Cecilia Romana: Sin la mirada del otro, la vida de uno no tiene sentido

Visita Chiapas por segunda ocasión la Ganadora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006. Foto: Gabriela G. Barrios

Visita Chiapas por segunda ocasión la Ganadora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006

La joven poeta argentina Cecilia Romana encuentra en la poesía la única manera de expresar algo que está muy dentro de ella, “es la única manera de salvarse, si yo no escribiera poesía estaría loca o por lo menos hubiera vuelto loca a gran parte de la gente que me quiere o de mis amigos”.

 

Después de la jornada laboral su vida es escribir, leer “un montón”, pintar y cantar (antes era vocalista de un grupo), como lo demuestra su trabajo, en el que destacan Flota, hangares y otros trabajos mecánicos (2004), Duelo (2005) y Aviso de Obra (2006) con el que obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, otorgado en la Embajada de México en Costa Rica. Colaboradora en revistas de diversos países, trabaja con el especialista en filosofía e historia de las religiones Francisco García Bazán, como su asistente en investigaciones del área de filosofía; es, además, editora de Sigamos Enamoradas.

 

En noviembre del año pasado se hizo acreedora del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006, por su libro No lo conozcas el cual escribió en dos meses como resultado de “un amor no correspondido, de un amor que no podía ser, como todos mis amores”, nos comenta Cecilia en una amena charla, en esta su segunda visita a Chiapas.

 

El mar de Cecilia

 

– ¿Qué te representa el término poesía?

La literatura para mí es mi vida, sin lugar a dudas y dentro de la literatura la poesía es el mar donde mejor nado.

 

–¿Los poetas necesariamente tienen que hablar del amor?

No, para nada. El escritor, el poeta, quien sea que se dedica al arte, habla de lo que puede, como puede. Finalmente me parece que la fuerza que mueve la vida de todas las personas es el amor, y quizás el poeta que es quien tiene un instrumento más íntimo y más sincero, que es la palabra, puede ser que muchas veces hable del amor, indirectamente o escondiéndolo pero en general habla del amor. No creo que sea un tema obligatorio ni preponderante, de hecho la poesía política también tiene sus seguidores, yo sólo hablo del amor. Pero en algún momento creceré (risas).

 

-¿Has escrito poesía erótica?

No, yo creo que no, pero todo el mundo dice que escribo cosas eróticas. Estoy muy convencida de que no, no me pega, no.

 

–¿Y social?

No, tampoco. Creo que si uno va siguiendo mi obra, se ve algo social, pero en realidad yo siempre escribo de mí y se puede ver como vive una chica de treinta años, recibida, soltera, en Buenos Aires, y a través de eso cómo es la sociedad de la gente como yo, la sociedad en la que vivo. Pero no escribo tema social.

 

–¿En el amor también hablas rimadito o eres de prosa libre?

¡Libre! (Risas). No puedo cumplir reglas de ningún tipo, nunca. Cuando hay reglas digo hay que romperlas. ¡Prosa libre! Aunque sí tengo una regla que es un mandamiento también, amar al otro como a ti mismo y la tengo muy presente en el amor; siempre pienso ¿al otro le gustaría que le hicieran lo que a mí no me gusta que me hagan? Y pienso también en los que rodean al otro. Tengo algunas reglas morales con respecto al amor.

 

–¿A quién le recitarías al oído?

(Risas). Al Subcomandante Marcos.

 

Sus emociones

–¿Qué te produce miedo?

Perder a mis seres queridos, es a lo único a lo que le tengo miedo.

–¿Qué te enoja?

Me enoja la falta de ambición, el detenimiento en la gente, que se rinda la gente que quiero. Foto: Gabriela G. Barrios

Muchas cosas. Me enoja la falta de ambición, el detenimiento en la gente, que se rinda la gente que quiero. Me enoja muchísimo la desigualdad, la desigualdad económica, educacional, sanitaria. También me enoja mucho la gente que es implacable y que cree que todo el mundo tiene que pensar como ellos, creo que eso es lo que más me enoja y la infidelidad también me enoja bastante, ¡no la mía, la del prójimo! (Risas).

–¿Qué te aburre?

Todo. Me aburre la continuidad. Me aburre ir al cine, es algo tremendo porque todo el mundo me dice vamos al cine y me aburre. Nada. Me aburro de todo.

–¿Y qué te divierte?

Muchas cosas. Lo que más me divierte en la vida son las caídas de la gente, si yo veo a alguien caerse me deshago, me descostillo, no puedo parar. Me divierten mucho las situaciones en las que no me debo reír, me divierten y me río a carcajadas, no puedo parar. Después, me divierte mucho estar con mis amigas, estar con mi hermano y jugar con mis sobrinos, tengo once sobrinos, desde los siete meses hasta los 13 años, me divierte mucho estar con ellos.

–¿Qué sueña Cecilia Romana?

Sueña muchas cosas. Todo el tiempo estoy soñando, sueño que voy a estar feliz, no sé muy bien cómo, pero sueño que voy a estar feliz; en general sueño que la potencia de amor que tengo es correspondida con la energía exacta con la que yo la siento, es sólo un sueño (risas). ¡Nunca se da!

–Ahora ¿Eres feliz o no eres feliz?

En este momento, con mis amigas y en la entrevista y en Chiapas, estoy feliz, totalmente feliz. En este momento sí. Soy una persona que nunca está conforme, una persona que se aburre muy rápido y mucho, entonces siempre me falta algo, soy una persona muy incompleta pero ahora sí estoy feliz.

 

Los amores

–¿Consideras que las mujeres y los hombres aún le tenemos miedo a lo que piense el otro?

¡Sí!, totalmente. A partir que uno se levanta, la mirada del otro es esencial en lo que vas a vivir el resto de tu día. No sé si exista alguien que realmente sea seguro y que no le importe demasiado lo que dice el otro. Para mí sin la mirada del otro, la vida de uno no tiene sentido. Me parece que el otro nos da miedo, nos da felicidad, nos da inseguridad y también nos da seguridad. Me parece que la mirada del otro es fundamental en la vida de uno.

–¿Qué debes a los hombres de tu vida y qué te deben ellos a ti?

Tengo principalmente dos hombres de mi vida que son mi padre y mi abuelo. A mi padre le debo la vida y le debo todas las enseñanzas, toda mi primera formación, antes de ir a la universidad, el tema literario, todos los clásicos griegos, haber aprendido griego y latín cuando estaba muy chiquita, aprendí casi al mismo tiempo que aprendí a escribir español, después me olvidé por supuesto (risas). Toda mi formación y mi amor por las humanidades se los debo a mi padre y después mi amor hacia los hombres; el ver a un hombre que uno admira y quiere muchísimo se lo debo a mi abuelo, que era también mi padrino. Son los hombres que más amo en mi vida y después les debo a varios hombres libros, porque cada uno de mis libros es un hombre. ¡Ellos me deben plata! (Risas). Eso es lo que más me deben y después que sé yo, algunos me deben libros y nada más, después les regalo todo.

–¿Dónde has escrito el nombre de tu amado?

En libros, siempre velado, siempre con otros nombres; en la pared de mi cuarto, las iniciales; en un papelito. En alguna parte de mí, creo que dentro de mí tengo un muro donde hay un montón de nombres. Algunos más grandes, por supuesto el más grande Gonzalo, que es mi ex marido, que está escrito enorme y con luces alrededor y también está la dedicatoria de mi primer libro con su nombre, que dice Gonzalo. Nunca maltraté árboles ni bancos de colegio ni ningún otro objeto, jamás, nunca, porque pensé que no se lo merecían los varones.

 

–¿Ya has visto al hombre más guapo del mundo?

¿En persona? ¡Ay! ¿El más guapo del mundo? (Risas) No sé si es el más guapo del mundo. Vi muchos hombres guapos. Siempre dije que el hombre más lindo que había visto en mi vida es mi ex marido. Creo que todavía conservo esa idea, considero que el hombre más lindo que he visto en mi vida es mi ex marido, sin lugar a dudas.

 

–¿Has sufrido mucho por amor?

Sí, todo el tiempo, muchísimo, pero sufrí, me parece, porque siempre fui la que se puso los pantalones en todas las relaciones que tuve y además porque tengo una idea muy idealista del amor. Me enamoro de alguien que está lejano y que sin querer lo voy construyendo y al rato me doy cuenta de que me enamoré de una construcción, mientras, el otro ya se enamoró de mí, pero yo ya no me enamoré de él. ¡Siempre con amores imposibles! Sufrí por amor pero creo que más sufrieron las personas que estuvieron conmigo. Si tengo que poner una balanza, más del doble sufrieron las personas que estuvieron conmigo, pobres.

 

–¿Y por odio?

No. Creo que no sé lo que es odiar. Nunca en mi vida odié, no sé lo que es odiar. Me imagino que alguien me habrá odiado. En algún momento alguien por ahí me quiso hacer algo por envidia; siempre trato de entregarles amor igual. Soy una persona que tiene muchas cosas, tengo salud, que es lo principal, tengo amigos y tengo pujanza para trabajar y de alguna manera me siento en la obligación de devolver al mundo todo lo que tengo. Si nadie me trata mal sonrío siempre, porque en verdad no sé qué es el odio.

 

La escritura

–¿Cuándo escribes piensas en tus lectores?

Me divierten mucho las situaciones en las que no me debo reír, me divierten y me río a carcajadas, no puedo parar. Foto: Gabriela G. Barrios

Nunca, jamás. No tengo idea de quienes son mis lectores, no me interesa. Cuando escribo es el momento más egoísta en mi día y en mi vida, soy la más egoísta del mundo. Me siento, me pongo auriculares, escucho música, tecleo y canto. Es el lapso más egoísta del mundo, pobre el que anda por ahí que me está escuchando cantar, canto horrible, pero además yo no sé quienes son mis lectores, no creo que tenga lectores tampoco.

–¿Siempre escribes en computadora?

Siempre. No puedo escribir a mano. Escribo cartas pero nunca puedo escribir poemas a mano.

–¿Cuál es el tema recurrente en la poesía de Cecilia?

El amor, creo que es el único, por eso te digo que en algún momento voy a crecer. (Risas). No puede ser que siempre sea lo mismo. Me llama mucho la atención algo del amor, tampoco sé si existe el amor, es una tendencia a un hombre, es que el amor es absoluto. Tengo amigos, tengo familia, tengo un perro que amo, pero cuando siento una tendencia hacia otra persona, hacia un varón, para mí lo otro se borra y mi vida comienza a ser un apéndice de eso que siento. No tengo personalidad. Me siento a escribir y por más que quiera escribir de otra cosa termino siempre escribiendo de algo que me sobrepasa que creo es el amor o una forma del amor, porque la verdad que si el amor es eso, demasiado sectorizado, espero que no. Hay un solo amor en toda la vida y en todas las cosas, pero creo que es mi único tema, no hay otro.

–¿También en tu vida?

No, en mi vida no. En mi vida está el trabajo, la vocación, que para mi es importantísima, mi familia, pero si estoy enamorada, en este momento, por ejemplo, estoy pensando en alguien que quiero muchísimo y daría mi vida por él, o sea que en mi vida hay un montón de otras cosas pero en el momento decisivo no me importan esas cosas, porque soy un poco alocada, daría la vida por esa persona en la que estoy pensando ahora, que supuestamente estoy enamorada.

 

Los otros

–¿A qué poeta o poetisa te gustaría conocer y por qué?

Me hubiera encantando conocer a un poeta francés, a (Gérard de) Nerval y me gustaría volver a ver a Raúl Zurita, a quien conozco, me encantaría volverlo a ver a él, sí.

–¿A qué mujer de la historia universal te hubiera gustado parecerte?

¡A María Magdalena! (Risas).

–¿Quién te gustaría que te escribiera un poema?

(Risas) Jorge Esquinca.

–¿Te han plagiado algún poema?

No. No sé. Puede ser, no me importa.

–¿Qué narradoras te conmueven?

Sara Gallardo, es una argentina que me gusta mucho. Algunas cosas de Silvina Ocampo también me gustan bastante. Me estoy dando cuenta que no hay muchas narradoras que me conmuevan. Más bien hay narradores que me conmueven, varones. Hay muchos narradores que me gustan, que me encantan como (Ernest) Hemingway, (Truman) Capote y (Raymond) Carver, esos son para mí lo mejor de lo mejor. Pero hay un libro que escribió el argentino Fausto Burgos, que se llama “El Salar”, que fue de lo que leí en los últimos 10 años, sin lugar a dudas, lo que más me conmovió, es impresionante, es una novela que nadie la leyó ni se consigue pero es impresionante. Bueno me gustan muchos narradores pero no que me conmueven, ese libro me conmovió, se los recomiendo.

 

Lo cotidiano

–¿Qué música escuchas?

Me hubiera encantando conocer a un poeta francés, a (Gérard de) Nerval. Foto: Gabriela G. Barrios

Escucho de todo, me gusta mucho el tango, el folclore, son los dos géneros que más me gustan y ahora estoy escuchando a un compositor que se llama Arvo Pärt que también me estoy haciendo así como fanática. Me gusta la música clásica. En realidad me gusta cualquier cosa, ponés lo que me ponés lo escucho y me gusta. Escribo escuchando cualquier cosa.

–¿Cuál es tu comida predilecta?

Los ñoquis (risas), es una pasta, como unos cubitos con manteca y queso; milanesa con papas fritas, churrasco con papas fritas, pizza y me gustan muchos los dulces, me encanta el chocolate, la nutela me encanta, me vuelve loca y la comida chatarra también.

–¿Quiénes son tus amigos más entrañables?

No quiero dejar a nadie afuera pero (risas) tengo tres, en realidad son cuatro: Marina Serrano, Mercedes Araujo, que son las dos chicas que tienen la editorial conmigo; Diego Bentivegna que es un traductor y ensayista muy avezado y lúcido, y mi hermano Juan Bautista. Esos cuatro son las personas sin las cuales yo no podría vivir y después tengo amigos que quiero muchísimo, pero no como a esos cuatro.

–¿Has robado algún libro?

Sí (risas) por supuesto, no hay que decirlo. Nunca robé un libro de una librería en la que fuera a comprar, pero trabajé en una librería y me pagaban muy mal, realmente me pagan muy mal y yo completaba el sueldo con libros, me llevaba libros que nunca me hubiera podido comprar y robé.

–¿Te gusta el mar?

Me encanta el mar, sí, pero una vez estuve a punto de ahogarme y le tomé mucho miedo. Era una persona de esas que se mete, que no le importa nada, que no le tiene respeto y el mar en Argentina es tremendo. Ahora le tengo mucho respeto, pero me encanta el mar.

–¿Ha visto peces de colores debajo del agua?

Sí, vi en Brasil y me impresionó bastante porque en Argentina el mar es muy frío y sucio porque es muy turbulento, todo el tiempo está marrón, no puedes abrir los ojos debajo del agua. Cuando fui a Brasil, que el agua es muy tibia, un día nos llevaron a nadar a un lugar entre las rocas y en un momento ¡vi peces que nunca en mi vida había visto y que estaban al alcance de mi mano y tenían colores, tenían forma! Me acuerdo que me paré y me dijeron ¡No! porque me paré en las rocas y venía una ola. Volví y los miré, es precioso pero me dio miedo porque nunca los había visto, era como estar en una película, me impresionó. En general no soy nada miedosa, vuelvo a mi casa a cualquier hora, no me importa nada pero hay ciertas cosas de la naturaleza que me impresionan mucho, una son los rayos, a los rayos les tengo respeto y asombro y terror y después cosas que pasan de pronto en la naturaleza como vientos fuertes, animales. Me llama mucho la atención cuando los perros van caminando hacia ningún lado y muy derecho y muy confiados hacia donde tienen que ir, esas cosas como que a mí me pegan, y ver esos peces en ese momento, yo no sabía si llorar, en general cuando no sé qué hacer, lloro.

–¿Qué ha representado en tu vida tu mascota?

“Foco” es mi único compañero estable. Duerme conmigo en mi cama, duermo incomodísima porque es una cama de una plaza y él duerme a mis pies, pero después quiere dormir conmigo a mi lado en la almohada. Yo lo adoro. Mientras trabajo él esta a mis pies sentado, suspirando, es mi compañero de todo el día. Juego con él, hablo con él, le levanto la oreja y le hablo. No sé que haría sin mi perro. Me gustan mucho los perros. Amo a los perros pero mi perro en particular, “Foco”, es un compañero, sabe todo de mi vida, sabe todos mis secretos, me cuida, es un amor, lo adoro.

 

–¿Qué te hace recordar a tu niñez?

Todo el tiempo pienso en mi niñez. Tuve una niñez muy feliz. Tengo cinco hermanos, soy la quinta, después viene mi hermano Juan. A mis tres hermanas mayores mis papás las criaron de una manera muy rígida y muy disciplinada y a los tres más chicos que son dos varones y yo, nos dejaron un poquito más de espacio, un poco más de libertad. Me crié entre mis dos hermanos, siendo un varón más. Jugaba al fútbol, estaba todo el día en la calle y me la pasaba muy bien. Escribo mucho en mis libros sobre mi infancia porque fue el mejor periodo de mi vida, creo que desde los siete hasta los 14 o 15 años realmente fui muy feliz y todo el tiempo lo traigo a mis libros; en ese momento no pensaba en nada mas que en salir a andar en bicicleta, era lo único que tenía en mi cabeza, ni siquiera leía. El primer libro que leí fue como a los 14 años que fue “El Diario de Ana Frank” y después de ese leí “La Tía Tula” de Unamuno, después no leía hasta que terminé el colegio y leí en dos años todo lo que no había leído nunca. Pero era una persona muy feliz, hacía deportes, tenía muchos amigos, andaba siempre con mi hermano. Creo que si no hubiera tenido la infancia feliz que tuve no me aguantaría ahora tantas cosas con una sonrisa, seguro.

 

–¿Cuál es tu equipo de fútbol?

River Plate (risas). Y tengo un segundo que es (Club Atlético) Platense porque es cerca de mi casa.

 

Cecilia, la editora

–¿Y qué tal tu papel de editora?

El trabajo de editora es un trabajo muy duro. No sólo edito sino que corrijo, que hago toda la parte de producción del libro. Foto: Gabriela G. Barrios

Es muy difícil, no hay plata en Buenos Aires, ahí la plata va para otras cosas, no va para cultura tanto como en México, que hay chicos que tienen becas, hay chicos que se reciben y les pagan la maestría. Eso no pasa allá. ¡No pasa! Es muy difícil encontrar un espacio de libertad para decir esto es lo que me gusta, por esto me juego, esto habría que editarlo, y yo lo hice en nuestro primer libro que fue “Hotel Quequén”, donde se me dio la posibilidad de hacer una antología de los poetas jóvenes que a mí me gustaban y la armé como quise y fue como una revolución, porque de pronto en un mismo libro mezclé 15 poetas que no tenían nada que ver unos con los otros, porque no se conocían y algunos se aborrecían. Ahí sentí que estaba haciendo lo que realmente quería. Ahí van a ver a la gente que realmente está trabajando en Argentina en poesía. Pero ya no lo pude volver a hacer. Nuestros dos últimos libros por ejemplo, uno es de mi padre (Francisco García Bazán) que es “El Evangelio de Judas”, comentado y la biografía de él, que no vale porque es de mi papá y nos lo regaló, y después otro de poesía que es de una amiga nuestra que se llama Ana Lafferranderie. El trabajo de editora es un trabajo muy duro. No sólo edito sino que corrijo, que hago toda la parte de producción del libro y a mí no me pagan por eso, pero creo que si me pagaran es un trabajo que me gustaría hacer y con más libertad.

–¿Cómo ves la literatura argentina actual?

La veo muy bien en la poesía. Me parece que es un espacio en el que se está creando un montón de cosas. En la narrativa me parece que está un poco más quedada, tenemos buenos narradores, estoy hablando de la gente joven. Está Martín Kohan que es un buen narrador. No se mueve mucho la narrativa. La poesía tiene una cosa muy linda en Argentina, hay tanta gratuidad. Las cosas de la poesía no se hacen por dinero, nunca hay dinero de por medio. La gente se conecta de otra manera, los jóvenes se conocen más, se arman discusiones, hay grupos, se pelean, se amigan. Hay revistas de poesía, hay páginas de poesía muy importantes. Creo que el movimiento de la literatura de Buenos Aires está pasando por la poesía independiente y las editoriales independientes.

–Se ha dicho que Borges es la inevitable gloria para los argentinos ¿Qué piensas?

Que sí, Maradona y Borges (risas). Borges era realmente un tipo inteligentísimo, lúcido y con una potencia de narrador que nosotros no la volvimos a tener nunca. Parece que es inevitable, está muy bien que sea inevitable. Ojalá que todos los escritores argentinos y en general toda la gente que se educa en Argentina tenga una base borgiana, porque realmente era una luz. Lo lees hoy en día y es tan moderno como en la época en la que él escribió los textos. Acá (en Argentina) tiene muchos críticos en su parte de poesía porque él durante un tiempo se dedicó a hacer poesía semigauchesca y él era un tipo de clase alta que no tenía porque escribir de esas cosas de clase baja. Sin embargo, lees unos poemas que están increíblemente bien escritos. Era un buen escritor y un tipo muy lúcido que no se da mucho en la literatura, por lo menos en la que yo conozco.

–¿Qué es lo que más te gusta de él?

Su inteligencia y su habilidad para narrar, es una persona que tenía, me parece, en su cabeza incrustadas tremendamente bien las estructuras de las narraciones. Nunca se desequilibra entre el argumento y el desenlace. Era un as para la narración. Y otra cosa que me gusta mucho de él es que era una persona capaz de tomar de un texto cualquiera que sea, por ejemplo las ideas de Plotino, las leía, las entendía, las masticaba y después ponía en sus textos solamente lo que a él le servía, cosa de que la gente que lo iba a leer no iba a entender a Plotino porque eso no interesaba sino que iba a enamorarse de Borges. ¡El tipo era un genio!

–¿Admiras algún escritor(a) mexicano (a)?

Sí, por supuesto, a (Jaime) Sabines para empezar. (Risas). A (Juan) Rulfo, Agustín Yañez, ¡Jorge Esquinca, Jorge Esquinca! (Risas) Me gusta mucho Marco Antonio Campos, también. Bueno, Octavio Paz. ¡José Emilio Pacheco! Elva Macías. De Rosario (Castellanos) me gusta lo que hizo como persona, me gusta que se haya pelado, era una loca, pero a su poesía no le entro tanto. Después me gusta José Luis Sierra, (Arturo) Córdova Just, algunas cosas de (Héctor) Carreto y después me gusta Jorge Esquinca. (Risas)

–¿Qué estás trabajando actualmente?

Estoy corrigiendo un libro que se llama “Uso y aprovechamiento del hermano”, que es un libro de poemas pero que arranca con un guión de teatro, yo soy de teatro, entonces de alguna manera tengo que incluirlo, después tiene cartas y poemas, o sea que tiene tres géneros, el epistolario, el dramatúrgico y el puramente poético. Después estoy escribiendo un libro de narrativa cuyo nombre, por ahora, es “Expedición a mi futuro esposo”, que son pequeñas narraciones de días en la vida de alguien, es como un diario narrado.

–¿Te gustaría vivir en México?

Sí, me encantaría.

 

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SILUETA

Edad: 31 años

Número de hermanos: 5

Lugar de nacimiento: Buenos Aires, Argentina

Pasatiempos: No tengo, porque leer no es un pasatiempo, es lo que yo hago con mi vida. ¡Verme con mis amigos!

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EN CORTO

Amor: Todo

Papel en blanco: Avión

Leer: Muchas horas

Escribir: Mi vida

Palabras: Instrumento

Libro: Puerta a los sueños

Computadora: Hermana

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*Entrevista publicada en dos partes en el diario El Heraldo de Chiapas, 03 y 04 de mayo 2007

 

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