La poesía ocupa la ciudad

Habitar la ciudad a veces es cansado, produce desesperanza, agobio.

Caminar sus calles puede ser un acto temerario, no sólo por sortear baches, banquetas que van contra toda lógica por su inclinación o su reducido espacio, o por soportar los montones de basura, mangueras y tubos que quedaron después del ensalzado “Que Viva el Centro”, que cual huracán destrozó banquetas y hasta botes para basura desapareció.

Y qué decir del tráfico, las calles cerradas, el ruido ensordecedor, la publicidad desbordante en paredes y postes

Sin embargo, también sucede que puede haber maravillas esperándote, como amaneceres nublados, la felicidad de unos novios al salir de la catedral tras darse el añorado sí, la magia de una danza de luz y sombras, animales fantásticos, la lluvia contenida esperando el momento idóneo para acariciar las huellas de tus pasos, unos zapatos viejos indicando a media banqueta que es posible cambiar de ruta y romper la rutina o la poesía a tus pies…

Sí, como lo lees, la poesía está a tus pies…

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