Cumple un siglo la Policía en la Ciudad de México

Mujeres policías/ Foto: Laura Castañeda
Autora: Laura Castañeda Salcedo

La Policía de Investigación de la Ciudad de México cumplió 100 años este cuatro de noviembre. Cabe señalar que en sus inicios se le llamó Policía Judicial.

Con fundamento en el artículo 21 de la Constitución de 1917, se crea la Policía Judicial bajo el mando del Procurador General de Justicia, quien nombra como primer Jefe de la Policía Judicial, al licenciado Victoriano Morelos Zaragoza.

Él y cinco agentes formaron la primera institución policial adscrita al Ministerio Público; su primer encargo fue localizar y recuperar un vehículo reportado como robado; tarea que realizaron de manera exitosa.

Fue hasta 1974 cuando se integraron las primeras tres mujeres a esa corporación policíaca, sin duda tres mujeres desmesuradas y valientes.

Una ventana con Isolda

Desde la casa de Isolda / Foto: Gabriela Barrios
Una ventana con Isolda
Joaquín Vásquez Aguilar*

al otro lado del día

tus ojos
tu olor

– risueñavoz

tu voz

aquí
mis manos

-diluvio de mis ojos

abriendo esta calle
donde comienzas para mí
toda derramada luna

maestra de mi barro para siempre

*Nació el 15 de agosto de 1947 en Cabeza de Toro, Tonalá, Chiapas; México. Considerado uno de los mejores escritores de Chiapas del siglo XX.  Del poemario Cuerpo adentro, 1978.

Ignacio Ruiz, poeta y ensayista chiapaneco

En su reciente visita a Chiapas, el poeta y ensayista chiapaneco, Ignacio Ruiz Pérez, otorgó a Desmesuradas una tarde de amena charla.

Sin prisa y sin censura, Ignacio nos platicó cómo descubre a la literatura como profesión, de su oficio como poeta y ensayista, además de la vasta experiencia que tiene como catedrático en la Universidad de Texas, donde trabaja principalmente con estudiantes migrantes.

Sin darle tregua al silencio, Nacho, como le dicen sus amigos en Chiapas, nos cuenta de la literatura en su niñez: “Mi primer contacto directo con la literatura infantil fue a través de mi hermana, que me leía cuentos y que de alguna manera filtraba esos cuentos infantiles, esas historias de hadas. Hay una colección que a mí en lo personal me marcó muchísimo, se llama Mi libro encantado. ¡Es bellísima! Ahí está prácticamente todo el compendio de la literatura infantil universal. Ese fue mi primer acercamiento a la literatura.”

Ignacio Ruiz en entrevista / Foto: Lety Bárcenas

Leticia Bárcenas González y Gabriela Guadalupe Barrios García

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la literatura, ya de manera formal?

Descubro que la literatura puede ser una profesión, un acto de fe, se puede decir, cuando ingreso a la preparatoria. Me doy cuenta que la literatura es lo mío, que me gustaba y además veía gente que la practicaba, que vivía de ella, enseñándola, y que era una posible profesión. Hay un profesor de la prepa que me marcó profundamente: Gustavo Ruiz Pascacio; creo que marcó a mucha gente de mi generación, para bien. A través de él entré en contacto directo con la literatura, la gran literatura, porque claro, antes, en la secundaria y en la primaria, se acerca uno a los libros de manera derivativa, a través de recomendaciones o de amigos con los que compartes algunas cosas, o porque ves literatura en algunas materias.

Pero mi acercamiento ya profesional con la literatura fue con Gustavo (Ruiz Pascacio), en la prepa. El último año de la preparatoria fue un periodo de decisiones, porque estaba un poco desorientado, no sabía si estudiar comunicación o literatura y también estaba la antropología, que era algo que me llamaba mucho la atención.

De alguna manera es algo de lo que no me he deslindado, porque la aproximación a la literatura es un poco interdisciplinaria. Cuando uno va descubriendo horizontes o va creando un corpus teórico, crítico, para acercarse a la literatura, uno tiene que acudir a distintas disciplinas para poder leerla de una manera más rica.

¿Cómo descubriste que escribir poemas era lo tuyo?

En la prepa (risas). Había un taller de creación literaria que se abrió en el tercer año, en el 93 (1993), por el mes de octubre o noviembre. Había un programa de la Secretaría de Educación y Cultura de Chiapas, que consistía en llevar literatura a diversas instituciones de nivel básico; entonces llegó un poeta llamado Ubel Vázquez, a la Preparatoria No. 2 (de Tuxtla Gutiérrez), donde yo estudiaba, y abrió un taller de creación literaria.

El primer texto que presenté fue justamente un poema, en mi vida me había imaginado que iba a terminar escribiendo poesía porque en realidad soy un narrador frustrado (risas). Lo que hubiera querido escribir es narrativa. Pero cuando me pongo a ver mi obra en perspectiva, me doy cuenta de que lo que hago es bastante narrativo, tiene muchísimo de prosa o tiene muchas de las inflexiones de la prosa, es algo de lo que no me he podido deslindar por distintas razones.

LA POESÍA ES UN ACTO DE FE, ES UNA PROFESIÓN

¿Para ti qué significa ser poeta?

Significa muchas cosas. Significa estar en contacto directo con la lengua. Desde pequeño me han gustado mucho los idiomas, los distintos sentidos que se pueden producir a través de eso, que Octavio Paz llamaba cópula de sonidos, que es muy bonito. Octavio Paz define la poesía como una especie de erótica verbal. De la misma manera que el erotismo sexual, físico, es en realidad una cópula de cuerpos, un acoplamiento de cuerpos, así la poesía es un acoplamiento verbal, una cópula verbal, una erótica verbal, lo cual me parece bellísimo y creo que define muy bien el sentido de la poesía.

La poesía es un poco tener el privilegio de acercarme al lenguaje y a través de él poder organizar las cosas de una manera muy distinta; explorar efectos de sentido, formas y estar un poco también en contacto con mi identidad porque estoy fuera de mi país y estoy escribiendo en mi lengua. Eso para mí es como recuperar un poco ese lado perdido o que dejo estacionado en muchas ocasiones para dedicarme a otras cosas. Sí que tiene mucho sentido, para mí la poesía es un acto de fe, es una profesión.

¿Cómo nace un poema?

De la manera más inusitada que te puedas imaginar. No existe una regla o una fórmula para crear un poema. Nace de la manera más inesperada, puedes ir caminando y de pronto te viene una imagen o una frase, que después se convierte en el pie que da lugar a toda una estructura verbal, por una parte. Por otra parte, también está el oficio, la poesía como un oficio. Desconfío un poco de la inspiración, creo más en el trabajo. Pienso de hay que sentarte una hora, dos horas, a escribir todos los días; en mi caso, intento hacerlo por lo menos dos horas en la semana, sentarme a escribir, es una práctica casi profesional.

También es cierto que hay momentos en que te llega la revelación, más que inspiración, de una frase. Hay un poema que escribí, que se llama precisamente Revelaciones, donde realizo una reflexión sobre la divinidad, sobre Dios y sobre esa alegría de encontrar las cosas en el mundo, de explorar distintas emociones y sensaciones, sentir el viento, por ejemplo. Y todo surge a raíz de una simple frase, dije: ¡esto es lo que quiero utilizar para crear un poema! Y resulta que el poema en realidad se me extendió y es un poema de cuatro o cinco secciones, pero de una sola frase: “Dios ha venido a verme”, surgió todo. Confluyen las dos cosas, tanto la revelación como el trabajo. Tienes la frase, la picas, la construyes, vas articulando alrededor de esa frase y luego viene un trabajo de pulimento.

¿A qué hora escribes?

Antes era nocturno. Sigo siendo nocturno, en el fondo no he olvidado lo que me gusta estar de noche, hasta la una o dos de la mañana trabajando, que es cuando me siento mejor, siento que hay más condiciones: hay silencio, puedo estar solo frente a la computadora. Antes escribía en el papel, cuando conseguí una computadora comencé a escribir directamente en la computadora. 

En los últimos años, desde que nació mi hija, he cambiado mis hábitos de escritura y los he cambiado de la noche a la mañana; dedico por lo menos un par de horas, cuando la burocracia o la administración me dejan (risas); intento dedicar las mañanas a la escritura, me dedico a escribir un par de horas o simplemente voy puliendo lo que he hecho en otros días. Actualmente, tengo un libro que precisamente estoy puliendo y tengo ya un año casi refinando, no tengo prisa, en realidad es que no hay prisa. Las noches las utilizo para leer. He invertido un poco mis horarios, mis hábitos.

Poeta Ignacio Ruiz / Foto: Lety Bárcenas

¿Cuál es la constante en tu trabajo poético?

Si hablamos de temas, pienso que el mar es uno de mis temas privilegiados. Viví cerca del mar muchísimo tiempo. Estaba en Xalapa, pero de Xalapa a Veracruz es una hora y media, dos horas, de camino. En realidad lo que hacía era viajar todos los fines de semana para ver a mi hermana, entonces iba al mar y estaba en contacto con el salitre, con toda la cultura que rodea el mar en Veracruz, que es un ambiente muy caribeño, con esa confluencia de distintas culturas, es una población muy abierta al Caribe y eso me parecía asombroso. En Xalapa estuve desde el 94 (1994) hasta el 2000, estuve seis años.

En el 2000 me voy a vivir a Santa Bárbara, California, que es mar también. Salí de un ámbito marítimo pero en la costa del Golfo a irme a otro ámbito marítimo en California pero en la costa del Pacífico. Fue como ver las dos caras. Además la costa norte no es la costa sur, no es el mar de un país tropical sino el mar de un país septentrional, más al norte. Eso me permite los contrastes.

Mi poesía está profundamente marcada por esa experiencia marina. Navegaciones es toda una recuperación de los colores, de los olores, del ambiente marino, de toda la cultura que rodea al mar, el vocabulario. Esta idea de la exploración, que está muy arraigada a los puertos o a la cultura de los puertos en general, está ahí presente.

Más recientemente los ángeles; soy un agnóstico pero un agnóstico creyente porque en el fondo mi poesía está conectando constantemente con referencias religiosas, por alguna razón, no sé, creo que es algo que tendré que revisar mejor (risas).

Desde muy joven te has hecho acreedor a diversos premios a nivel estatal, nacional e internacional, ¿qué ha significado para ti en esos momentos de tu vida ganar un premio?

Esos reconocimientos no son más que la culminación de todo un proceso creativo, vamos a ponerlo de esa manera, es derivativo porque uno no escribe para ganar un premio, si hay alguien que lo haga, quien trabaja para ganarse un premio me da la impresión de que es una actitud como mercenaria de la cultura, de la literatura.

Uno no escribe para ganar un premio, pienso que eso es un derivado de la escritura y en el caso de la poesía, que es un género poco publicado o en el que las vías o los canales para publicar hay muchos pero al mismo tiempo son muy limitados, porque es un género que no vende, que no reditúa, esa es la gran paradoja de la poesía a diferencia de lo que ocurre con la narrativa, sobre todo con la novela.

En mi caso, los premios han sido la salida de los libros que he escrito, una salida natural, ha sido la manera para publicarlos, es un poco como la coronación, la culminación de todo el proceso creativo.

Uno escribe de una manera natural, a partir de un tema que surge, estructura una serie de textos, después viene el proceso de revisión, ese proceso de revisión, en mi caso, es muy prolongado porque escribo lento, soy muy lento para escribir, esa es la verdad; luego enviar los libros a alguna editorial o a través de un premio para una posible publicación.

Para Ignacio Ruiz, ¿qué papel juega la poesía en estos tiempos?

Pienso que la poesía no deja de tener, en un sentido muy amplio, esa tarea de reconectarnos con nuestro lado más humano. Y si alguna función tiene la poesía es la de revitalizar el lenguaje, conectar con el lenguaje, recrear el lenguaje y a través del lenguaje nosotros, que somos seres de palabras, somos seres verbales, decirnos.

Es decir, la función de la poesía o el sentido de la poesía es mostrarnos nuestra condición humana en todas sus manifestaciones y con ello me refiero, en el sentido más amplio, no solamente a cuestiones metafísicas, existenciales sino también a cuestiones políticas, civiles, sociales.

Pienso que esa es la función principal del lenguaje y de la poesía. Entonces ¿qué sentido tiene la poesía? La poesía tiene el sentido de revelar el lenguaje, tiene la función de, no quiero utilizar esa palabra pero vamos a decir, de servir al lenguaje, no se sirve del lenguaje, la poesía se vale del lenguaje y el lenguaje se vale de la poesía en una especie de mutuo intercambio y beneficio.

EL ENSAYISTA TAMBIÉN TIENE UNA FUNCIÓN IMPORTANTE: SERVIR A LAS IDEAS

¿Cuál consideras que es la misión del ensayista?

Reflexionar sobre distintas facetas o áreas de la vida personal o simplemente la vida pública. Pienso que el ensayista también tiene una función importante: servir a las ideas; así como el poeta sirve al lenguaje, el ensayista sirve a las ideas y también se vale del lenguaje para ello.

¿El ensayo literario también genera debate?

¡Por supuesto! La función del ensayo es abrir el debate. La esencia del ensayo es la polémica y a partir de la polémica la generación de nuevas ideas; se abre el debate y se discuten cosas, se discuten distintas facetas de la vida pública o de la vida personal. Es un género que se vale de distintas disciplinas, pienso que eso es una de las grandes riquezas del ensayo.

Un buen ensayo debe dejarse leer, debe ser agradable su lectura.

¿Un ensayo puede ser al mismo tiempo un gran poema?

Por supuesto, hay ensayos poéticos. La gran introducción de Octavio Paz del Arco y la Lira es uno de los ensayos en prosa poética más hermosos que ha dado nuestra lengua. Hablar de la poesía como una revelación poética, eso es impresionante; esa manera en la que él va describiendo la poesía como salvación, pan de todos, como luz, sol, etcétera; hace una serie de metáforas para definir un fenómeno que es en sí mismo difícil de definir. Cuando me preguntan qué es la poesía digo puede ser todo y Octavio Paz lo sintetiza verdaderamente en un par de páginas que son un modelo de cómo escribir prosa poética sin dejar de ser un ensayo.

¿Qué relación tiene la ética con el ensayo?

Tu ética como profesional, como escritor, ¿influye en la difusión de la ideas o de lo que estás escribiendo? ¡Claro!, y hablo de mi disciplina. Todo especialista en estudios literarios, todo filólogo, parte de una serie de premisas dentro del área de formación, en mi caso los estudios literarios; a partir de ese tipo de premisas uno se enfrenta al fenómeno literario. Supongo que un ensayista político también parte de una propia ética o carece de ella también, porque pienso que esto depende mucho de la perspectiva de cada persona y del respeto que le da a su área o a su trabajo.

Depende mucho de la ideología de la persona, entendiendo como ideología ese sistema de ideas que va articulando una visión del mundo en un área particular, puede ser la política, puede ser la historia. Por supuesto que hay ensayos que pueden ser muy tendenciosos, por eso decía que dentro de mi área sí hay una ética. Número uno: no plagiar, por ejemplo. Estamos hablando de citar dentro de un texto, la primera regla que tiene un ensayista en estudios literarios, y me atrevo a decir en cualquier otra disciplina, es no plagiar y a partir de ahí se va derivando una serie de códigos que están implícitos dentro de la práctica literaria, docente o del investigador.

En general, ¿cómo ves la ensayística latinoamericana?, ¿tiene futuro?

Me muevo más dentro del área de la academia, eso no me permite ver qué es lo que hay fuera (risas). Creo que un ensayo debe estar bien escrito, para que se considere como tal debe dejarse leer. Hay grandes escritores, grandes ensayistas actualmente que están escribiendo muy bien en América Latina y en nuestro país en particular. Me gusta mucho lo que hace Emiliano Monge, por ejemplo, es un tipo que escribe muy bien su ensayística; en el ámbito académico me gusta mucho el trabajo de un colega de Estados Unidos que es mexicano también, me parece un tipo brillante Ignacio, Sánchez Prado; aquí en nuestro estado (Chiapas) está Gustavo Ruiz Pascacio, que es de los escritores, como ensayista, que me parece es de las personas que ha sido más congruente con su trabajo.

TRABAJO CON ESTUDIANTES QUE EN SU MAYORÍA SON MIGRANTES

¿Qué hace un poeta y ensayista mexicano en Estados Unidos?

Voy a Estados Unidos en primer lugar a estudiar, no tenía la intención de quedarme; mi objetivo era estudiar y regresar pero por distintas razones me quedé en Estados Unidos. Entonces ¿qué es lo que hago allá? Trabajar, dedicarme a la enseñanza.

Trabajo con estudiantes que son en su mayoría migrantes y eso me encanta porque es no solamente conectar con mi herencia inmediata o con mi identidad inmediata, que es México, que es Latinoamérica y lo hago a través de lo que más me gusta, la lengua española y la cultura mexicana, sino además porque creo que he encontrado en la enseñanza, y en particular, en el ámbito en el que lo hago, una suerte de satisfacción profesional, personal y para decirlo con estas palabras que ustedes mencionaban antes, ética.

Le he encontrado un sentido a lo que hago, no se trata de enseñar literatura por enseñarla solamente a estudiantes de licenciatura, migrantes, que sería lo más sencillo: llegar, abrir el libro, explicar, cerrarlo e irme a mi casa tranquilamente y dedicarme a mi investigación o a mi creación, ¡no! Se trata de trabajar directamente con ellos, de involucrarme en distintos proyectos porque además, mis estudiantes, es gente que está conectando directamente con la lengua; con una lengua que muchas veces se ha perdido, una identidad que se ha resquebrajado también, entonces para ellos es una revelación una clase de literatura mexicana, para ellos es como volver a conectar un poco con su pasado, con su herencia, con sus padres, con su lengua, y creo que ahí he encontrado el sentido de mi práctica docente y me gusta mucho lo que hago, la verdad.

Estar afiliado al Centro de Estudios Mexicoamericanos también como que le ha dado otra dimensión a mi práctica docente, estar más involucrado en cuestiones comunitarias, ¡me gusta!, es algo que ha resignificado mi labor como estudioso de la literatura.

¿Cuál es la situación de los latinos en la Universidad donde trabajas?

Alrededor de 25 por ciento es población latina, de un total de más de 50 mil estudiantes matriculados en la Universidad de Texas, Campus Arlington, la segunda universidad más grande del sistema de la Universidad de Texas. Hace algunos años recibió una distinción que solamente algunas universidades tienen, que es la de ser una “Institución de Servicio Hispano” (HSI por sus siglas en inglés), o sea es una institución dedicada al servicio de la comunidad hispana, de los latinos. Lo cual significa que la Universidad tiene acceso a recursos de la federación para atender precisamente a ese sector poblacional, que es un sector vulnerable y más ahora con esta cuestión migratoria en la que se está golpeando a esa parte poblacional. Trabajar en una universidad de ese calibre, para mí representa una responsabilidad muy grande.

Como mexicano en el extranjero, ¿cómo ves a nuestro país?

Estar en el extranjero te permite desdoblarte porque en primer lugar parece que nunca me fui, estoy aquí todas las vacaciones, estoy aquí cada vez que hay un congreso, cada que me invitan a dar una charla; es un poco artificial también porque estoy y no estoy. Mi vida también está allá por distintas razones profesionales y familiares.

Entonces, ¿cómo veo México?, ¿cómo veo nuestro país? Lo veo un poco con la mirada del local, del mexicano que nunca se fue porque sigue viniendo, sigo involucrado con la dinámica del país en todos los sentidos, el cultural, el político, el educativo y hasta el económico por distintas razones; por otra parte me siento un poco como extranjero también y eso es a lo que me refería cuando digo que es un poco artificial mi experiencia; claro, eso me permite tener también los ojos del extranjero, por eso decía, me desdoblo literalmente, me permite ver las cosas con distintos ojos, asumiendo que nunca me he ido.

Además me dedico a México; en el fondo nunca me he ido y trabajo con gente de origen mexicano, muchísima gente de origen mexicano y me la paso hablando español todos los días, es una especie de islote muy grande, por eso les decía que es un poco artificial tanto de este lado como del otro. Estando allá me siento muy conectado, además con las redes sociales, Internet, eso lo facilita mucho. El concepto de frontera es en realidad un concepto ya bastante estanco porque la frontera nunca es fija.

SI TE ORGANIZAS PUEDES INTENTAR DEDICARLE TIEMPO A TODO
Ignacio Ruiz en entrevista / Foto: Lety Bárcenas

Desmesuradas se pregunta, ¿cómo encuentra el equilibrio en el tiempo el poeta, el investigador y el catedrático?

Eso es lo más complicado (risas). Efectivamente es una labor de equilibrismo porque, por una parte, está la fase administrativa en la Universidad, desde hace algunos años ingresé al servicio burocrático, además de ser profesor y pues he tenido que equilibrar esa balanza entre el servicio, la enseñanza, la creación, pero también la familia porque uno es todo eso.

Al ingresar a hacer más servicio, siempre digo el año pasado fue horrible pero el que viene parece que viene peor por trabajo. Entonces parece ser que cada año o cada vez que va pasando el tiempo me resulta más complicado dedicarme a otras cosas.

En el fondo, les voy a confesar algo, haciendo servicio, enseñando incluso, no pierdo la conexión con la creación, que también me interesa mucho; uno diría es una de las cosas que más me interesan por sobre todas las cosas, ¡no! En realidad la creación está profundamente conectada con mi enseñanza, enseño lo que creo, en el doble sentido de la palabra, tanto lo que hago como lo que profeso y lo mismo ocurre en el servicio; en realidad estoy trabajando para estudiantes de origen mexicano, de origen latino, ¿qué es lo que hago? Pues enseñar eso mismo y ¿qué es lo que estoy enseñando? Pues español.

Entonces son cosas como interconectadas. No pienso que sean cosas divorciadas necesariamente o que una cosa me impida hacer otra; que sí es verdad que mi trabajo creativo se ha resentido pero ahora hay recursos para encontrar tiempo; pienso que si te organizas y haces un buen esquema, puedes intentar dedicarle tiempo a todo; así han salido muchas cosas, muchos proyectos.

¿Existe algún conflicto de intereses entre ellos a la hora de crear, que uno absorba más el tiempo al otro?

Un poquito aparente porque me quejo mucho pero lo hago y lo disfruto. No sé qué va a pasar cuando me vaya de la administración, es un puesto muy pequeño el que tengo pero me gusta.

Cuando eliges tus lecturas, ¿separas lo didáctico o formativo del placer?

Si hablamos del ámbito profesional, de la práctica académica, de mi trabajo ensayístico o de mi investigación hay cosas que disfruto mucho, indudablemente. Disfruto muchísimo el proceso de la investigación, el proceso de lectura, sumergirme en un archivo o sumergirme en una biblioteca o ir a visitar gente y entrevistarla para poder hacer el trabajo que estoy escribiendo en ese momento, todo eso lo disfruto muchísimo, todo el proceso me encanta.

Soy una persona completamente convencida de mi vocación, desde que era muy pequeño lo tuve bien clarito y vivo de esto. ¿Qué más le puedo pedir a la vida? Hago lo que me gusta, entonces lo disfruto. Es verdad que hay cosas y sobre todo en la academia donde precisamente te exigen que los trabajos tengan rigor crítico, rigor formal, teórico.

¿Te lees?, es decir, ¿lees tus trabajos una vez publicados?

Me da mucha pena porque digo ¡Dios en qué estaba yo pensando cuando hice esto! (Risas). A veces me da por hacer calas pero no, mejor dejo de torturarme con esto. Soy una persona que desafortunadamente me releo mucho, releo muchísimo lo que estoy escribiendo en el momento, soy bastante obsesivo con eso y bastante inseguro. Ahora, lo que he escrito mucho antes y ya ha salido de mis manos puedo releerlo pero no tiendo a modificarlo, a menos que lo vaya a republicar, cuando republico releo muchísimo y para mí releer significa reescribir en estricto sentido, de otra manera no.

LAS TECNOLOGÍAS HAN VENIDO A FACILITARNOS MUCHÍSIMO LA EXISTENCIA

¿Cómo han influido las nuevas tecnologías en tu oficio?

Como investigador pienso que las nuevas tecnologías son maravillosas. Tener un ensayo, un libro, un repositorio en línea que puedes consultar y descargar o simplemente ir a una base de datos y pedir un libro que está en tal universidad que está lejísimo, con el maravilloso préstamo interbibliotecario norteamericano, eso es invaluable y creo que las tecnologías han venido a facilitarnos muchísimo la existencia. Encontrar por ejemplo, una serie de libros o de documentos digitalizados y accesibles me parece maravilloso, por supuesto soy fan número uno de las tecnologías, no soy apocalíptico en ese sentido, para nada.

Como creador también creo que son positivas. Soy un poquito escéptico de las redes sociales, desconfío mucho de ellas aunque me gustan porque son muy útiles. No tengo twitter; mi facebook lo reviso poco y posteo poco.

¿Cómo ha impactado eso en mi creación? Sí que ha impactado, precisamente el libro que estoy puliendo ahora gira un poco sobre eso, no sobre las nuevas tecnologías en cierta forma pero sí hay un coqueteo con esas nuevas perspectivas que abre la tecnología y que abre también la fotografía que igual es una de las manifestaciones de la tecnología y las artes. Pienso que son cosas que han venido a cambiar nuestros paradigmas, nuestra manera de concebir la literatura, la cultura y la vida en general.

A propósito de la tecnología, se dice que ahora los públicos son efímeros, que leen lo mínimo porque se vive a contratiempo. ¿Crees que a pesar de ello, el trabajo del ensayista seguirá existiendo?

Sí. Es un poco iluso pensar que las nuevas tecnologías van a venir a destruir nuestra relación con los libros. Los libros están ahí, nosotros tenemos que adaptarnos a las tecnologías; si antes tenías un libro en físico ahora lo tienes en versión digital, es básicamente lo mismo, lo único es que hay gente que prefiere un libro físico, tocarlo, la textura del libro, el olor, el placer de ir a una librería o de ir a una biblioteca, sacarlo, hojearlo, enamorarte de las palabras, de la portada, de todo lo que implica la construcción de ese artefacto maravilloso que es un libro, pienso que es algo invaluable. Yo soy de los viejitos, a mí sí me gusta tener los libros en físico todavía, a pesar de que leo muchísimas cosas en línea.

¿Y los poetas, seguirán existiendo?

Mientras exista la humanidad seguirá existiendo la poesía. La poesía es una de las manifestaciones más connaturales al ser humano. Volvemos a Octavio Paz, cuando él hablaba de poesía decía que podía haber poesía en la fotografía, podía haber poesía en una estatua, podía haber poesía por supuesto en un poema, es decir, la poesía como tal es algo que es natural a nosotros, a nuestra dimensión humana.

El también poeta y ensayista, Eduardo Lizalde (1929), quien el 14 de julio pasado cumplió 90 años, dijo en una entrevista que le hicieron recientemente, que “toda la literatura universal es de decepcionados y escépticos”, ¿qué opinas?

Eduardo Lizalde me encanta, es uno de los poetas mexicanos, posiblemente el más importante de los poetas mexicanos vivos. Uno de mis libros de ensayo, es precisamente sobre Lizalde. Es un poeta al que admiro muchísimo, es uno de nuestros grandes. Y creo que tiene razón, aunque habría que ver en qué sentido lo decía, cuál es el contexto de la frase pero sí es verdad y creo que con Fernando Pessoa y quizá por ahí iba Eduardo Lizalde, que la base o el fermento de la literatura en general es la duda, es la ambigüedad, es la falta de seguridad, es decir la inseguridad; no por nada uno de los libros más espectaculares que he leído de Fernando Pessoa precisamente se llama así, Libro del desasosiego. Es un libro que surge a partir precisamente de esa condición que es del desasosiego, la de la duda.

No sé si es eso lo que ha querido decir (Eduardo) Lizalde pero desde luego, si vemos la historia de la literatura universal, nos daremos cuenta de que efectivamente está llena de escritores con desasosiego o desasosegados, llenos de dudas más que de afirmaciones.

EL LIBRO DE LA CENIZA Y ANTOLOGÍA DEL ENSAYO MODERNO EN CHIAPAS
Libro Antología del ensayo moderno en Chiapas / Foto: Gaby Barrios

¿Cuál es tu último libro?

De poesía, mi último libro se llama El libro de la ceniza y es del 2016, es un libro que se publicó en España, precisamente como parte de un reconocimiento que me dieron allá, el (XIV Premio Internacional de Poesía) León Felipe. Y es un libro un poco anacrónico porque hace una recreación del ambiente, de la tradición literaria, en cierta manera del contexto de los usos amorosos también, cortesanos, de la literatura, de la cultura medieval, que es una de las improntas que tengo; una de mis primeras grandes lecturas de la adolescencia, luego en la universidad fueron precisamente de la literatura medieval, entonces es un homenaje, una serie de homenajes a esa etapa de mi formación.

Es un libro profundamente marcado por esos códigos pero al mismo tiempo es un libro muy violento porque es un libro que habla sobre la metáfora del fuego en su doble dimensión, por una parte la amorosa, la erótica, la sexual, hay muchos poemas amorosos y eróticos en ese libro; por otra parte, también hay una sección en la que el libro explora los códigos de la violencia, de la guerra y por eso el libro se llama así, El libro de la ceniza.

Mi último libro de ensayos es la Antología del ensayo moderno en Chiapas, es un libro que acaba de salir en diciembre del 2018, tiene unos meses en circulación y es un libro que reúne una serie de textos que se podrían considerar fundacionales dentro del género en nuestro estado, en el que el lugar común dice que hay muchos poetas, hay algunos narradores pero que no hay ensayistas. ¿Qué significa esto? Que no hay una circulación de la ideas y parte del objetivo de este libro es demostrar exactamente lo contrario, es demostrar que en el estado (de Chiapas) los escritores, los intelectuales, los investigadores, los académicos han reflexionado de una manera constante en los últimos 200 años, desde fines del 1700 prácticamente hasta la fecha y lo han hecho de una manera apasionada, polémica en muchas ocasiones, es un libro que empieza con Fray Matías de Córdoba con un texto, que hoy diríamos bastante polémico por todo lo que intenta demostrar en ese ensayo y termina con una ensayista chiapaneca que es Viridiana Chanona, muy buena también, que habla sobre un tema completamente opuesto que es Octavio Paz.

El ensayo de Matías de Córdoba es sobre los usos y costumbres de los indígenas, es un ensayo un poco avanzado para la época en el sentido de lo que él está argumentando sobre que hay un beneficio en que los indígenas vistan y calcen a la española y el ensayo de Viridiana Chanona es sobre Piedra de Sol, el amor, el erotismo o la visión de la mujer en Piedra de Sol.

Son como dos conceptos diametralmente opuestos pero bueno qué nos demuestra esto, nos demuestra que los ensayistas o la gente interesada en crear debate de ideas, intercambio de ideas lo ha hecho a partir de distintas disciplinas, a partir de distintos temas, que en realidad no hay un solo tema nodal pero algo sí he encontrado como constante, que es una tradición digamos, una especie de repertorio de temas en la que se pueden ubicar los distintos ensayistas.

¿Algún proyecto en puerta?

Me acaba de salir una propuesta para hacer una antología de la poesía de José Carlos Becerra con un ensayito introductorio, esto iría para la Secretaría de Cultura de Tabasco y en teoría tendría que estar listo para septiembre, a eso me voy a dedicar. También pienso que ese es el pretexto para comenzar a reunir algunos ensayos que tengo sobre José Carlos Becerra que además fue el escritor sobre el que realicé la tesis. Es un poeta que me ha dado muchísimas satisfacciones, además lo admiro muchísimo, ha sido básico en mi formación.

¿Qué es lo que más extrañas de Tuxtla Gutiérrez?

La gente, la familia por supuesto. La gente acá es súper cálida.

¿Cuántos años llevas fuera de Chiapas?

¡Toda mi vida! Me fui en 1994, justo después del levantamiento zapatista. Me voy a estudiar a Veracruz en el 94 y no he regresado a radicar, entonces ya tengo muchísimo tiempo.

¿Piensas regresar?

Me encantaría, por supuesto, cuando pienso en un lugar de retiro pienso en Chiapas.

Ignacio Ruiz en la radio / Foto: Gaby Barrios

 

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PERFIL

Lugar de nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Fecha de nacimiento: 24 de agosto de 1976.

Edad: 43 años.

Número de hermanos: Uno.

Estado civil: Casado.

Número de hijos: Dos.

Pasatiempos: Leer, escribir, viajar.

Música: Rock. Me gusta mucho el rock mexicano y un tiempo escuché mucho lo que llaman el indie, rock independiente, el indie rock.

Película: Casablanca.

Libro de cabecera: «El otoño recorre las islas» de José Carlos Becerra.

Escritor: José Carlos Becerra, Juan Rulfo.

Poeta: José Carlos Becerra.

Ensayista: Octavio Paz.

Comida predilecta: Me encanta la bolita de chipilín.

Paisaje favorito: Selva, montaña.

Ritual: Como soy una persona súper maniática, acomodar todo en su lugar, eso creo que es mi ritual favorito, poner todos mis libros en posición, soy súper maniático, no me conocen (risas).

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EN CORTO

Poesía: Palabra

Mar: Amor

Palabras: Verbo

Investigar: Diversión

Caminar: Exploración

Contemplación: Asombro

Archivo: Memoria

Cátedra: Enseñanza

Libertad: Creación

Hermenéutica: Análisis

Viaje: Placer

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Cada uno tiene sus grandes dones: Venancio Damas, quiropráctico

Yajalón que significa en tseltal Tierra verde, es un municipio de Chiapas asentado en las montañas del Norte de la región Selva; como la mayoría de los lugares en nuestro estado, tiene una riqueza natural y cultural, donde hombres y mujeres día a día construyen su historia de vida, a través de su trabajo, de su oficio.

Don Venancio Damas, quiropráctico /Foto: Gabriela Barrios

“La grandeza de las actividades se mide por la responsabilidad

y la pasión que cada uno pone en lo que le toca hacer”

Carlos Montemayor

Por: Gabriela Guadalupe Barrios García

Desmesuradas ha conversado con el señor Venancio, originario de Yajalón, quien es una de esas personas que a lo largo de su vida se ha dedicado con esmero a la agricultura, la peluquería y los más significativo para él: la quiroprática y que con orgullo dice: “Siempre he tenido trabajos mixtos, originalmente me inicié como cafeticultor o agricultor, le ayudaba a mi papá a levantar la cosecha de café, comencé a trabajar con él desde muy chico, de 10 años. Nos criamos con todo lo relacionado al monte, al ranchito, también sembramos maíz. Hasta la fecha sigo con ese plan de trabajo. Tengo un terrenito”.

Con voz pausada y serena nos cuenta que también fue juez municipal “juez de paz” le llamábamos en aquel tiempo y tuve el propósito de servirle a Yajalón como autoridad, que es muy importante porque a veces cometemos delitos sin saber qué es un delito y hasta dónde puede uno llegar, afortunadamente me documenté con lo que es la ley. Nunca apliqué la ley rigurosamente, ya que antes de eso fui militante de la religión católica, formaba grupos de catecismo con niños, jóvenes y adultos, hablábamos de formación de la sociedad, cómo ir por la vida, con base a los principios que para mí son básicos”.

Su charla nos lleva a recorrer ese camino de aprendizaje desde su juventud: “Tenía deseos de aprender un oficio, aparte de lo que ya sabía entonces, empecé a buscarle y me metí de albañil, fui peón, tengo nociones de albañilería, me metí un poquito en fontanería, no me gustaron; después entré a trabajar en la relojería, me quedé sólo en principios porque desafortunadamente desde entonces ya me molestaba la vista, por lo que seguí buscando y me encaminé hacia lo más rápido por lo que entré a la peluquería, en eso trabajé como 12 años; actualmente tengo mi trampita (risas) sigo cortándole el cabello a algunas personas que me buscan.

Esos trabajos los sigo ejerciendo, afortunadamente, mi papá José Damas Trujillo y mi abuelito Norberto Damas Gutiérrez tuvieron el gran regalo de Dios de tener ese conocimiento de curar los huesos. Actualmente, me dedico más a las curadas de huesos, porque me buscan para para eso en mi domicilio.

¿Desde cuándo inició en ese oficio?

Me inicié en ese trabajo de huesos más o menos como a los 12 años, en ese tiempo no puedo presumir que todo sabía, sino que mi papá componía huesos, pero dejó de atender a un muchacho, no estaba en condiciones de poder atenderlo pero el muchacho llegaba y llegaba a buscarlo; entonces mi mamá me dijo: Atiéndelo. Respondí; ¿qué voy a hacer? ¿cómo? Me decidí a hacerlo, veía cómo hacía su trabajo mi papá, empecé a foguearle las partes afectadas, foguear le llamamos a hervir agua con hierba que se llama chakil o árnica porque en cada golpe se presentan moretones o derrames internos porque los vasitos se rompen y produce ese derrame. Entonces al estar tocándole esas partes del cuerpo que estaban afectadas, como que se me despejó el don que Dios ya me había dado, empecé a tallar al muchacho, a componerle. No faltó quien me mirara atendiendo y por ahí se accidentó otra persona, ya no llamaban a mi papá, me llamaban a mí. Para mí es un regalo de Dios esto de saber curar los huesos porque uno no lo estudia, lo tenemos por un Don especial que Dios nos da. No me tienen que presentar radiografías, no lo requiero, a veces les pido para que cotejemos porque hay pacientes que tienen duda de lo que uno les dice que si está fracturado y tiene una luxación.

¿Cómo es el proceso?

Nosotros tenemos sensibilidad en las manos. Hay personas que llegan a la casa y preguntan ¿qué tengo? Mientras no los toque no sé decirles. Pueden tener luxación, fractura, esguince. Se descubre qué tiene esa persona al tocarla con la sensibilidad, como el pianista que al tocar las teclas ya sabe qué sonido le lleva. Al tocar a la persona uno se concentra, en ese momento no nos deben hablar ni tocar donde estamos sentados porque nos perturban, nos ponemos en blanco mientras estamos auscultando, pasando los dedos en la parte afectada porque en ese caso los accidentes no todos son iguales, la fractura se divide en tres. Hay fracturas expuestas, las que rompen la piel, las hay internas que quedan por dentro de la piel, sólo se ven las puntas de huesos que al tocar se detectan dónde están quebrados y también la fisura, donde el hueso está “ventiado”, en esas situaciones son tratamientos diferentes.

Entonces, ¿aprendió de su papá?

No. Es un don que no podemos aprender ni enseñar porque son dones naturales que tenemos.

¿Y qué dijo su papá o ya se lo esperaba?

A él le dio gusto cuando vio que estaba apoyando a la gente porque es un servicio muy especial, da gusto dar salud a las personas. Por ejemplo, hay padres de familia que tienen una ruptura de hueso ¿qué hace? En lo económico, si se desplaza con un médico puede ser cirugía o sólo colocar el yeso, entonces son servicios que muchas veces no lo puede pagar. En esa situación, no le veo primero la bolsa: ¿cuánto me va a pagar? No. Mi deseo es salvarlo, mi deseo es que esté bien, que sane. Porque nos conocemos en la zona y sé que esa persona lo necesita, así que le compongo su fractura, luxación o zafadura.

¿Cuál es la lesión que con más frecuencia trata usted? ¿Con qué dolencias llegan más sus pacientes?

Llegan con luxaciones, con doblón de tobillo y las fisuras. La luxación también tiene dos etapas. En la luxación el hueso sale de su lugar natural; cuando hay zafadura brinca el hueso uno sobre el otro, entonces para mí no es tan fácil porque ahí se hace esfuerzo. En la fractura no se hace esfuerzo es solamente moviendo los músculos con la sensibilidad de los dedos va uno detectando y acomodando los huesos. Ya que están acomodados los huesos utilizo el cartón, originalmente usaba la tablita pero recientemente utilizo el cartón. Le hago molduras como esté; si es el pie le busco la forma, las molduras y le adapto y sobre el cartón utilizo el vendaje, ya la venda es como la requiera, hay de varias medidas.

Hay temporadas que hay muchos accidentados de fractura, zafaduras, como también la descompostura de pelvis, en la espina dorsal, hay personas que se resbalan en la calle y se dislocan lo que es la pelvis pero como sé que tenemos en el centro la espina dorsal que se prensa, ahí se reubican los nervios centrales que pasan en la cadera por lo que la persona empieza a sufrir dolor de piernas, entonces siempre va acompañada de la luxación.

Don Venancio con paciente / Foto: Cortesía Yeriffe Fuentes Damas

Actualmente ¿Usa alguna hierba o material que le ayude al tratamiento?

Dejé de usar la hierba, inicialmente lo empecé a usar pero -como le platiqué- trabajo mixto y se requiere que uno de momento vaya a lavarse y a veces agarraba agua fría entonces noté que eso me estaba afectando. Lo receto que lo hagan, siempre les recomiendo la misma hierba, también hay una hierba que le llamamos hierba de campana, las hojitas se le colocan para que desinflame, eso sí les he colocado, pero el árnica ya no les aplico.

Entonces también recomienda hierbas en sus tratamientos. ¿Eso cómo lo aprendió?

Eso si ya se puede aprender de otros, como lo que utilizaba mi papá eso lo sigo utilizando porque en nuestra zona se dan hierbas para todo, entonces se va aprendiendo lo que es bueno para cada caso. Pero más recomiendo el uso de la hoja de campana así como también la hoja de repollo porque los poros extraen las sustancias malas en el cuerpo.

¿Tiene algún ritual antes de hacer una curación?

Antes de iniciar, sin que el paciente se dé cuenta me encomiendo a Dios, con una señal de una cruz, porque entiendo que hay personas de diversas religiones, eso nunca les pregunto. Actúo de esa manera porque sé que en el nombre de Dios y de la Virgen Santísima hago esos trabajos, que ellos me bendigan, que bendigan mis manos para que esa persona yo le pueda dar salud, haciendo eso ya toco mis manos en la parte afectada de la persona y empiezo a trabajarle. Como ya lo dije en ese momento quedo en silencio que no me toquen para que yo pueda hacer mi trabajo con éxito.

¿Cómo es un día de trabajo para usted?

Me levanto a las 5:30 o 6 de la mañana, ya nos quedamos mi esposa y yo; tengo una nieta que se va a la escuela y mi hija al trabajo, entonces barro la casa, sé trapear, tenemos unos animalitos, me gusta darles su alimento; tenemos un solar adicional y me gusta limpiarlo, podar los árboles, que estén bonitos, hablo con ellos porque sé que son seres de vida y para mí es una terapia, me olvido de mis cansancios, de todo. Incluso si mi esposa requiere más en que puedo apoyar, respeto su criterio, sé lavar platos y claro, respeto cuando me dice que no toque sus trastes, entonces ya le dejo su trabajo (risas).

Me siento un rato a ver el noticiero y si en eso llega un paciente lo atiendo porque eso no se puede programar, son eventuales; en el día a veces pueden ser de dos a cuatro personas. Lo que sí es que soy estricto, programo mis pacientes; las primeras veces no porque son accidentes y los atiendo a la hora que lleguen, de ahí en adelante ya los programo. Le doy prioridad a la gente que viaja, no sólo atiendo a la gente de Yajalón sino que llegan de las comunidades, de poblados vecinos como Chilón, Tumbalá, de Sabanilla, por eso evito quitarles tiempo a ellos porque tienen que regresar.

En promedio, ¿cuánto tiempo le lleva atender una persona?

Depende qué tenga, pero normalmente dos horas me llevo para atender bien a la persona, nada de prisa. Hay pacientes que me lleva hasta tres horas atenderlos, para mí es muy cansado. Una curada equivale a un día de trabajo porque queda uno cansado.

¿Cómo ofrece sus servicios? ¿Cómo sabe la gente? ¿Por recomendación? ¿Se anuncia usted?

Por recomendación. Nunca me ha gustado anunciarme. Me han dicho que coloque un letrero, pero me niego. La gente ya sabe, me llegan a buscar y se comunican. En las comunidades ya les doy mi nombre, cuando hay teléfono en su lugar (donde habitan) les doy un papelito donde está mi nombre, mi dirección y mi número de teléfono. Esas personas que ya vinieron una vez se encargan de mandar a sus compañeros, entonces ya los mandan acá o si pueden llamarme por teléfono me hablan antes a qué hora van a llegar y ya los espero.

¿Cómo lo conocen en Yajalón y en las comunidades?

Hay personas que dicen sobandero, otras huesero, pero no les critico, les respeto como me traten. Correctamente es quiropráctico, pero no les contradigo como me traten, no me ofenden, la mayoría me dice sobandero pero no lo soy. Quiropráctico es la palabra correcta. Sobandero es el que se encarga de atender lo que es talladas; hay enfermedades naturales como los empachos, entonces ese su trabajo. Yo no curo de empacho, no sé quitarles el empacho (risas). A lo mejor en el momento en que lo estoy tallando algo les ayuda (risas). Por ejemplo, si hay una persona que está luxado no me voy solamente donde está afectado, le busco qué partes tiene mal su cuerpo, ya sé qué partes se dañó con la caída entonces les empiezo a tallar el cuello, los hombros, los brazos; si la zafadura está en la pierna, en el codo o los hombros, la luxación a veces del brazo al irse a la cabeza del hueso pues lógico que los nervios jalan. Una cosa muy curiosa, si se luxan del brazo izquierdo se daña el brazo derecho, por el conocimiento muscular les tallo las dos partes, ahí creo que se aplica la palabra sobandero.

¿Ha estudiado por su cuenta o ha leído documentos que le ayuden a conocer más sobre el funcionamiento de los huesos?

Que lo requiera para eso no, pero me ha interesado para saber más de cómo está el sistema óseo, el sistema muscular, entonces me ayudan para saber cómo están enlazados los nervios, por lo que trato de esculcar a la persona, ahí voy buscando porque le estoy componiendo la pelvis, la parte del tórax porque los nervios son como hilos que se van del tobillo hasta la cabeza entonces al mover ciertas partes mejora la persona.

Con toda la experiencia que usted tiene, ¿qué piensa qué es lo que más ha aprendido?, ¿qué es lo que le ha enseñado el trato con la gente?

El trato de la gente es muy difícil, he procurado conocer algo de psicología, saber con quién está uno hablando, saber qué palabra decirle, cómo entenderle y saber contestar, los escucho y he aprendido interpretar sus miradas porque así se escucha también, con los ademanes; hay personas muy discretas que solo nos quedan mirando pero también así hablan, he tenido la capacidad de entenderles en sus miradas qué me quieren decir, he procurado atenderlos neutrales porque un adiós con gusto, con respeto agrada. Nunca me he creído por este don, todo lo que he aprendido es con el afán de servirles, de atenderlos bien; hay gente que valora lo que uno está haciendo y ya contribuyen a uno pero nunca les he dicho cuánto traes en la bolsa, nunca les he preguntado y seguir atendiendo a las personas con respeto, de acuerdo a su edad, hay que tener esos cuidados para no caer en los errores.

¿A sus pacientes a partir de qué edad los recibe?

He atendido a bebés que por nacimiento vienen deformaditos, entonces llegan los papás a la casa y han pedido que los cure; es más fácil componerles su tobillito que viene golpeadito por naturaleza, del empeine o sus deditos que vienen mal. Es una etapa en que sus huesitos están tiernos, están gelatinosos, entonces con facilidad se corrigen, con mucho cuidado los he tratado. También por descuido de sus papás que los han jalado de sus manitas y se les han zafado los gonces, los he curado en esa etapa de bebés. Así que he curado de todas las edades, hombres y mujeres.

Don Venancio con paciente /Foto: Cortesía Edith Damas Aguilar

 

¿De qué edad es la mayoría de sus pacientes?

La mayoría son jóvenes, por los deportes y también muchos accidentados.

¿Alguno de sus hijos o nietos trae este don?

Tengo dos hijos que sí tienen nociones de cómo curar, nada más que les da miedo cómo tratarlos, cómo jalarlos, cómo apretarlos. Yo, al contrario, si la persona grita más la aprieto y no pretendo hacerle un daño, es porque quiero sanarlos en minutos, quitar la causa de su dolor. Por ejemplo, la parte que duele más en los accidentados son las zafaduras. Hay dos cosas muy diferentes, la fractura, que no duele mucho, nada más incapacita; si se fractura un brazo, no lo puede mover y la curación no es rápida. La zafadura sí es muy dolorosa en cualquier parte del cuerpo porque el hueso se cruza y los nervios se contraen, entonces uno tiene que luchar con los nervios, superarle la fuerza; afortunadamente Dios me dio un poquito de fuerza, hasta ahorita los he podido curar. A veces la persona se desmaya por el dolor pero yo digo, mejor que se desmaye porque así es más suave curarlo, como anestesiado (risas).

¿Cuál es el caso más difícil que ha atendido?

Fracturas de fémur. Por el músculo, que no se alcanza a tocar con las manos, es un cuadro muy difícil; también de la cadera, del (hueso) ilíaco, las fracturas ahí, por la forma, que no se pueden sujetar, no se pueden vendar, son una parte muy difícil para mí.

¿Qué nos recomienda para cuidar nuestros huesos?

Ciertas terapias, como una: si la persona físicamente está débil no debe hacer saltos, brincos, es mejor aunque haga más tiempo, rodear como dice el dicho y no rodar. A parte, si la persona sufre dolores periódicos en los gonces, es bueno su estudio esquelético, porque a veces hay personas que ya traen problemas de osteoporosis, de artritis; son situaciones en que las personas no tienen edades para padecer esos males, entonces es aconsejable que cuiden sus alimentos, sus movimientos, sus posturas. También hay muchos que desde niños nos acostumbramos a inclinarnos tanto para escribir que nos afecta la espina dorsal y se forma lo que llamamos joroba, por eso, como padre de familia aconsejo a todos, que cuando vean a estos niños mal sentados no tengan pena de pasar y con una mano atrás y una en el pecho, los corrijan y siempre explicarles que se están formando mal. Los padres de familia deben vigilar a los hijos, hasta a uno de adulto, que sí está mal parado, uno mismo darse cuenta que está mal. Les aconsejo que se coloquen a la pared y se aprieten a la pared para que la espina dorsal se enderece. También aconsejo que sus colchones estén en buen estado porque a veces usamos unos muy averiados o con los resortes mal o si son de esponja se hacen bolas por dentro y no los cambiamos seguido, a veces por lo económico, pero también eso deforma nuestros cuerpos.

¿A usted quién lo soba?

Ahí está la pregunta (risas). Ese es el colmo para mí. ¿Quién me cura? Me he hecho algunos trabajos donde he podido hacerlo, ya que no soy una persona que ponga escalera para brincar, soy un poco descuidado (risas), me gusta subirme a arbolitos y no me cuido, entonces he tenido mis luxaciones, ya se me ha fisurado una parte del tobillo, también tuve un accidente, entonces se me fracturó una parte del omoplato; por lo que busqué otro compañero que me atendiera y se empezó a reír y me dijo: ahora vas a pagar. Le contesté: bueno, está bien, me dejo en sus manos, ya sabía qué cosa era pero esa persona no aceptó lo que le dije, que tenía fractura en tal parte, pero como me iba atender él, me dijo que estaba bien. Entonces me hice el tratamiento solo y afortunadamente me pude componer. Pero en otras partes, que se me dañara una parte más difícil de alcanzar ya tengo que recurrir a otro.

Alguna anécdota que desee compartirnos:

Primero que nada felicitarlas porque por medio de su trabajo le enseñan a una sociedad y esta plática que tuvimos es básica para la vida práctica, para todo, cuando tengan dolorcitos musculares no se den a tallar con cualquier gente, procuren que tenga un poquito de prestigio, que tenga algo de conocimiento, no quiero decirle que no vayan con el médico, ya que también tiene sus conocimientos pero hay especialistas. He tenido pláticas con algunos médicos que he curado, entonces me platican que como médicos también tienen que ver a su médico, cómo van a permitir ellos que los va a ver una persona que no tiene estudio.

Entonces son anécdotas bonitas para la sociedad y difundirlos por la salud es muy bonito, es hermoso, casi no se ha escuchado que una persona se interese por el otro, casi no hay; por eso mismo las felicito que así como me están haciendo esta entrevista a mí se lo están haciendo a otros, cada uno tiene sus grandes dones, desempeñando un trabajo con hermosura, con lealtad, con dones del servir, de trabajar honestamente, es una maravilla.

Don Venancio joven / Foto: Cortesía de la Familia

 

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PERFIL

Nombre completo: José Venancio Damas Maldonado

Edad: 75 años

Lugar de nacimiento: Yajalón, Chiapas

Fecha de nacimiento: 30 de diciembre de 1942

Número de hermanos: 7

Número de hijos: 6

Estado civil: Casado por las dos leyes

Pasatiempos: Me gusta pintar, escribir, hacer versos y acrósticos de los nombres, me gusta dibujar, me he interesado en no olvidar las matemáticas, me pongo a repasar mis tablas para estar actualizado, practicar la letra y lo que nos enseñaron en primaria, hacer ruedita, ruedita y he visto que es un control del sistema nervioso porque cuando uno está nervioso, eso ayuda mucho, es un pasatiempo muy hermoso estar pintando, rayando y rayando eso disipa la mente, favorece muchísimo.

Música: La marimba, como también algunas canciones, adolezco de un defecto, que me gusta cantar aunque sea por los labios, no se me graba toda la letra pero me gustan los tonos de música, y el baile es mi aliciente, bailo solo con la escoba (risas)

Comida favorita: En la casa me gusta la verdura, los frijolitos que queden sabrosos, el picante natural, nunca me ha gustado enchilarme, me gusta darle sabor a la comida. Bebidas el pozolito, en nuestra zona gustamos del pozol, me gusta el blanco simple, allá le decimos matz en dialecto. Al el frijol se le dice bul en dialecto chol, en tseltal chenec.

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EN CORTO

Hueso: Elemento del sostén del cuerpo

Zafadura: En términos sociales una desubicación personal

Cuerpo: Estructura de sostén de algo

Amanecer: Esplendor, un regalo de la naturaleza

Don: De querer darle un respeto a un ser

Manos: Elementos de ejercer un algo

Quiropráctico: Una ciencia oculta para mí natural que tengo

Sanar: Elemento de salud

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Familia Damas Aguilar / Foto: Cortesía

 

*Entrevista publicada en El Diario de Chiapas. 31 de julio y 01 de agosto 2019. En dos partes.

Los picapiedras, peluquería

Doña Elvia y Genaro 2019/Foto: Cortesía Edith Damas

Estoy en la puerta de la peluquería Los Picapiedras. Toco la puerta y nadie responde. La tristeza me invade. Después de más de 40 años la peluquería ha cerrado sus puertas. Doña Elvia cambió de ciudad. Se fue a vivir muy lejos.

Regreso mis pasos que me llevan a los recuerdos de mi niñez y de las veces que acompañé a mis sobrinos a quitarse la melena. Su amena charla y su atención esmerada se han marchado.

Heme aquí recordando esos momentos, hace nueve años, en que doña Elvia me abrió no sólo las puertas de su peluquería sino que también las puertas de su corazón para regalarme una de las entrevistas más entrañables que guardo en la memoria.

Gracias doña Elvia por todos los gratos momentos. La extrañaremos.

Elvia Arzola, apasionada peluquera de niños

Despedida

Foto: Julia Margaret Cameron

 

La piel no dijo adiós;
la mano fue a negar el vacío,
la mirada siguió mirando,
quiso argüir
desesperadamente.
Fue la alondra
o que pájaro siniestro.
Algo gritó muy lejos de nosotros
y se partió la tierra
en dos mitades.

Despedida /  Ida Vitale*

*Premio Cervantes 2018. Montevideo, Uruguay, Noviembre 2 de 1923. Poeta, profesora, periodista, traductora y crítica literaria.

Premio Cervantes 2018

Foto: Bernando Pérez (El País)

Recibe el Premio Cervantes 2018, la poeta Ida Vitale, el Día Internacional del Libro, en España.

Ida Vitale nació en Montevideo, Uruguay, el 2 de noviembre de 1923.

Poeta, ensayista, periodista, profesora, traductora y crítica literaria; integrante del movimiento artístico «Generación del 45»,  ha sido galardonada con los premios: el IX Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2009)*, el Internacional Alfonso Reyes 2014, el XXIV Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2015), el Internacional Federico García Lorca 2016, el Premio Max Jacob 2017, el Premio FIL de Guadalajara 2018 (México) en la Literatura en Lenguas Romances.

A continuación, un fragmento de su discurso en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes:**

Mi devoción cervantina carece de todo misterio. Mis lecturas del Quijote, con excepción de la determinada por los programas del liceo, fueron libres y tardías. En realidad, supe de él por una gran pileta que, sin duda regalo de España, lucía en el primer patio de mi escuela. Allí nos amontonábamos en el recreo en busca de agua, y día tras día, me familiarizaba con las relucientes baldositas que contaban, sobre inolvidables cielos azules, la policróma historia que, según supe luego, era la de aquellos desparejos jinetes. No faltan claro, los molinos, los muchos episodios en que don Quijote terminaba por los suelos. Ya adolescente, me regalarían el volumen ilustrado y muy cuidado, que todavía prefiero a la menos infantil edición de Clásicos Castellanos, cuyos ocho volúmenes son menos traslaticios.

El ambular del Quijote lleva consigo la convicción de que hay un mago enemigo que transforma «a la sin par Dulcinea en una aldeana fea y olorosa», y está detrás de los numerosos percances que sus obsesiones le deparan al pobre don Quijote.

Pero, ¡qué discreción, qué respeto muestra Cervantes por su personaje! En vez de rodearlo de magia y hechizos auxiliares, de poner a su héroe a disposición de tortuosos espíritus malignos hace que, una y otra vez, todos sus tropiezos nazcan de él mismo, de esos deslices de sus nítidas construcciones mentales, del adquirido delirio causado por peligrosas lecturas, deslices, que tanto pasman, fascinan y encabritan a Sancho, y lo llevan a someterse una y otra vez a la voluntad de quien lo arrastra a aventuras del todo ajenas.

Se suele aceptar como buena la motivación dada por Cervantes para su Quijote, de desprestigiar las novelas de caballerías. Pero no hay que olvidar la cuna desdichada que su obra tuvo: «Argel, Sevilla, fantasía, desengaño» es decir preso, pobre, enfermo, sin la protección que dedicatorias a altos señores podrían haberle guardado, como José Echeverría singulariza el período de su escritura. La concepción de un personaje que va, libre, por el mundo, fraguando su vivir, aunque de error en error, (donde otro personaje, el Cautivo dice: «jamás me desamparó la esperanza de tener libertad») debería ser un respiro, aunque al fin para él todo concluya en la verdad innegable: «Y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño», como concluye uno de los sonetos que cierran la primera parte. Pocos personajes han sido, como Quijote, habitados -más que obsedidos- por lo real. Porque aun lo que es astuta malquerencia vestida de supuestas precipitaciones mágicas, tiene detrás acciones de criaturas humanas, que pueden ser malignas y burlonas, pero siempre comprensibles, terrestres y sin inexplicables auxilios divinos.

Muchas veces lo que llamamos locura del Quijote, podría ser visto como irrupción de un frenesí poético, no subrayado como tal por Cervantes, un novelista que tuvo a la poesía por su principal respeto. Pero podríamos poner en la boca del por lo general descalabrado personaje, unos versos muy posteriores de Beaudelaire: «J’ai gardé la forme et l’essence divine de mes amours décomposés».

Cervantes, como precisa José Miguel Marinas, es «el primer alegorista de la ética moderna» y va sobreviviendo a las menguantes transformaciones de ésta.”

*Compartido con el poeta y filósofo Ramón Xirau

**Texto tomado de: https://www.elcultural.com/noticias/letras/Discurso-de-Ida-Vitale-en-la-ceremonia-de-entrega-del-Premio-Cervantes/13315

Alberto Peraza Ceballos, Premio de Poesía Nicolás Guillén 2019

Escritor cubano Alberto Peraza Ceballos / Cortesía del autor

Nuestro querido amigo Alberto Peraza Ceballos ganó el Premio de Poesía “Nicolás Guillén”, uno de los más importantes de Cuba,  considerado una plataforma importante para promocionar la obra de los ganadores, convocado por la Editorial Letras Cubanas, el Instituto Cubano del Libro y la Fundación Nicolás Guillén.

La ceremonia se llevó a cabo el 11 de febrero en la sala «Nicolás Guillén» de la Cabaña, lugar donde se realizó la Feria Internacional del Libro de La Habana. Alberto Peraza estuvo acompañado por el Ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso Grau; el Director del Instituto Cubano del Libro, Juan Rodríguez, por la Fundación «Nicolás Guillén», Nicolás Guillén (nieto), por la Directora de Cultura en Pinar del Río Niurka Llambia; por la directora Provincial del Libro, Yeny Pupo, entre otros funcionarios de cultura, familiares, amistades y escritores de toda la isla.

“Fue un acto muy bonito donde primó la camaradería, para que me sintiera acompañado, arropado y siempre querido. Fue una tarde llena de emociones porque también departimos con los miembros del jurado y los premiados en cuento, ensayo y novela del Concurso «Alejo Carpentier», el más importante concurso de narrativa en la isla”.

Alberto Peraza Ceballos. Río Seco, San Juan y Martínez, Pinar del Río, Cuba, 1961. Es lcenciado en Educación. Especialidad Lengua Inglesa. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la Sociedad Cultural “José Martí” y de la Asociación de Pedagogos de Cuba. Premio “Nicolás Guillén” de Poesía, 2019. Textos traducidos al inglés, portugués y chino. Publicaciones en antologías en Uruguay, Brasil, México, España, Puerto Rico, Ecuador y Cuba. Entre sus libros de poesía: Escapar al olvido ( o de lobos y corderos); Sobornos Clandestinos (y otras utopías); Máscaras Interiores. Participación en Ferias del Libro en Estados Unidos, México y Cuba y en Festivales como el Festival de Letras “Jaime Sabines”,y Festival de Cultura del Caribe.

Alberto nos comparte uno de sus poemas.

OTRA RAYA EN EL CUERPO DEL TIGRE. Los ojos acechantes bajo el camuflaje. El paisaje fragmentado por sus garras impolutas; cámara lenta; en la tierra se hunde sigiloso mientras esconde su hambre milenaria. Un bramido y el espanto se hace dueño; comienza la carrera; ya nada importa a la bestia que descubran sus instintos; él solo tiene puesto los sentidos en el banquete.

La última Cena. Otra raya en el cuerpo de Dios. Los ojos acechantes bajo el camuflaje. La Negación de Pedro; el Abrazo de Judas; lavarse las manos como Poncio Pilatos…

Otra raya en mi cuerpo. Los ojos acechantes bajo el camuflaje, sin ser el tigre ni Dios, ni Pedro, ni Judas, ni Poncio Pilatos… Otra raya en mi cuerpo marcado como res; otro dolor aposentado en el cerebro. La velocidad como arma, el gesto con que me resisto a la invasión de otros cuerpos que, como carroña, comen de mi desnuda e infinita cabeza, con la que confieso el pensamiento de mi alma rechazada.

Qué importa otra raya. Soy uno más de la manada que con uñas y dientes se defiende del golpe; busco voces conocidas y solo encuentro rugidos, sentencias, alegatos.

No puedo reconstruir mis pasos porque me enseñaron a andar con las viseras puestas, como caballos domésticos acostumbrados al látigo; no salirme del rumbo que otros señalaron porque podría convertirme en una amenaza pública y tendría que dar cuentas por ello; sacrificarme en medio de todos, hacerme el haraquiri.

En qué lugar estoy; qué jungla humana me circunda el futuro y me transforma en la mosca que cae en la leche, y unos dedos intrépidos echan a un lado para beber del líquido que, con rayas circulares, hacen una tormenta en el vaso, sin tuéneles para resguardarnos del mal tiempo.

Sucumbir; otro paso en falso cuando son demasiadas las rayas y el peso del cuerpo se resiste.

La raya, la tormenta…, sobre mí los ojos acechantes del tigre, de Dios, de Pedro, de Judas, de Poncio Pilatos… y no puedo mirar atrás porque se me echan encima.  

 

Callao 1824, reciente libro de Cecilia Romana

Nuestra querida poeta argentina Cecilia Romana publicó hace poco menos de un mes Callao 1824, por editorial Leviatán en su colección Poesía Mayor. Generosa, como siempre, nos comparte una selección de poemas de ese libro cargado de heroísmo, amor y pasión, que iremos publicando cada semana.

 

Con el tiempo me pregunto

por qué

Como una nota a pie de página,

tu ausencia me explica demasiado tarde

por qué no estás cuando te necesito.

 

Callao 1824 es un libro de poemas históricos que giran en torno a un suceso de las luchas independentistas americanas: el Sorteo de Matucana. Luego de la sublevación de El Callao en 1824, 104 soldados patriotas fueron conducidos por los realistas a una prisión en la isla de Esteves (Titicaca), pero el coronel graduado Ramón Estomba (montevideano) y el teniente coronel Juan Pedro Luna (porteño) se fugaron de las filas y huyeron.

El general español Andrés García Camba, jefe de Estado Mayor, decidió escarmentar a los patriotas con otros dos soldados por medio de un sorteo. Fue así que fusilaron a los capitanes Domingo Alejo Millán (tucumano) y Manuel Silvestre Prudán (porteño). 

Los poemas de Callao 1824 trazan un derrotero que va de la anécdota histórica a la profundización de la vida en campaña, los vínculos militares y los sentimientos de cuatro jóvenes en el contexto de una lucha que se convirtió en el eje de sus existencias.

Cecilia Romana nació y vive en Buenos Aires. Es escritora y licenciada en Artes y Ciencias del Teatro. Lleva publicados ocho libros de poesía, cuatro de relatos infanto-juveniles y varios volúmenes escolares para nivel inicial, primario y secundario en Kapelusz y Santillana.

Ha ganado el Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz (2006), el Jaime Sabines (2006) –ambos en México–, y dos veces el Segundo Premio del Fondo Nacional de las Artes en Poesía. Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, portugués, italiano y polaco y forman parte de antologías argentinas, latinoamericanas, francesas y estadounidenses. Colabora asiduamente en las revistas Fénix (Córdoba), Espacio Murena y Hablar de Poesía (Buenos Aires), así coom también en el diario El Litoral de Santa Fe. Es correctora de la Biblioteca Nacional.

 

Para Millán

que no lo pidió

Lloro porque no puedo

y cuando no puedas, dijo Millán, dejándote estar

se irá cumpliendo

el destino

escrito en el cielo

como sobre tu clavícula

el interminable camino

de los besos que no te di

Iluminar la vida, iluminar la muerte

Los altares u ofrendas, son parte fundamental de la celebración del Día de Muertos, fecha en que nuestros seres queridos, ya difuntos, regresan a visitarnos y compartir algunos placeres mundanos. Desde la víspera, en la mayoría de los hogares mexicanos, se preparan los altares engalanados con flor de cempasúchil, calaveritas de dulce, frutos, pan, guisos, copal y veladoras, una por cada alma.

Arturo Solís / Foto: Gabriela Barrios

Las velas y veladoras representan el fuego, el calor, la luz. “Se tiene la creencia de que la luz de una vela ilumina el camino del alma hacia el cielo. Por eso existe la tradición de poner velas, para iluminar el camino”, nos dice Arturo Solís Megchún, heredero de una rica tradición en la elaboración y venta de velas en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Leticia Bárcenas González / Gabriela G. Barrios García

El significado de las velas en los altares “es resultado de una mezcla de culturas. El fuego en sí, ha sido motivo, desde el inicio de la civilización, de adoración y de temor. Recordemos que era destructivo, así como protección ante depredadores y ante la oscuridad. En las culturas prehispánicas el fuego era un dios. Hay un dios del fuego azteca (Huehuetéotl), un dios del fuego maya (Kauil) pero también hay un dios del fuego griego (Hefesto). El fuego siempre ha tenido un lugar importante en las civilizaciones y el reto de las primeras culturas fue su control, el cual se logró a través de antorchas y de  lámparas.

“Cuando se le da ya un uso cotidiano al fuego, en Europa se utilizaba aceite de ballena y cuando inicia la Revolución Industrial se utiliza el petróleo o sus derivados como el keroseno o la gasolina. Y aparecen las velas de parafina. En México, con la mezcla de las culturas prehispánicas y la española, se originan los altares, la divinidad de las imágenes y la integración de los ritos prehispánicos que utilizaban el fuego. Actualmente, hay una gran diversidad de altares, en el sureste somos más mayas y en el centro del país más aztecas, son distintas las frutas que se utilizan, las comidas que se ponen pero el factor común son las velas, la luz”, explica con emoción.

Foto: Gabriela Barrios

¿En qué época venden más velas?

En esta época es cuando tenemos la mayor demanda de nuestros productos, iniciamos con la celebración de San Judas Tadeo, luego Todos Santos, después el día de la Virgen de Guadalupe. Es cuando vendemos más producto tradicional. Con las veladoras de ornato, cambian las fechas: diciembre, el 14 de febrero, la víspera del 10 de mayo.

¿Cuál es la vela que más vende en esta época de muertos?

Definitivamente el vaso limonero y el vaso cruz; son los productos más solicitados. Aparte de lo accesible, son los más prácticos. Como nuestro material es 100 por ciento parafina, al terminar la vida útil de la vela, lo que hacemos es limpiar el vaso y usarlo. Se llama limonero justamente porque es para tomar limonada (risas). Se aprovecha el cristal, es de lo más tradicional. Y el vasito cruz, si quiere uno portarse mal, es el clásico vaso mezcalero. También muchas personas lo aprovechan (risas).

Vaso limonero / Foto: cortesía del entrevistado

Inmersas en una mezcla de olores que evocan notas de vainilla, sándalo, chocolate y canela, Desmesuradas conversa con Arturo Solís hijo, sobre los orígenes del negocio que fundaron en 1981 sus padres, Rosa María Megchún Alonso y Arturo Solís Díaz, quienes aprendieron la técnica de empresas foráneas que vendían la materia prima y se convirtieron en sus proveedores.

¿Cómo iniciaron en este negocio?

Este negocio tiene dos etapas: en el año 1981, mi papá, junto con mi mamá, inician un pequeño taller familiar para la elaboración únicamente de velas y veladoras tradicionales, como llamamos a las velas conocidas como limoneros, que es un vaso de cristal con la parafina. Con el pasar de los años se consolidan como fabricantes, como productores.

En el año 2001, se decidió iniciar con este proyecto, que era prácticamente abrir un punto de venta de los productos que se elaboraban en el taller familiar. Aquí donde estamos es gracias a mi abuela, ella nos dijo pues póngalo acá, este espacio es parte de su casa. El 13 de abril iniciamos operaciones.

La misma clientela empezó a solicitar, además de las velas y veladoras tradicionales, las velas de ornato, como las velas flotantes, las velas con esencias, con determinados aromas y colores. Aquí llega un cliente y dice: oye, quiero una vela que tenga más o menos esta forma, este tamaño, que sea color verde con aroma a canela, se le elabora; ya sea para eventos sociales o simplemente para decorar la oficina o el hogar. Hemos ido innovando, metiendo nuevos productos, tenemos nuevos proyectos que estamos encaminando para que Para velas ofrezca a nuestros clientes, siempre una nueva propuesta para iluminar sus espacios.

Vaso cruz / Foto: cortesía

¿Ha aprendido el oficio?, ¿le han enseñado desde niño?

Sí. El proceso de elaboración de toda vela y toda veladora es muy básico, es derretir la parafina, verter la esencia y el colorante, colocar el pabilo y dejar solidificar. Ya en los nuevos tipos de velas o según el tipo de vela que se va a elaborar, sí se necesita que la parafina, que es el producto básico con que se elaboran, tenga ciertas características: de dureza o elasticidad, etcétera; ya es ahí lo que el cliente o lo que nosotros, conforme el producto, estamos requiriendo como materiales.

¿Qué tipos de parafinas hay?

La más conocida es la parafina china, que es el producto básico, su característica es que es blanca pero hasta cierto punto translucida. Manejamos parafina americana, de un color blanco lechoso, como de plástico, que da otra terminación a los colores que la parafina china no permite, aunque hay aditivos como la estearina, que a la parafina blanca la hace más blanca todavía. Tenemos endurecedor que se aplica en los cirios y las velas en forma de cubos, ya que son de pura parafina y con las temperaturas que tenemos en Tuxtla Gutiérrez y otros lugares de Chiapas, se deformarían, se aplastarían o derretirían, por lo que hay que poner aditivos para que resistan temperaturas de 30, 35 grados o más.

También está la cera soja, que tiene la característica de ser ecológica. Las anteriores derivan del petróleo, y la cera soja proviene de materia prima vegetal que al hacer combustión, no es tan contaminante. Y la cera de abeja, que sólo la vendemos bajo pedido porque es muy cara, ya que es la cera con que las abejas hacen sus panales. El kilo ronda los 300 o 400 pesos. No es tan fácil que alguien diga dame un kilo, dos kilos.

Foto: Gabriela Barrios

¿Y normalmente, cuánto les lleva hacer las velas?

Manejamos un rango de cinco a seis días, que implican la selección de los materiales, la producción, el embalaje y la entrega. Si un cliente viene y nos dice nos urge, si estamos en posibilidades y el cliente lo puede cubrir, se le hace. Pero si viene en la mañana y quiere su producto para la tarde, nos significa detener todo, si el cliente dice no importa lo que cueste, llegamos a un acuerdo. Algunos vienen y lo quieren de un día para otro, a veces, definitivamente, no podemos. Afortunadamente, siempre hay trabajo.

¿Tienen algún distintivo para reconocer sus productos?

¡Después de la calidad, nuestro nombre! Procuramos siempre manejar productos de alta calidad para que al momento de quemarse no tengamos quejas. Queremos clientes satisfechos, las velas que van a comprar en este establecimiento van a arder, van a iluminar, los van a dejar con una buena experiencia. Nuestro distintivo es nuestro nombre: Para Velas. Aquí encuentran todo lo que se necesita en la elaboración y producción de velas y veladoras.

¿Cuál es su vela favorita?

¡Los cirios decorados! Porque es un producto que fue idea de mi señora madre, ella  es quien lo ideó y lo echó a andar, lo formó. Es un producto exclusivo; tal vez no se le ha dado tanta difusión porque es un producto muy delicado. Nos lo han pedido pero al ponerlo en una caja y enviarlo, sabemos que no va a llegar en buenas condiciones, aunque lo hemos tratado de hacer. Tal vez, cuando ven Para Velas, no piensan en cirios decorados pero nosotros que conocemos todo lo que conlleva realizar ese cirio, lo consideramos un producto especial, es el producto que nos identifica.

Cirios decorados / Foto: Gabriela Barrios

¿Cuánto tiempo les lleva realizarlos?

Como son de un proceso prácticamente artesanal, no es tanto el tiempo pero sí es mucho el esfuerzo porque hay que adquirir habilidad; un par tal vez, se elabora en el día. Se hace una preparación especial de la parafina para que puedan hacerse esas flores. Es un producto que no van a encontrar en otro lado.

Sí lo distribuimos, lo pueden adquirir en algunos establecimientos, por ejemplo en los mercados públicos de aquí, de Tuxtla Gutiérrez, pero nosotros somos los fabricantes; como dice un eslogan, hay quienes nos imitan pero no hay nadie que nos iguale, ¿por qué?, por el detalle y por el tipo de trabajo. Encontrarán tal vez imitaciones, con unas flores digamos, diferentes.

Tenemos una variedad de estas velas, ahorita prácticamente se terminaron las de San Judas Tadeo, que tiene los colores verde y amarillo con vivos brillantes. Ya viene la temporada de nuestra señora, la Virgen de Guadalupe y se hacen con colores alusivos a la temporada;  hay en dos tamaños: grande y boutique. Nosotros estamos muy orgullosos de que este producto sea exclusivo de Para Velas, de que sea un producto que nos identifique.

Cirio boutique decorado / Foto: cortesía

¿Quiénes son sus principales clientes?

Tenemos tres clientes principales y para cada uno hay un producto especial.

Para el cliente tradicional, que viene por velas o una veladora para su altar, tenemos los cirios decorados y la cristalería blanca con parafina, 100 por ciento parafina.

Para los clientes que nos compran productos de ornato, por ejemplo, velas con aromas para la relajación, o simple ambientación, manejamos diversos aromas, chocolate es el más nuevo. También contamos con los cirios boutique, delicadamente decorados.

Y para los clientes que acuden por negocio propio o que por terapia ocupacional elaboran sus propias velas, contamos con los materiales necesarios: parafinas, aditivos, esencias, pabilos, anilinas, etcétera.

Foto: Gabriela G. Barrios García

¿Cuáles son los colores que más les piden?

Los colores son prácticamente los colores básicos: amarillo, azul, café, morado, naranja, negro, rojo y verde, de estos colores se obtienen los tonos. Hay muchas personas que dicen, yo quiero un rosa, el rosa tal cual no lo vendemos pero el rosa se obtiene de mezclar el blanco y el rojo o simplemente el agregar pequeñas cantidades de rojo; hay una técnica que en la parafina derretida se va agregando colorante y se van tomando muestras para que se solidifique y ahí puedan ver la tonalidad que va tomando la parafina. Y algo que no encuentran en todo Tuxtla Gutiérrez, más que con nosotros, son los colores flourescentes, éstos son para velas totalmente de ornato, son colores muy bonitos, muy llamativos, flourescentes totalmente, tenemos amarillo, azul, magenta, naranja, verde y violeta.

En esencias, tenemos desde azucena, pachuli, nardo; muchos son olores para relajación, precisamente «relax» es una esencia que nos piden mucho en los spas, donde se dan masajes; donde hacen aromaterapias, donde se practica yoga, piden mucha canela y vainilla. También tenemos algunos aromas exóticos que aunque no aparecen en la lista se ofrecen, sobre todo para aquellas velas que les llaman místicas, como aroma a ajo.

Veladoras hexagonales / Foto: cortesía

¿Cómo distribuyen sus velas?

Las vendemos en la tienda, en Tuxtla Gutiérrez y tenemos envíos al interior del estado o al interior de la República Mexicana. Hemos tenido solicitudes de envío al extranjero pero se necesitan determinados trámites y aún no los hemos realizado. Enviamos tanto materiales como las velas o veladoras ya elaboradas.

¿Quiénes les compran más?

Generalmente son mujeres; son más las mujeres a quienes les gustan las manualidades, los detalles. Por ejemplo, tenemos una clienta de Guanajuato, donde hay muchísimas fábricas de velas y veladoras; sin embargo, a nosotros nos compra los materiales. Nos dice, me encanta hacer mis veladoras con olor a vainilla y le pone rajitas de vainilla y las decora, nos ha enviado fotos, y no las vende, son para ella, para regalar a su familia. Son clientes que les gusta elaborarlas, que es una actividad ocupacional hacer velas para decorar su hogar.

También tenemos clientes por negocio, que se dedican a la elaboración de velas para eventos especiales y compran sus productos con nosotros.

Atendiendo una clienta / Foto: Gabriela Barrios

¿Les han pedido un diseño de vela específico, que no sea de los que realizan normalmente?

La vela más grande que hemos hecho tenía un diámetro de cerca de 60 centímetros por una altura de 1.20 metros. Se le hicieron diez pabilos, eso era una fogata prácticamente (risas). Pesaba como 75 kilos. Fue una vela muy cara. Desconocemos para qué la querían con esas dimensiones, simplemente una persona nos dijo, la quiero así y no importa cuánto cueste, o sea, la pueden o no la pueden hacer. ¡Y la hicimos! Ese es el pedido más excéntrico que hemos tenido de velas hasta hoy. Por respeto al cliente no le tomamos fotos, porque él nos pidió que no lo hiciéramos.

Nos han pedido otras, de diferentes formas pero esa es el hit. Nos llevó como dos semanas hacerla.

¿Algún comentario?

Pues que rescatemos nuestras tradiciones. Ahora que es la época de Muertos –y haciendo un comercial de la película de Disney, tan afamada, Coco, que puso en alto a nivel internacional las tradiciones mexicanas-, que procuremos continuar con esa costumbre del Día de Muertos, como decían en esa película, nuestros familiares en verdad fallecen cuando los olvidamos.

Hacer velas también es una terapia ocupacional, muy interesante, muy bonita; todo lo que es manualidad estimula, estimula a la mente, estimula a la persona y no hay nada mejor que crear con las manos.

Y como ha sido nuestro eslogan de toda la vida, nosotros con las velas lo que buscamos es iluminar los espacios, que iluminen los espacios de su vida, no nada más de su hogar o de su oficina sino de su vida, con nuestras velas y materiales.

Foto: Gabriela Barrios

 

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PERFIL

Nombre completo: Arturo Solís Megchún

Edad: 36 años

Lugar de nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Fecha de nacimiento: 16 de junio.

Número de hermanos: Ninguno

Número de hijos: Uno

Estado civil: Casado

Pasatiempos: Estar con la familia. Ahorita, desde que nació el bebé, todos mis pasatiempos pasaron a estar con él.

Música: ¡Soy un clásico! De la música moderna no estoy en contra, para nada, pero uno de mis grandes, que admiro musicalmente, es al príncipe de la canción, don José José. De la música que no es latinoamericana me gusta mucho toda la música de los 60´s, 70´s en el género rock llámese desde Beatles, Kiss, (Elvis) Presley, Led Zepellin, toda esa música; tradicional también por Javier Solís, José Alfredo, Vicente (Fernández), todo eso. La música moderna no me desagrada pero soy un alma vieja (risas).

Comida favorita: Me gusta, como a todos, la comida chiapaneca, que es una gastronomía tan amplia pero independientemente de eso, soy amante de las pastas, la comida italiana es mi fascinación. Los postres, me matan con los postres pero también con un rico cochito; con una rica chanfaina también muero (risas).

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EN CORTO

Pabilo: Fuego

Vela: Luz

Luz: Velas

Cera: Calidad

Temperatura: Caliente

Para Velas: Calidad

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