De cómo me volví vegetariana

Ana Lilia Villarreal Cázares*

Su contrato con esta hache institución termina hoy. La frase fue dicha proyectando la voz por toda la oficina y con buena dicción. Este podría haber sido galán de radionovela, pensé aún sin darme cuenta bien a bien, de lo que el subdirector de administración y finanzas había dicho. El presupuesto para los programas de cultura fue cancelado. Entonces sí, comprendí que me estaba despidiendo. Aquí está el cheque con su liquidación. Fue una bonita relación laboral. ¿Bonita relación de trabajo? Pero si era la primera vez que lo veía en los tres años que estuve encargada de los proyectos culturales que se transmitían por la radio institucional. Intenté que me diera una explicación porque yo consideraba que mi trabajo estaba bien hecho, había sido, hasta el día de ayer, una empleada puntual con las entregas, responsable con los contenidos, no me salía a fumar cada hora. La respuesta fue la misma: El contrato se terminó, no hay renovación ni presupuesto. Tomé el cheque y salí de la oficina del subdirector y de la hache institución. Miré la calle para un lado y para el otro. Decidí el camino que tomaría. Estaba sin trabajo, pero no derrotada.

Busco empleo / Foto: Patricia Moreno Ocampo
Busco empleo / Foto: Patricia Moreno Ocampo

Lo primero que hice fue limpiar mi casa. Con buen ánimo barrí, sacudí, trapeé, lavé vidrios, hasta las telarañas quedaron relucientes. Enseguida, hice un plan de gastos, si administraba bien la liquidación y mis ahorros, ambos raquíticos por cierto, podría estar bien un par de meses, incluso ir al cine una vez a la semana. Después, saqué el disfraz que se requiere para ir a las entrevistas de trabajo y lo mandé a la tintorería, lujo que entraba en el presupuesto de ese mes.

Lo siguiente fue hacer la lista de sitios a los cuales enviaría mi curriculum y manos a la obra: escribir y escribir y escribir y enviar y enviar y enviar correos electrónicos, llenar enormes solicitudes en las agencias de empleo que abundan en internet. No sentía ningún apuro y menos preocupación alguna, nunca había pasado quince días sin trabajo, bueno, quizás un mes, pero no más. Sólo era cuestión de hacer lo que se acostumbra en esos casos y esperar la oferta laboral que me llovería.

Pasaron tres semanas de llenar solicitudes, hacer llamadas, y nada. El segundo mes fue de entrevistas, mi experiencia laboral les parecía “interesantísima”, dijeron algunos; otros, que mi perfil era el ideal para el puesto. Todos terminaban con la frase: Solo hay que esperar a que el presupuesto se destrabe y la llamamos.

El tercer mes, por precaución administrativa cancelé las idas al cine, al teatro ni se diga. Mientras, insistía con las solicitudes y llamadas a quienes habían dejado abierta la posibilidad de emplearme.

Al cuarto mes, ¡por fin un trabajo! Corregir la redacción de guiones multimedia de los cursos en línea de una universidad. La paga era de risa; sin embargo, ya era algo, aunque no suficiente como para evitar un ajuste presupuestal más: los cortes de carne, el salmón y el pan artesanal salían de mi plan alimenticio.

Al quinto, surgió la posibilidad de una chamba más: dar un curso en una universidad en línea… otra, distinta a la de los guiones multimedia. La entrevista fue vía Internet, por supuesto. Cuando aclaré que nada más tenía el título de licenciatura, insuficiente para dar clases a gente de maestría, el reclutador, con toda calma contestó: Ay, por eso no se preocupe, es lo de menos. Lo que ahora nos urge es cubrir el cuatrimestre. El lado negro de mi conciencia me aconsejó aceptar: Di que sí, di que sí, si a ellos no les importa a ti menos, es una lana.

Mi refri en estos tiempos
Mi refri en estos tiempos

Y así, cada sábado, me conectaba a la computadora para hablarles durante tres horas a los estudiantes de una maestría patito, en una universidad que los engañaba. Al terminar cada sesión, los administradores, sin falta, me hacían la amable recomendación de que no era necesario ponerles música en los descansos, o bueno, que si así lo prefería optara por algo más clásico como Vivaldi o Mozart y no Tina Turner o Janis Joplin. Eso sí, la paga convenida fue puntualmente depositada en mi cuenta.

Al sexto mes el vino tinto, el último placer de mi vida de sibarita, desapareció de mi lista de la compra.

Ahora estoy pendiente de las frutas y verduras de temporada. De las recetas para ensaladas y croquetas de plátano con frijol, aprendí a sustituir el pollo con setas, a hacer puré de berenjena y tortitas de zanahoria rellenas de queso crema. Y agua, mucha agua. Nada más sano para las articulaciones y la frescura del cutis.

 

* Defequense, creció arrullada entre el rock and roll sesentero, el sonido de las Big band y la melosidad de Doris Day. Lectora empedernida de Lágrimas y Risas, cinéfila de corazón, viajera por vocación. 

 

20 thoughts on “De cómo me volví vegetariana

  1. No había pensado a los vegetales como una vía en la contundente reducción del salario en estos ambientes de crisis de empleos que tensa la vida cotidiana y no la creatividad y juego de palabras. Me encantó la presentación de la autora.

  2. Claro está que es un excelente relato hipotético de algo que le podría suceder a alguien en el país Nunca Jamás ya que en nuestro terruño todo es glorioso

  3. ¿Por qué nuestra patria castiga a los mejores? –no es una pregunta retórica; a alguien tiene que beneficiar esto, porque si no, no lo estarían haciendo todos sistemática y generalizadamente–.

    Los ajustes en el estilo de vida que esto nos impone, cuando los asumimos con buen humor, nos demuestran que somos capaces de trascender el momento, y de sobrevivir sin corrompernos, donde otros se hundieron.
    Te demuestran –de hecho– que eres libre, y que no dependes de ese tal estilo de vida para valer, para merecer, para seguir adelante…

    Al final, los que yo no sé cómo pueden seguir adelante sin cambiar,
    son los que sí cedieron y se corrompieron, y ahora tienen que vivir con la conciencia de que se traicionaron a sí mismos –a sus valores, ideas y creencias, a sus instintos de verdad, justicia, misericordia y humanidad, a todo cuanto de más noble y admirable había–.

  4. Me encanta el tono de la autora, que de manera ligera, jocosa y creativa hace una narración de vida, de esas que hacen visible nuestro paso por el mundo del día a día.¡¡Gracias!!

  5. Sin duda un excelente ejemplo muy oportuno de lo que sucede con tanta inestabilidad en este bello país.
    Sempre he defendido mi amor por la carne y mi no existir sin ella, pero ahora que lo pienso… Ya no forma parte de mi dieta diaria, quizá muchos de nosotros también nos estamos adaptando al veganismo, algunos de sopetón y otros vamos pian pianito.

  6. ¡Excelente relato de esta realidad de los que trabajamos por nuestra cuenta!. Algo bueno queda del poco trabajo que hay: aprender a cocinar.El buen humor impera,asi que con pan(y verduras,por supuesto), las penas son menos

  7. Es la historia de cada día de quienes piensan que la cultura en este país es todavía un negocio. Pero no hay mal que por bien no venga, las verduras y el agua son un magnífico plan para una larga vida. No obstante yo prefiero una muy, muy corta vida con una copa de fragante y cristalina bebida roja y un jugoso bife sobre una cama de papas asadas sobre la mesa. Por cierto, la autora es una de mis personas favoritas con quien comparto mas de 40 años de franca y maravillosa amistad.

  8. Hola hace algunos años por motivos de vision de vida decidi ser
    Vegana, mi preocupacion por los animales y la forma en q era.
    Sacrificados me hacian sentir muy mal. Me alimentaba de sustitutos de
    Proteinas. Pasados algunos años por motivos ahora de salud me vi en la necesidad de comer proteinas animales q son insustituibles. Hoy se que el equilibrio en el mundo no es perfecto. Y q los seres humanos somos lo menos equilibrados y justos no solo en la alimentacion, su no en el resto de la acciones y desiciones que tomamos.
    Hoy cultivo en casa mis hortalizas y frutos, y trato de regresarle a la tierra y al mundo un poco de todo lo q consumimos, y desperdiciamos.

  9. ¡Qué maravilloso relato! Es una maravilla leer algo tan crudo como el desempleo con tanta comicidad.
    ¡Me encantó!

    Gracias por compartir una pizca de tu vida.
    🙂

  10. Me encanta la forma en que compartes tus experiencias, coincido en que en ocasiones hemos pasado por ser “vegetarianos circunstanciales”, lo bueno es que a pesar de todo eso, la creatividad e inteligencia no se agota.

  11. Los instantes que conforman el cotidiano,se vuelcan en un relato que invita a la reflexión,con elegante sarcasmo y finura en el detalle.
    Se antoja una abundante ensalada con un buen tarro de helada caguama, para abatir costos de los que conformamos las filas de los sin empleo. ! todo sea por las rodillas y la “feis”

  12. Conocí a la Mtra. Ana Lilia Villarreal en Mérida, Yucatán, ella impartía clases en la Escuela de Escritores Leopoldo Peniche Vallado, los primeros encuentros fueron en las oficinas administrativas, un día comenzamos una charla y entonces me di cuenta que la seriedad que mostraba generalmente contrastaba con la mujer cálida, alegre, muy inteligente y con un sentido del humor que cautiva y que nos llevó a largas y deliciosas conversaciones. Ahora leo este artículo, y me encanta su estilo, tan franco, tan sincero. Escribe con una fina ironía que hace reflexionar, pensar. Qué injusto es este sistema, pero sé, estoy segura que llegará una oferta laboral que valore el talento de Ana Lilia. Mientras tanto, te seguiremos leyendo. No dejes de publicar, tienes tus fans como yo.

  13. Buen texto Ana Lilia, porque con humor, haces que uno reflexione sobre las circunstancias del desempleo, y eso que es una sola experiencia. Ojalá quienes son insensibles a esto y que juzgan duramente pudieran entender lo que implica perder el trabajo y tardar en encontrar otro para el cual se esta capacitado.
    Pero bueno como bien dicen en otros comentario mientras seguiremos leyendo lo que publiques.

  14. Está claro que la realidad muchas veces supera la ficción. Esta crónica es fantástica, por extraordinaria y no por fantasiosa. Y lo que la hace más fantástica es el perfume de ironía rociado entre líneas.
    Espero que la autora siga impregnando de ironía sus relatos, aunque nos deje con el sabor agridulce propio de la realidad.
    ¡Me encantó la crónica, su ritmo y Tono!

  15. Está es la mecánica, en la que un incidente, trastoca la rutina, entonces que hacer ante el infortunio que tenemos por delante, esta serie de “ajustes” son inherentes al ser humano, en 2 vertientes, reduciendo nuestros espacios, o abriéndolos, creandolos, lo bueno es que nos pasa muchas más veces de lo que nos damos cuenta. Como dice Sabina. Punto y….seguido.
    Felicidades Desmesuradas, por tan agradables escritos.

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