Leyendas

Foto: Carla Morales

La historia de Chiapas, nuestro estado, está llena de leyendas que lo hacen un territorio mágico, enriquecido con narraciones de los abuelos que en el pasar del tiempo se quedan en la mente de quien las escucha. Las siguientes historias son leyendas contadas por la señora María del Carmen Hernández Solís, de 78 años de edad, originaria de San Andrés Larráinzar:

Era muy chica cuando pasó —cuenta doña Carmelita con mirada melancólica— tenía un tío que era muy paseador y mujeriego, según me platicaban mis abuelos que salía mucho por las noches, pero en una de tantas salió de la casa de la amante para trasladarse a su casa; en el camino se encontró a la Yelguacihualte, una mujer muy delgada, un esqueleto con vestido muy frondoso, que lo llamaba por su nombre: — José, José, sígueme.

Entonces se lo fue llevando —según él iba a la casa de ella pero en realidad lo sacó del centro del pueblo-, cuando de pronto se dio cuenta de que estaba enterrado en una ciénaga que había. Aquella mujer de blanco se carcajeaba y se burlaba de él.

Después ella misma procuró que saliera de donde estaba enterrado y cuando él estaba fuera corrió inmediatamente a su casa porque tuvo mucho miedo.

Cuando mi tío llegó a su casa estaba completamente frío y mi tía le preguntó: —¿De dónde vienes José?

Él ni siquiera le contestó, se quitó la ropa y se metió a su cama: cuando en eso mi tía escuchó que llegó la mujer a su casa y tocaba la puerta, entonces mi tía preguntó: —¿Quién?

La mujer dijo tres veces: — Yo, ¿aquí está José?

Al escuchar esto mi tía mencionó: — No, no ha venido.

Por lo que la Yelguacihualte se alejó por la calle que llega al panteón.

Mi tía, llena de curiosidad, se levantó de la cama y se asomó a la ventana cuando la mujer se alejaba del lugar. Al verla se dio cuenta que era un esqueleto y hacía mucho ruido al caminar.

Mis antepasados cuentan que cuando era luna llena esta mujer se colgaba de los árboles, jugaba y se burlaba de la gente que la veía. Se enredaba su cabello entre las ramas y brincaba de árbol en árbol y la gente le tenía miedo porque decían que era el demonio convertido en mujer, por eso los hombres le tenían miedo, más los que eran mañosos.

Después de un profundo suspiro y una pausa prolongada doña Carmelita se prepara para contarnos la siguiente historia.

Otra historia que escuchaba mucho era de un hombre que iba a caballo dentro de los chorros de agua, de pronto en el camino escuchó que lloraba un “pichi” tierno. Entonces se bajó del caballo y vio a una criatura envuelta, que a pesar de los chorros de agua estaba completamente seca. Abrazó a la criatura y lo puso dentro de la capa, el niño dejó de llorar y se reía, él contento pensó que se lo iba a llevar a su mujer.

Después de haber recorrido un largo camino, casi al llegar al pueblo, al hombre le dio curiosidad de verle la carita al niño, entonces hizo a un lado la capa y el niño le preguntó: — ¿ya viste mis dientitos? Al verlo se dio cuenta que eran unos dientes muy grandes.

El niño preguntó otra vez: — ¿Ya viste mis ojos? Sus ojos eran grandísimos.

— ¿Ya miraste mis uñas? Las uñas de las manos eran grandes y horrorosas.

— ¿Ya viste mis piecitos? En los que tenía las grandes uñas.

Al ver esto el  hombre dejó botada a la criatura y se dirigió a toda prisa al pueblo, mientras que la criatura con risas le dijo: — ¡Ya te gané, sí, yo soy el diablo!

Ese hombre era muy malo, maltrataba a su esposa. Al llegar a su casa todo asustado. Le comentó lo sucedido y ella le contestó: — Ya ves por ser tan malo, por eso se te manifestó el diablo.

Es así como doña Carmelita recuerda esas historias que generación tras generación han hecho temblar de miedo a quien las ha escuchado o incluso hasta las han vivido.

Recopilación realizada en noviembre del 2001.

 

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