Martín Mérida, poeta chiapaneco

Desde pequeño subo montañas, ahora corro carreras

El reloj marca las cuatro de la tarde. El viento frío corre entre las flores de la jardinera, abraza el enorme pino que está frente a mí y me acaricia el rostro. Al fondo veo el edificio de color mostaza, toco el timbre mientras trato de adivinar cuál es el departamento que habita Martín Mérida Mayorga, poeta chiapaneco que participa en el homenaje a la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir, en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) que se realiza del 29 de noviembre al 7 de diciembre en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

 

Martín Mérida me recibe con su eterna sonrisa de niño, subimos al segundo piso y al abrir la puerta del departamento me da la bienvenida el olor a café, la ventana es un imán para mis ojos. Me acerco y un hermoso parque de árboles inunda mi mirada. A partir de este instante el tiempo del reloj se quedó sin agujas.

 

Mientras tomo asiento en el sillón amarillo y observo a mi izquierda la pared del mismo color que sirve como estantería a una colección de máscaras, Martín se dirige a la cocina a servir el café. Es de Motozintla, Chiapas, me aclara.

 

Llama mi atención su colección de piedras, me hace recordar a una amiga muy querida que también gusta de ellas. A mi derecha hay una pared pintada de azul intenso, resalta un mandala que también es una lámpara.

 

“Mandala en sánscrito significa círculo sagrado. Éste lo confeccioné cuando recién llegué aquí, en él plasmé mi historia de vida y mis deseos a lograr, por eso me persuade a vivir con mayor intensidad”.

 

Me acerco y tropiezo con Parmene-Heráclita, la piedra que desde Chiapas acompaña a Martín, ofrezco disculpas por mi descuido y regreso a la ventana. También me gustan los árboles, digo.

 

“Los árboles son casas; por supuesto: casas que –parafraseando al poeta Angelus Silesius– florecen sin un porqué. Y lo más maravilloso es que este tipo de casas no brindan un calor posesivo. Son casas libertarias.”

 

–La casa es un referente importante para ti. La casa de mi búsqueda está en mí, has dicho. ¿Qué más encierra la imagen de casa para Martín Mérida?

De algún modo todos cargamos una entre pecho y espalda. Algunos seres no encuentran una casa material y no sospechan que la búsqueda es la verdadera casa. En concreto: casa es todo lo que ayuda a vivir. A veces el mismo desamparo (por más paradójico que parezca) ayuda a vivir. Y el sin sentido puede estar cargado de sentido. La casa es un refugio. Y en ese aspecto, la lectura y la escritura son refugios de maravilla.

 

–Dicen que Martín Mérida era un niño triste, ¿sigues viviendo en los brazos de la tristeza?

Sigo viviendo entre el ser y el no ser; en el algo y el vacío. Pero en ese movimiento voy llenando el libro de mi vida.

 

–¿El deseo de escribir, de nombrar poéticamente el mundo, la literatura, son una enfermedad o un remedio para la tristeza?

En esta etapa de mi vida puedo decir que escribir es como llegar a casa y una casa es llegada pero también punto de partida. A veces estoy triste es cierto, pero no del tipo que es carne de cañón para la psiquiatría; a veces estoy triste porque los asideros con los que aprendí a sostenerme, de pronto se derrumbaron, pero en esos momentos es cuando la vida me muestra un rostro que me levanta; un rostro más allá de la lógica.

 

Sale humo de las tazas y huele bien. “El café me gusta recaliente, me agrada ver el humo, además, tengo resistencia al fuego” dice mientras se sienta en el piso, cierra los ojos y lo veo disfrutar su taza de café. No me atrevo a tomar, tengo miedo de quemarme, a diferencia de Martín prefiero que el café esté a una temperatura templada; me siento frente a él.

 

–Cuéntame por qué un homenaje a Simone de Beauvoir.

Este año Simone de Beauvoir cumplió cien años de haber nacido (enero 8 de 1908), entonces la poeta jalisciense Patricia Medina, junto a Gladys Llarregui (Argentina) y María Ángeles Pérez López (España) decidieron en el 2007 convocar a poetas de todo el mundo para hablar de la Mujer Rota en todos los aspectos posibles.

 

Se convocó a concurso y hubo un proceso de selección. Hubiera sido imposible congregar en un libro a todos los poetas que respondieron a la invitación.

 

El destino de este libro es ir a cárceles, manicomios, consultorios, etcétera. Cada uno de nosotros -los que participamos en el libro- estamos comprometidos a hacerlo llegar a esos destinos mediante presentaciones y cosas así.

 

–La Mujer Rota es la historia de una mujer que de pronto, tras largos años de matrimonio, descubre que su marido le es infiel y cuando él se va con su joven amante, ella se queda con la nada porque ha vivido en función de su matrimonio, pero, además, por decisión propia. ¿Crees que aun cuando han cambiado las condiciones económicas y sociales en que se desarrollan las mujeres, cuarenta años después de que se escribió el relato, este tipo de relaciones siga vigente o por qué se eligió ese nombre?

Nací en una ciudad más pueblo que ciudad

Creo que ese tipo de relaciones no se da sólo en la mujer, es la condición de vida de todo ser enajenado; es decir, de todo aquel o aquella que vive en función de los roles sociales establecidos por mecanismos de poder. Por fortuna, constato que hay muchas mujeres y hombres que han aprendido a liberarse de ese yugo.

 

Se eligió el nombre en gran parte por conmemorar a Simone de Beauvoir y porque una de las más grandes injusticias que pesa sobre el mundo es el de haber ninguneado a la mujer. La palabra ningunear no existe en el diccionario pero los mexicanos la utilizamos a menudo cuando nos referimos al proceso de degradar al otro.

 

El libro de poemas La Mujer Rota (estar roto en el sentido del relato de Simone de Beauvoir, es vivir escindido) que estamos presentando en la FIL está escrito por seres sensibles a este fenómeno.

 

–¿En qué consiste tu participación?

Participo con dos poemas, uno se llama “Magdalena” y el otro no tiene título, pero está dedicado a mi abuelita Bonifacia Bartolomé. En el libro La Mujer Rota no sólo se aborda la cuestión trágica; también existe un capítulo dedicado a la maravilla que constituye a las mujeres.

 

–¿Qué esperas cómo poeta de esta experiencia?

Encaja muy bien con mi intención de unirme a proyectos comunitarios que colaboren a transformarnos, con su granito de maravilla.

 

El Primer Foro Internacional de Poesía La Mujer Rota, (4 y 5 de diciembre, Auditorio del Hotel Hilton, Guadalajara, Jalisco) se realiza en el Centenario del Nacimiento de Simone de Beauvoir y como un homenaje a las mujeres rotas del mundo. El día de hoy, 5 de diciembre, a las 11:00 hrs. participa el poeta chiapaneco Martín Mérida con la lectura de sus dos textos seleccionados para publicarse en el libro La Mujer Rota.

 

Martín Mérida, nació en Motozintla de Mendoza, Chiapas y desde 1988 vive en Guadalajara, Jalisco, ciudad en la que ejerce la docencia como maestro de tiempo completo, además de correr, escuchar música, escribir, escribir, escribir.

 

–¿Por qué escribes poesía para niños?

En los poemas que escribo para niños se puede entrever que no quiero abandonar al niño interior en mi vida actual. Y, a través de ese niño, pretendo develar la experiencia donde hasta en el humo de una taza de café brota el genio y no sólo de la lámpara de Aladino.

 

Nací en una ciudad más pueblo que ciudad porque no sólo nos conocíamos casi todos; allá, de diversas maneras, nos cuidábamos los unos a los otros. Ahora prefiero darle patadas a la tristeza, hasta mirarla irse por un caño, al comprobarme caminando entre calles repletas de carros parecidos a tanques de guerra sin respeto para la gente.

 

–Una noche soñaste con un cometa sujeto a la luna, ¿qué sueñas ahora?

Sueño que estoy cosechando las semillas de sandía que un día una multitud de espíritus me regalaron para que muriera. Y morí. Por eso hoy puedo responder a tus preguntas.

 

–¿Las semillas de sandía son entonces como promesas de muerte-vida?

Ese era el secreto. Aunque no significa que no deba volver a morir. Pero al menos morí de una muerte necesaria.

 

–¿Crees en el destino?

Creo que el misterio se revela en el sufrimiento; quien ha sufrido lleva en sí las semillas de una gran cosecha. Pero para que esta levantada se lleve a cabo se necesita de la intervención de los otros. Es decir, a veces basta una palmadita en la espalda; una ayudita para que quien ha sufrido encuentre lo indecible. Si existe Dios, Dios se revela en el sufrimiento y en los otros. Somos de manera extraordinaria seres sociales.

 

–¿Consideras que tus estudios en el seminario han sido trascendentales para tu trabajo poético?

Mis estudios de seminario estuvieron enmarcados dentro de la filosofía y teología de la liberación, donde se nos enseñó a reflexionar desde donde nos aprieta al zapato. Gracias a esa etapa tuve la oportunidad de leer y conocer a seres extraordinarios como Leonardo Boff. El seminario reforzó mi horizonte de querer comprometerme en proyectos comunitarios. En ese entonces viví grandes temporadas dentro de comunidades indígenas y en esos periodos coseché muchos poemas que hoy están brotando. Dentro del seminario supe que me encantaba la figura de Cristo pero lejos, muy lejos, de las burradas de Roma.

Ambos reímos. Martín se pone de pie y se dirige a la mesa que ha adaptado como escritorio, coloca un cd en su computadora y las notas de Vieilles Chansons de France envuelven el ambiente, son canciones un poco tristes pero muy bellas. Amor, desamor, ilusión, desilusión, la vida.

 

–¿Cuáles son las pasiones de Martín Mérida?

En los poemas que escribo para niños se puede entrever que no quiero abandonar al niño interior en mi vida actual

Tengo pasión por el cambio. En el primer poemario que se me publicó escribo: Pretendo arar un nombre distinto/ al aleteo del escribir en vano. / Ser lo de siempre cansa/ igual que no encontrarse.

 

Desde pequeño subo montañas, ahora corro carreras y maratones para estar listo en las trepadas y mientras subo montañas escribo, porque escribir es mi pasión fundamental. Mi primera novela “El poeta y el niño de la piedra” fue escrita en algunas de sus partes, mientras corría.

 

Y mientras corro, subo montañas y realizo mi fundamental pasión, escucho música. En estos días he escuchado las sinfonías de Gustav Mahler en varias versiones. Y ahora más que nunca me siento unido a muchas personas.

 

–Música, poesía, miradas. ¿En el amor Martín escribe poemas de largo aliento o prefiere los poemínimos?

Depende de lo que voy viviendo… Mis relaciones amorosas pretenden no acabar nunca.

 

–Entonces son de largo aliento

Mis relaciones amorosas, sí. En la poesía, la columna vertebral es la economía de palabras y un poema por muy largo que parezca lleva ese poderoso secreto.

 

–Has dicho que la fuerza del amor es más fuerte que las tempestades. ¿Algún huracán amatorio te ha inundado el alma de dolor?

(Risas). Un huracán amatorio, ¿eh?.. Pues ciertas huracanas me han producido dolor. Pero también he descubierto que gracias a ese tipo de tempestades uno puede subir un poco más alto, como las águilas, hasta esperar que a lo amatorio se le quite lo huracán.

 

–Cuando a lo amatorio se le ha quitado lo huracán, ¿sigue siendo amor?, ¿vale la pena descender a él?

No sé si tengo la respuesta a tu pregunta, pero creo en la armonía; en la conjunción de lo negro y lo blanco. Lo huracán me parece sólo propulsión hacia un sentido. Y hay que ver cuánta amargura produce.

 

–También has dicho que después de vivir la amargura es posible encontrar un territorio libertario. ¿Cuál ha sido ese territorio libertario para Martín Mérida?

La libertad es una meta hacia la que procesos de liberación (libre-acción) acercan. Entonces, si uno se pone en marcha pronto descubrirá que está en uno o varios de estos territorios o que todavía hacen falta esfuerzos como rupturas para llegar a ellos. Liberación no es la libertad a pie juntillas pero al menos es reconocimiento que la libertad en un proyecto que persuade desde lejos; un proyecto que nos permite ser mejores.

 

–¿Pero cómo defines o dónde está tu territorio libertario?, ¿cómo es?

Territorios libertarios tengo muchos, pero te nombraré algunos de ellos:

  1. El territorio de mis amigos (as) verdaderos (as).
  2. El territorio de hablar viendo directamente a los ojos, sin olvidar la empatía, de la persona con quien estoy enojado.
  3. El territorio de amar –y amar es subversión, decía de manera incansable don Octavio Paz.
  4. El territorio de escribir y crear con mi escritura otro mundo distinto al que odio.
  5. El territorio de hacer valer mis derechos y no sólo repetir en mi mente mis obligaciones.

Entre otros. ¿Y sabes? Creo en verdad que en ningún ser humano, en su individualidad, debemos abandonarnos. Más justo me parece amar hasta el fondo en proyectos solidarios. Proyectos de promoción de justicia solidaria; por ejemplo. Los seres humanos en nuestra individualidad somos maravilla, pero no somos Dios.

Y si existe una energía más allá del mundo, no puede ser pronunciada con la lógica pero intuyo misterio en los ojos de los seres, misterio que me hace decir que otro mundo es posible.

 

–La posibilidad de otro mundo, de un mundo mejor que el que nos ha tocado.

También se puede sentir y sobre todo, lo realizamos más a menudo de lo que parece, cuando nos miramos de manera verdadera y comprendemos nuestra vulnerabilidad clamando respeto y consideración. Los señorcitos; aquellos que se enforran en trajes y discursos olvidan muy a menudo su ser vulnerable.

 

–Cuando te escucho así me recuerdas al Sub, sus palabras, con las que logró que muchas miradas se volvieran a los que se miran de manera verdadera y no en espejos.

Lástima, yo quería que me recordaras y no al Sub. Lo de luchar por mirarse es tradición de pueblos milenarios… de pueblos nómadas que en los ojos de los otros encuentran una casa.

 

–Por eso es importante ver a los ojos de los otros y de nosotros mismos.

Ver a los ojos es mirar no sólo el iris, retina y cosas así; también conlleva valorar el esfuerzo desgarrador con el que otro se construye. Emmanuel Lévinas, filósofo de origen judío, solía decir: La cara es sólo un componente del rostro. El rostro es sobre todo tu historia, la historia más íntima que te hace, por ejemplo, ser Lety, y ante la que muchos pasarán de largo.

 

–Así es, pasarán de largo, caminando o corriendo. ¿Tras de qué corre Martín Mérida?

No sé tras de qué corro. Tal vez corro tras la nada pero la nada no es vacío, en todo caso no corro tras el vacío. Me gusta correr porque, como no soy un yoguin, es momento de estar dentro mí mismo. Tal vez, entonces, corro tras de mí mismo.

Martín Mérida Mayorga es un hombre muy emocional, en parte eso lo ha llevado a correr. “Sí, corro para bajarle un poco a mi emoción.” Aunque está de acuerdo en que escribiendo también se le da cauce a la adrenalina.

 

El cd ha terminado, sugiero escuchemos Entre nous con Chimène Badi, mientras tomamos otra taza de café y encendemos las luces; el mandala-lámpara es hermoso, “alrededor le puse muchos elefantes pequeñitos porque cuando lo creaba soñé que debería llevar elefantes.”

 

Camino hacia la ventana, veo las sombras que bajo la luz de la luna forman los árboles. El viento los abraza. Volteo al percibir junto a mí el olor del café. Tomo mi taza y nos dirigimos hacia los sillones que están dispuestos de manera circular.

 

–¿María Magdalena o la Virgen María?

No hay virgen sin Magdalena.

 

–Y hablando de mujeres, ¿qué significan en la vida de Martín Mérida?

Hablar de mujer es hablar del mar. La mujer es fuerza de inspiración creativa, es el reconocimiento de la tierra. Hablar de mujer es horizonte de ponerme a cuidar flores y árboles sin olvidar los espinos. Y volviendo a lo del mar… El mar es misterio.

 

[box type=”note” style=”rounded”]

SILUETA

Lugar de nacimiento: Motozintla de Mendoza, Chiapas, México

Edad: 44 años

Número de hermanos: 6

Estado civil: Soltero nuevamente

Número de hijos: 0

Libro: Don Quijote de la Mancha.

Película: Léolo (porque sueño no existo)

Deportista: Nadia Comaneci

Equipo de futbol nacional: Chivas

Equipo de futbol internacional: Real Madrid

Pasatiempos: Perder el tiempo

 

[/box]

 

[box type=”note” style=”rounded”]

EN CORTO

Motozintla: Sueño

Guadalajara: Renacimiento

Disfraz: No hay de otra a veces

Honestidad: Lo más bello en el carácter

Violencia: Fuerza que a veces también ayuda

Docencia: Terquedad

Xavier Villaurrutia: Nocturno Mar

José Gorostiza: Muerte sin fin

Octavio Paz: Salamandra

Café: Dulceamargo

Sol: Príncipe

Luna: Piedra preciosa

[/box]

*Entrevista publicada en el diario El Heraldo de Chiapas, 5 de diciembre 2008.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *