Rafael Courtoisie: Hombre que quiere hablar sobre la aventura.


Rafael Courtoisie en el Centro Cultural de Chiapas Jaime Sabines

Cierro los ojos. Escucho la voz serena, segura, rítmica de Rafael Courtoisie. Imagino que no hay alguien más que nosotros dos en el auditorio. En la mente construyo las imágenes que la sucesión de palabras me dicta. Mi experiencia las deconstruye y vuelvo a la realidad.

 

Rafael Courtoisie, quien se autodefine como “un hombre que quiere hablar sobre la aventura de sí y de otros, de otros y de sí”, es uno de los escritores uruguayos de mayor reconocimiento internacional; su obra ha merecido diversos galardones en España, México y Uruguay.

 

En las piedras que parecen deseos, en las piedras del tiempo

que parecen años. Piensa en los años. No mires al espejo.

Éste no soy yo. Es tu recuerdo. Es la melodía,

la música de la imagen que se te parece. No soy yo…

 

Es poeta, narrador, lector, pintor, químico y divulgador de la ciencia, pero sobre todo, un hombre sensible, que creció en un Uruguay con crisis financieras y políticas, golpes de estado, represión; un país convulso en el que “…a edad muy temprana vi gente muerta, vi gente perseguida… fueron años duros y te marca, algunos de mis escritos y mis novelas salen de eso, de ese dolor”. Sin embargo, refiere que al interior de su familia vivió una infancia felicísima.

 

Amalgama de sentimientos que van encontrando su sentido en el proceso de conocerse y re-conocerse como un hombre de letras, de palabras, “…medio de llegar al otro, no un fin en sí mismo sino un medio de llegar al prójimo. La palabra es un instrumento de construcción estética y fundamentalmente una definición del humano.”

 

Palabra tras palabra se construye o se reinventa la vida, se va más allá de la enunciación pasiva de anécdotas personales, de acontecimientos literales; se es en y por el lenguaje, así, habitantes de un mundo fragmentado en silencios y palabras, los objetos de tan cotidianos olvidados, los sentimientos que nos mueven o paralizan, el tiempo, el recuerdo, usted que lee estas líneas, yo que las escribí, podemos formar parte de este territorio imaginario en el que manda la pluma de Courtoisie.

 

–Se ha dicho que tus poemas son una especie de cuentos porque en ellos se pueden descubrir historias, como en el poema Persistencia del débil. ¿Cuando los escribes estás consciente de ello, preparas alguna escaleta o argumento?, ¿cómo surgen?

Sí estoy consciente pero no hay ninguna preparación previa, simplemente cuando me doy cuenta que el poema tiene cierta estructura narrativa el tratamiento del lenguaje es connotativo, es típico de la poesía, trato de fijarme en el peso de cada palabra, en la justeza de cada palabra pero no hago un esbozo; en general son minirelatos que a su vez son poemas que surgen de una manera muy espontánea.

 

–Has dicho que la novela es el horizonte de la absoluta libertad narrativa. El cuento, la concisión y la necesidad imperiosa de una resolución en la historia. ¿Y la poesía?

Hay una constante en una parte de mi poesía, que es recuperar los objetos de todos los días.

La poesía en esa escala también produce una sensación de libertad absoluta pero es totalmente exigente al mismo tiempo; creo que la poesía es el género más exigente de todos si tomamos la exploración reflexiva que compone el ensayo o la narración de un avatar, de una realidad que constituye la narrativa. La poesía, frente a eso, entraña una exigencia enorme porque implica un andamiento del lenguaje, por supuesto, eludir el lugar común, eludir los usos consuetudinarios del lenguaje pero a la vez trabajar con ellos y apuntar una realidad nueva.

 

Me parece que la poesía es un espacio de absoluta libertad que se consigue con mucho sufrimiento, a veces. Es extremadamente exigente como género, uno puede escribir un cuento y atenerse a la exactitud de un inicio, desarrollo y desenlace pero disfrutarlo porque uno maneja las estructuras, el oficio; lo mismo pasa con la novela, con un poema no, con un poema o comparece la poesía en el poema o no es poesía.

 

Octavio Paz decía que un poema es un conductor de poesía. Si el conductor no funciona, no funciona, no hay vuelta. En cambio la novela puede estar más o menos lograda y se percibe como un entretenimiento, pero el poema tiene que ser esencial sino no sirve.

 

–En tu libro Música para sordos nos presentas poemas dedicados al tenedor, a la cuchara, al espejo. ¿Por qué hablar de objetos cotidianos?

 

Hay una constante en una parte de mi poesía, que es recuperar los objetos de todos los días que están de alguna manera alienados, que están fuera de su esencia, que están al uso o al servicio de un mero consumo, entonces, cuando en Música para sordos se habla de la cuchara, del cuchillo, de la copa de vino incluso de las naranjas, hay una idea de dotarlas de vida, de mirarlas desde otro punto de vista, eso también lo hago en la novela que se llama Tajos (Edit. Lengua de trapo), donde el protagonista es una especie de “psicokiller” juvenil, que en respuesta a su frustración con el mundo tasajea todo lo que encuentra a su alrededor.

 

En ese tasajear está, de alguna manera, otorgándoles un lugar que el consumo les quitó. Nosotros vivimos en una era de consumo, de hiperconsumo, donde uno está al servicio de las cosas y a su vez se cosifica, entonces, tanto en Música para sordos como en Tajos, por un lado en la poesía y por el otro en la narrativa, hay un intento de descubrir la esencia de cada objeto, que el lector por primera vez encuentre ese objeto, lo vea; de pronto objetos que los tomamos todos los días como un vaso, un tenedor o un cuchillo y pasan desapercibidos, no los conocemos; si no podemos conocer esos objetos que son inertes cuanto menos podemos conocer al semejante, al prójimo.

 

Es una especie, no digo de educación sentimental a través de los objetos pero sí una propuesta de mirada de profundidad a la magia del mundo, a lo vivo y a lo misterioso que es el mundo.

 

–Coincido contigo en que la poesía es un artículo de primera necesidad, sin embargo, cómo lograr que su valor simbólico se resignifique y se dé la posibilidad de que todos accedan a ella.

En los Siglos de Oro, ni Góngora ni Quevedo escribían libros para vender, ni siquiera publicaban libros

Es una pregunta que mete el dedo en la llaga, por así decirlo. En términos del sociólogo francés Pierre Bourdieu, toda la literatura, todos los capitales culturales, se mueven justamente en el plano simbólico. Es curioso que en la sociedad occidental, por lo menos de inicios del siglo XX, la novela sea un producto de compra-venta, un producto de consumo que es capital simbólico y la poesía que también lo detenta y que es más profundo, aparece de algún modo marginada, aparece menos visible en las transacciones comerciales, en lo que tiene que ver con las editoriales; creo que esa contradicción se podría explicar porque la poesía es un agente poderosísimo de razón, de conciencia, de conmoción y entonces su capital simbólico también es de una intensidad que hay que administrar y que mucha gente que tiene el poder quisiera administrar en el sentido de que no tuviera esos efectos tan fuertes sobre la conciencia.

 

Me parece que cada uno de los creadores también tiene la obligación de los poetas –de los poetas lectores, el lector es un poeta también- de descubrir, de pasar ese poema que encontramos de Fernando Pessoa, de Antonio Machado, de Jaime Sabines, a un amigo.

 

No necesariamente el capital simbólico de la poesía circula como una cuestión de compra-venta, puede circular de otros modos. Hay un prestigio literario que tenemos que defender, que no pasa por el dinero, por suerte; eso a inicios del siglo XX implica un actitud consciente, de trabajo, por eso uno va de pronto a muchos festivales de poesía porque es un modo de comunicarlos; es un modo también, de no necesitar medios de comunicación consuetudinarios.

 

En los Siglos de Oro, ni Góngora ni Quevedo escribían libros para vender, ni siquiera publicaban libros, su poesía tenía un poder enorme a través de la circulación que se daba en ciertos ámbitos y ese poder simbólico nos llega hasta hoy, es decir, ese capital no se disipó, en cambio otros entretenimientos de aquella época, simplemente son piezas de museo. Entonces quiero terminar con Pierre Bourdieu diciendo que el capital simbólico de la poesía es enorme, es poderosísimo.

 

No eres tú.

No es nadie.

Piensa en el agua del mar, en su movimiento, en su peso.

Piensa en el agua y no en mí, piensa en el pensamiento

que viene y va, como un espejo.

Pero no pienses en el espejo, rompe el espejo

de una pedrada …

 

 

–¿Cómo separa o une Rafael Courtoisie su escritura narrativa y poética con su quehacer de crítico literario y sobre todo de divulgador de la ciencia?

–Son facetas muy diferentes. Incluso dentro de la narrativa trabajo niveles por registros de escritura diferentes porque mis novelas suelen utilizar la ironía, la parodia, una carga de cierta literatura violenta o de temas violentos y en los cuentos los temas son mucho más variados, así, en la misma narrativa hay diversidad de registros.

 

Eso es un aspecto del proceso de creación, otro aspecto es una poesía más esencial, que está cercana al discurso filosófico sin ser pretenciosa, quiero decir que de algún modo se nutre de cuestiones esenciales, de objetos de pensamiento que ha visitado la filosofía, a su vez todo lo que tiene que ver con divulgación de la ciencia, sin mi formación científica, me ha servido para tener una plataforma de conocimiento que alimenta las distintas vertientes de mi obra.

 

Son distintas facetas de un proyecto creativo que es complejo pero que siento necesario en su diversidad. Prefiero la heterogeneidad a la ortodoxia porque me parece que trabajar distintos registros de la escritura es la posibilidad de comunicar en distintos niveles.

 

–¿En cuál de estos registro te sientes más cómodo?

En la poesía, como un elemento digamos primigenio de la comunicación humana, como una posibilidad de, con recursos estéticos a veces muy sencillos, expresar mucho y llegar al otro, comunicar profundamente.

 

En la novela me siento cómodo pero entiendo que es también un género donde hay ciertas concesiones a la extensión, al formato. En la poesía me siento mucho más cómodo. Creo, además, que en toda obra literaria que se precie de tal, hay un núcleo poético, así sea teatro, un guión para cine, un ensayo, hay un núcleo poético.

 

La poesía a inicios del siglo XXI es una razón diferente que ilumina el conocimiento, cuando de pronto muchas teorías, muchas ideologías se han mostrado inoperantes; de alguna manera la poesía sigue siendo absolutamente iluminadora, un poco en la idea de (Arthur) Rimbaud del poeta como un iluminado, en un sentido no de locura sino en un sentido del que ve a través de las palabras la realidad.

 

–¿A qué se refieren tus críticos cuando hablan de que violentas la precisión del lenguaje de la ciencia, a favor de la poética?

Bueno, porque allí hay una indiscutible lucha por una aparente precisión del discurso científico. Todo conocimiento es metafórico, eso no lo digo yo, lo dice Hegel. El discurso incluso de las llamadas ciencias exactas de las ciencias naturales trabaja con metáforas, es un discurso construido con figuras retóricas y de algún modo hay una apropiación de esas estructuras que aparentemente son muy lógicas y muy despojadas, a favor de esa duda, de ese margen que plantea la poesía, entonces, no es que oponga una cosa a la otra sino que de alguna manera hay un uso del discurso científico en aras de resaltar ese procedimiento metafórico que el propio discurso científico tiene.

 

Vivimos en un mundo de asombros en el que alguien como (Stephen) Hawking, físico que de alguna manera habla desde los agujeros negros hasta la curvatura del tiempo, está trabajando constantemente con metáforas, es un planteo metafórico con la diferencia de la ciencia, evidentemente trabaja también niveles de experimentación que ratifican o rectifican esa hipótesis que se postula mediante metáforas pero creo que más que enfrentarlo, lo trato de complementar, de transformar.

 

–¿Esa visión de científico influye en tu quehacer poético?

Sí, sin duda. Tengo un libro que se llama Estado sólido [Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe-Visor, España, 1995] y en toda su escritura influyó directamente mi formación científica pero influyó porque también el libro plantea un poco una parodia de los discursos absolutos de tipo científico.

 

“Los viajes enriquecen cuando uno tiene los ojos del alma abiertos”

 

…piensa en el alma dura de las piedras

en las piedras: ellas sí que te hacen falta

con su firmeza, con su alegre peso

misteriosas y serias: en las piedras.

 

–¿Cómo ves la literatura uruguaya contemporánea?

Hace ya 15 o 16 años descubrí que no es tanto que me guste viajar, sino que necesito viajar interior y exteriormente.

La veo bien, heterogénea, contradictoria por momentos, coexisten varias generaciones. El Uruguay es un país en términos de edad, envejecido y en términos literarios coexisten la generación del 45, que anda por los ochentaitantos años, con Mario Benedetti, Idea Vilariño, Ida Vitalie, Amanda Berenguer, con gente del sesenta y con nuestra generación que empezó a publicar en los años ochenta-noventa y con un grupo de jóvenes que tratan de elaborar su proyecto a partir no sólo de una poesía vehículizada por libros o recitales tradicionales, sino integrándola en un proyecto performático.

 

Todo eso está existiendo en el Uruguay en este momento y me parece bueno que exista, se entablan diálogos y contradicciones que son sanas, no me refiero al parricidio ni a los combates por el poder cultural, que ese es otro problema. Me refiero a una diversidad de formas y contenidos.

 

Creo que es más problemático en narrativa, hay un poco más de desorientación en ese sentido; después de la salida de la dictadura hubo un momento de mucho entusiasmo, después un decaimiento y ahora, inicios del siglo XXI yo soy optimista con respecto a los jóvenes, es más, me nutro mucho de mis alumnos, tenemos una actitud de dialogicidad horizontal, no jerárquica.

 

–¿Admiras algún escritor(a) mexicano(a)?

A varios. Entre las figuras titulares por supuesto debemos mencionar a Juan Rulfo como narrador y como poeta, diría Jaime Sabines. El Carlos Fuentes de su primer tramo de la obra, Octavio Paz y Jaime Sabines. Ellos son los grandes autores, pero acá hay gente viva que yo quisiera nombrar aunque me voy a olvidar de otros muy queridos; David Toscana me parece uno de los más valiosos escritores contemporáneos, creador en la narrativa absolutamente auténtico en su proyecto, en otro orden en la cuentística pienso en Juan Villoro y claro uno se pone a nombrar y hay muchos poetas, tendría que ser una lista muy grande para entender esos matices.

 

Si el espejo se rompe no soy yo, no eres tú

no es nadie, es la fuerza

del recuerdo que se ahoga en el espejo, en el agua

seca del espejo, la fuerza sin fuerza…

 

–¿En el amor, Rafael Courtoisie, ensaya, narra, rima o se va por la prosa libre?

(Risas) No, trato de hacer poesía y de rimar. Hay una frase que parece una frase hecha pero que es absoluta: toda buena poesía es erótica, lo otro no es poesía. Entonces, de algún modo, en el erotismo que implica lo físico, lo metafísico y lo místico, hay un equilibrio, una capacidad de encontrarse con el otro fuera de uno, es decir, el amor tiene que ver con eso, uno deja de ser uno y el otro deja de ser el otro para hacer algo intermedio y eso me parece absolutamente mágico y creo que sí tiene que ver con el acto poético.

 

–¿A quién le recitarías al oído?

(Risas) A una sola persona, en este momento, a una sola persona.

 

–¿A dónde viaja Rafael?

Hace ya 15 o 16 años descubrí que no es tanto que me guste viajar, sino que necesito viajar interior y exteriormente. Al inicio de este año estuve en Nicaragua y quince días en Turquía; gracias a la poesía también estuve en Lismier, antigua Esmirna, donde dicen que murió Homero, si es que existió, es una ciudad bellísima; en Efeso, que en este momento está en territorio turco; en Estambul, donde pude soñar y conocer lo que es tocar el cielo con las manos por momentos.

 

Hace unos veinte días estuve en Sarajevo en un encuentro de poesía, un poco en respuesta a la violencia, algo parecido a lo que pasó en su momento en el Festival de Medellín. Bueno, ir a Sarajevo me conmovió muchísimo, me pareció que participar en un festival poético allí y a favor de los derechos humanos, de la no discriminación, es un acto que va más allá de las consignas fáciles. Los viajes enriquecen cuando uno tiene los ojos del alma abiertos, cuando uno lo que quiere es simplemente hacer turismo creo que es mejor quedarse en casa, cerrar los ojos y ver el mundo interior que uno tiene.

 

–¿Te gusta el mar?

Sí, me gusta mucho y tengo casi una dependencia física, soy una especie de drogadicto de mar. En mis meses, casi un año, en la Ciudad de México, había días que yo salía a caminar y buscaba el mar, sabiendo obviamente que no existe. Tengo una cierta dependencia, amo la Ciudad de México, pero creo yo no podría vivir ahí. Algo parecido me pasa en Madrid, yo puedo estar dos o tres semanas pero a la tercera empiezo a sentir la necesidad del mar, la necesidad de algo cambiante, de la masa líquida que te va de alguna manera alimentando con una energía secreta y por otro lado explicándote que la vida va y viene, como las olas.

 

–¿Le has escrito poemas al mar?

Sí, muchísimos y no sólo poemas, mis tres primeros libros de cuentos tienen el nombre del mar, es una trilogía: El mar interior, El mar de la tranquilidad, El mar rojo. De hecho la trilogía iba a seguir, tengo unos inéditos titulados El mar de o El mar tal porque entiendo que esa colección de cuentos es como el mar, es decir, por un lado de pronto hay textos muy tiernos, muy serenos, con esa quietud que de pronto tiene el mar en algunas estaciones y por otro, hay cuentos embravecidos, violentos como es el mar.

 

Luego el mar es una gran metáfora del origen, del líquido amniótico, del lugar donde sale la vida, así que para mí es una palabra mágica y ha influido en mi poesía aun cuando el mar no esté como la palabra mar.

 

–¿Qué te produce miedo?

Me da miedo la soledad, no de no estar con otro sino la soledad donde uno se enfrenta a algunos de sus vacíos. Me da miedo la muerte.

 

–¿Qué estás trabajando actualmente?

Acabo de publicar una novela que se llama Goma de mascar, en ella hay poesía a través de sus personajes, quienes hacen la poesía que ellos pueden hacer siendo malos, siendo mezquinos, algunos, siendo muy buenos otros. Además, estoy escribiendo una novela con un personaje que podía ser un político latinoamericano típico pero llevado casi a la caricatura.

 

Es una novela que responde al estilo de las últimas que he trabajado, muy rápida, con un ritmo diría cinematográfico sino fuera un lugar común; es un ritmo acelerado, de un vértigo que lo que trata de lograr es que el lector no pierda tiempo, no se detenga. Estoy escribiendo esa novela y tengo además, como siempre, la poesía que me alimenta.

 

Doy clases de literatura y de teoría literaria en la narratología; cuando uno enseña cómo hacer un guión de cine, está enseñando también cómo es una estructura narrativa en un medio semiótico, entonces, cuando enseño cómo hacer un guión, enseño narratología. Digamos que mis campos si son la teoría literaria, la narración y también la poesía, porque doy también talleres de escritura creativa, que me parece uno de los puntos fundamentales en muchas partes del mundo.

 

Los talleres de escritura creativa, enseñan sobre todo a leer, plantean una formación del lector, después de eso pueden venir grandes talentos, no todos tienen que ser grandes escritores pero me parece muy gratificante trabajar en talleres de escritura creativa.

 

…la luz que se apaga

el espejo quebrado y yo, mi inocencia

que te dice:

piensa que no soy tú, no me pienses.

 

 

* Fotos: María Auxilio / Osiris Aquino

*Entrevista publicada en dos partes en el diario El Heraldo de Chiapas, 14 y 15 de noviembre 2008

 

 

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SILUETA

Lugar de nacimiento: Montevideo, Uruguay.

Edad: 49 años

Número de hermanos: Tres

Estado civil: Separado pero casado porque sigo la teoría de William Faulkner, que decía que lo mejor de estar casado es que uno puede estar a diez mil kilómetros de su mujer y no tener la tentación de volverse a casar.

Número de hijos: Uno

Estudios: Químico con maestrías en Comunicación y en Lengua y Literatura.

Pasatiempos: Caminar, tareas manuales que tienen que ver con armar o desarmar ciertas maquinarias o ciertos ingenios e ir a exposiciones de arte.

Película: Quería nombrar una mexicana y una uruguaya, que son muy distintas. Sé que es polémica la mexicana por su estructura: Amores Perros, sobre todo por su estructura y la uruguaya Whisky que es una película que quiero mucho porque los realizadores, los directores, fueron mis alumnos durante cuatro años y el guión lo trabajamos durante dos años. Amores Perros también la nombro no porque la prefiera absolutamente sino porque es polémica, no es concesiva, a uno puede no gustarle pero nunca se queda indiferente. Y Whisky porque creo que representa un asunto muy rioplatense, una suerte de épica del fracaso que es muy no sólo del Uruguay sino de la Argentina.

Comida predilecta: Me gusta mucho la ensalada de lechuga, pero odio tener que lavar la lechuga, odio tener que prepararla; yo puedo preparar la barbacoa, el asado tipo uruguayo, eso me sale muy bien, en cambio la ensalada, que es algo que me encanta, me da mucha pereza lavarla, hay algo físico ahí… me encanta comerla pero no prepararla, en cambio el asado me gusta prepararlo y servirlo a los amigos, porque es un acto ritual.

Rituales: Tengo algunos aunque trato que no se trasformen en trastornos obsesivos compulsivos, trato que los rituales sean realmente una parte de un ceremonial personal. A veces los rituales se ahuecan, pierden sentido, trato que los rituales tengan significado.

 

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EN CORTO

Amor: Calidez.

Humor: Posibilidad de entendimiento.

Ironía: Defensa y ataque.

Erotismo: Profundidad.

Muerte: Misterio, noche.

Soledad: Misterio, noche.

Globalización: Desafío.

Internet: Una posibilidad.

Kafka: Una gran metáfora del mundo que vivimos.

Libro: Instrumento de realidad virtual que no tiene parangón aún en la tecnología contemporánea.

 

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