Corazones Gitanos (segunda parte)

Parte 2 de 6

Enlace a la primera parte

Texto: Leticia Bárcenas y Gabriela G. Barrios

Será que al dejarte sola,

cuando me encuentro ausente

tienes un amigo que ocupa tu vida,

que ocupa tu mente…

“Rumores” / Joan Sebastian

Historia de amor no.2

Emma. 42 años. Casada desde hace 16 años. Madre de 3 niñas.

Luna mujer por Luis Villatoro.

“El amor es un sentimiento que te llena de vida, te ilusiona, te hace ser creativa. Me he enamorado dos veces, una fue el lado romántico de la adolescencia y la otra ya el amor maduro, real.

 

Tengo esposo, pero también he soñado con tener un amante. Llevo 16 años de casada y aunque amo a mi esposo, y sé que de alguna manera él también a mí, a veces siento que la magia se termina. No es que ya no quiera estar con él, no, es más bien que a veces falta algo más en mi vida, sentir el calor de otros brazos y despertar una verdadera pasión, como esas que encuentras en la literatura, que me haga sentir única y creer que aún puedo ser atractiva para alguien más. No estoy buscando sólo sexo con otra persona, estoy buscando algo que me llene de calor, de ilusión, creo que todas hemos soñado eso en algún momento. Y también, como los hombres, vamos en la calle y vemos un tipo que está bien, volteamos y pensamos: ¡guau, qué cuero!, me gustaría estar en la cama con él, a ver qué hace. O lo piensas de alguien que está cerca de ti, en el trabajo, en la escuela, con tus vecinos y de repente fantaseas, dices: ¡órale! Pero todo queda en eso, en fantasía.

 

Hubo por ahí una ilusión, pensé que había encontrado a alguien más pero en realidad no. Tal vez tuvo que ver la diferencia de edades, él es más joven que yo; quizá tuvo miedo, tal vez pensó que para qué se metía en broncas y de alguna manera lo entiendo, aunque en ese entonces me dolió. Me dolió que pusiera punto final a algo que todavía no empezaba. Ahora pienso que tuvo razón, para qué nos metíamos en broncas, finalmente tengo una pareja, mis hijas, un hogar y pues él tiene su libertad y su juventud.

 

En mi proyecto de vida no estaba contemplado vivir con alguien, sin embargo, cuando me enamoré de mi esposo dije “quiero todo con este chavo”; y todo significaba que quería su cuerpo, pero también ser parte de su vida. Quería vivir con él aunque para ello tuviera que dejar de lado mis deseos de irme a estudiar fuera del país, de conocer otros lugares, en fin, muchas cosas.

 

Al principio de la relación yo era hiperdetallista, le regalaba cosas, le escribía, le mandaba mensajes. Poco a poco fuimos perdiendo eso. Hemos tenido situaciones de crisis muy duras en la pareja y en esos momentos no hay detalle que valga, todo es negativo. Cuando superas esas crisis te acercas otra vez a tu pareja y tratas de complacerla; en mi caso trato de estar al día en los temas que a él le interesan para que podamos hablar y, aunque algunos no me gustan, por lo menos lo escucho. Me gusta hacer juegos eróticos. Trato de que nuestra relación sexual sea buena, que se sienta complacido. Le demuestro que lo quiero, y cuando estoy fastidiada, también.

 

Sí, quiero envejecer a su lado, pero él, que es más realista, me dice que no lo piense o lo idealice porque puede pasar o no. Tiene razón porque igual puedes encontrar a una tercera persona, de este lado o del otro y ahí se acaba, entonces es mejor no idealizar. No creo en el amor a primera vista, creo que el amor se construye, se va dando con la cotidianidad, la relación, la convivencia diaria.”

Continúa…

* El presente artículo lo publicamos también en la edición impresa de El Heraldo de Chiapas en dos partes, 1 y 2 de marzo del 2005.

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