Cicerón Aguilar, músico

Entrevista por: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

Cicerón Aguilar y el grupo Nambue. Foto: Fernando Becerra

Nambue es un grupo de músicos chiapanecos que rescatan los sonidos de antaño para unirlos en un abrazo cómplice con la música de nuestro tiempo. Nos transmiten así, con una nueva voz, el paisaje sonoro en el que nos movemos sin percatarnos. La ceiba y el pino, la montaña y el mar, la selva y la ciudad nos envuelven. Nambue ha iniciado una gira en la que comparte escenario con los músicos tradicionales de los lugares que visita.

 

El recorrido inició en el municipio de Las Margaritas donde estrechó lazos musicales con los tojolabales; ayer compartió escenario con los tseltales de Oxchuc, el 16 de abril estará con los músicos de municipio de Yajalón, para cerrar con los lacandones de Naha, el corazón de la selva lacandona, el 24 de abril.

 

Nambue está formado por Andrés Aguilar en las percusiones, Alejandro Burguete en las flautas, Manuel Gómez en el sintetizador, Rodrigo Narcía en el bajo y su líder Cicerón Aguilar en el trabajo creativo, quien afirma que con su obra trata de hacer un homenaje al recuerdo de nosotros mismos, los que compartimos un antecedente lingüístico de nuestra cultura. “Es reencontrarnos con nuestro pasado para comprender nuestro presente y así ir concretando cosas del futuro”.

 

¿En toda tu música se encuentra la raíz indígena?

– Creo que sí. Desde hace aproximadamente 15 años me pregunté qué está ocurriendo, qué hay con el pasado en este país y encontré un baúl de música tradicional indígena; para mí era importante destaparlo. Empecé a investigar qué era la música tradicional, su entorno y qué me brindaba; cuando me di cuenta que estaba dentro de un mar de sonidos, me metí en esa profundidad y encontré que lo que yo buscaba en la música estaba ahí. Ese mar de sonidos me lleva a conocer la gente, ese mundo tan interesante que son los pueblos. Primero me dediqué a escucharla, apreciarla, entenderla, después fue la convivencia con los amigos músicos, ir a sus fiestas y entender ese mundo. Fue como encontrar los hilos conductores de mi vida que andaba buscando siempre. La música viene después.

 

¿Crees que el folclor determina la cultura de un pueblo?

– Tengo entendido que los conservadores al decir folclor nos llevan a interpretar una parte de los colores que tienen los pueblos, de su arte común, popular. Creo que el folklore va ligado con un concepto bien bonito que es el amor a tus orígenes, es donde están las palabras, la comida, sus fiestas, que brotan como borbotones de agua que te encuentras en los manantiales. El folclor es el sabor, como ese picante que le pones a la comida.

 

¿Cómo evalúas el trabajo musical de Chiapas con el del resto del país?

El silencio es la forma de expresar de los instrumentos sin golpearlos. Foto: Gabriela G. Barrios

– Valorarlo significa casarlo o interpretarlo con un número y México es tan pluricultural, es un mosaico de contextos distintos. En Chiapas son doce etnias, doce lenguas, bueno, once, una ya muerta, la lengua de los Chiapa. Pero ese mundo que nos rodea nos hace ser diferentes, desde la marimba, los sonidos de los tambores, el cómo hablamos, lo que nos rodea, todo está reflejado en la música. La música chiapaneca tiene un lugar muy especial no solamente en la marimba sino también en la diversidad de compositores que tiene, que le cantan al amor, a la vida, a su entorno social. Chiapas ya tiene un punto importante en el país, ya que músicos como Alberto Domínguez, los mismos hermanos Domínguez, sembraron esa gran fuerza que tenemos los chiapanecos para interpretar la música.

 

En tu disco Sincretismo usas la lengua chiapa, ¿por qué tu interés en retomarla si ya no existe?

– Soy originario de Chiapa de Corzo. Me encuentro con unos textos del siglo XVI de los chiapa en un diccionario de Mario Aguilar Penagos y se me hizo muy interesante llevar a la práctica estos cantos y rezos con música contemporánea, sin perder las texturas que tiene la música tradicional; lo que hago es tratar de hacer un homenaje y un recuerdo a nosotros mismos, a los de la región, que tuvimos un antecedente lingüístico donde está precisamente nuestra cultura. Es reencontrarnos con nuestro pasado para comprender nuestro presente y así ir concretando cosas del futuro.

 

¿Se puede vivir de la música?

– Sí se puede vivir siempre y cuando estés enrolado en eso de la música comercial. Para las personas necias y testarudas como yo, que lo que hacemos no tiene nada que ver con vender, si es un poco difícil. Es triste porque en otros países lo que yo hago y hacen otros amigos en este género, es bien recibido pero aquí es difícil.

¿A qué se dedicaría Cicerón Aguilar si no fuera músico?

– Me hubiera gustado ser antropólogo o arqueólogo aunque el otro mundo que me fascina es el diseño de casas, me hubiera gustado ser arquitecto pero escogí la música, donde construimos puentes y sobre todo edificamos cosas del sentimiento.

 

¿Tienes algún ritual a la hora de componer?

– Mi ritual es ver imágenes, ver fotos, imágenes de la tarde. Siempre está incluida en mi mundo la imagen.

 

¿Eres vouyerista?

– En el momento que estamos aceptando ver imágenes, es vouyerismo, ¡pero vouyerismo sexual, no! (Risas).

 

¿Compartes la idea de que la gente necesita música para vivir?

Desde que nacemos estamos bajo ese arrullo, incluso el hablarnos ya es un canto. Foto: Fernando Becerra

– Sí, el silencio es muy bonito. John Cage maneja el concepto de que el silencio en los seres humanos es importante porque en el silencio hay muchas cosas que nosotros entendemos, el silencio es donde nos encontramos a nosotros mismos; precisamente la teoría de la música es la combinación de sonido con el silencio, cosa que hoy a los músicos se les ha olvidado. El silencio es la forma de expresar de los instrumentos sin golpearlos.

 

¿Entonces cuál es la finalidad de la música?

– Transmitir nuestro lenguaje. Los seres humanos siempre estamos buscando sonidos. Cuando estamos solos, salimos y buscamos platicar con alguien, ese momento de comunicación es el sonido y nos gusta. Bach decía “si no hay música estamos muertos”. Hell decía “Adoro a mi madre porque siempre me cantaba.” Desde que nacemos estamos bajo ese arrullo, incluso el hablarnos ya es un canto. Por eso recomiendan que cuando las mujeres se embarazan escuchen música, la que sea. Algunos recomiendan música clásica, no, yo digo la que comparta la familia, sea Chico Che, Rigo Tovar, música ranchera, la que sea, porque es el mundo donde va a vivir. No vas a poner música clásica en una familia que escucha Rigo Tovar u otra música como la norteña. Ahí es donde el niño ya comienza a entender dónde va a nacer, ese mundo que lo va a rodear. Siempre tengo presente en la mente las radionovelas porque mi mamá las escuchaba y mi papá oía su programa favorito todos los días: Tres patines, ese mundo de carcajadas que era fascinante aunque yo no lo entendía porque era un niño, pero como veía que mi papá se reía yo también lo hacía. Es una necesidad.

 

¿Y tú te escuchas?, ¿escuchas tu música?

– (Risas) Buena pregunta. Para mí ha sido muy difícil escucharme. Cuando lo hago, me critico y digo lo hubiera hecho de otro modo. Por eso a veces prefiero no escucharlo, sin embargo, otras veces digo sí porque es reconocer lo que tu ser hace y que te conduce a otros mundos.

 

¿Disfrutas más arriba o abajo del escenario?

– Me fascinan las dos cosas. Me pongo muy nervioso al estar en el escenario pero lo hago muy contento porque es el camino de la expresión, no solamente puedes hacerlo en el estudio sino también tienes que vivirlo. Disfruto mucho arriba pero también abajo, oír la música, ver a otros tocar me encanta.

 

¿Qué música escucha Cicerón?

– Música diversa. Me gusta mucho el rock progresivo porque ahí se refleja todo lo que yo busco, me gusta la música tradicional porque siento que me encierra en un circuito y me mantiene tenso, me hace digerir lo que pienso. Cicerón escucha rock progresivo, música tradicional y jazz.

 

¿Cuál es el elemento distintivo en tu trabajo?

Nambue quiere decir originario del río. Foto: Fernando Becerra

– Juego con tres lenguajes. Me gusta reinterpretar dos mundos: la epistemología porque creo que si no tenemos ciencia no tenemos verdad y no tenemos creencia, la hermenéutica porque a partir de ahí construimos un lenguaje que no todos tenemos desarrollado, pero yo estoy aprendiendo. Cuando me di cuenta qué era entender esas dos cosas aún me faltaba un elemento más, que es la gracia divina de lo que veo.

 

Fuera de la música ¿qué te apasiona?

– Me apasiona el cine, la realización de documentales de video, la foto, correr con mi perro, leer.

¿Qué te da miedo?

– Me doy miedo. Cicerón a veces se tiene miedo por eso acudo más a los libros.

 

¿Cuáles son los fantasmas de Cicerón?

– Son muchos. Todos tenemos fantasmas que nos hablan, nos balbucean, nos dicen mentiras y verdades, nuestros propios monstruos que tenemos adentro, es ese yo que allá dentro está, entonces dices: estoy haciendo las cosas bien o las estoy haciendo mal.

 

¿Con quién compartes tus afanes musicales?

– Conmigo mismo, para que entienda qué es lo que estoy escuchando y pensando porque sino me vienen ideas distintas, no la aprecio en colectivo.

 

¿Y tus afanes amorosos?

– (Risas) Con mi familia, con mis hijos, mi perro, mis amigos, creo que lo comparto con todos ellos.

 

¿Cuáles son las obras mejor logradas de Cicerón y cuáles han sido un desastre?

– ¡Uyyy! Creo que todas han sido un desastre. Dentro de toda mi obra, creo que Nambue es fabulosa y Sincretismo también me gusta mucho, al igual que la pieza Recuerdos, siento que ahí encontré el alma de la vida, ese espacio amoroso conmigo mismo.

¿Tienes manías?

– Sí, tengo una manía muy “locochona”, comprar discos. Aunque ahora se puede bajar mucha música de internet, todavía me sigo comprando discos.

 

¿Héroe en la vida?

– Mahatma Gandhi.

 

¿En la música?

– Johann Sebastian Bach y Peter Gabriel, bueno también Pink Floyd pero me gusta más Peter Gabriel.

 

¿Caminas en solfeo o te vas por la improvisación?

La cultura mestiza no se toma en cuenta y es el valor histórico que tiene México. Los indígenas son fundamentales, son los horcones que están sosteniendo esta nación y mucho del planeta. Foto: Gabriela G. Barrios

– Cicerón camina en la improvisación, no me gusta mucho ya el solfeo, creo que ahí está el meollo de mi música, no atarse al papel. Digo: me lanzo al vacío, hay que hacerlo.

 

¿En el amor te comunicas con música y canto o con el silencio?

– Con las dos cosas, con canto y con silencio. A veces más vale callar que hablar. Guardar silencio.

 

¿Cuál es la diferencia entre Nambue y tu anterior trabajo?

– Nambue encuentra el entendido de las culturas de Chiapas y Sincretismo habla de una región basta de culturas, esas son las diferencias. Nambue quiere decir originario del río, de ahí parto, es la columna vertebral que pasa por todo Chiapas, es donde emerge prácticamente la cultura, de ahí parte la montaña, la selva, el mar, por eso siempre he dicho que dentro de ese Nambue están las voces del tiempo.

 

¿Cuál es tu búsqueda al fusionar elementos de antaño con los contemporáneos?

– Que para entender un presente necesitamos justificar nuestro pasado, entonces, a través de ese ejercicio creo que podemos hablar de rock chiapaneco o de lo que uno quiera, no encasillarlo, es música y creo que los elementos del pasado son fundamentales para que podamos entender mejor la historia.

 

¿Con la fusión de elementos indígenas y mestizos?

– La cultura mestiza no se toma en cuenta y es el valor histórico que tiene México. Los indígenas son fundamentales, son los horcones que están sosteniendo esta nación y mucho del planeta, pero también la presencia mestiza es importante, somos parte de ese ejercicio que se da hoy día para que este país crezca, el mestizo es fundamental y su voz debe ser escuchada.

 

¿Cómo te has ganado la confianza de los músicos tradicionales, siendo un mestizo?

– En la zona de Zinacantán llevo trabajando 12 años, pero cuando entré a ese mundo me costó muchísimo. ¿Cómo entrar? Tocando la puerta, decirles la neta, ir una, dos, tres, cuatro veces, las que sean necesarias. Ahora tengo compadres, tengo ahijados en los pueblos y eso me llena de gratitud e incluso presido la mesa directiva en las fiestas tradicionales de la lacandona, para mí ha sido un honor.

 

¿Has tenido algún incidente?

– Sí, hemos tenido incidentes como no permitirnos quedarnos en la fiesta o por llevar a algún amigo se le fue un flashaso, eso en la parte indígena más fuerte; en la presencia mestiza es más noble el trato, están más acostumbrados a todo eso.

 

Sitio web del grupo Nambue: www.nambue.com

 

*Publicado en El Heraldo de Chiapas el 26 de marzo del 2010.

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PERFIL

Edad: 44 años

Lugar de nacimiento: Chiapa de Corzo, Chiapas

Número de hermanos: Cinco

Número de hijos: Dos

Estado Civil: Casado

Pasatiempos: Música

Comida preferida: Pepita con tasajo

Película: El lado oscuro del corazón

Canción: Sincretismo

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EN CORTO

Ritmo: Fuerza

Ceiba: Grande

Memoria: Pasado

Río: Grande

Fusión: Música

Tradición: Inicio

Guitarra: Música

Tiempo: Único

Cultura: Todo

Mar: Grande

Imagen: Hoja

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