Tina Modotti

Tina Modotti por Edward Weston

Yo estoy más allá del bien y del mal. Nací antes del pecado original.

Tina Modotti

Hay personas que son íconos de una época, su imagen y acciones siguen tan vigentes como cuando pasaron por este mundo. Los conocemos a través de sus obras y los testimonios de quienes convivieron con ellas. Los libros son una de las diversas oportunidades que existen para conocer a alguien.

Conocí a Tina Modotti a través de la escritura de Elena Poniatowska. Mi amiga Lety, llena de entusiasmo y confianza, puso en mis manos la biografía novelada intitulada Tinísima, y con una abierta sonrisa afirmó: “Te va a encantar”. Y así fue, quedé prendida de esa mujer y tanto fue el encanto que produjo en mí que hice varias anotaciones, elegidos quizá por mi desatado romanticismo y enamoramiento de hace más de 11 años.

A partir del libro Tinísima vinieron otros, también en préstamo de Lety, como el titulado Retrato de mujer. Una vida con Tina Modotti, escrito por Vittorio Vidali, quien fue la última pareja de la fotógrafa.

Esta recopilación de citas es un homenaje a esa mujer que nació en Údine, Italia el 16 de agosto de 1896 y murió en la Ciudad de México el 5 de enero de 1942, a quien Lety y yo, admiramos profundamente.

Edward Weston

De vez en cuando, Weston recogía alguna gota que todavía escurría de los cabellos de Tina, que leía en voz alta. Sus dedos húmedos marcaban el borde de la página. “Esto no le disgustaría a Melville”, sonreía a Weston. “Soy bárbaramente feliz”, concluía Tina. Sus ojos irradiaban salud. Puso su brazo derecho en torno al cuello de Edward y lo besó con tanta energía que él tuvo que defenderse: “Ya, ya, ya, tu amor me mata”.

Las gotas resbalaban sobre sus dientes blancos en hilitos hasta su cuello, sus piernas ofrecidas, sus piernas viniendo hacia él calientes, temblorosas, sus piernas que podían ser tijeras que le cercenaran la cabeza…El triángulo perfecto y tupido de su sexo adquiría en la lluvia fulgores de diamante.

La piel, su envoltura humana la completaba. No tenía palabras para decirlo, reinventaba su relación consigo misma, se quería. Si su cuerpo podía transmitir esa fuerza, la profundidad de las sombras, la armonía y el ritmo de su diseño, entonces ella también sería inolvidable. Su cuerpo allí en el papel trabajaba sobre ella, adquiría un carácter impresionante… Estar desnuda era ser ella misma, sin disfraz, y mostrarse en su desnudez era presentarles a los demás el más hermoso vestido.

Su relación duraría siempre, porque el amor a Tina era exactamente el que necesitaba para su arte, vivir sentado sobre carbones ardientes; pero ¿cuánto aguantaría esa tortura? Edward podía apartar los celos y amar también la libertad de Tina.

Su preocupación más profunda era vivir el arte sin dejarse desgastar por la vida, que también gasta a los hombres. Su falta de disciplina y capacidad creativa era un problema de vida. Peor aún de índole femenina.

Xavier Guerrero

Ella sólo lo ha amado a él, con esa ansia, con ese impudor, abriéndose toda, sólo a él…Lo amaba tan fuertemente que aislarse de él era su salvavidas… El amor de anoche en ese momento daba un vuelco en su bajo vientre… Amó a Weston, su maestro, pero nunca así, nunca con esa urgencia, ese dolor apremiante. Creo que no voy a poder trabajar, se repetía, Era tan brutal la atracción que ejercían uno sobre otro, que Tina se atontaba, a riesgo de caerse. Verlo entrar a la redacción de El Machete y sentir el conocido golpe en su bajo vientre, quedarse sin aire, resollando, sus entrañas jadeantes; el pálpito en sus manos, en las yemas de sus dedos, el pulso latiéndole; estoy loca, desear a un hombre en esta forma es brutal. Todos han de darse cuenta. Tengo fiebre, todos los días deliro. Fui una mujer normal; hoy ya no sé hacer nada sino esperarlo.

¿Cuándo vendrá? Me duele el corazón, voy a morir. Ya se le hizo tarde. ¿Qué le habrá sucedido? ¿Qué me sucede a mí? Nunca me había pasado. Me estoy muriendo por él.

X, podría hacerte un largo relato de toda la historia de este amor; cómo nació, de cómo se desarrolló hasta el grado de hacerme resolver decírtelo; de cómo he luchado conmigo misma para extirparlo de mi vida (te juro que hasta en el suicidio he pensado, si éste hubiera podido dar una solución que no fuese cobarde). Podría relatarte, en fin, todas las torturas causadas por este terrible dilema que tenía frente a mí; en todo he pensado, y principalmente en ti (esto no te ofenderá, estoy cierta)”.

Julio Antonio Mella

Es Tina quien transtorna cánones; tiene el it, el sex-appeal que a él lo hace vivir días plenos, días que lo excitan.

…ya verás Tina, sí, mi amor, verás qué país es mi país, haremos el amor, mañana, tarde y noche, las artes serán como las grandes flores rojas del flamboyán, los pétalos sobre tu pecho, los pétalos de tus labios encendidos a la hora del amor, nuestra isla está detenida por la luz en los ojos de las mujeres, en Cuba hacen falta tus ojos, como a mí tu saliva, tus glándulas, tus secreciones, tu linfa, las lágrimas de tus ojos.

John Powys

Para John Cowper Powys, el único elemento de censura que tiene el hombre es el hombre mismo, condenado a ser libre. El placer es una puerta a la libertad. Tina a sus pies sorbía sus palabras.

A pesar de sus atenciones todos acudían por su mujer, Tina. Querían verla caminar porque al seguirla recuperaban las violentas e intocadas pasiones de su adolescencia.

Lo único que tenemos es nuestro cuerpo; podemos cambiar de país, nunca de cuerpo. No hay mayor surtidor de placeres que el cuerpo.

Autorretrato / Tomada de la Web

Ramiel McGehee

Tu corazón es un lobo hambriento, Tina.

Baltasar

Ninguna palabra podría indicar mejor que la expresión de esta cara la tristeza y la pena que siento en no poder dar vida a todas las maravillosas posibilidades que entreveo y que existen ya en germen, y que sólo esperan el “fuego sagrado” que debería proceder de mí pero que al buscarlo encontré apagado. Si me permites emplear la palabra derrota en este caso, te diré que la derrotada me siento yo por no tener más que ofrecer y por “no tener más fuerzas para la ternura”. Y tengo que admitir esto yo, que siempre he dado tanto de mí, he dado todo de mí con esa exaltación que transforma la dádiva en la más grande voluptuosidad para el que da…

Mujeres de Juchitán

Estás bonita, pero te verías mejor con tus dientes de oro; si no quieres casquillo, cómprate una cadena. Que algo te relumbre. Quítate esa falda negra, el huipil deja que el viento corra, ¿para qué quieres sostén si tienes bonitos tus dos corazones?, sácate las medias, ¿de qué sirve conservar los humores?, no seas cabrona contigo misma, con la calor hay que andar a raíz, ¿quién te va a ver? Ni que la tierra fuera espejo.

Aquí no se topa con las escurridizas ratas citadinas sino con mujeres majestuosas por libres, reinas-cántaros, vasijas de barro en cuyas faldas se enredan las tortugas y los conejos, las langostas y los venados, las estrellas y la lluvia. Tratan el falo como un objeto de uso diario al que moldean entre sus manos a su antojo hasta convertirlo en un cascabelito de su propiedad.

Vittorio Vidali

No sé bailar pero me gusta sentir tu brazo, tenerte cerca. Lo demás viene solo… En realidad bailando seguía el paso de Tina y me di cuenta de que se podía bailar sin saber bailar.

Vittorio: Nunca te arrepientas de nada. Los remordimientos te vuelven inservible. Yo no busco recuerdos.

Tina: Yo tampoco los busco, pero ellos me buscan a mí.

La muerte se vence con el amor, vamos a hacerlo, verás, la derrotaremos. (Vittorio a Tina)

Siempre la hice vivir en el riesgo, nunca se sintió segura de nada, ni de mí”. Solloza como un niño. “Sabes Pedro, con lo que no puedo vivir es con los remordimientos, no los aguanto”, Ni siquiera respondía yo a su simple: ¿Cómo te fue?… Una tarde me dijo que su corazón era un zapato viejo, que había que tirarlo al bote de la basura…

Tina permaneció siempre sola, y siempre fueron los demás quienes la abandonaron. Sin embargo, era hermosa, dulce, buena amiga, leal, valiente, una mujer ideal para un hombre inteligente ¿Qué sucedía?

Para ella también el amor era la expresión más total de la vida asumida con alegría; y lo decía sin falsos pudores, sin hipocrecías. Sabía, sin embargo, someter su vida personal, sus sentimientos a veces impetuosos a sus deberes, a las necesidades de la guerra.

Tina era una mujer normal y le gustaba hacer el amor; a ambos nos gustaba el amor generoso, lleno de fantasía, completo. Estábamos bien juntos.

Elena Poniatowska

Sólo con verla intuye que es una mujer que verdaderamente sabe amar a los hombres, sin resentimiento, sin compasión, sin asco. Los ama y ya. Los asume, son carne de su carne…

Quisiera decirles que baila mal, que a ella nadie la cuida, que es dueña de su cuerpo y de sí misma, que nunca nadie se ha aprovechado de ella...

La pregunta de Elaida acerca de los novios resuena en su cabeza. Muchos novios. Los recuerda menos que la sutilidad de sus sentimientos por cada uno, el amor compasivo que siempre sintió por Pepe Quintanilla, el amor-odio por Vittorico, la inmensa admiración por Edward, cómo la atrajo… Cada uno le había dado un sonido nuevo, un tiempo distinto, su espíritu, su estatura, cada uno había caminado sobre las olas hacia ella; su cabeza sobre el pecho en turno. No quiso saber cuál sería el porvenir, ese desconocimiento era su forma de libertad, ¡qué libertad abrazarlo, hacer que hundiera en su vientre el tamaño de su pene! Ellos querían seducirla para siempre, hacían proyectos, ella no, “te quiero para mí”, decían; en ella, ningún deseo de exclusividad… Retener, poseer, creer que se es para poseer le era tan ajeno como la economía doméstica y, hasta la fecha, no se daba cuenta que su forma de irse los enloquecía; seguramente lo mismo les sucedía a los hombres, cada amante era un nuevo descubrimiento de sí mismos a través de la estrechura de su vagina, la intuición tras de su frente, el atroz o brutal o soberbio misterio en sus ojos, la inconmensurable maravilla del cerebro humano posado allí sobre la almohada.

En el taxi, Tina sintió que ondeaba como río. A lo mejor morir es separarse de todo con facilidad, dejarse ir, dormir, flotar, fluir, abandonarse a un curso desconocido hacia un destino también desconocido.

Tina Modotti en exposición / Tomada de la Web

 

Fuentes:

Poniatowska, Elena. Tinísima. Editorial Era. México. Año edición: 1900. 664 págs.

Vidali, Vittorio. Retrato de mujer, una vida con Tina Modotti. Colección crónicas y testimonios. Universidad Autónoma de Puebla, México, 1984. 112 págs.

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