Dolores Castro Valera y la poesía

Entrevista por: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

La poesía es la capacidad de saber más a través de los sentidos y es lo que le ha ayudado a entender mejor quién es y a dónde va. Foto: Gabriela G. Barrios

Dolores Castro Valera, quien cumplió 86 años el pasado 12 de abril, es una de las más destacadas poetas mexicanas de su generación, perteneció al grupo de “Los Ocho” junto con su entrañable amiga Rosario Castellanos, con quien viajó por primera vez a Chiapas en 1948.

 

Para Lolita, como la llaman sus lectores y amigos, la poesía es la capacidad de saber más a través de los sentidos y es lo que le ha ayudado a entender mejor quién es y a dónde va; es por ello que nunca ha dejado de escribir, aunque sí de publicar porque, argumenta, “publicar en México es casi imposible”.

 

Se ha vuelto visitante frecuente de nuestro estado no sólo para hablar de sus amigos en homenajes y días de fiesta, sino para compartirnos su pensar y la emotividad de su obra.

 

– ¿Qué es la poesía para Dolores Castro?

Es iluminación en el camino de la vida, es capacidad de saber más a través de los sentidos educados para la sensibilidad, es entender mejor quién soy y a dónde voy, es capacidad también de gozo al leerla o al escribirla.

 

– ¿De qué se nutre su poesía?

De todo lo que estoy viviendo; es levantar la tapa de un baúl donde guardo preguntas diferentes: ¿quién soy?, ¿en dónde estoy?, ¿a qué vine?, ¿a dónde voy?, ¿qué estoy haciendo ahora?

 

– ¿Qué es la religión poética?

Religión y poesía están íntimamente relacionadas, porque en la poesía lo que se hace es ir de lo conocido a lo desconocido, pero a lo desconocido que tiene que ver con la sensibilidad, con la intuición. Creo que en la religión uno tiene los evangelios, pero también tienes necesidad de resolver algunas dudas que surgen, un gran Santo decía “creo señor, ayuda mi incredulidad”, y es que hay algunos aspectos que uno descubre en la poesía como algo nuevo y también en religión; no se puede ser “piadocita” sino verdaderamente religiosa y ¿qué es religión? Viene del latín reli-gare, es decir, de volver al origen y encontrar a Dios.

 

– ¿Qué cambio ha encontrado en su poesía desde que empezó a escribir a la fecha?

Creo que sí hay algunos cambios. Empecé a escribir como más emotiva, sentimentalmente, pero siempre he juzgado que el puro sentimiento no da la poesía y que se tiene también que recurrir a la inteligencia, sobre todo para tener verdaderos problemas vitales que van desde lo sentimental hasta algo más intuitivo de toda la realidad circundante.

 

– ¿Qué ha significado la poesía de Miguel Hernández en Dolores Castro?

Significó muchísimo. Desde que conocí la poesía de Miguel Hernández no sólo en sus primeros poemas, que son sonetos, sino en todos los poemas posteriores, hay como la esencia de lo que es un espíritu humano que sufre, cuando dice: “tanto penar para morirse uno”, creo que nadie puede decir eso mejor. ¡Es una maravilla ese poeta! Además nació pobre, estaba cuidando rebaños, luego empieza a escribir y tiene un gran éxito porque es de veras poeta; todo lo que sufre y ¿por qué sufre? pues porque quiere una independencia para todos los españoles, la república y no la dictadura que después fue. Muere en la cárcel, tiene un hijo que apenas y puede conocer y una mujer que se está muriendo de hambre. Entonces, el llegar a los límites es favorecedor, no para el pobre poeta, si no para la poesía.

 

– ¿Dolores Castro sólo escribe de amor?

De amor sí, de amor de pareja cuando murió mi marido; la forma de conocer a un poeta es a través del amor y es a través de éste que se puede convertir en lo que está contemplando y puede decirlo de la manera que es.

 

– ¿Cómo aparecen los indígenas en su poesía?

Siempre estuve muy interesada en el mundo indígena quizá porque tengo un color serio y porque este color provoca la discriminación; yo estaba en un colegio francés en que las monjas siempre me mandaban a lavarme las manos, aunque me las acabara de lavar, pero naturalmente ¡nunca se destiñeron! Tuve interés por lo indígena y estudié mucho, conocí efímeramente al padre (Ángel María) Garibay, quien fue el descubridor de la mayor parte de la cultura indígena porque puso en español sus textos, aunque había ya desde antes el libro de los informantes de (Fray Bernardino) de Sahagún, de todas maneras faltaba bastante y el padre Garibay lo reveló en varios tomos, después seguí leyendo a Miguel León Portilla y luego escribí una parte del poemario Soles, sobre cultura indígena.

 

– ¿Usted ha incursionado en otros géneros o sólo en poesía?

Escribí una novela que publicó la editorial Ficción de la Universidad Veracruzana, se titula “La ciudad y el viento”. Cuando la novela fue editada, le hicieron una crítica muy severa porque era poética y decían que no se podía mezclar lo poético con lo narrativo y ahora ¡es un subgénero en la narrativa! Eso me lo dijo un investigador norteamericano que vino cuando yo cumplí los 80 años en la Universidad.

 

– ¿Entonces es la pionera?

Sí (risas).

 

– ¿En algún momento de su vida ha dejado de escribir?

Sí, cuando tengo un trabajo muy fastidioso (risas), la poesía es un poco celosa (risas) pero generalmente no he dejado de escribir, he dejado de publicar porque publicar en México es casi imposible, tiene como más de dos años una obra de poesía completa el Fondo de Cultura y con las esperanzas de que ya se publica y ya se publica, y no la han publicado, siempre he escrito pero no siempre publicado.

 

– ¿Usted cree que hay una literatura femenina y una masculina?

Si creo, cuando me preguntan o cuando me dicen “la literatura no tiene sexo”, les digo: “es cierto pero las escritoras sí”; ¿por qué? porque eso también es necesario saber; tenemos una tradición de cultura femenina, no una cultura libresca pero sí una cultura que nos enseña lo que es ser mujer y que ya se está perdiendo, por fortuna en pocos casos y por desgracia en otros.

 

– ¿Qué aconsejaría a las jóvenes escritoras?

Que no se dejen vencer por una literatura que no diga nada, que sea sólo de palabras compuestas; la literatura tiene que decir algo, algo de lo más secreto de cada quien, de lo que más valor tiene para una persona y además que al escribir siempre intenten encontrar una voz propia. Naturalmente que una tiene influencias, sin influencias no se puede ser, pero se van dejando atrás y encontrando su propia forma de expresarse, su voz, su atmósfera, su propio tono que no consiste en decir palabras sin ton ni son y que suenen, consiste en decir lo que una trae muy dentro y que juzga digno de decirse y además que encuentras la manera de decirlo, esto es muy importante y sólo se da leyendo y escribiendo, porque leer es una forma de diálogo y escribir no es un monólogo, es también un diálogo con el mundo y con la vida.

 

– ¿Sigue siendo de la izquierda o ahora se va por la derecha?

¡Jamás por la derecha! Conozco un poco la historia de México, la derecha ¿qué ha logrado en México? ¡No, no! Yo soy izquierdosa.

 

– ¿Cuándo fue la primera vez que vino a Chiapas?

En 1948 vine con Rosario (Castellanos), nos venimos en unos destartalados camiones y llegamos felices al hotel Bonampak, que empezaba.

 

– ¿Qué le significa venir a Chiapas ahora?

Significa encontrarme con Rosario (Castellanos), con Jaime (Sabines), con lo que es la feracidad en el campo, en esas montañas verdes que se ven en Tuxtla Gutiérrez y siempre que vengo es como revitalizarme, eso es lo que significa; además, no sólo es la amistad de Rosario, aquí también he hecho otras grandes amistades que cuando regreso las vuelvo a encontrar.

– ¿Cómo vivió Lolita la pérdida de su amiga Rosario Castellanos?

Fue una situación terrible porque la había visto hacía poco tiempo y de pronto me dicen que Rosario murió; la gente que llegó a decirlo, eran personas que trabajaban con la esposa de (Luis) Echeverría, como que insistían mucho en que había sido un suicidio y eso fue mentira, Rosario no se suicidó, eso lo dice Samuel Gordón quien asistió en los últimos días a Rosario, bueno no asistió sino que fue su amigo y discípulo. Rosario murió dejando a Gabriel de 13 años, fui cuando la sepultaron en el Monumento de los Hombres Ilustres; y ahí estaba Gabriel, pálido, delgado, con el pelo largo, recordándome tanto a Rosario cuando la conocí. Sí lo sentí muchísimo, sentí que había perdido a la amiga de toda mi vida.

 

– ¿Qué ha sido para usted la experiencia académica?

Fue muy importante para mí, yo quería conocer. En mi casa había libros pero más de ciencia que de literatura y siempre me gustó leer, ahí recibía una orientación de cuáles eran los mejores aunque uno tiene su propia orientación. A veces iba de vacaciones y mis primas leían libros de la novela rosa, yo también llegué a leerlos y me carcajeaba de las cosas tan cursis. El estudiar una carrera siempre es formativo porque la gente que no tiene orientación qué encuentra, por ejemplo, en las librerías: “best sellers”, una gente que no tiene orientación ¿en qué cae?, en cosas sentimentales y absolutamente mentirosas porque la poesía, la literatura nos da una verdad, la verdad humana, la verdad del género humano, no es la verdad de los filósofos, es la verdad de los poetas, de cómo somos, qué anhelamos, qué nos duele, etcétera.

 

– ¿Puede contarnos alguna anécdota de su trabajo en la radio?

Mi trabajo en la radio primero fue absolutamente sin saber nada de radio, (risas) cuando estuve al principio en Radio Universidad, pero yo lo que hacía era entrevistas, a Ernesto Cardenal, a Néstor Mejía Sánchez, a gente que sabía sobre literatura hispanoamericana. Cuando entré a la Facultad (de Filosofía y Letras de la UNAM) había un grupo de diversas latitudes hispanoamericanas y a todos ellos los entrevisté, luego le dejé mi programa a Emilio Carballido porque me fui a estudiar a Madrid (España).

 

– ¿Qué sonido tiene la vida?

No es uno solo, son muchos y hermosos y hacen como una especie de coro que lo eleva a uno.

 

– ¿Qué sueña Dolores Castro?

¿Qué sueño? Pues, ya estoy muy cerca de la frontera, sueño cómo será lo que haya después de esa frontera, pero una vez considerando lo que todavía no abandono, sueño de veras con una vida humana que no consiste en ir atrás del dinero, de las empresas, de un trabajo que no es un trabajo para poder vivir sino un vivir para el trabajo, eso es ideal para que uno ya no piense en nada más. Sueño con un mundo más humano, sí, con un mundo que permita a las mujeres ser libres y a la vez ser conscientes, un mundo en que no se acaben los niños, un mundo en que los viejos tengan un lugar, porque un asilo no es el lugar para los viejos.

 

– ¿Cuál es la diferencia entre los girasoles y los mirasoles?

(Suspiro) Los girasoles son esas flores enormes que voltean hacia el sol y los mirasoles son unas florecitas humildes, que también se orientan hacia el sol y que son de color morado o blanco y que me recuerdan mi infancia.

 

– ¿Qué es viajar para Dolores Castro?

No es solamente encontrar nuevos horizontes, si no encontrar el horizonte de México, sus múltiples variedades y la gente de México a la que cada vez admiro más y conozco mejor, gente que nace y que no tiene ninguna oportunidad ni puede aprender a leer porque no puede ir a la escuela y que por ella misma aprende a leer, escribir y llega un momento en que puede hasta dirigir a otros, tengo mucha admiración por los mexicanos y las mexicanas, como diría Fox (risas).

 

– ¿Dolores Castro es un ser libre?

Hasta donde esto es posible en esta vida, sí.

 

Usted nació y vivió en Aguascalientes, luego en Zacatecas, ahora en el D.F. ¿De dónde es Lolita?

Soy de México. Pero lo que más recuerdo es mi infancia en Zacatecas, porque nací en Aguascalientes y a los 40 días mi mamá me llevó a Zacatecas, ahí viví siete años con una familia muy numerosa, que no era sólo de mi papá, mi mamá y dos hermanas mayores sino de primos y primas y parientes hermosísimos.

 

– ¿Sabe por qué la bautizaron con el nombre de Dolores?

Mi mamá quería que yo me llamara María, como ella, pero una hermana de mi mamá fue la que me registró y dijo: “mejor María de los Dolores” y entonces ese nombre me sirvió mucho para experimentarlo.

 

– ¿Qué es la contemplación?

La contemplación es, a diferencia de una visión rápida, el ver para tratar de entender lo que uno ve, y no sólo de entender si no de impresionarse porque cuando uno es capaz de asombrarse de lo que ve, la contemplación también es asombro.

 

– En este momento de su vida, ¿qué ama?

Pues bueno, amo a mis hijos aunque sea muy tradicional, amo mi casa, amo mi país, amo a la gente y creo que esa tarea de amar es la más importante cada día para mí.

 

*Publicado en el Diario El Heraldo de Chiapas el lunes 08 de junio de 2009.

 

 

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 Perfil

Lugar de Nacimiento: Aguascalientes.

Edad: 86 años, los cumplí el 12 de abril.

Estado civil: Viuda.

Número de Hijos: Siete.

Número de hermanos: Hermanas, cuatro.

Estudios: Licenciatura en Derecho y Maestría en Lengua y Literatura Española.

Pasatiempos: Me gusta leer, el cine, caminar, viajar.

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EN CORTO

Palabra: Liberación.

Vida: Encantamiento.

Muerte: Punto final.

Silencio: Sabiduría.

Amistad: Lazo.

Árbol: Cobijo.

Libro: Sabiduría.

Nostalgia: Elemento bastante para un poeta.

Agua: Fluidez como todos los ríos que llegan al mar, que es el morir.

Viento: Lo que más amo en la vida, por su fugacidad, por su fuerza, por como suena incluso.

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