Mario Enrique Yáñez Gamboa, arquitecto

Entrevista por: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

Ganador de Medalla de Oro en la Tercera Bienal de Arquitectura en Chiapas

Ganador de Medalla de Oro en la Tercera Bienal de Arquitectura en Chiapas. Foto: Gabriela G. Barrios

Cuando caminamos por cualquier calle de Tuxtla observamos diversas fachadas que, a veces, nos hacen imaginar interiores de ensueño, otras nos parecen simples, pero lo que no imaginamos es a quienes diseñaron esas construcciones. Aquí conversamos con Mario Enrique Yánez Gamboa, quien al hablar de arquitectura afirma “…termina uno por enamorarse tanto de su oficio que viene significando todo.”

 

– ¿Qué significa para usted la arquitectura?

Es un oficio al que uno decide dedicarse. Conforme se estudia se va descubriendo la amplitud de aspectos que cubre, cuando se egresa [de la carrera] las condiciones de trabajo van tendiendo líneas por donde dirigirse y termina uno por enamorarse tanto de su oficio que viene significando todo. Lo que uno hace gira en torno a ese oficio, incluso la familia.

 

– ¿Qué lo motivó a participar en una Bienal?

La Bienal de Arquitectura en Chiapas se empezó a celebrar hace ocho años. Cuando se realizó la primera no participo por la postura común de no valorar lo que estamos haciendo, desacreditarse, no creer en lo que uno hace. Ante los trabajos expuestos pensé ‘yo hubiese estado acá’, tenía algo que presentar y sin embargo, por no confiar en lo que uno hace, se sanciona el trabajo. Desde entonces me quedó la espina de por qué no participé y a los dos años participo ya más convencido de hacer un trabajo de calidad pero con pocas posibilidades [de ganar] aunque también se aprenden muchas cosas.

– ¿Cómo cuáles?

Nuevas maneras de resolver los proyectos, de manejar conceptos arquitectónicos, sobre todo de la vida cotidiana. Sin embargo, principalmente dependes del jurado. Uno se emociona, uno vive, sufre mucho con la bienal, y cuando llega la premiación sucede a veces todo lo contrario: no pasa nada; el jurado tiene otra manera de concebir [el trabajo arquitectónico] en ese momento, trae sus líneas, hay que entenderlo, asimilarlo.

 

Así de universal es la arquitectura y sigue siendo, entre las artes, esa parte subjetiva que puede agradar a muchos pero que en determinado momento a 3 ó 5 personas, que forman un jurado, puede no ser la directriz; es parte del juego. Lo importante aquí era participar, estar, adquirir experiencia, aprender a trabajar con otras disciplinas, con otras personas que tienen que ver con el montaje, con la fotografía, ya no es sólo la obra en sí sino todo lo que implica la exposición.

 

La parte gratificante fue cuando las personas asistentes a la Bienal se acercaron y comentaban que veían algo que les llama la atención, algo interesante, me preguntaron: cómo lo hiciste, porqué lo solucionaste así y en ese momento te empiezas a sentir muy bien, es un foquito que te está indicando que hay gente que se interesa por lo que estás haciendo. Lo importante fue mostrarlo porque a veces uno se queda en el anonimato.

 

Después participé con esta casa que, curiosamente, es de mucho menor escala en tamaño que con la que participé en la anterior bienal, sin embargo, tiene características que se me hace importante presentar; hablo con la gente que estuvo en el montaje anterior para llevarlo con una mejor presentación. Esta vez el jurado tiene una línea en la que es más abierto y la lámina o proyecto logró impactar en una sola imagen, que es la que cuenta.

 

La parte gratificante fue cuando las personas asistentes a la Bienal se acercaron y comentaban que veían algo que les llama la atención, algo interesante. Foto: Gabriela G. Barrios

– ¿Usted considera que el trabajo del arquitecto debe ser interdisciplinario?

Sí. En el trabajo de arquitectura somos nosotros los que decidimos pero cuando se requiere de otras especialidades es conveniente hacerlo. El cliente es lo principal, es a quién va a estar dirigido el espacio pero, si por condiciones particulares, el habitante requiriera de una especialidad como la iluminación y ésta escapa a mi alcance debo recurrir a otra disciplina.

– ¿Cómo nace la idea de este proyecto?

Nace como parte en una etapa en la que estamos inmersos los arquitectos que es producir viviendas de interés medio para promoción y venta. Los despachos particulares ya no se pueden quedar a esperar a que llegue una recomendación, en el mejor de los casos, y menos que llegue un cliente a decir que necesita algo, ya no se da. Somos muchos y cada vez hay más competencia, entonces, una manera de promovernos es gestar nosotros los propios proyectos: ubicar predios, ver las condiciones de acuerdo al mercado. El interés social lo abarcan las grandes empresas constructoras. Así, en este caso particular, el terreno tenía las condiciones para desarrollar el proyecto y por ende se fue trabajando.

 

– ¿Participó en la Cuarta Bienal?

Participé como conferencista y también con un trabajo; esta vez no pasó mayor cosa pero son experiencias muy importantes. Por supuesto que le tiene uno cierto gusto a participar, pero para presentar algo que en verdad tenga caso compartir; me gusta mucho ese término, compartir, porque en la arquitectura lo que hacemos es para compartirlo.

 

– ¿Cree que una bienal motiva a los profesionales del medio en la creación de nuevos proyectos?

Sí. Es un escaparate, es una fiesta, una alternativa en la que se promueve una arquitectura con mayor aportación, un poquito más valiosa. Las nuevas generaciones observan qué se está haciendo. A veces, como estudiantes, fijamos la vista al centro del país y a los aspectos que se publicaron incluso en lo internacional, excepto en lo que hacemos nosotros, localmente. Esa parte se está cubriendo. Falta hacer mayor difusión, promover hacia otros medios, darle mayor relevancia y hay mucho que trabajar en ello; falta ser más audaz. Seguimos careciendo de un buen circuito, de una casa de cultura, de un espacio, de un edificio público en el cual podamos llevar a cabo la presentación de nuestro trabajo.

– ¿Implica una responsabilidad el hecho de haber sido ganador en una de las bienales?

Sí, porque implica que se tiene que ser más cauteloso con el quehacer, decidir qué trabajos realizar y cuáles no. La arquitectura es un proceso de mucho trabajo pero también de mucha competencia. Hay un bloque de gente con arquitectura comercial, impersonal, produciendo mucho y un bloque, más reducido, que tiene una arquitectura más privada, más personal, más específica, en el que estamos tratando de salir adelante con poco recurso, sin embargo, todo se rige por el impacto económico. Hacer construcción sigue siendo muy difícil.

 

– Entonces, ¿considera que las bienales permiten elevar el nivel profesional y competitivo de nuestros arquitectos?

Sí, por supuesto.

 

– ¿Contribuyen al intercambio de nuevas ideas, tendencias y búsquedas o sólo sirven para mostrar la obra personal de los participantes?

No. Por supuesto, hay una visualización a nivel local de cómo nos impactan los movimientos de tipo global y de cómo nosotros, con una visión regional, le damos cabida a este tipo de impactos sin que nos desplacen, porque muchas veces no tenemos la misma tecnología ni la técnica pero hacemos una serie de adecuaciones. Creo que nuestra responsabilidad está en la de rescatar algunos elementos y hacer una reinterpretación, generando alternativas, propuestas. Mostrar que no sólo se puede hacer algo que es muy local, muy regional, sino que también puede ser contemporáneo; con nuestras aportaciones y con nuestras limitaciones, pero propio.

 

Hay viviendas en el campo que cumplen con mucho más condiciones que una casa misma de interés social. Foto: Gabriela G. Barrios

– ¿Usted considera que si hay una tradición arquitectónica en el estado?

Por supuesto, existe desde la condición prehispánica misma, eso no lo puede negar nadie, ni el impacto que tiene la mezcla de lo español con lo indio, de ahí el surgimiento de estas grandes casas o casonas, que tienen un esquema tan claro que operaba y sigue funcionando todavía y a las que hay mucho que aprenderles. Hay viviendas en el campo que cumplen con mucho más condiciones que una casa misma de interés social; en ellas la gente no tiene problemas con el calor, tiene mucho más convivencia con el exterior-interior, su espacialidad es mucho más amplia y de repente nosotros, los creadores, hemos caído en el mercantilismo de meterla en una caja de zapatos de 3 metros cuadrados.

 

– ¿Cuáles son los íconos arquitectónicos de Chiapas?

Como persona yo creo que todavía no hay uno. Como edificio, me fascina el Museo Regional de Antropología e Historia, es un edificio muy importante para nuestro estado que sigue vigente como concepto de solución. Es como la reinterpretación de esas casas de grandes patios.

 

– ¿Podríamos hablar de una arquitectura rural en Chiapas?

Por supuesto que existe, con una estructura tradicional, la estructura vernácula y hay una contemporánea.

 

– ¿Cree que el trabajo de los arquitectos es valorado?

Sí, por supuesto que es valorado, en su momento la gente sabe discernir cuándo debe contratarnos.

 

– ¿El diseño arquitectónico es de inspiración o análisis?

Nada es fortuito, esto se va dando; hay una serie de condiciones y vivencias que van nutriendo ese quehacer. Se aprende al caminar, viajar, ser sensible ante las cosas comunes y cotidianas que de alguna manera no valoramos, eso va nutriendo y en el momento creativo tiene que aflorar más las que se tienen que tomar en cuenta, como la calidad y tipo de materiales, los espacios, la iluminación.

 

– ¿Cuál es el elemento que identifica su arquitectura?

Los recibidores, los corredores. Diseños en los que la arquitectura no sea tan fría, como una caja sino que tenga un poquito más que la haga humana.

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En Corto

Piedra: Es un soporte

Metal: Mucho trabajo y expresión

Madera: Sutil

Cristal: Transparencia

Agua: Relajamiento, tranquilidad

Luz: El día

Naturaleza: Armonía

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Perfil

Tuxtleco, “aunque mis padres me engendraron en Chiapa de Corzo”. Vivió la mayor parte de su infancia en diversos lugares, entre ellos Arriaga. Arquitecto desde hace 15 años, casado y con 4 hijos, gusta de escuchar música, dibujar y el trabajo manual que tenga que ver con la arquitectura. Le fascina la fotografía. Su arquitecto: Luis Barragán.

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