Mariauxilio Ballinas, fotógrafa

Convertida en una storyteller, Mariauxilio Ballinas, ha dedicado 25 años de su vida a crear historias a través de la lente y la luz, lo que la ha convertido en un referente de la fotografía en Chiapas, de donde es originaria.

Autorretrato
Autorretrato

“La mejor forma de transitar la vida es a través del viaje”

Gabriela G. Barrios Garcia / Leticia Bárcenas González

Con estudios de psicología, fotografía, literatura y cine, acaba de cursar la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), que le ha permitido “trabajar toda la cuestión teórica de la imagen, de la teoría visual y de sus implicaciones en la cultura, sobre todo en mi caso, que sigo trabajando la fotografía analógica, que como dice Joan Fontcuberta: es memoria y verdad.”

Y con esta Maestría, se reencuentra “con la academia y la cuestión teórico-metodológica de cómo organizar una investigación”, lo que le ayuda a su proyecto de rescate, a través de la fotografía, de un pueblo que ya no existe más que en la memoria colectiva, que es dónde está su origen, y a la par, se permite compartirnos “una partecita” de la serie de largo aliento “La otredad es un viaje”: “una exposición pequeña pero bien organizada acerca de las fotos que he hecho a lo largo de mis viajes, los últimos 20 años”, nos dice la fotógrafa.

Las puertas de la casa de Mariauxilio Ballinas siempre están abiertas a los amigos y la gente que gusta de su charla y hospitalidad; en esta ocasión, Desmesuradas entró a su hogar para platicar sobre su regreso al ámbito de las exposiciones, después de muchos años de ausencia, con su trabajo “La otredad es un viaje”, exposición instalada en la sala de descanso de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach).

Mariauxilio Ballinas / Foto: Lety Bárcenas
Mariauxilio Ballinas / Foto: Lety Bárcenas

¿Por qué esperar tanto para exponer nuevamente?
Creo que las condiciones en las que una se encuentra como creadora en determinado momento, te van poniendo en forma lo que tienes qué hacer. Cada creador tiene ciertos procesos y en mi caso, siempre lo he dicho, tengo procesos lentos de creación. He fotografiado mucho pero he tenido pocas ganas de exhibir lo que he hecho porque he estado trabajando en otros proyectos, no sólo porque haya cuestiones políticas o económicas que me molesten, que por supuesto las hay en toda situación social de vida de un creador. Pasaron varios años y se dieron las cosas para que esta vez yo expusiera, en un momento en que estaba con esa disposición de mostrar mi trabajo. No he dejado de crear, ya sea de una forma u otra; en los dos últimos años me metí en la investigación pero la fotografía sigue estando ahí, presente aun cuando no la exponga.

Cuéntales un poco a los lectores de Desmesuradas sobre tu proyecto de la Maestría en Estudios Culturales:
Finalmente, cuando investigas algo partes de ti, de tus obsesiones. Indudablemente, ahora que hay todo un auge dentro de la investigación de darle voz a los silenciados, a los subalternos, de hacer microhistorias, de contar desde la autobiografía, de la reflexión del trabajo personal, pues tenía que ser algo así mi trabajo. Tenía que partir de una reflexión acerca del origen y el hecho de que yo me proponga rescatar la fotografía de mi pueblo, que es un pueblo que ya no existe, La Concordia vieja, que quedó bajo el agua, pues es parte de narrar la historia de ellos pero a través de mis ojos y narrar mi historia a partir de los relatos de ellos, también.

Entré a hacer esta maestría no porque me interesara tener un grado más, entré porque ya tenía de alguna manera, un trabajo que había comenzado a hacer en esa línea, que es trabajar con las fotos antiguas de un determinado lugar; ya lo había hecho con otro pueblo pero llegó el momento en que tenía que hacerlo con el mío. Hay cosas que ya tenía, otras se fueron dando a medida que fui avanzando con la investigación, este narrarse a través de la fotografía y relatos de los que lo vivieron y de cómo yo lo veo también, de dónde soy, de dónde parto, es este ir y venir con la vida, finalmente es este diálogo con la otredad.

Y hablando de la otredad, ¿cómo surgió la idea de esta exposición individual?
Fue una propuesta de parte de un amigo, de Jorge Marengo Camacho, que está interesado desde su área de trabajo, en cuestiones de intercambio internacional de los alumnos en la Unicach; surgió la propuesta del hecho de que ya tengo un trabajo de hace muchos años sobre viajes, no es algo que me saqué de la manga y me inventé, sino que ya tiene años que tengo una serie que se llama “La otredad es un viaje”. En esta ocasión decidí mostrar una partecita de ella.

Ola Bali, 2011
Ola Bali, 2011

 

¿Cómo abordas la otredad, a partir del concepto de Jean-Paul Sartre o más apegada a la visión de Octavio Paz?
Tengo, de acuerdo a mis lecturas, una gran influencia de toda esa filosofía existencialista, soy lectora de Paz de toda la vida, independientemente que se ha convertido en un postureo estar en contra de él; pero qué bueno que preguntan cómo llego a ese tema, he sido lectora de poesía y de filosofía muchos años. Ahora, ya con la cuestión académica entro a esta manera más formal de hacer ciencia, de aplicar la metodología para organizar un proyecto, para trabajar una investigación y, por supuesto, todas mis influencias, mi bagaje cultural, también están ahí, en lo que hago.

¿Y qué sentimiento aflora en Mariauxilio en la otredad: empatía, tolerancia o simple simpatía?
Creo que es parte del proceso de vida. La otredad es cómo te ves en el otro, pero también este asunto filosófico de yo soy a través de lo que me narro y a través de lo que les cuento a otros; esta cuestión que se da a partir de un replanteamiento de lo que es el narrarse, de explicarse, el ser, el devenir, el estar en la vida y en la muerte. Quizá no lo había enunciado pero creo que mi relación con este tema siempre ha sido una constante en mi trabajo. No como tolerancia porque el término tolerancia implica: lo acepto aunque no esté de acuerdo, sino más bien es como fluir y creo que ahí tiene que ver mi condición, y eso está intrínsecamente relacionado con el porqué dejé de exponer muchos años, que fue entrar al mundo de la meditación. Hay una relación ahí de mi práctica de la yoga, de la meditación o del budismo, que tiene que ver con esta cuestión de estar, de darse, de mostrarse qué tanto hay que estar y de dar, pero sí hay una búsqueda constante de tratar de entender al otro y de contarse y narrarse a partir de lo que uno es.

¿En general cómo describirías tu trabajo?
He hecho fotografía desde, podría decirse, varias especialidades. No quisiera nombrarme como una fotógrafa todoterreno porque sería muy presuntuoso pero creo que, como en todo, quienes hemos vivido de la fotografía, porque además eso es otra cosa, realmente vivir de esto, realmente ser independiente y vivir de tu trabajo, pues hay como dos partes en el oficio. Una la cuestión comercial, lo que he hecho de retrato, lo que he hecho con la arquitectura, lo que he hecho en lo editorial muchísimos años, la cuestión de iconografía también, y por otro lado, mi trabajo de autor, total y absolutamente personal, que son las fotos de los temas constantes en mi obra, que siempre van a ser estas cuestiones que tienen que ver con la naturaleza muerta, con el retrato y mis ires y venires, en donde capturo lo que considero que puede ser interesante, creo que si habría que llamarla de una manera pues es una fotografía narrativa, es una fotografía intimista, que se da a partir de una serie de relatos que yo misma me cuento y que intento transmitírselos a los otros, no sé si lo haga con éxito y las demás personas vean lo que yo estoy diciéndoles, no sé si lo logro pero al menos creo que después de muchos años de hacerlo, es una manera de nombrarlo, es una manera de enunciarlo; ¿qué haces?, pues cuento historias, en inglés hay una palabra que a mí me gusta mucho: storyteller, que es como narrador de historias y creo que en ese sentido lo hago a partir de mi trabajo.

¿Cómo han influido las nuevas tecnologías en tu trabajo como fotógrafa?
Comencé a hacer fotografía digital hace 12 años y como todos, comencé a usar no sólo la cuestión de la tecnología, sino todo lo que implica, el uso del Photoshop, la máquina, la laptop, todo, pero siempre he tenido una especie de distanciamiento con ciertas cosas en las que no estoy de acuerdo; es decir, para mí no es la fotografía digital muy trabajada en Photoshop, no es lo primordial en mi trabajo. Tengo otra manera de abordar, otra manera de trabajarla. Sí lo hago pero no dejo de hacer ni pensar mi fotografía analógica.

¿Y qué tanta apertura tienes en cuanto a la difusión de tu trabajo en las redes sociales?
Muy poca, realmente durante estos años he tenido muy poca presencia en las redes sociales, y aún así no me escapo del uso que se hace de las imágenes que he compartido. En un principio, precisamente por no saber cómo funcionaba, compartí algunas imágenes pero no deja uno de tener encuentros desagradables, que las utilicen sin tu debido crédito. Pero creo que eso forma parte de esta situación de las redes sociales. Siempre va a ser, es parte de los medios, aunque a uno le moleste, está implícita esta cuestión de que siempre va a haber un uso y abuso de las imágenes.

Aparte de la fotografía, ¿haces otras cosas?
¡Pues claro que hago otras cosas! (Risas) Porque aparte de fotógrafa soy terapeuta, soy sicóloga y hago sicología holística, trabajo con terapia del cuerpo, doy aromaterapia, masaje, yoga, meditación, es decir, eso se conjunta en el trabajo terapéutico. Ahí tengo estas dos partes de lo que podría ser Mariauxilio. Mis dos formaciones, por un lado mi formación como sicóloga y por el otro lado, mi formación en el trabajo de la fotografía y el arte, que es algo que he hecho toda la vida.

Mariauxilio, ¿qué son para ti los viajes, qué es viajar?
¡Es la experiencia más gozosa! Creo que si habría que definir lo que es una experiencia de vida, que ha sido enormemente gratificante para mí, es el viaje, es decir, porque finalmente la vida es un viaje, la otredad es un viaje, conocer al otro es un viaje, el viaje físico, el viaje mental, todo lo que implica cada vez que inicias esos tránsitos, esas trayectorias. Soy desapegada, con los años me he vuelto más desapegada de las cuestiones materiales y creo que la mejor forma de transitar la vida, en lo personal, es a través del viaje.

Islas Malucas
El domador de anguílas en Islas Molucas, Indonesia

¿Qué proyectos a futuro tienes preparados?
Terminar la tesis, presentar el examen, que es algo que ya me está atormentando, honestamente, y una vez terminado eso pues ya que volví al circuito de las exposiciones, seguirme en esa línea, recuperar de alguna manera mi pulsión como fotógrafa, mi ánimo, mi energía en seguir trabajando y sacar cosas. Ahora sí quisiera trabajar en un libro, más que exposiciones, que igual se pueden dar en el camino y son bienvenidas todas, pero sí trabajar en algo que pueda conjuntar todo esto y tengo material suficiente con todas las experiencias de vida que he pasado los últimos meses, con relación a la muerte de mi madre, hay material que me puede dar para hacer otras cosas, para hacer una presentación quizás que vaya más allá de la fotografía, tal vez documentar algo, narrarlo, ya sea en un libro o en un documental, hay muchas cosas por hacer.

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PERFIL
Nombre completo: María Auxilio Ballinas Coutiño
Lugar de nacimiento: La Concordia, Chiapas
Fecha de cumpleaños: 5 de diciembre
Edad: 51 años
Estado civil: Libre
Número de hijos: Perrunos y gatunos. 4 perritas y dos gatitos.
Pasatiempos: Muchos, que tienen que ver con prácticas relacionadas al arte, cine, cocinar, viajar, Música: Tengo un gusto ecléctico. Me gusta más lo alternativo pero mi predilección siempre se ha encaminado al blues.
Fotógrafo de cabecera: ¡Uy! Mi fotógrafo de cabecera, pues me gustan varios. No puedo decirte que sólo hay uno, me encanta el trabajo de Duane Michals, me encanta el trabajo de Sophie Calle, me gusta mucho Harry Callahan, me gusta más ese tipo de fotógrafos, no soy de fotorreporteros, soy más de foto de arte, esa es la gente que me gusta mucho, Philip-Lorca diCorcia, Diane Arbus. Igual hay grandes cineastas fotógrafos, Wim Wenders es uno de ellos. Siempre hay esta cuestión de qué es lo que nos gusta, con quien nos relacionamos, qué es lo que más vemos y creo que eso lo tengo muy claro, ese es el tipo de fotografía que me gusta, esta fotografía narrativa, la de Michals, la de Sophie Calle, la de Callahan.
Poetas: ¡Uy, mis poetas igual! Tengo poetas de cabecera de toda la vida, mexicanos y franceses y de muchos lados; tengo la sana costumbre de que cuando me voy de viaje siempre leo algo del país a donde voy, no hay como que leas a Fernando Pessoa y que camines por Lisboa. Dentro de mis poetas mexicanos por supuesto siempre van a estar los muy conocidos y los totalmente clandestinos, y no quiero decir nombres porque sería una larga lista, pero tengo libros de cabecera. “El ala de tigre”, es uno de mis libros de cabecera, de Bonifaz Nuño, uno de mis poetas favoritos, tengo varios. Además, uno los toma como por temporada. Hubo un tiempo en que todo era “El otoño recorre las islas” (de José Carlos Becerra) y estás así como imbuida en eso. Pasan muchas cosas en tu vida como para que te agarres de un poeta determinado, hay tanto que leer y conocer y sobre todo si uno ya empieza a balbucear o tratar de entender en otro idioma, eso es maravilloso.
Ritual: Me encanta desapegarme de las cosas, siento una sensación maravillosa de paz cuando limpio y tiro cosas a la basura (risas) o regalo o me desprendo. De los rituales, ese de la limpieza es muy significativo, soy todo lo contrario de lo que sería alguien con síndrome de Diógenes, que es el acumulador (más risas). Quizá lo único que sea una constante en mi vida y ahora que hice esta exposición “La otredad es un viaje” son las cajitas de memoria. Durante muchos años guardé unas primorosas cajitas, y no soy mucho de guardar, aparte de las fotos, creo que lo único que guardo son libros y sobre todo guardo libros dedicados, he regalado una enorme cantidad de libros que los leo y los comparto, está dentro de mi práctica de vida siempre dar mucho, regalar mucho, siempre que viene alguien a mi casa le regalo cosas, siempre está esta práctica de dar. Entonces, esto de las cajitas de La otredad es un viaje, es muy significativo porque finalmente son cajitas de memoria, papelitos que fui guardando, pasaportes y fotos en cajitas. Las fotos siempre las he mostrado a lo largo de estos años de diferente manera y creo que esto fue lo más bonito de esta exposición, estas cajitas de memoria, está un boleto de avión, un billete, un pasaporte, una guía de metro, un mapa, una visa. Son cositas que guardé pensando precisamente en hacer esto, tengo muchas series a lo largo de mi vida, si hago una lista de series podría ser que tengo 20 o 25 series de cosas que se van repitiendo con los años. Hay unas que no crecen, que ya se quedaron ahí, ya no dan para más, ya están cerradas pero hay series que están siempre abiertas, “La otredad es un viaje”, puede ser una serie que puede abarcar mis 25 años de hacer fotografía porque siempre va a haber material para esa serie porque son de mis viajes, los retratos, todo lo que voy tomando. Si me pongo a organizar mi archivo podría hacer una serie de todas las bicicletas que he tomado por todos lados, podría hacer una serie de tacitas de café, podría hacer series de retratos de niños, de viejos, y eso va haciendo una especie de orden también, a pesar de todo, es la forma que uno le va dando, es como Jan Hendrix con su “Diario de fatigas”.
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Mariauxilio Ballinas 2 / Foto: Lety Bárcenas
Mariauxilio Ballinas 2 / Foto: Lety Bárcenas

 

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EN CORTO
Luz: Sombra
Imagen: Memoria
Cámara: Instrumento
Formas: Líneas
Oscuridad: Luz
Color: Ausencia de color
Vida: Muerte
Experiencia: Travesía
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entación de bus en Dili
Stop bus, en Dili, Timor Leste

 

Más de Mariauxilio Ballinas

 

Compartimos con ustedes, queridos lectores, lectoras, una entrevista publicada en el diario Expreso Chiapas, en septiembre de 2003, para que conozcan un poco más a esta fotógrafa chiapaneca.

 

 “El amor es a la poesía como el desnudo a la fotografía” 

 

Leticia Bárcenas González

Originaria de la Concordia y sicóloga de profesión, Mariauxilio Ballinas ha tomado la fotografía como su modo de vida y es a través de la lente que ella concibe su universo, ese espacio en el que también hay lugar para los recuerdos, la música y la cocina.

–¿Qué te representa el término fotografía?

­­–Es un arte intermedio, un oficio en el que se trabaja con luz. Con él puedes captar la realidad, tu realidad, la que nos construimos diariamente y puedes también hacer un proceso de engaño óptico que te puede dar una visión del infinito o una parte de tus sueños, es decir, puedes también transformar esa realidad; no sólo es un registro, puedes también crear a partir de ciertas imágenes, construirlas.

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–Entonces compartes la idea del fotógrafo mexicano Montiel Klint, quien dice que la fotografía siempre miente y que es un instrumento de poder.

–Claro que es un instrumento de poder, por supuesto, pero miente en cuanto a que muchas veces la gente en la fotografía descubre cosas que no ve diariamente porque no tiene la percepción de verlas pero que ahí están; hay gente que no percibe lo que muchas veces un ojo más entrenado puede ver. 

–¿Tus conocimientos de sicología te han ayudado a retratar mejor a la gente?

–Me ha ayudado en cuanto a que tengo más conciencia de lo que es la percepción de la forma, de la figura. Quizá porque tengo más entrenada la pupila puedo diferenciar y percibir ciertas cosas y puedo entender ese  proceso de introyección del conocimiento que puedes aplicar en el momento de hacer una imagen, es decir, primero te apropias del conocimiento, lo haces tuyo, y de repente haces una imagen, la haces usando todo ese bagaje; sí me ha ayudado muchísimo. 

–¿Qué te atrae de la fotografía arquitectónica, no se contrapone a la emoción que puedes expresar en un retrato?

–Lo que pasa es que la fotografía arquitectónica es de alguna manera un proceso de registro y que me pagan por hacerlo; es mi trabajo por encargo, pero no por eso deja de gustarme, me encantan los espacios. He aprendido fotografía y arquitectura a la vez y sobre todo, conociendo la obra arquitectónica tengo cierto control de lo que es el espacio y su manejo, entonces no creo que tenga algún problema que ver con lo del retrato.  

–¿Es cierto que no existe un fotógrafo que escape al desnudo?

–Puede ser que sí haya. Puede ser que exista gente que no haya tratado de hacer el desnudo. Se puede decir que el tema del amor es a la poesía como el tema del desnudo a la fotografía. Hay fotógrafos que tal vez nunca lo toquen pero cuando uno comienza, de alguna manera, es recurrente que se llegue a ese tema; sin embargo, es un asunto tan difícil que pronto te das cuenta que no lo puedes hacer cuando no sabes nada de fotografía porque requieres un gran control de la técnica para que salga algo que verdaderamente parezca agradable a los ojos, estético. Porque fácilmente se cae en lo burdo, en lo grotesco, en lo pornográfico, es un tema para muchos tabú, como puede ser otro, pero sí es un tema recurrente, la mayoría de la gente pasa por el proceso de hacer todos los temas fotográficos, que no son muchos, son cinco básicos. 

–¿Cuáles son esos temas?

–Pues, se puede decir que los grandes temas de la foto son el retrato, la arquitectura, el paisaje, la naturaleza muerta y el desnudo. Y de esos temas se derivan infinidad de visiones. En la fotografía, igual que en otros temas, no hay nada nuevo bajo el sol y el cómo tú trates el tema es lo que va a hacer la diferencia. 

–Tú ya has hecho fotografía de desnudo, ¿crees que las mujeres y los hombres aún le tenemos miedo al cuerpo masculino?

–¡No le tenemos miedo! Como fotógrafa he hecho de las dos cosas y me he sentido muy bien. Confieso que he hecho muy poco desnudo pero creo que no ha habido ningún problema entre retratar una mujer o retratar un hombre, o hacerme un autorretrato de ciertas partes de mi cuerpo, como lo puedo hacer de otra persona. También tiene que ver la relación que tengas con la persona a la que estás retratando; un desnudo difícilmente va a llegar por encargo, difícilmente una persona te va a decir me voy a desnudar sin que la conozcas; tiene que ser alguien conocido, tiene que ser alguien con quien de alguna manera tienes una buena relación, de lo contrario, puede darse dentro de la imagen del desnudo cierta violencia; eso se puede percibir en la imagen.   

–Paulina Lavista, tu maestra, ha dicho que ha tenido que tomar fotos de desnudo a mujeres tan horribles que le había costado sobreponerse a ese horror que tenía frente a ella para hacer algo bello. ¿Has estado en el mismo caso?

(Risas) No precisamente he hecho desnudo de mujeres horribles pero sí he hecho retrato a personas que me han costado un poco de trabajo; no hace mucho tuve una experiencia muy desagradable con una persona de la que, definitivamente, no salieron las fotos como ella esperaba, y es que el proceso del envejecimiento es difícil de aceptar en mucha gente, entonces, por más engaño óptico que hagas, por más trucos que puedas utilizar en todo, la fotografía, sobre todo el retrato, capta una parte de tu alma, representa una parte de ti, percibes lo que hay en esa gente por más maquillaje que haya por encima, se ve, entonces, a la gente que no está conforme con su imagen. Muy pocas ocasiones se presenta eso, pero, a veces, no deja de desconcertar cómo la gente se niega al proceso de envejecimiento.

En el caso de que te horrorice o no te horrorice una imagen, bueno, eso va a depender de qué sentido de la estética tengas porque también hay una estética del horror ¿no? También hay una estética no precisamente de lo bonito. Tuve una experiencia muy agradable con una amiga, que es bastante pasada de peso y que se veía tan linda aún con sus kilos de más, pero hay que buscarle de alguna manera esa parte que puedas retratar, que reproduzca parte de su personalidad y no creo que haya gente que se vea tan terrible que no quiera verse. 

–¿Has realizado algún trabajo con animales?

–Sí. Cuando coordiné la iconografía del Diccionario Enciclopédico de Chiapas, me tocó hacer fotografía de muchos animales. 

–¿Y de mascotas?

–He fotografiado durante años a mis mascotas, pero sí, tuve una experiencia algo desagradable fotografiando perros, no por los perros en sí, los perros son maravillosos, los que no son maravillosos son su dueños, a veces, porque la gente no está acostumbrada a pagar por una buena foto de mascotas. Sí he fotografiado mascotas y también ganado, que es un tema difícil, que no conocía. Me tocó hacer fotografía de ganado en dos ferias ganaderas, y me encontré que hay especialistas en el tema. Los mejores son los brasileños. Para mi fue una experiencia que me enseñó muchísimo porque pude diferenciar seis tipos de cebú. 

–¿Te han llevado mascotas exóticas? ¿Alguna te ha dado miedo?

–No, así que digas que alguien me haya traído un lirón o una cacatúa, no, no, no. Tuxtla todavía es una ciudad pequeña y no tiene esas demandas tan extravagantes; va a llegar el momento en el que la gente las tenga pero todavía no. En mi publicidad puse, alguna vez, retrato incluyendo mascotas. Le puse ese anexo de incluyendo mascotas pero la gente todavía no está acostumbrada, como en otras partes; en Estados Unidos, por ejemplo, la gente retrata su mascota y tiene la foto en el escritorio; aquí todavía no se ha llegado a esa cuestión. 

–¿Qué estás trabajando actualmente?

–Fotografía de arquitectura que es lo que tengo de encargo -se puede decir que es lo que hago más seguido-. Recientemente realicé un estudio para un grupo de música clásica y he hecho algo de retrato para algunas personas, también estoy dando los talleres y estoy tratando de darme tiempo para hacer cosas más personales.

Tengo varios proyectos en la cabeza, que no he podido aterrizar, de lo que quiero hacer para una exposición. Ya estoy trabajando en algunas ideas de lo que quiero montar para una gran exposición, tal vez a finales de este año o a principios del otro, algo totalmente diferente de lo que he hecho hasta este momento; he realizado una fotografía, se puede decir más técnica dentro de lo que puede ser hasta convencional; ahora estoy trabajando otros temas que no había hecho como mucho color, aspecto que había dejado de trabajar; estoy haciendo color con proceso cruzado, estoy trabajando con mucha diapositiva, medio formato y creo que pueden salir cosas interesantes de ello para una exposición. Una exposición que ya no tenga la visión de lo que había hecho hasta hoy de fotografía sobre un soporte que es un cuadro, si no otro tipo de cuestiones, se puede decir algo más conceptual o alternativo, como dicen. 

–¿Qué tan cierto es eso de que  a los fotógrafos les pesa el tener que estar sujetos a la realidad? ¿Es la cámara una fuga o una terapia?

(Risas) La fotografía sí, dependiendo de la especialidad a la que te dediques, por ejemplo yo no hago fotografía de prensa y eso me salva de muchas cosas, me salva de tener que recurrir a ciertos temas, me salva de fotografiar tal vez lo que es el lugar común, lo doloroso, como fotografiar la miseria, la pobreza y todo ese tipo de cosas. Tengo más opciones para hacer cosas creativas. La fotografía en determinado momento se convierte en el leif motiv de tu vida y puede ser tu terapia, tu forma de vida, tu pasión, tu forma de ver las cosas, es decir, tu vida vista desde la fotografía.

–¿Cuál es tu imagen de la antigua Concordia?

Pues es algo muy raro porque yo sé que nací ahí pero no me acuerdo, entonces, la imagen que  tengo de ese pueblo son esos trozos de sepia que he ido recobrando en mi memoria a través de las fotos que he logrado rescatar. Es difícil saber que naciste en un lugar que ya no existe. Saber que tu ombligo se quedó por ahí, flotando, en el caso de mi pueblo que desapareció bajo el agua, es más difícil porque sabes que tu raíz está ahogada, que se quedó ahí y que la única manera de recuperarla es a través de la imagen, que eso es para mí doblemente satisfactorio porque me dedico a la foto y puedo rescatar fotos y así reconstruirme una idea de lo que fue mi pueblo.

–¿Sueñas en blanco y negro o a todo color?

(Risas) Aunque no me lo creas, a veces sueño en blanco y negro. Sueño como de película, a veces siento que tengo movimiento de cámara incluido. Es raro, a veces sueño hasta cosas que voy a fotografiar, eso es muy padre. Se me quedó un sueño: venía caminando –no conozco Brasil, algún día lo conoceré- en una calle y veía una pared amarilla, amarilla, amarilla y veía una cortina roja y decía “estoy en Brasil y voy a fotografiar esa escena”. (Más risas).

–¿Te consideras una mujer voyerista?

Si, definitivamente. Me encanta ver y eso provoca muchos problemas, sobre todo en la gente, porque si quedas viendo una mujer, ella empieza a verte sospechosamente; si quedas viendo un hombre, cree que le estás coqueteando. Ves todo a tu alrededor y te vuelves muy observador de muchas cosas, puedes ver la belleza en muchas cosas, en donde menos te lo imaginas, bueno, eso a veces te convierte hasta en un perverso, en el sentido de lo que puede ser un perverso “agradable”. De que puedes tener siempre muchas imágenes en tu cabeza y que, de alguna manera, esa es la forma en que te apropias de las cosas.

–¿A quién te gustaría retratar?

¡Ay! Me gustaría retratar al hombre que considero el más guapo sobre la faz de la tierra. Me fascina un actor americano, ¡es un cliché lo que te voy a decir! Me fascina George Clooney, se me hace así como la belleza personificada y me encantaría tener la oportunidad, aunque sea de fotografiarlo, en un lugar donde no esté actuando, tal vez en un café y que no se diera cuenta. Y no para vender la foto como paparazzo, sino  por el puro placer de tener una imagen de alguien que me fascina.

–¿Qué parte del cuerpo le fotografiarías a Pablo Salazar?

¡¿A Pablo Salazar?! Ya una vez le hice un perfil y creo que no salió muy bueno porque es bastante “llenito”. Tal vez le haría un close up de los ojos. Porque con eso que el lugar común dice que son las ventanas del alma, pues para saber qué hay ahí.

–¿Y a Martha Sahagún?

¡Ay! Martha Sahagún. Con ella retrataría lo que la pierde, su boca.

–¿Cuál es el mejor ángulo de Mariauxilio Ballinas?

Pues, creo que girando la cabeza para atrás, que se me vea lo menos posible la cara. (Risas).

–¿Quién te gustaría que te retratara?

¿Así como sueño guajiro? Pues me encantaría que me retratara Richard Avedon o Annie Leitvobitz.

–Dices que te gusta realizar la fotografía “directa”, ¿en el amor también eres directa o te gusta rodear el charco?

(Risas) ¿En el amor? ¡Híjole! El amor sólo lo conozco por las películas. Creo que soy tan directa que eso me ha provocado muchos problemas.

–¿A quiénes has auxiliado?

He auxiliado a dos que tres poetas perversos, dos que tres fotógrafos mala onda, a muchos amigos gorrones, a muchas personas que ni conozco y trato, en la medida de lo posible, de ayudar a mis amigos.

–¿Nunca pensaste firmar con otro nombre?

No, no me imagino poniéndome un seudónimo. Me dio tantos problemas tener un nombre tan fuera de lo común que ponerme otro hubiera significado una crisis existencial más en mi vida. (Risas)

–¿Te han robado alguna obra en una exposición?

No, tal vez porque he tenido pocas. (Risas). No, no me han robado fotos pero elementos de la fotoinstalación sí. En la fotoinstalación Variaciones sobre Adán, que está en el Centro Cultural Jaime Sabines, se “desaparecen” las manzanas.

–Ya te habrán preguntado cuál es la mejor fotografía que has hecho, ¿cuál es la peor?

¡La peor! Tengo una guardada que es el homenaje al error técnico común. La tengo guardada porque me encanta. Hice una foto de la sobrina de una amiga, con su lindo vestidito rosado de quinceañera y la puse a posar en un atardecer muy muy dorado para su piel, porque ella es muy morena, y además, ¡sale toda mi sombra sobre su vestido! Fue un terrible error técnico pero la guardo porque después de todo, también tiene su encanto guardar los cadáveres.

–A estas alturas de tu carrera, ¿te ha pasado lo que a cualquier fotógrafo principiante: que se te vele el rollo o que no coloques bien el rollo y no corra?

–Por supuesto, eso no deja de pasar. Te pueden pasar las cosas más obvias en la fotografía ya que tiene que ver con tantas variantes, por ejemplo, puedes tener la certeza que va a salir la imagen y puedes echarla a perder en el proceso de revelado. Es decir, hasta que no veas la imagen no hay fotografía a salvo. 

–¿Qué poetas te conmueven?

–Me fascina la poesía de Constantino Kavafis. Me fascina José Carlos Becerra, me encanta su libro El otoño recorre las islas, es uno de mis favoritos. 

–¿Y qué música escuchas?

–En español me gusta Joaquín Sabina, es uno de mis cantantes favoritos; lo escucho bastante pero también me gusta el blues, jazz y también música clásica. 

–Cuando haces retrato, ¿escuchas música?

–Sí. Cuando hago fotos en el estudio siempre es con música. La última sesión fue con Dead can Dance que es un grupo alemán  y la música es tan cachonda que terminé quitándoles la camiseta a los músicos que estaba fotografiando. Sí, siempre que puedo escucho música. Pink Floyd me encanta. Se puede combinar muy bien el trabajo de la fotografía y la música. 

–A parte de la fotografía, la música y la poesía, ¿qué te brinda placer?

–Cocinar, me encanta. Me salen muy bien las pastas, las berenjenas, el pavo. Tengo varias recetas secretas. Me gusta cocinar y me gusta invitar a la gente a que pruebe mi comida. Es alguna de las cosas que hago con mucho gusto; de vez en cuando invito a algún amigo, alguna amiga y cocino para ellos por el puro placer de ver que les guste la comida y para tomarse un vinito y platicar. 

–¿Y qué tal los postres?

–Soy malísima para los postres. Esos, definitivamente, los compro porque me salen fatal. 

–¿Cuál es tu comida predilecta?

–Me voy a ver muy snob pero me encanta el salmón. Es algo que me gusta muchísimo. En verduras me gustan los sabores fuertes como las berenjenas, los espárragos, las aceitunas negras, las alcaparras; el aceite de oliva,  me gusta mucho la cocina mediterránea. 

–¿A quién invitarías a cenar contigo en una velada “especial”?

–¡Ya te dije quién es mi amor! Invitaría a cenar a George Clooney, el hombre más guapo del planeta, pero ese es un sueño guajiro, tal vez invitaría a una persona más accesible. ¿A quién invitaría? ¡Híjole! No sé, tendría que revisar mi agenda.

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