es también parte de un proceso sincrónico que sigue más allá de ese poema, entonces, resumiría en esas: el asombro, la certeza de lo inasible, la conjunción del lenguaje y el ritmo y la sincronía de un todo.

–¿Cuál es tu opinión sobre la poesía que se realiza actualmente en México?

–Creo que a raíz de la desaparición física de Octavio Paz, hay un reacomodo en la poesía mexicana. Un reacomodo en cuanto a las variantes, a las posibilidades temáticas, a la forma de concebir la poesía, como género y como modo de vida. Desde ese punto de vista, hay una generación encabezada por gente como José Emilio Pacheco, como Eduardo Lizalde, que, de alguna u otra manera, son ya las voces consolidadas en la poesía mexicana, y de ahí tendríamos una generación inmediata, de entre una década posterior o de quince años posteriores en nacimiento a ello, que estaría encabezada, tal vez, por Antonio Del Toro, por Fabio Moranto, por David Huerta, fundamentalmente, esto a nivel nacional.

–¿Y en Chiapas?

–En Chiapas hay un problema central que es creernos esa conseja popular que dice que quien levante una piedra encuentra un poeta. En Chiapas no somos los vástagos de la piedra, no. Los vástagos de la piedra es una invención jocosa y “faciloide”, no. En Chiapas la poesía requiere una revisión fundamental y, pienso, ya hay algunos poetas que sí están ejerciendo esa revisión fundamental a la poesía como acto de lenguaje; esos poetas los podemos contar con los dedos de una mano.

El poeta disfrutando el paisaje/ Foto:Cortesía
El poeta disfrutando el paisaje/ Foto:Cortesía

–¿Quiénes son?

–A nivel nacional, evidentemente, Efraín Bartolomé, que es un parteaguas porque es el retorno al sentido ministerial de la poesía, y eso, en Chiapas al menos, no se había ejercido antes de él. Y ya desde nuestro estado hacia el exterior, pensaría en las voces de Roberto Rico, de Luis Arturo Guichard, de Carlos Gutiérrez, y de un poeta nacido aquí, en Chiapas, poco conocido en el estado porque su trabajo lo ha realizado más al exterior pero que es un joven muy talentoso, Ignacio Ruiz Pérez, y completaría este grupo con el trabajo de Marco Fons. Creo que son los poetas que han decidido creer en una poética, es decir, creer en la posibilidad de una consonancia del lenguaje a través de la palabra, con sus diferentes posibilidades, con sus variantes, cada uno dentro de sus escenarios, cada uno dentro de sus temáticas, pero fundamentalmente estaríamos hablando de ellos.

–¿Se ha superado la sombra del poeta Jaime Sabines?

–Creo que estas voces que he mencionado apuestan a ello, desafortunadamente sigue existiendo un modo sabiniano de escribir. El problema no es parecerse a Sabines, ese no es un problema, porque la poesía de Sabines tiene momentos puntuales muy importantes y fundamentales de la poesía hispanoamericana. El problema es asumir a Sabines como el eje rector de las voces de la poesía en Chiapas, ese sí es un problema. Y no nos hemos querido dar cuenta, quienes estamos inmiscuidos dentro del ejercicio de la poesía, que una cosa es que la poesía de Sabines sea adoptada por la colectividad y por los lectores múltiples que tiene, y otra es que la poesía de Sabines decida y genere los elementos rectores del lenguaje poético en Chiapas, hacia eso sí se debe ejercer, desde mi punto de vista, una actitud critica.

–¿Crees que la poesía actual perdurará en el tiempo?

–No lo sé, tendría que regresar dentro de cien años y tal vez, por efecto de alguna doctrina esotérica lo podría realizar pero en términos de la tangebilidad no lo creo.

Al fotógrafo y a mí nos sorprende su respuesta, Gustavo se da cuenta y ríe, nos ofrece más agua y retoma la respuesta: “No lo sé. Si la poesía actual tiene una vocación de lenguaje que va más allá de la temporalidad, del tiempo histórico que nos toca vivir, creo que sí, porque como decía Borges: si dentro de 300 años en alguna biblioteca de viejo, alguien encuentra un libro mío, lo abre, se emociona y empieza a dialogar conmigo, entonces quiere decir que soy inmortal. Ese es el sentido de inmortalidad precisamente, eso, no hay nada más, y eso es lo que hace tangible y válido que podamos seguir leyendo hoy en día a Dante, que podamos seguir leyendo El Cantar de los cantares, eso es lo que lo hace válido, es su intemporalidad.

–¿En poesía es posible la reproducción de un texto en otro idioma, es decir, existe la traducción o es una mera reescritura? ¿Es válido leer traducciones?

–Es un problema acercarse a las traducciones de literatura porque lo más recomendable es que esa traducción sea una versión a una segunda lengua. Si nos acercamos con los ojos de ser unos lectores que estamos leyendo una versión a una segunda lengua de una obra escrita no en nuestra lengua materna, así sí es recomendable, pero si nos acercamos pensando que es una traducción literal entonces estamos equivocados, porque cada lengua tiene su forma de ver el mundo, cada lengua tiene su forma de expresar, incluso, figurativamente el mundo.

La imaginación es universal y eso ya es una garantía pero las posibilidades semánticas y sintácticas de cada lengua son completamente diferentes entre unas y otras, aún en lenguas que tengan un mismo tronco lingüístico como las lenguas romance, la traducción que se pueda hacer del italiano de la Divina comedia al español, no debe ser una traducción literal, que no nos lleva nada, no implica nada, no implica un proceso de aprehensión de la intencionalidad de esa lengua; no hablo de la intencionalidad del autor, sino de la intencionalidad comunicativa de la lengua que es una cuestión diferente.

Leer traducciones sí es importante, porque debemos estar en contacto con todas las manifestaciones artísticas, y en el caso de literatura, con mucha mayor razón, pero con el tiempo los lectores se van volviendo más agudos y más críticos, esto va siendo parte de la astucia y maña, así como creo que hay una astucia y maña periodística, y hay astucia y maña fotográfica, creo que hay una astucia y maña de lectura, entonces ya logras identificar a estas editoras “patito”, que tienen malas traducciones, de las que tienen traducciones confiables por la tradición que tienen como empresa, por el prestigio que tienen sus traductores, en fin, todo esto es importante.

Ruiz Pascacio, también hace referencia a las editoriales que se preocupan porque el autor, si está vivo y si conoce la lengua a la que

Gustavo Ruiz Pascacio, leyendo su obra/ Foto:Cortesía
Gustavo Ruiz Pascacio, leyendo su obra/ Foto:Cortesía

va a ser traducido, coteje, se comunique con los traductores, les dé su punto de vista. O que cuando están traduciendo textos, incluso antiguos, buscan especialistas filológicamente en ellos, ya que “No es el mismo inglés en el que escribió (William) Shakespeare que el inglés con que escribe (Arthur) Conan Doyle, por ejemplo, es decir hay serie de variantes socioculturales, históricas, lingüísticas, en fin. Y eso mismo lo vemos en nuestra lengua, es decir, concretamente, en la tradición chiapaneca, no es el mismo lenguaje que encontramos en Efraín Bartolomé que el que vamos a encontrar en Jaime Sabines. Los dos pueden abordar el contexto amoroso, los dos pueden abordar el problema de la cotidianidad, pero desde dónde va a ser abordado, con qué elementos lingüísticos, bajo qué recursos figurativos, con qué bagaje imaginativo. Sus espacios geográficos, sus espacios poéticos y sus espacios lingüísticos son diferentes, si esto ocurre en una literatura que podemos regionalizar en la literatura chiapaneca, escrita en lengua castellana, ahora imagínate si esto lo extendemos a todo el mundo.”

Gustavo habla emocionado, irradia vitalidad, asegura que en su vida hay amor “Siempre debe haberlo.” Y que en ese sentido,

también trata de llevar a la práctica lo del ritmo y la sincronía, “trato de serlo y de hacerlo.” Reímos, la charla ha llegado a su fin, antes de despedirnos toma su guitarra y nos canta una hermosa canción.

Gustavo Ruiz Pascacio nos recuerda que “La palabra no es retorno a la vida sino retorno a los que somos.”

 

*Entrevista publicada en dos partes en el diario Expreso Chiapas, 14 y 15 de noviembre 2003.