A nosotras

Libro y Maga / Foto: Gabriela Barrios

 

a nosotras, dadoras de vida
y enemigas de la guerra,
para que cada mañana
esté presente el coraje y el amor
que nos ayudará a mantener
en equilibrio a toda la humanidad

 

Esta es la dedicatoria del libro Lentejuelas, canutillos y chaquiras realizado por la doctora Herminia M. Alemañy Valdez, quien es escritora, investigadora, editora y actualmente rectora interina de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Aguadilla.

Esta mujer de sonrisa espontánea, aunque se dedica a la investigación, a la docencia, y actualmente, con su nombramiento en la UPR, a muchas actividades administrativas, disfruta crear y lo ha hecho a través de la poesía; para ella la poesía es “un medio de plasmar algunas inquietudes; aunque tengo algo de poesía erótica me voy más a lo social. Es más denuncia social y de la condición de la mujer.” (Leer entrevista completa en: http://www.desmesuradas.com/2009/herminia-alemany-y-edgardo-nievesescritores/)

Herminia nos regala este hermoso poemario realizado a mano con sencillos materiales, donde nos narra la creación del mundo desde una visión femenina. Donde se puede ver a Herminia coser, bordar y tejer con palabras un universo en el que muestra a la mujer en su máximo papel de creadora y amorosa.

El próximo 8 de marzo se conmemora la lucha de la mujer, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. A ese día se le conoce como el El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, también llamado Día Internacional de la Mujer, por ello, a modo de fraternidad, queremos compartir el siguiente poema:

Historia de cómo, poco a poco, fue tejiéndose el más fabuloso tapiz

Déjenme así, con el rostro frente al viento,
que me empape la lluvia para salir de nuevo
a chapotear en los charcos, a cazar mariposas
y a veces, arco iris.
-Carlota Molieri

    La más vieja de la viejas contemplaba su creación.
Llamó su atención la opulencia y el derroche
en algunas ciudades.
Notó con pesar que el otro, el petróleo
y los diamantes adquirían cada día más valor.
Observó la guerra, el hambre,
las enfermedades, la violencia
y el desamparo.
¡Cuán lejos estaban de lo que ella había creado!
Abatida por el dolor, comenzó a llorar sin consuelo.
Agarró agujas e hilo
y comenzó a tejer una cadeneta roja.
Tejía y lloraba, lloraba y tejía.
Otra vieja, al verla, se compadeció de su dolor.
Fue por sus agujas y su hilo
y comenzó a tejer una cadeneta naranja.
Otra, menos vieja, escuchó el llanto de las dos mujeres,
trajo su hilo y sus agujas
y comenzó a tejer una cadeneta amarilla.
Una cuarta mujer alcanzó a escuchar
el llanto de sus compañeras.
Se sentó junto a ellas.
Con sus agujas y su hilo,
tejió una cadeneta verde.
Una joven se acercó.
Traía sus agujas y una madeja de hilo azul.
Se les unió
y comenzó a tejer una cadeneta.
Otra, jovencita,
con el añil en las manos,
tejió también una cadeneta.
La más joven de las jóvenes
también demostró su solidaridad
y, con el hilo violeta, tejió una cadeneta.
Así, durante 40 días
con sus 40 noches,
estas mujeres tejieron y lloraron,
lloraron y tejieron.

Absortas en su dolor,
no notaron que la pequeña Iris
recién comenzaba a gatear.
Maravillada antes tanto color,
Iris agarró el extremo de las cadenetas
y comenzó a dar vueltas con ellas.
Con cada vuelta que daba, surgían,
del agua producto de las lágrimas, nuevos seres.
Así, de la cadeneta violeta salieron orquídeas,
de la añil, la profundidad de las aguas,
de la azul, el cielo y una que otra ave,
de la verde, las hojas de los árboles
y las plumas de las aves,
de la amarilla salió el sol,
de la naranja, el fuego de los volcanes
y, de la roja, la sangre que daría fuerza a los corazones.
Tantas vueltas dio Iris que cayó,
tan rápido como el viento,
a la tierra.
Mientras caía,
las cadenetas se acomodaron en un arco.
Entonces, el cielo brilló lleno de colores.

La más vieja de las viejas,
al ver el esplendor celestial,
dejó de llorar,
lo mismo hicieron las otras.
Con alegría notaron que la vida surgía nuevamente
y tuvieron esperanzas.

De vez en cuando,
la más vieja de las viejas vuelve a llorar,
pero Iris no ha dejado de dar vueltas con las cadenetas
y cae nuevamente a la tierra
iluminando el cielo con los siete colores.

Fuente: Alemañy Valdez, Herminia M. Lentejas, Canutillos y Chaquiras. Indómita Editores. Puerto Rico, 2009.

 

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