Entrevista con Hernán León Velasco, premio de poesía Enoch Cancino Casahonda

Hace dos días, en Chiapas se conmemoró el quinto aniversario luctuoso del poeta Enoch Cancino Casahonda, quien fuera miembro del movimiento cultural Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas, escritor y médico cardiólogo chiapaneco.

Sus poemas, de gran sentido humanista, han inspirado la obra literaria de diverso poetas de las últimas décadas, en ese sentido, su memoria es distinguida con la creación del Premio Estatal de Poesía Enoch Cancino Casahonda, con el cual se brinda un homenaje a su obra literaria, en la que destaca el poema “Canto a Chiapas”, considerado el segundo himno del estado.

En la primera edición (2010) se entrega el premio a Hernán León Velasco, quien ejerce la medicina y escribe poesía, al igual que el poeta Cancino Casahonda.

Desmesuradas comparte con ustedes la entrevista, que a propósito de la premiación, nos concede  el galardonado.

 

Hernán León Velasco
Hernán León Velasco

 

Texto: Leticia Bárcenas González    /     Fotos: Cortesía del entrevistado.

Hernán León Velasco, ejerce la medicina y escribe poesía; además es promotor cultural y docente de medicina. Es egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) como médico cirujano y cuenta con la especialidad en urología. Desde 1985 forma parte de la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos.

Su premiación a muchos ha sorprendido porque a pesar de haber publicado diversos libros, entre ellos Bonampak y Orígenes, su obra no ha sido difundida; sin embargo, dice que no es extraño que los médicos escriban poesía porque, al estar cerca del dolor, tienen mucha materia prima. Además, señala que la crítica es parte de la naturaleza del hombre y le parece correcto, no sólo para que el arte se “suceda mejor” sino porque sin ella no hay avance.

Según el acta del jurado:

Se otorga de manera unánime el primer lugar al poemario Rostros del mar, que bajo el pseudónimo de Galileo Galilei, participó en este certamen poético y que corresponde al escritor Hernán León Velasco.

El jurado calificador consideró que la obra escogida tiene los merecimientos cimentados en un lenguaje propositivo que abre diferentes perspectivas de concepción y expresión verbales; denota un estilo particular que identifica a una personalidad poética.

 

Su pasión por la literatura es evidente, ya que no puede evitar citar versos de sus poemas o de otros escritores, incluso algunos filósofos. En cuanto al premio, dice que significa sobre todo un compromiso con la literatura, a la que se le debe tener un gran respeto.

Para hablar de ello y algunos aspectos que darán a los lectores elementos para conocerlo, me recibe en su consultorio, ataviado con su inconfundible guayabera blanca y guantes de cirujano.

Doctor, ¿qué le ha significado este premio?

Significa sobre todo un compromiso con la literatura. Con la literatura debe uno tener un gran respeto y no es una decisión personal que uno ame la literatura, es una decisión prácticamente de la naturaleza; genéticamente la naturaleza decide si usted es lector, escultor, etcétera.

Dentro de estas múltiples facetas hay una predominante genéticamente, en mi caso son la medicina y la literatura, el arte en general. Por supuesto, hay algunas otras cosas menores como viajar, pero la literatura es una pasión que siempre he cultivado. No es extraño que yo ame profundamente la literatura, dentro de los mismos contextos familiares está el tío Artemio Gallegos, que es literato y que su apellido real es León, y están muchos otros parientes que aman la literatura.

¿Por qué Galileo Galilei?

Porque es un hombre controvertido. Es un hombre al que también nunca le creyeron que la Tierra era redonda. Un hombre es muchas cosas, en ese sentido Sócrates decía que cada hombre vive su propio tiempo, es decir, una polifonía de situaciones, de vivencias en los diferentes estratos culturales y sociales, de tal manera que un hombre puede estar adelantado en algunos aspectos y no necesariamente tiene que ser culto. Puede ser que una persona que viva en la selva y no sepa leer ni escribir esté adelantada en vivir. Eso que hemos perdido en la ciudad por el estrés.

¿Qué es el tiempo para Hernán León?

El tiempo. Borges dijo algo fundamental: he gastado el tiempo, el tiempo me ha gastado y no he escrito el poema. El tiempo es eso, nosotros somos el tiempo y el tiempo es una constante de futuro, pasado y presente; no solamente es lineal, es cíclico, es circular y en ese sentido hoy es ayer al término de esta frase.

Es un continuo. Lo que tarda un milisegundo en pasar a otro y una millonésima de segundo de pasar de un segundo a otro, es pasado, presente y futuro. Eso es el tiempo.

Hablando del tiempo, ¿a qué hora escribe?

Escribo aproximadamente a partir de las 11 o 12 de la noche, una de la mañana. Hay un literato que se pregunta muchas veces a qué hora llega la musa. La vida, exactamente: se requiere vivir primero para después escribir. Hace muchos años escribí, cuando estudiaba medicina, “fui el aparato locomotor que supo el sitio de los órganos y aquí está el pecho, más allá el corazón”, y ahí se va definiendo, “ayuné en los días del tumor”, entonces se va al final, que dice “era necesario tocar el tambor, hacerse poeta, volverse doctor”.

No es extraño que los médicos escriban, no sólo artículos médicos. Uno está sometido a todo un sortilegio de situaciones, está muy cerca del dolor. Hay un ensayo del doctor Enoch Cancino Casahonda donde revela porqué el médico escribe y de donde obtiene tiene mucha materia prima es el dolor: el hermano dolor de San Francisco. Eso se vincula precisamente al escribir.

¿Qué le inspira más, la vida o la muerte?

¡Todos los sucesos! ¿Qué es lo que ve uno? ¿Por qué escribe uno? Cuando iba a la primaria escribí algo fundamental, “la sombra de mi pluma es la que me enseña, la claridad de lo incierto con su deslizar silencioso”, y al final del poema dice “y este pedazo de letra, de simple trazo sinuoso sabe que en un punto se muere y en una frase libera”.

En ese sentido, el poema, el texto tiene un principio y un fin, es una novela; es un cuento cortito que define constantemente las historias que vivimos. Yo vi, cuando mi padre falleció, cómo le salía sangre del abdomen. Fue asesinado. Había una vasija abajo de su cadáver y todavía brotaba sangre. Fue un impacto tremendo.

Para mi padre escribí —él se llamaba como yo, Hernán— “como se fue un tal don Hernán, mi señor padre, él era apenas el viento, sin ningún sitio para quedarse, era apenas el dolor que se siente en las raíces pero se ha ido lenta, amarga, dulcemente y aquí tenemos los hombros para apoyar su cansancio porque debe ser larga, larga, la eternidad”.

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En compañía del poeta Enoch Cancino Casahonda.

¿Se sabe todos sus poemas?

Generalmente funciona como un mantra porque uno lo repite constantemente, porque es un suceso que nos impacta, como el mar extraordinario. Yo le escribí por ejemplo a mi esposa, cuando aún era mi novia, “por el amor maduro de tus ojos, por la ofrenda universal de tus manos, es un hecho que te veo apenas amanece y fui lo que he sido, un errante para verte, seguro de que habría de cambiar mi esperanza, no hubo murallas, solamente un deseo amoroso al que caminé atado, nadie, nadie tuvo que decirme la vertiente…”.

Nos encontramos y a veces nos desencontramos con la naturaleza y con la vida. La vida es el rostro del mar; el mar no son los peces, no es al agua, no es la inmensidad, el mar está en todas partes. En la lluvia ves el mar, el río es el cabello del mar, nosotros estamos hechos mucho más de agua, mucho más de mar.

Hay tanto mar en los caminos. En la naturaleza, en el bosque, en las raíces de los árboles, va subiendo poco a poco, lentamente, y en el verde, el verde del bosque está el verde mar. Siempre mar, que siempre regresa.

¿Se lee, una vez que ha publicado sus poemas?

Los leo porque, aunque muchos escriben para los demás, una cuestión muy respetable, en mi caso personal, es un mantra. Para mí el poema es un mantra, en el cual me permite encontrar la verdad de lo que soy. “Este que soy constantemente que al mismo tiempo soy otro y al mismo tiempo otros”. El otro soy yo con diferente forma, diferente época y diferente sentido.

Tengo muchos textos y los han leído mucho, incluso me dieron un premio en la Asociación de Escritores de México, a través del Gobierno de Tabasco. Los premios que me han dado son porque han leído mi obra. Fue un reto el escribir en el concurso de literatura Enoch Cancino porque él fue mi médico, fue mi padrino, conviví con él y mi motivo de escribir fue rendirle un homenaje.

¿Por qué cree que su premiación ha causado tanta polémica?

Porque es la naturaleza del hombre. Grandes hombres o pequeños hombres van a causar esa naturaleza. Tienen derecho. Como dice Voltaire, podré no estar de acuerdo con lo que tú dices de mí pero defenderé hasta la muerte el derecho que tienes de decirlo. Me parece correcto porque para que el arte se suceda mejor requiere la crítica. Octavio Paz escribió un libro extraordinario que se llama Pasión crítica.

Sin crítica no hay avance pero la crítica debería ser un ensayo, eso sí sería muy bueno. No pretendo quitarle el puesto a Borges, a Neruda, a Paz y a otros tantos. La literatura es un destino. Escribo mientras despierta mi carne la noche. Es importante que entendamos con humildad que bienvenida la crítica, y uno debe aguantar esa crítica porque, sea de buena intención o no, es válida, es justa, debemos estar de acuerdo en no estar de acuerdo.

Se requiere un Chiapas con ensayo, donde los que no estén de acuerdo tengan la sabiduría de criticar una obra y decir cómo el autor puede mejorar para que entonces éste pueda avanzar. Este Chiapas requiere de críticos, pero de críticos que construyan, y cuando sea así entonces Chiapas crecerá aún más.

Ha dicho que para salvarse a sí mismo hay que escribir. ¿De qué se salva cuando escribe?

De la soledad, del desamor, de la desesperanza, de la rutina, del miedo, incluso de las otras cosas de la vida, porque mientras uno escribe nada existe, quien ama profundamente a la vida es un enamorado de las palabras. Entonces, cuando va escribiendo, se olvida todo, no existe nada más que la escritura.

Puede doler la escritura y puede ser un César Vallejo escribiendo los Poemas humanos, o puede ser un Jaime Sabines escribiendo “Lento, amargo animal que soy…” y puede dolerle profundamente, pero el reto de la poesía verdadera es saber de dónde venimos y adónde vamos, quiénes somos, qué estamos haciendo aquí, cuál es nuestra vocación. Escribí algo fundamental hace mucho: “Muchas veces escribe, me es tan fácil escribir como difícil me fue imposible, que no te roben el espíritu, que no te premien como a cualquier bestia, escribe para salvarte de los asesinatos y de los falsos profetas”.

O sea, la salvación. La naturaleza de todos los hombres es diferente y todos intentan que tú cambies y cuando tú naces eres tú, pero a través de la vida, de la educación que tenemos vamos aprendiendo a ser otros y aprendemos los ritos, que si es el Día de las Madres, el Día de las Madres es todos los días. El día de la vida es todos los días. El día de los sueños es todos los días, de la muerte, del amor, del desamor, por eso el día tiene perfectamente 24 horas.

¿Y qué sueña Hernán León Velasco?

Podría decir que hay que estar soñando despierto: encontrarse con algo que tenga un ritmo tremendo y te haga resucitar y llevarte más hacia lo profundo y sobre todo el reto es encontrarte cada día para saber para qué estás aquí, entonces yo sueño que yo quiero ser, conquistarme profundamente y no usar la máscara de la persona que no soy y que no seré nunca, creo que eso sueño, un ser simple.

¿Cómo concilia la docencia con la poesía y con la medicina?

Bueno, tú eres muchas cosas. Si tú sabes algo, bien, entonces tienes que enseñarlo, es tu obligación, y publicar porque lo que tú dices es posible que no le sirva a muchos pero es posible que alguien lo esté esperando; lo que sabes como médico, lo que sabes como padre, como hermano, debes decirlo. Enseñamos todo, la enseñanza es la misma naturaleza, ya nos está enseñando la lluvia que debemos respetar el agua y los árboles y todo. La enseñanza está en todo. Entonces es un amor profundo, la enseñanza debe ser así.

Hablando de enseñanza, ¿ha tomado talleres literarios, con quién?

Sí, con Óscar Wong, por ejemplo. Con Socorro Trejo Sirvent en la época de Joaquín Vásquez Aguilar, nos reuníamos hace muchos años, en 1979; con Armando Duvalier cuando vivía, cada sábado. En México con algunos amigos que también les gustaba la literatura. Ahorita estoy tomando un taller con Hernán Becerra, un poco de narrativa, también soy algo autodidacta.

Leo constantemente, hay que leer de todo. A veces se requiere diversidad, uno suele casarse con una obra y quizá no es el ritmo que requiere; entonces, con Uvel Vázquez a veces vemos las obras, con Mario Nandayapa, o sea, con muchos amigos. Es decir, uno se junta con la diversidad pero quien nos aportó mucho fue Duvalier. Óscar Wong es extraordinario. Todos son extraordinarios.

Con Guillermo Henry en el 4º Festival Internacional de Letras Jaime Sabines. Tuxtla Gutiérrez, septiembre 2010.
Con Guillermo Henry en el 4º Festival Internacional de Letras Jaime Sabines. Tuxtla Gutiérrez, septiembre 2010.

Con la medicina cura el cuerpo, ¿con su poesía qué cura?

Yo creo que es la otra mitad de lo que somos. El arte en estricto formato del arte por el arte es extraordinario pero es la mitad, es el espíritu, y la ciencia, cualquiera que sea, es la biología, el cuerpo, la materia; así, alguien puede ser ingeniero y al mismo tiempo es un cantor, u otro que aparte de ser ingeniero le gusta esquiar.

En esa diversidad, Octavio Paz es el que nos dice muchas definiciones de la literatura en El arco y la lira. Los ensayos te permiten definir por qué escribe, pero en realidad el hombre escribe porque escribe como el pájaro canta porque canta, no porque haya hecho un doctorado. Puedes perfeccionar el arte porque estudias y debes estudiar con rigor, pero uno escribe porque escribe. ¿El cenzontle va a una escuela para cantar? Es su naturaleza, entonces no nos extrañe. He tenido pacientes de cinco años que dicen poemas preciosos y simples o mi amigo Cayún que vive en Nahá y me ha declamado poemas extraordinarios, maravillosos.

¿Hernán León a qué le teme?

A los temores comunes que tiene toda la gente, a la ignorancia, al desánimo, a la rutina, a mis enemigos, porque mis enemigos reales soy yo mismo. Yo le temo a esos enemigos, a no tener el entusiasmo, a no estar lleno de espíritu, a no entender que a veces estoy equivocado, a no aceptar mi equivocación.

¿Qué levanta su ira?

Lo mismo. Creo que la ira que uno siente la siente hacia sí mismo y la reconciliación también. Somos tres estados del yo. El que está enojado está enojado contra sí mismo, porque no aceptamos que los demás son diferentes y no sabemos que el otro soy yo bajo otra perspectiva, que sin el otro yo no existo, ya lo definió bien Octavio Paz; en ese sentido, claro, puedo estar profundamente de acuerdo, puedo incluso buscar herirme, ahora, cuando alguien te agrede físicamente es natural que te defiendas.

¿Qué me puede decir del amor?

No es la palabra amor, el amor es una acción profunda. Ya lo definió Erich Fromm en El Arte de amar; el amor ágape, de toda la naturaleza, el amor fraternal y el amor por una mujer. En mi poemario escribo precisamente varios textos, incluso a la poética le digo que cuando la poesía canta es porque alguien la desnudó poco a poco, la besó de norte a sur y de este a oeste. Puede ser que escribas mil poemas, diez mil, o que ganes un premio, pero puede ser que el poema no te llene, no cimbre tu alma.

A mí el poema que me cimbra, y que escribí en mi libro Bonampak, dice “y aprendí a tocar el instrumento de las almas, por eso te como pedazo de pan en nombre de las raíces, porque fuiste perpetuo de espera profunda de razas, de submarinas galaxias, de infinitas esferas en que doncellas ventrales germinan la célula y cascos feroces persiguen la cópula…”, eso tiene como 17 o 18 años que lo escribí, pero me llena profundamente.

¿Qué proyectos tiene en puerta?

Creo que seguir viviendo, me mandaron a vivir. Seguir siendo médico y a veces seguir escribiendo porque yo escribo aproximadamente a partir de las 11 o 12 de la noche, una de la mañana. Sin embargo, en este periodo de gestación —que me pareció extraño porque después me enteré que el decreto salió a última hora— fue muy poco el tiempo de la convocatoria, así que nos pusimos a trabajar y dormir una o dos horas diarias y a trabajar intensamente porque lo hacíamos con mucho gusto y con mucho afecto hacia el doctor Enoch Cancino, que él es un médico muy querido por todos porque su poesía es épica, nos identifica con su amor a Chiapas, con su “Canto a Chiapas”.

¿Entonces, esos poemas fueron escritos especialmente para el concurso?

Algunos los tenía a la mitad. Un amigo preguntó “qué estás haciendo” y de un día para otro escribí 15 (poemas), y me dice “de éstos nada más me gustan tres, tíralos” (risa). Otro dice “mira, aquí me parece excelente, ¿por qué no pones ése?, ¿cuándo lo hiciste?”. “Hace un mes”, contesto. “Perfecto”. Me falta hacer otro texto del Rostro del mar porque faltó respirar más profundo para seguir escribiendo.

 

*Entrevista publicada en la revista Horal Nos. 3 y 4., editada por el Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas. 2010.

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